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Reforma de la Ley del Menor: Más represión y ninguna solución

El aumento de la ofensiva por parte de ETA, tras la ruptura de la tregua, la mayor intensidad de la llamada kale borroka (lucha callejera) y la polarización cada vez mayor en Euskadi están sirviendo de excusa perfecta al Gobierno del PP para aprobar medidas totalmente reaccionarias y para dar un paso más en el recorte de los derechos democráticos de los jóvenes y trabajadores en el Estado español. El ministro de Justicia, Miguel Ángel Acebes, ha presentado el anteproyecto de ley antiterrorista, que implica la reforma del Código Penal y de la Ley Penal del Menor, con el objetivo de endurecer la legislación hasta ahora vigente. A pesar de las recomendaciones de distintas instituciones, como el Consejo General del Poder Judicial, el Consejo de Estado y la Fiscalía General –nada sospechosas de ser radicales–, en el sentido de modificar algunos de los puntos, el PP ha hecho oídos sordos.

El contenido de la reforma no tiene desperdicio. Los menores de entre 14 y 18 años "vinculados" a delitos de terrorismo podrán ser encarcelados hasta diez años (hasta ahora el tope eran cinco años), y se pretende crear un Juzgado Central de Menores en la Audiencia Nacional, encargado de estos menores. Se considerará como terrorismo las acciones de violencia callejera aunque no pongan en peligro la vida de la personas –por ejemplo, la quema de un autobús vacío–, así como tener o transportar por separado los componentes para fabricar artefactos explosivos. Además, se crea un nuevo delito de apología del terrorismo, por el que se castiga con penas de uno a dos años de cárcel "el enaltecimiento o la justificación por cualquier medio de expresión público, o difusión", de los delitos de terrorismo "o de quienes hayan participado en su ejecución", saltándose las indicaciones que en 1987 hacía el propio Tribunal Constitucional: "La manifestación pública, en términos de elogio o de exaltación, de un apoyo o solidaridad moral o ideológica con determinadas acciones terroristas, no puede ser confundida con tales actividades".

Todo esto ¿va a terminar con el conflicto vasco? ¿Es, verdaderamente, ésta la intención del PP? ¿Podemos los jóvenes y los trabajadores apoyar este tipo de medidas?

En primer lugar hay que dejar claro que medidas que hoy se aprueban con la excusa de la lucha antiterrorista, mañana van a ser utilizadas contra aquellos que luchen. A nadie se le escapa para qué está siendo utilizada la famosa Ley de Seguridad Ciudadana, más conocida como ley Corcuera, que en su día fue presentada como la solución de la lucha antidroga. Al día de hoy todos los grandes narcos se encuentran en la calle a pesar de que todo el mundo conoce sus negocios y tejemanejes con la droga. Sin embargo, la ley Corcuera sí ha servido para recortar los derechos democráticos de los jóvenes y trabajadores. La movilización de los camioneros hace unos años les supuso la aplicación de esta ley, también el Sindicato de Estudiantes (SE), cuando todavía defendía una enseñanza pública de calidad y se oponía a los planes de privatización de la enseñanza, tanto por parte del PSOE como del PP fue multado en varias ocasiones en aplicación de esta ley.

En el poder judicial, en la policía, en todo el aparato del Estado, y no digamos en el actual Gobierno, hay muchos elementos que odian a la juventud, a las manifestaciones, a los "rojos", y que se agarrarán a todos los recursos legales que tengan para frenar nuestra lucha. En los últimos meses hemos visto no sólo una agudización del conflicto vasco, sino hechos como los de El Ejido, donde los fascistas salieron "a la caza del moro" con la bendición del alcalde del PP, o ataques y asesinatos a trabajadores inmigrantes por parte de grupos fascistas en distintas zonas del Estado; hemos asistido este verano a la muerte en comisaría de un guineano; se permiten manifestaciones de grupos fascistas como el de Ynestrillas; sin embargo, ante estos hechos la derecha no se echa las manos a la cabeza, no busca responsables, ni ve la necesidad de modificar leyes.

Echar leña al fuego

En segundo lugar, no es verdad que estas medidas vayan a terminar con el terrorismo. Las causas de éste son políticas y sociales. La política represiva del PP no hace más que alimentar aún más ese problema. No es muy difícil imaginar qué va a ocurrir si el Gobierno empieza a encerrar por varios años a jóvenes de 14, 15 y 16 años, por gritar consignas que se consideren apología de terrorismo. ¿Cuántos nuevos militantes se acercarán a ETA por cada menor encarcelado? ¿Cuántos menores se lanzarán a intensificar la kale borroka?

No es difícil imaginar esta situación, incluso para Aznar y su Gobierno; sin embargo éste ha mostrado su disposición a aprobar estas leyes en enero. Todo indica que al PP le importa poco echar leña al fuego y que la dinámica acción-represión-acción polarice aún más la sociedad en esta cuestión, al fin y al cabo eso no le viene mal electoralmente.

Todas esas medidas no son una casualidad, hay sectores de la burguesía y del aparado del Estado que no pierden de vista un futuro en el que las tensiones sociales irán en aumento y en el que la juventud jugará un papel destacado, y por eso preparan el terreno desde ya. Nosotros tampoco podemos perder de vista el futuro.

El Militante/Nueva Radio

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