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25/06/2007 :: Estado español

Cándido y Morala: Trazos de la represión que acecha

x Mariano Pujadas - La Haine
La represión se avalanza sobre el movimiento obrero encarcelando a Cándido y Morala, por no aceptar las reglas del mercado. En Barcelona, los uniformados enjaulan las manifestaciones de anarquistas e independentistas y de los trabajadores que luchan contra las deslocalizaciones y contra la precariedad en general. En Madrid dos de los detenidos anti-LOU ingresarán en prisión a pesar de la larga y activa resistencia. ¿Son ejemplos de lo que está en camino?

Numerosos analistas, no sólo del sistema sino también del movimiento anticapitalista, llevan un tiempo alertando de que se acaba el ciclo económico expansivo. Advierten que estamos ante los primeros síntomas de una crisis... Ciertamente en la calle lo estamos empezando a ver: encarcelamientos, represión a las manifestaciones, deslocalizaciones y despidos masivos, movimientos enteros fritos a multas.

La Unión Europea decidió que España sería el Hotel y la playa de Europa, por eso la construcción y el turismo son las dos principales ramas económicas que alimentan el capitalismo en el estado español. Pero efectivamente todo a punta a que una fuerte crisis está por llegar. La soga de las hipotecas está ahorcando cada día más los bolsillos obreros y el chollo de la construcción, de la especulación y de la vivienda indigna tiene los días contados. Al mismo tiempo, el mundo respira con angustia las guerras por el control del petróleo, lo que coloca al borde del precipicio una crisis en este sector, una crisis energética y por lo tanto una crisis general del modelo de desarrollo sustentado en un uso abusivo de los combustibles derivados del petróleo. Esto afectaría primeramente a los transportes y la electricidad y, en consecuencia, al turismo. El castillo de naipes se tambalea con la ventisca y las contradicciones de clase necesariamente se irán agudizando.

La carrera por llenar las arcas empresariales antes de algún tipo de colapso, está abierta. Así, la Bahía de Gijón tampoco escapará a los beneficiosos edificios de lujo y las zonas residenciales, por mucho que haya que desmantelar los astilleros y destruir el empleo de la zona. Por mucho que los obreros se cabreen y resistan. Por eso el gobierno asturiano, siervo político del poder, decidió encarcelar a Cándido y Morala, para que cunda el ejemplo de lo que nos espera a los que pretendamos hacer frente a la degradación social impuesta.

Es sintomático que los partidos que impulsan este ataque al movimiento en lucha sean el PSOE e IU. Buena artimaña por parte del poder. Si el ataque lo hiciera el PP, el "enemigo" estaría más claro para grandes capas de la población y sería relativamente más fácil plantear el combate. Pero cuando lo hace la izquierda política del sistema, muchos dudan y tragan.

El hecho es que la artimaña funciona: no olvidemos que fue el PSOE quien llevó adelante el desmantelamiento industrial (denominado "Reconversión Industrial", antecedente de las privatizaciones y de las deslocalizaciones que hoy estamos sufriendo y que no significaron otra cosa que sanear a las empresas para hacerlas más competitivas en la nueva reorganización de la economía industrial mundial que se acometió tras la crisis del petróleo de mediados de los setenta. El resultado sería, como ya hemos dicho, que la economía española tendría que sustentarse en ser la zona de ocio de la Europa Occidental). Fue el PSOE quien metió a España en la OTAN, quien impulsó las ETTs, quien diseñó la Ley de Partidos y quien ha impulsado las peores reformas laborales. No olvidemos el gran papel de subordinación social ante el capitalismo que juegan los dirigentes de CCOO y UGT. No olvidemos que el gobierno "socialista" uruguayo está impulsando una economía más neoliberal que la de los neoliberales oficiales del pasado. No olvidemos que el gobierno "progresista" argentino tiene ya muertos en su haber y más presos políticos que los gobiernos proimperialistas y cómplices de la impunidad militar de hace unos pocos años. Lo mismo ocurre en Brasil, Chile, Nicaragua...

Es posible que dada la debilidad actual del movimiento obrero más combativo, la táctica del PSOE-IU funcione. Es decir, es posible que la lucha de los astilleros en el estado español se vea mermada por este zarpazo represivo. Sería una victoria a corto plazo, pero ya sabemos que muchas veces el capital funciona así. El PSOE necesita frenar la lucha actual; la que venga en el futuro ya verá cómo enfrentarla. En este sentido, no importa cuánto tiempo se mantenga en prisión a los sindicalistas asturianos: el mensaje terrorista ya ha sido lanzado. Ahora bien, si el efecto político del encarcelamiento de Cándido y Morala es respondido con inteligencia, puede servir de trampolín para el fortalecimiento y cohesión a medio y largo plazo de las organizaciones obreras más radicales que, como es natural, crecen en la lucha.

Por eso es fundamental lanzar con intensidad la lucha por su liberación. Fuera de Euskal Herria y sin pasar por alto hechos como la paliza que sicarios de Juan Roig dieron a un miembro del comité de huelga de Mercadona (CNT), se trata de la primera agresión descarada al movimiento obrero combativo en la cabeza de dos de sus responsables; sabemos ellos y nosotros lo que nos estamos jugando, si no los sacamos de la cárcel cuanto antes retrocederemos aún más en la lucha. Por eso todxs debemos implicarnos en esta batalla, no tomando este ataque como una cosa más sino como lo que es: algo excepcional.

Ese es el desafío del movimiento anticapitalista. Que cada revés se convierta en dar un paso adelante, en estrechar lazos, en limar asperezas, en aumentar la capacidad política. Que cada revés se convierta en una victoria aplastante. Los reveses tienen que servir de experiencia y por lo tanto de punto de apoyo para enfrentar las luchas venideras. La indignación y la rabia tienen que convertirse en más movimiento anticapitalista organizado.

Sucede que no hay opción. En Barcelona los uniformados se dedican a convertir los espacios de protesta en cárceles. Materializan el cuarto grado (la calle). Las manifestaciones son enjauladas por barreras de antidisturbios para que los activistas no sientan ni el soplar de la brisa. El pasado 19 de mayo el movimiento de okupación sufrió el acoso permanente y las agresiones de la policía, mientras la multitud encerrada coreaba "manos arriba, esto es un secuestro". Los agentes usaron punzones para acariciar a los manifestantes. Un mes después el movimiento anticapitalista reagrupó fuerzas y salió a la calle a denunciar la aplicación persistente de los cordones represivos, exigir la libertad de los presos políticos y denunciar el sistema penitenciario. Anarquistas e independentistas y los obreros de la Red contra el cierre de empresas, unieron sus voces de protesta. Pero los uniformados, nuevamente a las órdenes de un gobierno autoproclamado progresista, hostigó a los manifestantes hasta la asfixia durante varias horas junto a Las Ramblas.

Alguien susurraba en una pared: "Qui nega la revolució pacífica, propicia la revolució violenta".

Estamos ante una vuelta de tuerca de la represión. Sólo así se explica que pese a año y medio de movilizaciones, charlas, carteles, vídeos, pancartas... pese a la solidaridad activa ejercida por un incansable grupo de apoyo a los detenidos anti-LOU (junto a otros muchos solidarios), Manu y Dani se enfrenten a una sentencia de 3 años de prisión, que empezarán a cumplir muy pronto, tras ser objeto de un montaje jurídico-policial en toda regla.

Necesitamos una vuelta de tuerca de la movilización, de la unidad anticapitalista y de la construcción de redes de solidaridad y resistencia. Estamos simplemente ante unos cuantos ejemplos de lo que se nos viene encima. Saben que cuando se profundice la crisis económica vendrá la crisis social con los despidos gratuitos, subastas de pisos por impago, coches devueltos a los concesionarios..., y el consiguiente aumento de la bronca popular.

Estamos ante los trazos de la represión que asoma, ante las primeras manifestaciones de la represión a gran escala que nos acecha si la contestación al sistema se incrementa. El poder quiere dejar claro que la lucha conlleva costo humano y pretende así retrasar la llegada del día en que las organizaciones estén consolidadas, los movimientos sociales sean fuertes y la gente esté convencida de que la lucha es el único camino. De ahí su pretensión de impedir la construcción de la resistencia por parte de la clase trabajadora al margen de las instituciones (y al margen de las organizaciones que el sistema intenta potenciar como organismos de control de la clase oprimida y no para la autoorganización de la misma).

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