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19/06/2011 :: Pensamiento, Estado español

Reclamamos la dimisión de la sociedad

x Pedro García Olivo – La Haine
En torno a los últimos atentados terroristas perpetrados por las fuerzas de seguridad.

“Juro que prefiero ser como soy (siempre huyendo y forzando tiendas
por un paquete de cigarrillos o un tarro de mermelada) que estar siempre
por encima de los demás con el látigo en la mano y estar muerto de
la cabeza a los pies. Quizás es que en cuanto coges el látigo te mueres.”
Alan Sillitoe, “La soledad del corredor de fondo”

Rebelarme contra el Sistema y contra la parte del Sistema que llevo dentro de mí mismo. No ser más un “anti-sistema” del Sistema. Odiar, sí.

Ser digno de merecer los golpes del monstruo y llamarlo por su nombre: no existe la “brutalidad policial” porque toda policía es, en esencia, un ejercicio de la brutalidad. No cortar ni una sola flor para congeniar con la bestia, no segar la vida para ofrendarla al homicida.

Ya que avanzamos hacia un “cuerpo a cuerpo social”, y queda en la cuneta la hipocresía del Estado de Derecho, habrá que “señalar con el dedo”, como recomendaba Nietzsche: políticos no, jueces no, empresarios no, policías no, militares no, profesores no, propietarios no, democracia liberal no, trabajadores nunca. Odiar, sí.

En los últimos tiempos se ha desnudado la democracia, se ha exhibido Occidente: de un lado “asimilar” y de otro “aplastar”. Así se gestiona el espacio social, unas veces “digiriendo” y otras “vomitando”, nos recordaba Bauman.

Ante estos nuevos atentados terroristas, ante estas nuevas manifestaciones de la violencia de Estado, cabe la insubordinación más incómoda: rebelarse contra el Sistema y también contra el Sistema que somos. No producir, no consumir, no votar, no “residir”, nunca trabajar. Odiar, sí.

Se ha dado la violencia “legítima” del Estado y todas las personas que votaron hace poco son corresponsables de la misma. Llegado el caso, la policía puede matar; pero lo hace “por encargo”: son los crédulos, los demócratas, los “ciudadanos”, la mayor parte de la masa social, aún así “indignada”, los que “convidan” a la muerte. Como ha sugerido Harold Pinter en más de una obra de teatro, la dialéctica del Amo Protector y del Esclavo Agradecido convierte a este último en cómplice del primero y en corresponsable de sus crímenes.

Ante estos últimos atentados terroristas perpetrados por las fuerzas de seguridad, reclamamos la dimisión de La Sociedad.

www.pedrogarciaolivoliteratura.com

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