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08/03/2013 :: Anti Patriarcado, Mundo

Epistemología ética y género

x Graciela Hierro
La tarea actual de la ética feminista desde el constructivismo es elaborar preguntas que no han sido planteadas antes, para descubrir las lagunas y deconstruir lo dado

"No hablemos de filosofía, porque ¿quién la conoce? - afirma Kant -. ¿Cómo saber cual es la filosofía"?. Hemos de hablar de filosofar que significa pensar con claridad y rigor sobre el tema que nos proponemos.

1.- Del problema y del método

El pensar con rigor sobre un tema que nos proponemos supone alcanzar el conocimiento sobre tal cuestión. Para ello surge la necesidad de plantearse la pregunta acerca de la Epistemología, o lo que es lo mismo: ¿Qué es conocimiento? . La respuesta a esta cuestión puede ser respondida desde dos vertientes. El proceso psíquico que acontece en la mente de una persona. También un producto colectivo, social que comparten muchos individuos. Si nos preguntamos por las relaciones de ese proceso con otros hechos psíquicos y sociales, se podría responder indicando su génesis, el desarrollo y las consecuencias del conocimiento. La respuesta se daría desde varias ciencias. La fisiología y la psicología explicarían los principios que describieran el conjunto de procesos causales que originan el conocimiento, desde la sensación a la inferencia, así como su función en la estructura de la personalidad. Las ciencias sociales descubrirían los condicionamientos sociales de los conocimientos compartidos y analizarían las funciones que cumplen en el mantenimiento o transformación de las estructuras sociales.

En todos los casos las ciencias intentarán responder con teorías que den razón de las causas, funciones y resultados de ciertos hechos. Nada de esto hace la filosofía.

La teoría del Conocimiento se ocupa de la justificación y validez del mismo. Intenta responder a las preguntas ¿En qué condiciones algo puede calificarse de conocimiento?. Distinguir el conocimiento de otras figuras afines como las creencias y los saberes, descubrir las justificaciones y alcanzar las verdades. Las condiciones en que un pretendido saber está justificado o no, es verdadero o falso, corresponde o no a la realidad.

La filosofía analiza, clarifica y sistematiza conceptos porque esta es la tarea de la reflexión filosófica. Poner en cuestión las creencias recibidas, reordenar nuestros saberes y -en su caso- puede reformar nuestros marcos conceptuales.

El análisis filosófico:

A) El análisis tradicional se refiere al saber como un acontecimiento intelectual desprendido de sus relaciones con la práctica. Platón lo plantea así en su diálogo "Teeteto". El que conoce es un "espectador desinteresado".

B) Existe un segundo tipo de análisis, que es el conocer que nos interesa para actuar y por ende, nos ayuda a vivir. Sócrates lo plantea en el diálogo "Menón".

Hemos de eliminar en cualquier tipo de análisis, dos prejuicios: Uno el "cientificista" y el otro el "alejado de la práctica". El "cientificista" sostiene que los únicos conceptos analizables son los llamados científicos. Esta es una forma de positivismo. Puesto que existen otros conocimientos como: el "conocimiento natural" intuitivo recibido por la experiencia llamado sentido común, la moral, el arte, la literatura y la poesía son conocimientos; la sabiduría se plantea como la forma suprema del conocimiento. La teoría del conocimiento deberá ser aplicable a todos los distintos tipos de conocimientos, creencias y saberes.

El segundo prejuicio tiende a reducir el conocimiento a una actividad teórica desligada de la práctica. Sin embargo el conocimiento tiene un interés práctico y los seres humanos somos individuos reales miembros de comunidades de conocimiento socialmente condicionadas. Como se descubre con claridad utilizando la perspectiva de género como veremos más adelante. El análisis de los conceptos no se entiende sin su relación con los fines humanos, es decir sin una ética. (Villoro, Luis. CREER, SABER, CONOCER. Siglo XXI Editores. México, 1982. p.11 a 24)

2.- Prolegómenos de una ética

Los estudios filosóficos pueden desembocar en una ética. Yo discuto una ética del placer, para ello deseo plantear una epistemología feminista para hacer explícita la filosofía moral o ética que me parece más idónea para la Etica del Placer para las mujeres.

Existen tres formas tradicionales de acercarse a la filosofía moral o ética. El liberalismo , que hace énfasis en la persona autónoma que decide libremente como actuar; el naturalismo que asume que la naturaleza humana puede por sí misma formar la base para nuestras elecciones, y el constructivismo que presume la prioridad histórica y epistemológica de lo social sobre lo individual. Teorías que a su vez corresponden a tres tipos de feminismos. El de la igualdad , el de la diferencia esencialista y el de la diferencia con perspectiva de género .

El liberalismo y el feminismo de la igualdad

Es heredero de las doctrinas ilustradas del siglo XVII, procede del racionalismo típico de la escuela moderna, que surge a raíz del pensamiento cartesiano. Es el triunfo de la razón que supone una forma única de abordar las cuestiones morales y políticas. Es la creencia de que si aceptamos razonablemente un principio de control de nuestras acciones para conformarlas a lo que es bueno o recto, este es el fundamento de la moralidad. En esa medida nuestro comportamiento se ajusta a parámetros universales y nuestras decisiones morales se deducen lógicamente en forma de silogismos prácticos. Este es el comportamiento racional que nos hace elegir los mejores medios para los fines que nos proponemos. Así, viviendo en una sociedad liberal elegimos nuestra forma de vida en libertad y tolerancia. El problema surge cuando resulta claro de que el principio universalizable de tolerancia es tan abstracto, que nos permitiría elegir cualquier acción sin límites precisos.

Simone de Beauvoir aplica esta forma de pensar a las preocupaciones feministas.

Supone que el cuerpo femenino no determina nuestra conducta, por tanto puede ajustarse a los requerimientos racionales. La mujer de "ser para otro" puede tornarse en "ser para si" si ejercita apropiadamente su racionalidad. Las mujeres tenemos la misma capacidad de razonamiento y evaluación de nuestra conducta que los hombres. Si dejamos de ser las "idénticas", y entramos al pacto masculino de los iguales podemos alcanzar los fines que nos propongamos. Por ejemplo, en el planteamiento de Celia Amorós. (Celia Amorós. MUJER : PARTICIPACION, CULTURA POLITICA Y ESTADO. Buenos Aires. l990)

Este argumento ha probado ser arma de dos filos para el género; el femenino se identifica con la naturaleza y la racionalidad lo trasciende. Ella es lo "otro", la otra parte del dualismo mente cuerpo; en la división de lo público y privado pertenece al ámbito de lo privado, y la racionalidad a lo público. Para integrarse las mujeres han de trascender lo privado y entrar en lo público en los mismos términos que los hombres. Sin embargo, por una parte, la pertenencia femenina a lo privado le produce intuiciones sobre los valores morales que no se dan en lo público. Este método de razonamiento se funda en tales contradicciones que se quiebra. La perspectiva de género no puede ser ajena y es ilusorio pensar que la razón se descontextualiza y se torna ahistórica cuando decide moralmente. Pensemos especialmente en problemas tales como el aborto, las técnicas de fertilización, el sufrimiento de los animales, estos casos son particularmente difíciles de resistir en un tratamiento racional desinteresado. La universalidad de los planteamientos también resulta sospechoso, lo más que se puede decir acerca de ésta, que es una racionalidad determinada, relativa a cierta cultura, no necesariamente universalizable.

El mito consolador de la racionalidad universal

Supone este paradigma de la razón y su argumento deductivo la infalibilidad de la razón, en el sentido de que concibe a los hechos como desligados de los valores, como neutros. Es decir, que las realidades morales no existen y las decisiones morales son resultado químicamente puro de nuestra opción racional. (Parsons op.cit. p. 389)

Renunciar al mito de la racionalidad universalmente compartida por todas/os, independientemente del género, etnia, clase socioeconómica, edad y cualquier otro condicionamiento social, supone darnos cuenta de que nuestros intereses, deseos o lealtades están íntimamente ligados a nuestras creencias y a nuestras luchas. La racionalidad, en el mejor de los casos, solo nos indica los medios posibles para realizar los fines que nos gustaría alcanzar, sin embargo no siempre utilizamos los medios que sabemos nos conducen al fin deseado. Un ejemplo de esto es el hecho de fumar, que todos sabemos puede conducir a la enfermedad, y sin embargo "racionalmente" seguimos fumando.

El naturalismo y el feminismo de la diferencia

Es una forma alternativa de pensar acerca de la moralidad. Supone los mismos valores que el liberalismo pero se diferencia en la forma que interpreta la formulación de la toma de decisiones y la interpretación de la racionalidad. Se levanta la perspectiva de una visión de la naturaleza humana. Se piensa que de tal naturaleza surgen los resortes de la conducta moral. Su arranque es aristotélico y visualiza la acción teleológicamente, como la realización de los fines propios de los seres humanos, que aparecen como potencialidades naturales personales. La finalidad de la acción ética es plasmar nuestra naturaleza humana en mayor plenitud. Se piensa que nuestra racionalidad está inmersa en nuestra naturaleza; actuar racionalmente es realizar nuestra naturaleza, por tanto, no se trata como en la perspectiva racionalista de superar lo natural para alcanzar lo racional. La tarea es "conócete a ti misma" como forma de realización ética, y tu deber es actuar de acuerdo con tu ser y tus intereses, que son tus valores. La moralidad se trata mas que de decidir la acción racional, ser un tipo de persona virtuosa, desarrollando las cualidades del carácter (hábitos) que conforman la personalidad valiosa (como sería la del "hombre prudente", Aristóteles. ETICA NICOMAQUEA) que garantiza la "vida buena".

Las feministas han utilizado este modelo para expresar la naturaleza especial de las vidas femeninas. El feminismo radical describe la peculiaridad de los rasgos femeninos, apoyando la identidad del género entre biología e identidad personal, en esa medida los hombres y las mujeres son diferentes. El feminismo radical propone la re-valuación de lo femenino desde la perspectiva del género. De allí surge la visión auténtica genérica, expresada por las mismas mujeres. Esta visión conlleva a la utopía feminista de un mundo de acuerdo con los valores femeninos. El trabajo de Carol Gilligan expresa esta visión. La madurez moral -para las mujeres- desde el paradigma de lo masculino es criticada por esta autora. La visión liberal que esquematizamos antes es rechazada como la falsa universalización de los valores masculinos, que se imponen sobre las mujeres e implican, para ellas, una distorsión de su sentido moral.

Pensemos en la tesis de Piaget acerca de que las niñas presentan menor sentido de la justicia, que los niños, porque en caso de conflicto lo resuelven de manera diferente que ellos. Los hombres utilizan las reglas y por ello poseen ya un sentido de justicia, las niñas suspenden los juegos por miedo a dañar las relaciones interpersonales. (Cfr. Carol Gilligan. IN A DIFFERENT VOICE) -Hay traducción española. F.C.E.

Gilligan rechaza la visión de "la moralidad de los derechos y la no interferencia", -de corte liberal- que utilizan universalmente los hombres para dirimir conflictos. Es decir, se atienen a las reglas establecidas, como en el juego del "foot-ball". Afirma que para las mujeres la moralidad consiste en sostener y cuidar las "relaciones, la interdependencia y la intimidad". En el sentido del juego anterior, prefieren perder en el juego que dañar las relaciones personales. Gilligan rechaza la visión griega clásica del conocimiento, como la correspondencia entre la mente y la realidad, en favor de la concepción bíblica del conocimiento como un proceso de relaciones humanas. El meollo de la moral femenina, a su juicio, es la cualidad de las relaciones interpersonales y el cuidado que deriva de la idea tradicional de justicia y la imparcialidad. (Parsons, op.cit. p.389 y ss.)

Otros feminismos esencialistas, como el de Mary Daly proponen una visión dualista de la naturaleza humana. Los hombres "fabrican" a las mujeres como "las otras" incapaces de trascender la naturaleza y alcanzar la superioridad racional, siendo ellas objetos de posesión moldeable por la naturaleza masculina. Una y otra naturaleza se "corresponden" en esa moralidad "fálica" que produce su forma social que obviamente es el patriarcado. La tarea de las mujeres es la construcción de una moralidad contestataria que implica una nueva visión del mundo y la anulación del lenguaje de la misoginia, rompiendo el dominio masculino.

En la conducta se recomienda seguir instintivamente la acción y espiritualidad femenina en comunión con la naturaleza, todo lo cual demuestra la superioridad de la esencia femenina. Lo anterior supone un razonamiento naturalista de los valores morales desde la perspectiva del género, para desentrañar el condicionamiento patriarcal. La ética racionalista, a la cual nos referimos antes, describe lo anterior como la "falacia naturalista".

La falacia naturalista

Consiste en afirmar que lo bueno es lo que es femenino y lo malo lo que es masculino. Los valores morales se identifican con propiedades naturales, por definición. Esto para el racionalismo constituye una falacia porque se está juzgando circularmente, se juzga con lo que se quiere juzgar, no hay manera de hacer abstracciones ni generalizaciones. El criterio no es independiente de lo que se juzga. Por ejemplo al decir "debes obedecer a tu madre" y si se pide la justificación del deber, se anuncia "porque es tu madre". El argumento es circular. Este argumento naturalista también es determinista, no se le puede escapar. "Biología es destino" (recuérdese a Freud de que "infancia es destino") no hay forma de superarlo. La biología -y la infancia- es el problema y la solución.

Otra cuestión difícil del naturalismo es la imposibilidad de trascender la propia perspectiva y encontrar campos comunes con el otro género, en el sentido de alcanzar una moralidad humana. Hay hombres que están en contra del falocratismo en la moralidad, no se puede pensar que lo hacen por motivos inmorales. El naturalismo puede consistir en la visión de una naturaleza compartida por ambos géneros, de otra manera resulta descontextualizada y ahistórica, como la perspectiva liberal en su énfasis de la racionalidad universal.

Pienso que resulta indispensable considerar la acción de ambos géneros en la conformación de las evaluaciones morales, que en cierta medida se nos imponen, pero también existe la acción nuestra sobre éstos. La moralidad es la interactuación de lo social con lo individual genérico, como propone el constructivismo en el feminismo de la diferencia .

Esta perspectiva moral surge de la consideración de que las ideas y los valores morales son el constructo de las condiciones sociales, materiales e ideológicas. Se confiere significación moral a los roles de vida y a las relaciones que se entablan en un orden social dado. Resulta de suma importancia la consideración del lenguaje y el pensamiento que son determinados por los parámetros de lo definido socialmente. Los principios morales son producto de las necesidades e intereses del grupo social al que se pertenece.

Aprendemos nuestro comportamiento y nuestra auto identidad, como miembros del grupo y se nos impone -así mismo- una forma de vida de acuerdo con la función social que desempeñamos. Aristóteles habla de la función de cada quién, del propio "ergon" o trabajo, y como al cumplirla alcanzamos la realización personal y la felicidad. (ETICA NICOMAQUEA. Libro 1. secc.7)

Con referencia al lenguaje, Wittgenstein expresa esta noción en la formula de los juegos del lenguaje, que en cada caso sugieren los limites de nuestra conciencia y comportamiento. Pensamos dentro de un lenguaje Aprendemos sus reglas y nos constituimos en jugadoras de tal lenguaje, y estamos atrapados por éste, en nuestra conciencia y comportamiento. La moralidad no es una tarea de trascender un mundo para saber como actuar, tampoco supone nuestro "estar de vuelta" para imponernos el nuevo conocimiento sobre nosotras/os mismas/os; más bien se trata de aprender como jugar el juego y descubrir las reglas de lo que se espera que hagamos para ser calificado como jugador. (ibídem p.397)

El feminismo expresa esta perspectiva con Beauvoir en la expresión: "No se nace mujer se vuelve una mujer". Cuando joven se aprende la autoidentidad con las expectativas de su cultura, la cual no surge por razones fisiológicas o esencialistas. La perspectiva de género permite tener una visión crítica de las determinaciones sociales del rol impuesto y modificarlo, junto con las instituciones que lo propician, de manera que se ajuste más a los intereses femeninos. No se trata de descubrir principios universales aplicables a todas las circunstancias y géneros, tampoco la comprensión ahistórica de una naturaleza femenina que puede ser usada como fundamento, más bien se intenta la comprensión profunda de la moralidad del presente y los cambios que se anuncian o se pre-sienten que llevan a visiones y perspectivas más deseables. Resignificando las figuras sociales de las mujeres que se han mostrado como "esenciales" a partir de una pretendida naturaleza femenina. Por ejemplo en el caso de la maternidad, la mujer sola, la sexualidad, el erotismo femenino.

La tarea actual de la ética feminista a mi juicio, desde el constructivismo es elaborar preguntas que no han sido planteadas antes, para descubrir las lagunas y deconstruir lo dado, abriendo nuevas posibilidades de expresión moral y valores. En el entendimiento que lo masculino y lo femenino son construcciones de identidades sociales sobre un ser que tiene instintos, disposiciones, características anatómicas y patrones de conducta. La ética feminista tiene que habérselas con esto y rechazar lo rechazable para intentar superar el dualismo moral y alcanzar una visión unitaria de la ética.

En esta perspectiva de la moralidad, los valores son expresiones tanto de los requerimientos sociales, como de las exigencias humanas alrededor de las cuales se forma la sociedad. Son los intereses humanos que surgen de las condiciones materiales y la naturaleza humana con su anhelo de trascendencia. Inteligibles dentro de modos de vida y los horizontes de las posibilidades futuras. Biología y valor están ligados, pero no se agotan la una en el otro y viceversa.

Las mujeres pueden reconsiderar el significado de su existencia biológica en formas que sientan mas auténticas para su sentido de vida, ideales, finalidades y anhelos de trascendencia.

CONCLUSIONES

Lo anterior constituye un ejercicio de epistemología moral, necesariamente esquemático. Para ello se requiere la comprensión de las preocupaciones feministas y el uso de la lógica del razonamiento moral.

El feminismo no constituye un desafío a la perspectiva liberal, dado que en esta doctrina se requiere el ajuste con los principios generales del trato justo y la consideración de la igualdad de derechos, postura básica que defiende el liberalismo. En los derechos humanos necesariamente caben los derechos de las mujeres, es cuestión de apelar a la racionalidad compartida por ambos géneros- en la cual no se dan distinciones en cuanto al género.

En el naturalismo el deseo de encontrar un denominador común en la naturaleza, pone en tensión la moralidad. Al analizar las decisiones morales se comprende como se desprenden de las peculiaridades personales y esto puede llevar al esencialismo ahistórico.

En el constructivismo el efecto de la perspectiva de género nos ha permitido comprender la profundidad y el enraizamiento del valor simbólico del género en la construcción de las organizaciones sociales, los roles y las relaciones interpersonales. Nos hace conscientes de los determinantes de las categorías genéricas en la valoración, el conocimiento y el lenguaje.

Al parecer estamos atrapadas/os en tales construcciones y cuando pensamos que las estamos superando, estamos inmersas/os en otras construcciones o juegos del lenguaje. ¿Dónde está el sentido moral que nos permita trascenderlas?

Parece ser que la tarea de una ética feminista es la de alcanzar una moralidad centrada en la propia sensibilidad hacia los intereses personales y en relación con los intereses sociales. Todo lo cual se desenvuelve en un contexto social e histórico. En estas instancias hemos de encontrar su propósito y significación para crear el placer de la realización humana. Despertando la imaginación en juego con la realidad y apuntando hacia la trascendencia. "La vida misma es la obra antes de llegar a la ética". La vida corrige la obra y la obra corrige la vida.

El intento es construir una ética desde la experiencia, modelar la experiencia desde la ética y la ética feminista será entonces una ética del placer.

A nosotras nos corresponde por primera vez definir tal placer, descubrir el sentimiento y el goce y dar nuestras razones para legitimar moralmente nuestra conducta. La mujer como agente moral se hace responsable de tomar las decisiones y también de llevarlas a cabo. Es una productora de símbolos, con todo el poder que ello implica. En esta producción simbólica se destaca la constitución de la propia conciencia femenina, la afirmación de la subjetividad de las mujeres, condición necesaria para su ejercicio como agente moral. Es el caso la constitución de una subjetividad autónoma en épocas de crisis (y hasta de muerte) del sujeto autónomo. (Cfr. el mito de la muerte del sujeto).

Hay la necesidad de construir y conceptualizar una subjetividad femenina, no de un modo negativo ni como una esencia universal, sino como aquellos aspectos constitutivos que participan en la construcción de la experiencia femenina y sus productos, que tienen que ver las circunstancias y prácticas concretas de grupos muy diversos de mujeres que por primera vez están construyendo sus maneras propias de valorar, proponer y justificar formas nuevas de convertir la necesidad en virtud; en un mundo donde paulatinamente van dejando de ser ciudadanas de segunda categoría y se convierten en agentes morales y políticas de sus propias comunidades. (cfr. Diana Maffia. Comunicación personal. VII Congreso Nacional de Filosofía.)


Bibliografía

Amorós, Celia. 1990 "Mujer: Participación, Cultura Política y Estado", Buenos Aires.

Beauvoir, Simone. 1949 "Le Deuxiéme sexe", Ed. Gallimard, Francia..

Gilligan, Carol. 1977 "In a Different Voice", Harvard Education Review. No. 47

Hierro, Graciela .1998 "Etica y Feminismo", Coordinación de Humanidades. Col. Diversa. UNAM. México.

Maffia, Diana. 1994 "Comunicación personal", VII Congreso Nacional de Filosofía, México.

Parsons, Susan F. 1992 En "Ethics a Feminist Reader", Edited by Elizabeth Frazer, et all. Blackwell Publishers. U.S.A.

Villoro, Luis. 1982 " Creer, Saber, Conocer", Siglo XXI Editores, México.

Wittgenstein On Certainty. Oxford Basil Blackwell. 1969

Revista Mazorca del Programa Interdisplinar de Estudios de Género - Universidad de Chile - Abril 2004

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