La disyuntiva de los argentinos
Quien se va sin que lo echen vuelve sin que lo llamen

Editorial de Quebracho

A esta altura volver a hablar de la necesidad de la unidad de los sectores populares más que redundante resulta aburrido. Es ante este tipo de problemas que las palabras se vuelven vacías y las conductas de los hombres denuncian incoherencia.

La Argentina esta mal, grave. Quienes asumamos ese diagnóstico no tenemos más que ponernos con toda la energía a trabajar en la construcción de un salida política revolucionaria. Como sentenciara Rodolfo Walsh: “aquel que comprendiendo no actúa tiene un lugar en la antología del llanto”.

LA LIEBRE ELECTRÓNICA

Muchos son los sectores que desoyendo los gritos de las últimas elecciones y confiados en que el 20 de diciembre creó una nueva situación que provocará un comportamiento distinto en lo electoral, se han lanzado de lleno a articular propuestas de cara a los ya seguros comicios anticipados.

No importa ahora discutir la falacia que constituían sus argumentos de no hace más de seis meses para invertir magníficos esfuerzos en montar candidaturas que poco o nada aportaron a la lucha del Pueblo; sí es bueno marcar lo que creemos es la carrera de galgos tras la liebre electrónica, un señuelo que nunca alcanzarán y, lo triste, si excepcionalmente uno se saliera de ritmo y la alcanzara lastimaría sus mandíbulas con estupor descubriendo que el preciado bocado es un complejo de circuitos electrónicos, constatando que la carrera es una trampa, que los que los alientan a correrla evidentemente tienen otras intenciones (por ejemplo, apuestas), que todo es un montaje siniestro en el que se burlan de las buenas intenciones y del hambre.

Si hasta Zamora, uno de los ya publicitados “candidatos con posibilidades”(¡!), no se cansa de decir, como para avisar, que llegar al gobierno sin un proceso de participación y movilización popular que además genere las condiciones morales colectivas para bancarse una política de pelea con el Imperio, es una instancia que no podrá modificar nada.

Entonces queda claro que la tarea de la hora más que juntar firmitas para los avales ante la Justicia Electoral es la de alimentar ese proceso, esa condición moral a nivel de Pueblo que permita que el conjunto de los argentinos seamos capaces de sostener una política popular, de vacunarnos contra el sabotaje del Imperio, contra el veneno interno que cuando cuaja logra aplastar procesos encaminados hacia el socialismo como bien enseña la historia de nuestra América. La tarea de la hora es alimentar la pelea, es aportar a la unidad y la organización.

Y poco se puede aportar a la unidad si llegamos al seno de los sectores populares a desplegar proselitismo, a mostrar quién es mejor y quién peor, quién más defensor de la gente y quién no, a romper todo lo que no se controla, a desprestigiar al otro. Poco se puede aportar a la organización si ante un proceso como el de las Asambleas populares lo invadimos con pequeñeces y consignas huecas, cansando a los compañeros, confundiendo todo, prostituyendo la naturaleza de cada espacio. Cuando se tiene el marote contaminado de política proselitista más que aportar la experiencia a dotar al movimiento de las masas mejor en lo orgánico, se tiende a debilitarlo para poder conducirlo. Quizá sea una operación inconsciente de los voluntariosos militantes que corren tras la liebre electrónica, quizá no sea toda la culpa de ellos, lo cierto es que cuando aparece el proselitismo la cosa se debilita, se divide; ahí el ejemplo del 1° de mayo.

Poco se puede aportar a la unidad si desde el vamos se paran desde la parte, desde la parte mejor, desde los que tienen la posta.

Es siniestra y letal la trampa que nos presentan cada día. Las elecciones anticipadas no solo crearán condiciones institucionales a nivel internacional de mayor legitimación; será una maniobra legitimada por quienes la alimenten, por quienes a expensas del permiso a ser votados sean parte del juego. ¡Cuánto menos legitimidad tendrían estos despojos del Régimen si ninguna expresión con vocación popular fuera parte de la maniobra, si sólo se presentaran los candidatos de los partidos del ajuste! ¡Cuánto más vacío quedaría el Régimen y cuánto más fuerte el Pueblo!

Zamora nos parece que no es la mismo que Carrió; Alicia Castro no nos parece lo mismo que Kirchner; Izquierda Unida, el P.O. no son lo mismo que los nombrados. Pero a todos los iguala el proselitismo. Creemos que el voto en las condiciones actuales de ningún modo expresará un apoyo programático. Pareciera ser que el Pueblo no abraza hoy las ideas que expresa Zamora pero tampoco las que expresa la Carrió (que a la sazón desde lo ideológico es más de lo mismo), y sin embargo ahí estan los dos telecandidatos mezclados en fotos como parte de una misma lógica.

Los argentinos estamos de conjunto con la voluntad de destruir el Régimen, todo lo que parezca anti será tomado como bandera en mayor o menor medida pero de ningún modo expresará conciencia común con el candidato, menos en quienes aún abriguen comportamientos electorales positivos.

LA RESPONSABILIDAD DE LA LUCHA ES DE LOS QUE LUCHAN

Que Duhalde termine su mandato de acuerdo a las intenciones del F.M.I. y llame a elecciones como producto de las presiones de algunos gobernadores y de los yankis que no terminan de confiar en él es malo.

Después de la experiencia que hicimos provocando la caída de De la Rua y Rodriguez Saá sería un retroceso que uno de los mayores exponentes del viejo Régimen además de ser el responsable directo de la caída de los salarios y de la miserización de la vida de los argentinos, se fuera por la puerta grande de la Rosada.

No hace falta enumerar condiciones que permiten y justifican encarnar una lucha total contra el gobierno. Tampoco hace falta enumerar la inmensa cantidad de expresiones luchadoras que van librando batallas parciales contra Duhalde.

Pero hay un elemento que asoma irreverente frente al más pulido de los analistas y es la dispersión de fuerzas, la dispersión de batallas.

Hay una receta muy simple para echar a Duhalde y a quien pretenda llevar adelante políticas antipopulares; es la receta que ya practicamos en diciembre pasado. Si no la ponemos en marcha el problema lo tenemos nosotros y nadie más.

Si cada uno de los sectores que nuclean desocupados son presas de los giros prestigistas y proselitistas de sus dirigentes, ahí nos enfrentamos a tres o cuatro planes de lucha que persiguen lo mismo pero que se desarrollan con calendarios distintos.

Si las dirigencias gremiales negocian nuestras luchas y eso nos empuja a la desmovilización entonces siguen ganando ellos. Si, en cambio, nos ponemos al frente de la pelea, debemos comprenderla también como una parte integral de la gran batalla de los argentinos, y entonces debe ser preocupación articular los distintos sectores en un mismo golpe.

Si los que luchan, los que luchamos, seguimos enfrascados en peleas reivindicativas, no logramos dotar de un carácter político a cada tarea, estaremos condenando el esfuerzo de miles y cientos de miles a la esterilidad. Al Régimen no se lo voltea con buenos modales ni con marchas, aunque en ellas pudiéramos comprometer la presencia de millones.

Cuando escuchamos que una lucha se da “pacíficamente” estamos comprando letra del enemigo; una toma, una concentración, un escrache, nada es pacífico, son peleas que damos y no pueden tener carácter pacífico porque estamos en guerra con ellos en una guerra que ellos nos declararon sin cuartel. En todo caso se tratará de medidas simbólicas, pero nunca se trata de acciones pacíficas, a pesar de los que ostentan los micrófonos.

Entonces si no comprendemos el estado en que estamos, si no asumimos el rol histórico que nos toca jugar, si seguimos empeñados en la quintita, en lo chiquito, ahí seremos nosotros y no el enemigo los responsables de la derrota. Porque diciembre demostró que se puede entonces, si no lo hacemos, si no cambiamos la cabeza y ponemos a funcionar nuestras fuerzas en ese sentido, nada podremos.

Cada uno sabe el sayo que le cabe. Duhalde es un hijo de Puta, pero ¿cómo se le llama a quien puede echarlo y no lo hace? La vara para medir las conductas políticas ha cambiado; hay mucho menos lugar para los errores.

Imaginen qué país tendríamos si Quebracho, la C,T.D., el M.I.J.D., el P.C., la I.U., el P.O., Patria Libre, la C.C.C., el peronismo combativo, los gremios que luchan, etc., todos sin mayores preámbulos constituyen una Comandancia General y utilizan toda su capacidad de lucha en un sola dirección, con una única intención y sin distracciones fútiles, enfrentados a muerte con el gobierno. Y luego de imaginar eso pregúntense por qué no se puede lograr.

No queda mucho por decir, salvo el sabor amargo de la dispersión que se mitiga a veces con las señales de madurez que surgen desde las entrañas del Pueblo e imponen unidad en la acción.

 
         
   
 

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