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Las batallas de Venezuela

La conspiración golpista fue doblegada pero la desestabilización continúa. Hay que lidiar con la ausencia de Chávez, el deterioro económico y la presión internacional. Estados Unidos retoma el acoso financiero y utiliza la depreciación del petróleo para debilitar al gobierno.
El modelo económico actual permitió grandes mejoras populares, pero no transformó la estructura improductiva, ni permite afrontar los desequilibrios actuales. La confrontación por el destino de la renta petrolera es la causa de las tensiones cambiarias y la conducta de los capitalistas impide gestar una economía industrializada.
Lo ocurrido en Chile en los 70 constituye un antecedente esclarecedor del comportamiento de la derecha y de la necesidad de avanzar desde el gobierno al poder. La rehabilitación del proyecto socialista por parte del chavismo es incomprensible con miradas dogmáticas. Un proceso revolucionario con ritmos inéditos y transformaciones no sincronizadas entre el gobierno, el estado y la sociedad replantea la estrategia de la transición socialista.


Imaginarios socialistas

Cuatro modalidades de actualización del socialismo en América Latina retoman la tradición de un proyecto que promueve la igualdad, la expansión de la propiedad pública y la auto-determinación popular. Los primeros éxitos de ese programa atemorizaron a los dominadores y generaron grandes conquistas sociales.
El socorro de los bancos refuta las objeciones neoclásicas al estatismo socialista y la adaptación heterodoxa al neoliberalismo contradice la existencia de variados modelos capitalistas. La economía soviética logró enormes avances, pero nunca amenazó la supremacía estadounidense.
La URSS colapsó por las ambiciones de enriquecimiento de sus dirigentes, pero el intento socialista fue válido en la secuencia histórica de ensayos igualitaristas. Los tormentos del capitalismo inducen a recrear esas experiencias, que corresponde denominar socialistas sin ningún titubeo. Este proyecto implica en América Latina convergencias con el antiimperialismo y estrategias de unidad continental.


La epopeya cubana

La epopeya cubana
Cuba aportó un ideario de transformación social y un ejemplo de resistencia que contribuyeron a cambiar el escenario latinoamericano. Su esquema igualitario le permite mantener indicadores sociales muy superiores a cualquier país equivalente. Pero afronta adversidades geopolíticas que la obligan a introducir un cambio significativo.
Una economía moldeada para apuntalar la extensión del socialismo debió adaptarse al escenario opuesto, modificando su estructura de elevada estatización. Las reformas en curso están concebidas para ampliar la gravitación del mercado, sin permitir el retorno al capitalismo.
Mientras que la extensión del cooperativismo contrapesa el riesgo de enriquecimiento privado, las propuestas de mayor estatismo agravarían el estancamiento. Muchas denuncias de restauración capitalista se formulan sin caracterizaciones ni alternativas viables. Mayores grados de democracia son necesarios, pero no generan milagros. Hay que valorar la revolución y postular caminos para renovarla.


La sorpresa de Bolivia

El modelo social-desarrollista ha generado en Bolivia un gran crecimiento sin transformaciones estructurales, desde un piso de gran subdesarrollo. La solidez electoral del gobierno deriva de logros democráticos previamente conquistados en las calles. Pero una nueva escala de avances enfrenta la coraza del capitalismo.
El proyecto de socialismo comunitario se inspira en tradiciones vigentes, pero con menor proyección que en el pasado y enfrenta gran incompatibilidad con los escenarios internacionales de competencia. Estas mismas limitaciones afectan al estado plurinacional, que logró autoridad en todo el territorio a partir del desplazamiento de las elites racistas. El indianismo ha sido reemplazado por proyectos de convivencia más afines al ideal de diversidad político-cultural.
El establishment comunicacional que maltrata a Venezuela ha sido considerado con Bolivia. Esta dualidad se extiende a otras incoherencias ideológicas de la derecha, que enfrenta en el Altiplano un gran límite para su contraofensiva regional.


Miradas Pos-desarrollistas

El pos-desarrollismo expone acertadas críticas y participa en intensas resistencias contra el extractivismo. Pero algunas variantes objetan el propio concepto de desarrollo, olvidando que el retraso económico no es un relato sino una dura realidad, que distingue a Latinoamérica de los países centrales.
Las propuestas localistas permiten iniciativas comunitarias, pero no enmiendan las falencias del capitalismo. Tampoco doblegan la agenda extractivista que comparten gobiernos muy disimiles. Con criterios puramente ambientalista no se puede distinguir a los modelos neoliberales, neo-desarrollista y redistributivos.
Los proyectos eco-socialistas concilian protección ambiental con crecimiento e igualitarismo, evitando el endiosamiento de la naturaleza. El rechazo pos-moderno del desarrollo obstruye, en cambio, esos objetivos y contradice su aceptación de otras metas generales. Tampoco clarifica los intereses sociales subyacentes en los distintos esquemas en disputa. Las rebeliones populares necesitan sustentos teóricos comprometidos con juicios para comprender la realidad.


Concepciones Social-desarrollistas

La variante progresista del neo-desarrollismo prioriza la expansión de la demanda omitiendo las tensiones con la ganancia. También busca equilibrar las variables macroeconómicas desconociendo los desajustes que genera la acumulación. Su expectativa de sustraer al capitalismo de estado de las crisis que afronta el sector privado no se verifica. Tampoco es viable el reemplazo de empresarios por funcionarios.
Los proyectos políticos del desarrollismo democrático-popular chocan con los compromisos asumidos por la variante conservadora y el modelo regional cooperativo está afectado por la inserción global primarizada. Es erróneo observar a los gobiernos de centro-izquierda como antesala del socialismo y sustituir la evaluación de la lucha social por registros de proximidad o lejanía del industrialismo capitalista. Respetar las singularidades nacionales no impide discutir contrastando experiencias.


Neoliberales en América Latina I. Ortodoxos y convencionales

En América Latina el neoliberalismo comenzó antes y ha enfrentado mayores resistencias. Es una práctica reaccionaria, un pensamiento conservador y un modelo de acumulación basado en agresiones a los trabajadores, en un marco de mayor internacionalización del capital.
Hubo una etapa inicial del ajuste y otra fase posterior de privatizaciones durante las dictaduras y las transiciones posteriores. La aplicación del esquema neoclásico acentuó los desequilibrios financieros, cambiarios y productivos tradicionales y repitió los socorros estatales a los capitalistas a costa del erario público.
A diferencia de otras regiones el neoliberalismo latinoamericano quedó afectado por el impacto de las sublevaciones populares. Mantiene el programa derechista, pero redujo su triunfalismo, atenuó sus ambiciones y acepta cierta intervención estatal. Puede ser visto como etapa del capitalismo, estrategia de libre-comercio, política económica o gobierno derechista. Para definir si se encuentra a la ofensiva o en repliegue hay que distinguir esas cuatro acepciones.
El librecambismo postula una imaginaria inserción natural en el mercado mundial y reproduce el subdesarrollo que genera la exportación primaria. Las brechas internacionales de productividad desmienten las fantasías de convergencia entre economías avanzadas y periféricas.
El neoliberalismo hereda viejas teorías de inferioridad de los nativos, atraso cultural hispanoamericano y supremacía de Occidente. Retoma los mitos positivistas de la modernización basados en la copia del capitalismo avanzado. Despotrica contra la injerencia estatal, ocultando los beneficios que obtienen los capitalistas y no explica la continuidad de esa intervención al cabo de tantos gobiernos pro-mercado. Es absurda su presentación de la informalidad laboral como una resurrección de la competencia empresaria.
Como creencia, programa o cosmovisión el neoliberalismo es la principal ideología actual de las clases dominantes. No ha sido internalizada por los oprimidos.


Neoliberales en América Latina III. Globalistas y cosmopolitas

El social-liberalismo elogia al capitalismo globalizado desconociendo la envergadura de las crisis recientes. Pondera sus logros educativos o democráticos omitiendo la fractura social y los atropellos a los derechos populares. También desconoce el incremento de la desigualdad. Confunde el diagnóstico de la mundialización con su aprobación y la existencia de un mayor entrelazamiento internacional de las clases dominantes con el progreso cosmopolita.
Los globalistas que abandonan el socialismo manteniendo la hostilidad al nacionalismo ignoran la diferencia entre el chauvinismo reaccionario y el antiimperialismo progresista. Repiten una indiscriminada identificación del nacionalismo con dictadores corruptos. Suponen que la globalización desembocará en socialismos universales recreando ingenuas utopías de emancipación repentina.
El social-liberalismo sustituye la vieja crítica al tercermundismo por un desconocimiento de la opresión que exculpa al colonialismo, desvaloriza la descolonización y denigra el indigenismo. Observa comportamientos individuales autónomos donde impera la manipulación mercantil.
Es falso presentar a las guerras como rivalidades estatales ajenas a la competencia entre capitalistas. El belicismo no decae con la gobernanza política mundial. Se acrecienta para asegurar mercados y abastecimientos. Los argumentos humanitarios para justificar las intervenciones imperialistas utilizan una doble vara, que penaliza a los adversarios de las potencias y disculpa a sus aliados.


Neoliberales en América Latina II. Pensamiento socio-liberal

El social-liberalismo adoptó los postulados de la Tercera Vía y motorizó las transiciones pactadas con las dictaduras, siguiendo el modelo de la Concertación chilena. FH Cardoso fue un artífice de estos procesos. Comenzó en el progresismo y concluyó como abanderado del ajuste. Transparentó su visión del desarrollo como un proceso de asociación con el capital extranjero y eliminó todos los resabios de la Teoría de Dependencia.
Castañeda abandonó la izquierda para sumarse a un gobierno derechista, convalidando el orden capitalista y cuestionando la rebeldía popular. Sustituyó caracterizaciones dogmáticas de la plusvalía por elogios a la uniformidad globalista. Transformó su crítica al economicismo en una idealización de la política y convirtió su tesis de múltiples imperialismos en aprobaciones del status quo.
También Sebreli reemplazó su defensa inicial de un socialismo puro por adscripciones al neoliberalismo. Sus viejos cuestionamientos a la subsistencia de brechas entre el centro y la periferia devinieron en una aceptación de la globalización. Enalteció el desarrollo de las fuerzas productivas estableciendo una falsa identificación del progreso con el capitalismo. Desconoció que el motor la historia es la búsqueda de la emancipación social, a partir de legados de resistencia aportados por todos los sectores oprimidos.
El social-liberalismo repite los mitos del eurocentrismo. Avala la destrucción de las civilizaciones pre-capitalistas, desvaloriza las culturas autóctonas y justifica la expansión colonial. Ha incorporado las simplificaciones de la teoría neoclásica, relativiza las desigualdades internacionales e imagina que los países atrasados reproducirán el desarrollo de los avanzados.


Horror y esperanza en Palestina

Israel repitió su matanza de civiles en Gaza esgrimiendo ridículos pretextos, pero no pudo lograr sus objetivos militares. Los palestinos reafirmaron la legitimidad de una lucha que suscita gran solidaridad internacional. Su resistencia es la contracara de las acciones reaccionarias del yihadismo contra las demandas democráticas de la primavera árabe. Batallan por la liberación nacional y no por metas teocráticas.
El sostén del militarismo israelí deteriora muchas alianzas, negocios y prioridades del imperialismo. La expansión colonial que implementa el sionismo ha perdido viabilidad histórica y ya destruyó el proyecto de un estado palestino contiguo a Israel.
Se ha recreado la perspectiva sudafricana de un estado único y democrático. El boicot internacional al Apartheid constituye un gran precedente para las campañas en curso. América Latina y Argentina pueden cumplir un rol clave en esta movilización.