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Semejanzas y diferencias con la época de Marini

El principal teórico de la dependencia anticipó tendencias de la mundialización neoliberal. Analizó la globalización productiva, la centralidad de la explotación y la gravitación de las transferencias de plusvalía. Pero la crisis del empleo supera lo avizorado por Marini, en un escenario trastocado por la mutación de Estados Unidos, el desplome de la URSS y el ascenso de China.
Las nuevas brechas nacionales y sociales emergen en una economía internacionalizada, sin correlato en los estados y clases dominantes. Esta ausencia de transnacionalización total recrea la dependencia. Las semiperiferias presentan una dimensión económica diferenciada del status geopolítico del subimperialismo. El “Sur Global” no reencarna la vieja periferia, ni incluye a China. Hay sólidos pilares para renovar el dependentismo.


Otro diciembre de gran viraje

Los dilemas que afronta Argentina en diciembre volvieron a emerger con gran intensidad. Macri lanzó su atropello neoliberal y chocó con una monumental reacción popular. Logró aprobar la ley contra los jubilados, pero a un costo político altísimo que licuó su avance electoral. La victoria pírrica que consiguió en el Parlamento no compensó lo perdido en las calles. Confrontó con los sindicatos y los movimientos sociales, abrió un severo conflicto con su base social, erosionó el idilio con el PJ y la CGT y desnudó su virulento perfil represivo.


Cataluña desde América Latina

La derecha latinoamericana se alineó contra Cataluña ocultando la responsabilidad del gobierno en el conflicto. Se demanda un derecho vulnerado por el centralismo monárquico que confronta con el contubernio de la transición, en pleno resurgimiento de aspiraciones nacionales afectadas por la globalización. El nacionalismo españolista se ubica en las antípodas de su equivalente catalán, que tiende a converger con los trabajadores. El desconocimiento de esa confluencia explica las vacilaciones de la izquierda, en un momento clave para retomar la batalla por la república.


Socialismo y antiimperialismo

En el siglo XX la batalla por el socialismo transitó en la periferia por la radicalización de la resistencia antiimperialista. Las rebeliones anticoloniales, el protagonismo del Tercer Mundo y los triunfos de posguerra confirmaron ese curso. Cuba aportó otra ratificación que fue ensombrecida por varias frustraciones posteriores.
En la nueva etapa de neoliberalismo, desaparición de la URSS y remodelación de la dominación global, el antiimperialismo persiste como articulador de la lucha popular. Esa centralidad se verificó en las rebeliones sudamericanas, en la fallida autonomía de los gobiernos progresistas y en el contrapunto de los gobiernos radicales con la restauración conservadora.
La confrontación con Estados Unidos y el anhelo de unidad regional singularizan al antiimperialismo latinoamericano. Los contrastes con el mundo árabe y Europa confirman esas peculiaridades.
El socialismo no ha perdido vigencia por la implosión de la URSS. Las experiencias de Cuba, Venezuela y Bolivia indican nuevas pistas de combinación de las batallas nacionales y sociales.


Esperanzas en la adversidad

Cuatro temas se debaten en la militancia luego del triunfo de Cambiemos. El avance del oficialismo, la crisis del peronismo, el devenir del kirchnerismo y el futuro el FIT.
Es evidente que el gobierno logró una significativa victoria. Mejoró su perfil de las PASO, amplió su dotación de legisladores, se impuso en cinco provincias estratégicas y sumó distritos del interior. Cimentó esa expansión en un descarado sostén mediático. Nunca la prensa hegemónica estuvo tan alineada y pocas veces manipuló la información con tanto desparpajo.


Belicismo, globalismo y autoritarismo (II)

Estados Unidos utiliza a Latinoamérica para su recomposición económica. Pretende desplazar a China, someter a México y apropiarse de los negocios de Brasil. La nueva agresión imperial tiene efectos devastadores. Transita más por presiones indirectas que por las intervenciones explícitas. Cuenta con el sostén de tres modalidades de restauración conservadora, que complementan la subordinación a Trump con acuerdos de libre-comercio favorables a Europa. Las plutocracias no se asientan en el sufragio y priorizan el acoso de Venezuela. Renace la batalla que sepultó al ALCA.


Belicismo, globalismo y autoritarismo (I)

En la OMC y el G 20 se verifican las nuevas tensiones entre potencias. Estados Unidos intenta recuperar primacía económica utilizando su poder geopolítico-militar. Restaura el unilateralismo comercial para hacer valer la competitividad de sus servicios, pero no logra concertar alianzas internacionales. Trump afianza el belicismo eludiendo el uso de los marines. Potencia las tensiones en la esfera internacional afrontando una aguda crisis interna.


Aciertos y problemas de la superexplotación

Marini postuló que la burguesía latinoamericana recrea el subdesarrollo al compensar su adversidad internacional con superexplotación. No identificó el pago de la fuerza de trabajo por debajo de su valor con la plusvalía absoluta, ni con la miseria creciente.
Pero esa sub-remuneración contradice la lógica del mercado laboral, que determina los bajos salarios de la periferia industrializada. Las empresas lucran con la existencia de brechas de esos ingresos mayores que las diferencias de productividad. Los desniveles de desarrollo están altamente condicionados por las transferencias de plusvalía a favor de las economías avanzadas.
La teoría de la dependencia no requiere un concepto de superexplotación omitido por Marx. Hay tasas de plusvalía superiores en el centro, pero mayor estrechez del consumo y agobio laboral en la periferia.
En un cuadro de generalizada precarización se reordenan las diferencias nacionales de salarios de los explotados formales, informales y empobrecidos. Tanto la extensión del concepto de superexplotación a las metrópolis, como el desconocimiento de la mundialización neoliberal obstruyen la actualización de la teoría de la dependencia.


Más límites que hegemonía y más derecha que renovación

¿Cuál es la envergadura del triunfo de Cambiemos? Muchos analistas estiman que el gobierno logró una victoria arrolladora que consolida su hegemonía. Otros consideran que se perfila como una derecha renovada y democrática. En el bando opuesto se interpreta que dos de cada tres votantes repudiaron al oficialismo.


Las mismas disyuntivas que en 1917

La revolución rusa atemorizó a las clases dominantes que aceptaron impensables concesiones sociales. Ilustró la dinámica contemporánea de la confrontación con el capitalismo y los rasgos que singularizan un perfil socialista. La radicalización de los bolcheviques inspiró procesos equivalentes del siglo XX.
Los revolucionarios no causaron los horrores que padeció la URSS, ni anticiparon el stalinismo. Actuaron con gran respaldo popular, en las antípodas de un golpe. Su proyecto era factible, pero fue distorsionado por una burocracia que finalmente se aburguesó.
La inmadurez de las fuerzas productivas no obstruía el debut del socialismo y las dificultades de esa experiencia no se superan soslayando el manejo del estado. El exclusivismo proletario desconoce la variedad de trayectorias inauguradas por 1917. La actualización de esa gesta exige un empalme de Lenin con Gramsci, para lidiar con el dilema del socialismo o la barbarie.