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03/04/2013 :: Venezuela

El legado de Chávez en la revolución bolivariana (I)

x Miguel Urbano Rodrigues
Sería poco responsable avanzar previsiones sobre el rumbo del proyecto bolivariano de construcción del Socialismo. EEUU hará todo lo posible para inviabilizarlo

La atmósfera de Caracas en vísperas de las elecciones era la de la capital de un país huérfano.

Cuando allí desembarqué, días después del funeral de Chávez, El Comandante, como se vivo estuviera, continuaba polarizando el discurso de los defensores de la Revolución y el de la oposición.

El elogio y el insulto al ex-presidente ocupaban el tiempo y el espacio en la televisión, en la radio, en los periódicos.

Pero el forastero recién llegado se daba cuenta inmediatamente de que Nicolás Maduro será elegido el próximo día 14, obteniendo una confortable mayoría.

Al partir para Cuba en diciembre, a fin de ser sometido a una nueva operación al tumor cancerígeno, Hugo Chávez indicó el sucesor que debería asegurar la continuidad de la Revolución. Era consciente de que su esperanza de sobrevivir a una cirugía compleja era escasa. Amando intensamente la vida, presentía la proximidad de la muerte. Y el mensaje funcionó.

¿Por qué Maduro y no Elías Jaua preguntaban muchos de los extranjeros que participaron en el X Encuentro de Intelectuales, Artistas y Luchadores Sociales en Defensa de la Humanidad, realizado en Caracas 25 y 26 de marzo?

Elías, ministro de Asuntos Exteriores desde inicio de año, es un intelectual muy culto con una sólida formación política. Sociólogo, ex-profesor de la Universidad Central de Venezuela, desarrolló un trabajo notable como ministro de la Agricultura. Pero no es un comunicador; le falta carisma. En las últimas elecciones concurrió al gobierno del Estado de Miranda y perdió. Fue derrotado por Capriles Radonski, el líder de la heterogénea coalición de fuerzas de la derecha que ahora se presenta nuevamente como candidato a la Presidencia.

Maduro es un ex-conductor del Metro que subió a pulso, un caribeño que de Chávez heredó la imaginación, el sentido del humor, el temperamento fogoso, la capacidad de comunicar con los excluidos y transmitir en un lenguaje directo y simple el sueño de Bolívar. Los medios de comunicación reaccionarios y los señores de la gran burguesía le llaman «el Encargado» y contestaron desde el inicio su Presidencia interina, afirmando que la transferencia de poder era ilegítima, violando la Constitución. No fue ese sin embargo el parecer del Tribunal Supremo.

El pueblo, sujeto de la Historia, aprobó la decisión de Chávez y la popularidad de Maduro creció de semana a semana.

La conspiración en marcha

Por sí solo, la participación de altas personalidades de la Administración Obama, incluyendo Hillary Clinton, en la campaña de calumnias desencadenada en EEUU contra la Revolución Bolivariana constata la certeza de que el imperialismo va a intensificar su ofensiva para desestabilizar el país en las próximas semanas.

La famosa agencia de rating Moody's se apresuró a rebajar la nota de Venezuela después de la devaluación del bolívar en un 31,7%. El 'The New York Times' y el 'Wall Street Journal' esbozan un panorama caótico de la situación económica y financiera. Mienten sin pudor alguno. La medida y otras simultaneas -como la extinción del Sistema de Transacciones con Títulos en Moneda Extranjera, SITME- fue una respuesta indispensable a los ataques especulativos de los grandes grupos económicos contra la moneda nacional. La fuga de dólares del país había asumido proporciones alarmantes. Y el volumen de cambio en el mercado negro había aumentado mucho, coincidiendo con el desabastecimento de algunos productos de primera necesidad.

El comercio continúa siendo dominado por un reducido número de grupos económicos. El año pasado, de 59.000 millones de dólares de bienes importados, 30.000 millones fueron controlados por el sector privado. Los problemas de desabastecimento provocados artificialmente recuerdan situaciones ocurridas en Chile durante el gobierno de la Unidad Popular. Sin cualquier justificación, de repente, desaparecen de la red de supermercados artículos esenciales. Después reaparecen, pero faltan otros.

Venezuela importa casi el 30% de los alimentos. Gracias a los progresos de la Reforma Agraria, es hoy practicamentre autosuficiente en carne y lácteos. El enorme aumento del consumo de muchos productos contribuye también al desabastecimiento. Millones de personas que no tenían acceso, antes de la Revolución, a determinados bienes pueden ahora adquirirlos gracias al aumento de los salarios y a otro modelo de vida.

Luchar victoriosamente contra el sabotaje de la economía es tarea difícil por el control que la oposición tiene de los principales medios de comunicación social.

El aumento de la inflación es también inseparable de la permanente ofensiva de las fuerzas contrarrevolucionarias en una sociedad en la cual el modo de producción y las relaciones de producción continúan siendo capitalistas.

Pero carecen de fundamento las informaciones sobre la inminencia de una crisis financiera. Las reservas en divisas de Venezuela son de las mayores del mundo gracias al flujo de dólares proporcionado por la exportación del petróleo.

Discípulo de Chávez

Los extranjeros que participaron en el X Encuentro de Intelectuales, Artistas y Luchadores Sociales en Defensa de la Humanidad tuvieron la oportunidad de mantener con Nicolás Maduro una conversación que duró horas, iniciativa solamente posible por la atmósfera democrática existente en un país de América Latina que se propone construir el Socialismo.

En el gran salón Bicentenario del Hotel Alba fue montada una mesa triangular rodeada de bancos altos con soportes metálicos para apoyar los pies. En un lateral se sentó Maduro. En los otros dos García Linera, vicepresidente de Bolivia, el cineasta argentino Tristán Bauer, el periodista venezolano Earle Herrera y Elías Jaua, ministro de Asuntos Exteriores. Alrededor de la mesa, en tres bancos, ocuparon lugares unos 60 invitados extranjeros, entre los cuales el norteamericano Ramsey Clark y la colombiana Piedad Cordoba. El escenario me hizo pensar en un teatro elisabetiano en el día del estreno de una pieza de Shakespeare.

No tomé notas. Maduro abrió las intervenciones. Habló improvisando, demoradamente. Del Comandante, héroe tutelar, de su grandeza, de su obra, de su lucha permanente contra el imperialismo y golpistas y contrarrevolucionarios de múltiples formas. Evocó episodios reveladores de la excepcionalidad y del humanismo de Chávez, habló sobre todo del legado del Comandante, del desafío que representa para los compañeros y su pueblo dar continuidad a la Revolución rumbo al Socialismo.

Maduro no es marxista y probablemente no estudió a Marx ni a Lenin. Su discurso es coloquial, emotivo, pero el mensaje, la opción revolucionaria, fue asimilada por aquella audiencia atípica y algo heterogénea.

Después hablaron los otros cuatro miembros de la Mesa, cada cual dejando transparentar su mundividencia. García Linera, en la apología de Chávez, expresó otra vez una visión académica no marxista de las avanzadas revolucionarias en marcha en América Latina.

Maduro comentó esas intervenciones, después respondió a una lluvia de preguntas. El ambiente era de encantamiento. El encuentro finalizó con música, poesía, canciones revolucionarias, una de ellas de una joven mozambiqueña.

Desafíos en cadena

Maduro va a ser elegido el día 14. Casi seguro con una ventaja sobre Capriles superior a la obtenida por Chávez. Eso porqué, muerto, Chávez será el gran elector.

Él es consciente de las enormes dificultades que tendrá que superar. Es un discípulo, un continuador, un bolivariano, pero no es Hugo Chávez. En pocas semanas ya marcó un estilo propio.

Su presencia en la Conferencia Nacional del Partido Comunista de Venezuela sorprendió a algunos observadores. El hecho de que el PCV haya proclamado a Maduro como su candidato a la Presidencia antes que el propio Partido Socialista Unido de Venezuela parece indicar que el futuro jefe del Estado pretende reforzar la cooperación con todas las fuerzas revolucionarias que se enfrentan con firmeza en el país a la difícil construcción del Socialismo.

Uno de los grandes desafíos a enfrentar serán las complejas relaciones con Colombia. Desde la época de Bolívar el diálogo entre los dos países -unidos por un periodo brevísimo- fue siempre difícil. Colombia es su principal socia económica en América Latina. Millones de inmigrantes colombianos trabajan en Venezuela

Durante los gobiernos de Álvaro Uribe la amenaza de una guerra de baja intensidad en la frontera occidental fue muy real. Tropas colombianas y bandas de paramilitares penetraron muchas veces en territorio venezolano persiguiendo combatientes de las FARC. El precedente criminal de Sucumbíos, cuando la Fuerza Aérea colombiana bombardeó el campamento del comandante Raúl Reyes, no fue entonces olvidado.

Con Juan Manuel Santos las relaciones con Bogotá mejoraron mucho. Pero el régimen colombiano es en la práctica una dictadura oligárquica con matices fascistizantes. Ocho bases militares de los EUA instaladas en el país son prueba de que es una semicolonia.

Un desenlace en las conversaciones de la Mesa de Diálogo de La Habana entre las FARC y el gobierno de Bogotá que trajera una Paz auténtica a Colombia mejoraría las relaciones con Venezuela. Pero es improbable que eso suceda.

La elección de Nicolás Maduro -repito- es casi una certeza. Pero sería poco responsable avanzar con previsiones sobre el rumbo del proyecto bolivariano de construcción del Socialismo en Venezuela. La Administración Obama hará todo lo posible para inviabilizarlo.

De Caracas regreso con la convicción de que la solidaridad internacionalista con el pueblo de Bolívar y los dirigentes que asumen el legado de Hugo Chávez tiene una gran importancia en el contexto de la actual crisis mundial.

Vila Nova de Gaia, 2 de abril de 2013

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