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29/01/2010 :: Colombia

La guerra por la hegemonía cultural (y II)

x Florencia Torres Freeman y Michael Chesnaux
Uribe: la ira de Dios :: En la disputa por la hegemonía se inserta el terremoto político que generaron las exhibiciones de «FARC-EP: La insurgencia del siglo XXI»

Apéndice

Uribe: la ira de Dios

Antonio Gramsci y la hegemonía

Antonio Gramsci lo sistematizó hace tiempo: no hay revoluciones que triunfen apelando únicamente a la construcción del consenso ni tampoco ejerciendo exclusivamente la violencia popular como respuesta contra el terrorismo de estado. Sólo mediante una inteligente combinación de ambas dimensiones —el consenso y la violencia popular; la zorra y el león en el lenguaje de Maquiavelo, el clásico preferido por Gramsci— los sectores populares pueden derrotar a la burguesía y tomar el poder. Bastante después de Gramsci, y con un lenguaje mucho más sencillo y quizás menos refinado, Manuel Marulanda Velez sintetizó el mismo pensamiento afirmando que los revolucionarios deben manejar y combinar todas las formas de lucha de masas. Precisamente en eso andan las FARC-EP de Colombia, aunque la tarea que se han propuesto no es fácil. El enemigo (interno y externo) es muy poderoso.

Su empeño no es excepcional, forma parte del inmenso acervo de luchas populares de América Latina. Las FARC-EP no son algo “exótico”. Constituyen parte de una lucha continental y global por cambiar el mundo que asume en cada sociedad características distintas.

El EZLN de México, el MST de Brasil y las FARC-EP de Colombia

Tomemos algunos pocos ejemplos de América Latina para comparar y dimensionar lo que sucede en Colombia.

En el caso de México donde se desarrolla la insurgencia zapatista, la enorme fortaleza que el EZLN ha logrado en la construcción de una imagen internacional seductora, inteligentemente elaborada a partir de un manejo muy hábil y flexible de los medios de comunicación, ha corrido pareja con una fragilidad política y militar difícil de soslayar.

Los aparatos represivos del Estado mexicano, entrenados en la dominación de toda disidencia radical durante décadas (desde los tiempos del PRI hasta hoy en día), no aplastan al zapatismo porque políticamente no necesitan hacerlo, no les conviene, ni es la oportunidad ni es el momento, no porque no puedan.

Algo análogo sucede en Brasil con el Movimiento Sin Tierra (MST), una de las organizaciones populares más importantes del continente. El Estado brasileño trata de enredarlo en toda una telaraña de créditos, préstamos y vasos comunicantes con las instituciones oficiales —prometiendo y siempre postergando al infinito la reforma agraria— para que su enorme y masiva masa militante no se vuelque definitivamente hacia una confrontación abierta y directa contra el poder burgués y el mundo financiero de los agronegocios (Brasil encabeza en el continente la “revolución verde” del capitalismo en el campo y la agricultura). Los aparatos represivos de la burguesía brasilera reprimen al MST, les matan militantes, los encarcelan, les abren causas judiciales, al igual que la burguesía mexicana hace con el zapatismo, pero con cuenta gotas y en dosis inteligentemente diversificadas.

¿La estrategia? En los dos países desgastarlos de a poco, marginarlos, aislarlos, quitarles la fuerza y su enorme potencial.

En ambos casos (EZLN y MST), muy diferentes por cierto entre sí, esa evidente dificultad para resistir los embates del poder ha sido convertida en virtud —mediante papers y pases mágicos esotéricos y misteriosos—por muchos académicos más preocupados en pescar becas de ONGs y de la socialdemocracia europea que en involucrarse con cuerpo y alma en las luchas populares latinoamericanas. A los ojos académicos, la necesidad se transformó en virtud. La debilidad en fortaleza. La impotencia política para acabar con la burguesía y el imperialismo en el mejor de los mundos posibles.

Por comparación y salvando las evidentes distancias, en el caso de la insurgencia colombiana ha ocurrido algo diverso.

Los aparatos de dominación colombianos (que cuentan con una millonaria ayuda económica y militar directa de fuerzas estadounidenses e israelíes, ahora incluso con siete nuevas bases militares) no han podido aplastar a la insurgencia bolivariana simplemente... porque no pueden. Lo quieren hacer, lo prometen, lo anuncian con bombos y platillos, sueñan día a día con ello, pero... no pueden. No es que no los aplastan porque electoralmente “no es el momento oportuno” sino que sencillamente no pueden aplastarlos.

Las FARC-EP, al igual que el EZLN y el MST, también cuentan con un vínculo profundo, estrecho y prolongado con diversos movimientos sociales y organizaciones de masas (caso contrario las FARC no hubieran sobrevivido durante tantos años... digan lo que digan los académicos y opinólogos, el pez sin agua se ahoga...). Pero, a diferencia de lo que sucede en México o Brasil, la insurgencia colombiana ha logrado construir una enorme y masiva fuerza político-militar con capacidad de enfrentamiento al Estado burgués de Colombia y a las fuerzas de intervención de los gringos. No es casual que las ONGs euro-norteamericanas y otras “inocentes” instituciones académicas no otorguen becas para defender o legitimar la insurgencia... Por arte de magia han eliminado a la insurgencia de la agenda académica. ¡Decretaron desde sus cómodas oficinas que no existe!

Desde hace años la burguesía colombiana labra periódicamente su acta de defunción para volver a quejarse, al día siguiente, ante cada nuevo golpe que recibe. Por ello, contra los vaticinios de Uribe y el silencio académico, la insurgencia colombiana sigue viva y no ha perdido su poder. Pero he aquí una paradoja.

Fortaleza social, política y militar; debilidad comunicacional

La fortaleza política y militar de las FARC-EP ha sido inversamente proporcional a la eficacia de su estrategia comunicacional. Lo que la guerrilla marxista y bolivariana ha logrado en el terreno del trabajo social clandestino en el movimiento popular y en la construcción de una fuerza político-militar de alcance nacional con llegada a todos los rincones de Colombia, no se ha visto reflejado hasta ahora de igual modo en el plano de la batalla comunicacional por la hegemonía, fundamental en el mundo de hoy en día.

Contrariamente a los prejuicios que les atribuyen “militarismo” o “subestimación de la política y la cultura”, las FARC-EP no han despreciado ni desatendido ese plano de la lucha que tantos éxitos le rindiera en otra época a la revolución cubana o a la revolución vietnamita. Lo que sucede es que actualmente, a diferencia de lo que sucedió en el pasado con Cuba o Vietnam, el control mundial del pensamiento, la vigilancia ideológica y la construcción cotidiana de la hegemonía cultural por parte de la burguesía y los monopolios comunicacionales del imperialismo ha asumido un nivel mucho más férreo que antaño.

Las FARC-EP y el problema de la hegemonía

Que las FARC-EP desarrollan varias batallas y toda una guerra en el terreno ideológico-cultural es algo obvio para quien no haya comprado el discurso neomacartista promovido por el Pentágono y el Comando sur del Ejército norteamericano. Veamos algunos pocos ejemplos.

La radio CRB (Cadena Radial Bolivariana) emite regularmente desde la cordillera colombiana en sus programas insurgentes la voz de la disidencia armada y del movimiento popular, pero es escasamente conocida a nivel internacional. No alcanza la fama que en otra época gozaron, por ejemplo, las emisiones de la radio «Venceremos» del FMLN (Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional) en la guerra civil de El Salvador.

La revista político-teórica Resistencia se publica desde hace bastante tiempo. En ella las FARC-EP difunden sus análisis de coyuntura y sus planes estratégicos, e incluso alguna que otra poesía. Ha circulado por muchos países pero no ha logrado todavía la difusión que en otras épocas tenían los materiales escritos por el MIR chileno, los textos cubanos o incluso los sandinistas del FSLN (Frente Sandinista de Liberación Nacional).

Las páginas de internet políticas y culturales de las FARC-EP (donde aparecen desde los partes de guerra cotidianos hasta libros de historia que discuten sobre Simón Bolívar, pinturas, poesías, cuentos y otras producciones de lxs combatientes), han sido numerosas, pero periódicamente son canceladas por quienes controlan el flujo mundial de información y no alcanzan la difusión que tienen por ejemplo las zapatistas.

Las biografías de su principal líder recientemente fallecido, Manuel Marulanda Velez (Pedro Antonio Marín), esculpidas con maestría por el historiador colombiano Arturo Alape, y las reconstrucciones históricas de la lucha popular en Colombia han sido publicadas y distribuidas no sólo de forma militante sino incluso también por grandes cadenas comerciales como el sello Planeta, pero su radio de acción no ha llegado más allá de los lectores simpatizantes de la guerrilla. Toda la literatura política de las FARC-EP es perseguida y finalmente prohibida. Muchos de sus intelectuales han sido asesinados y barridos directamente a plomo.

La música de la insurgencia (aproximadamente 300 canciones originales de Julián Conrado, Lucas Iguarán, Juan Polo, Cristian Perez, Camilo Vargas y muchos otros cantautores combatientes que con versos y poesías insurgentes incursionan en ritmos tradicionales de Colombia como el vallenato y la cumbia, incluyendo también otras formas musicales como el rock y el merengue, el tango y la música country, el bolero y los ritmos indígenas andinos) se puede bajar en MP3 de las páginas web de las FARC-EP, pero no es tan conocida como lo fueron recitales del estilo “Abril en Managua”, impulsado por el sandinismo, por no hablar de la fama que goza la nueva trova cubana.

Los libros de poesía —género que también cautivó a Ho Chi Minh en plena guerra de Vietnam— de Jesús Santrich y otros comandantes de las FARC-EP también forman parte del abanico cultural generado por esta guerrilla.

Las representaciones teatrales, los recitados y las diversas formas de “mística” popular — tan famosas en los campamentos y asentamientos del MST brasilero— también inundan los campamentos guerrilleros de las FARC-EP, repetidos una y otra vez en la selva colombiana en fechas emblemáticas como el 8 de octubre (aniversario de la caída del Che Guevara) o el 17 de diciembre (fecha de la muerte de Simón Bolívar).

Todas esas energías puestas en la generación de cultura rebelde y contrahegemónica muestran que las FARC-EP poseen un proyecto integral, que abarca desde lo económico, lo político y lo militar hasta lo cultural. Tiene razón el periodista peruano Jaime Bayly, enemigo a muerte de la guerrilla, cuando discrepando con candidatos presidenciales colombianos defiende la tesis de que las FARC-EP no se mueven por dinero. Concretamente Bayly (bufón neoliberal de Uribe y mediocre imitador de Vargas Llosa) ha planteado que “No es cierto que las FARC-EP carecen de ideología o que se muevan por dinero. ¡Sí tienen ideología! Son comunistas radicales, marxistas inspirados en la ideología de lo que en otra época hacía el castrismo. Ellos siguen creyendo en la guerra de guerrillas”. Para Bayly eso es monstruoso, satánico, deplorable. No hace falta aclararlo. Pero resulta ilustrativo...

El cine rebelde y la contrahegemonía

Ahora bien. Ese proyecto integral no ha logrado todavía ganar la batalla comunicacional. Allí, en ese complejo escenario de disputa por la hegemonía, se inserta entonces el terremoto político que generaron las exhibiciones del film documental «FARC-EP: La insurgencia del siglo XXI». Sólo tomando en cuenta ese panorama puede comprenderse semejante escándalo internacional frente a un simple... film documental.

Tanto la burguesía colombiana y su presidente narco-para-militar, como sus asesores norteamericanos y los grandes monopolios de comunicación, se han dado cuenta que a pesar de sus dificultades la insurgencia no sólo no ha perdido la iniciativa política sino que incluso comienza a dar vuelta la tortilla y ganar la pelea en el terreno cultural. Por eso han salido en un coro monocorde, desesperado e histérico, a tratar de prohibir el film documental de las FARC-EP. Esa prohibición oficial constituye sin duda un síntoma de miedo e impotencia. No pueden contestar. Necesitan prohibir. Quieren tapar el sol con una mano.

Ver primera parte de la bitácora


N. de La Haine: El título del Apéndice hace referencia al film "Aguirre, la Ira de Dios" de Werner Herzog (1972), en el que la historia de Lope de Aguirre, el conquistador español del siglo XVI que luego de separarse de la expedición de Gonzalo Pizarro intentó descubrir la mítica ciudad de El Dorado, enfrenta al espectador a los dilemas del imperialismo y el fanatismo religioso. "Aguirre, la ira de Dios", así se autodenominaba provocador el perturbado conquistador que al final de su delirio pretendía casarse con su propia hija a fin de lograr una casta pura para reinar en América

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