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17/07/2006 :: Medio Oriente

Las consecuencias de la ocupación

x Txente Rekondo
Una de las claves para entender los acontecimientos de estos días reside en la raíz de la situación que se vive en la región, la ocupación de Palestina, parte del Líbano (las granjas de Sheba) o de Siria (los altos del Golán) por parte del estado sionista de Israel.

Si a esa situación le unimos la asimetría militar entre los protagonistas y la política hegemónica y unilateralista de Israel, podremos hacernos una mejor composición de lugar. Y también entenderemos mejor las manifestaciones de palestinos, libaneses o sirios cunado señalan que "la ocupación y esa actitud no puede ser gratuita".

Israel se aprovecha de esa superioridad asimétrica para llevar a cabo una política que como ultima consecuencia puede generar una verdadera desestabilización en la zona, y de cuyas consecuencias no permanece ajeno ningún lugar del planeta, sobre todo si tenemos en cuenta las dimensiones colaterales que hoy en día se generan en todo el mundo ante acontecimientos de esas características.

Las castigadas poblaciones de Palestina y Líbano no pueden ocultar cierta satisfacción cuando oyen los sonidos de los cohetes Qassam y Katyusha volando en dirección a las ciudades y asentamientos israelíes. Es la aplicación de la misma medicina que emplean los militares sionistas, con el beneplácito internacional, contra ellos. Israel ha sufrido estos días esos ataques, la respuesta contra sus atrocidades, pero esas acciones pueden ser tan sólo el aperitivo de una violencia más mortal y generalizada que acabará, de producirse, volviéndose contra los ideólogos de la estrategia sionista. Por eso no ocultan su temor, aunque lo disfracen de acusaciones contra Siria o Irán, de que la resistencia palestina o libanesa haya adquirido armas más mortíferas, y que en el futuro en lugar de los cohetes mencionados utilicen los misiles Fajr.

La agresión

La agresión militar del ejército sionista, disfrazada por algunos medios como operación militar, tiene una lectura muy variada en cuanto a sus objetivos reales. Por un lado busca dar una respuesta a la población de Israel, demostrando que hacen "algo para detener la agresión". Parece también, que el actual primer ministro, Olmert, recuerda la experiencia del pasado, que no quiere repetirla, cuando coincidiendo con el comienzo de la segunda intimada palestina, en octubre del 2000, Hezbollah realizó una acción similar. El entonces primer ministro, Barak, no lanzó una respuesta como la actual, pues no deseaba abrir un nuevo frente, y meses después, perdió las elecciones.

Por otro lado, estas operaciones han estado prefijadas y planeadas de antemano. Con esta brutal agresión Israel busca acabar con el gobierno, elegido democráticamente, de Hamas en Palestina, y con la posición de Hezbollah en Líbano. En esa línea argumental, los ataques indiscriminados y salvajes contra la población civil y las infraestructuras de esos dos países, buscan que la población de los mismos se posiciones contra los líderes de la resistencia.

Pero además, el ejército de israelí quiere resarcirse de la humillación pública que han supuesto las dos acciones de guerra en Karem Shalom y en el norte del país, escenificándose además de forma más bochornosa si cabe, con la detención de varios soldados sionistas.

Israel está aplicando la misma técnica que los estadounidenses quisieron llevar a Vietnam, cuando el general Curtis LeMay afirmó que enviaría al país asiático a la Edad de Piedra. Sin embargo también se produce un efecto boomerang, y entre la población israelí, el término "Líbano" comienza a tener una sensación similar al llamado "síndrome vietnamita" en la opinión pública de Estados Unidos.

Hezbollah

Contrariamente a lo que se señala en algunos medios occidentales, el movimiento chiíta del Líbano se mueve en torno a una agenda de claro carácter nacionalista, y sin obviar su perfil religioso, "el pragmatismo, el nacionalismo y las redes de asistencia social" son los ejes centrales de su política.

Con este tipo de acciones Hezbollah quiere mandar un mensaje muy claro y nítido al conjunto de actores internacionales, regionales y locales, "los chiítas del Líbano estamos aquí, nos mostramos fuertes, como una fuerza importante, y sobre todo somos visibles ante el resto del mundo".

La claridad del mensaje y su contenido está lanzada en diferentes direcciones. La exigencia de liberación de prisioneros libaneses de las cárceles israelíes, en clave interna, es recibida con entusiasmo en las calles del país, desde donde ven la acción como "un objetivo noble". La referencia a Palestina se dirige por su parte al conjunto de la comunidad musulmana del mundo, muy sensible, a diferencia de los gobiernos, a este tema. Y finalmente, la respuesta que espera de Israel, servirá también para que la imagen del estado sionista siga deteriorándose entre la población del Líbano, al tiempo que logra aunar el sentimiento nacional en una misma dirección.

Los intentos sionistas para polarizar la situación del Líbano y situar a las comunidades drusa, cristiana y sunní contra Hezbollah, están siendo contrarrestados por la organización chií de manera brillante, pues la población civil no olvida el papel de Israel en el país, así como su ocupación actual en las granjas de Sheba o los cientos de prisioneros libaneses en las cárceles de Israel, algunos de ellos sin haber sido juzgados. Y si Tel Aviv fracasa en este escenario, puede que todavía cometa un daño colateral más peligroso. La actuación del ejército sionista ha situado a los regímenes y gobiernos de la mayoría de los países de la zona en una embarazosa situación, con un sentimiento entre sus habitantes de simpatía hacia Hezbollah, a la que ya ven como la única capaz de oponer fin a la política unilateral y hegemónica de Israel.

A medio plazo, Israel puede contentarse con lograr un acuerdo con la comunidad internacional sobre el control de la frontera con Líbano, evitando la presencia de Hezbollah en la zona. Y al mismo tiempo, pueden producirse negociaciones a través de intermediarios de terceros países, como en el pasado, para resolver el tema de los prisioneros de ambos lados. De momento parece que sea cual fuera la salida definitiva a esta crisis, si se confirman esos apuntes, parece más que evidente que la posición de Hezbollah y Hamas saldrá reforzada, habiendo logrado el gobierno sionista el resultado contrario al deseado. Porque sería ingenuo pensar que en una coyuntura más favorable, Hezbollah aceptaría una salida humillante para la comunidad chií y para su propia organización.

Gabinete Vasco de Análisis Internacional (GAIN)

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