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Combatiendo al capitalismo con música
Andrés Torrón
Brecha

El portorriqueño Ricky Martin es una estrella popular universal, sus canciones en español o en inglés se escuchan aquí, en Estados Unidos o en Japón, y miles de adolescentes de Montevideo, La Paz, Varsovia o Guam se identifican con su imagen. Posters de la cantante colombiana Shakira se venden en los puestos callejeros de 18 de Julio. Artistas que dicen rescatar las raíces folclóricas de su tierra, como los argentinos Soledad o Luciano Pereira, son consumidos masivamente por gente tan joven como ellos.

Este panorama era impensable diez años atrás y presupone de alguna manera un cambio de mentalidad cultural. Al parecer ya no nos regimos por los modelos "importados" de la metrópoli y hemos asumido nuestra identidad como continente ¿Es tan así? Mucho tiempo antes de esta invasión latina, Coriún Aharonián decía, en una ponencia presentada en un foro sobre la cultura en el Cono Sur (Porto Alegre, 1990) y reproducida en este libro:* "La música de Johann Sebastian Bach nos resulta universal. También la de Los Beatles. En ambos casos se trata de productos creados en la metrópoli del sistema colonial, y nuestra sensación es de estar escuchando algo que nos pertenece en tanto género humano. ¿Les pasa lo mismo a los europeos con la música producida en nuestros países? (…) Evidentemente no. Pero puede llegar a serlo para el europeo y puede llegar a serlo para nosotros, los habitantes de la colonia. Pero no en forma lineal. Puede llegar a serlo sólo si el centro de poder colonial roba una música de la colonia, la acomoda a sus pautas de buen comportamiento y la lanza desde la metrópoli".

El ejemplo que ilustraba esos conceptos era el caso de la lambada, revisión brasileña de la música tropical, adoptada como música bailable por la clase baja del nordeste brasileño y tomada por empresarios franceses para elaborar un producto internacional de tinte controladamente exótico de la mano de una canción plagiada a un grupo boliviano.

Es claro, nadie hubiera bailado lambada en Montevideo si la danza no hubiera sido "descubierta" por empresarios del Primer Mundo, y nadie se habría enterado de la existencia de una canción boliviana titulada "Llorando se fue" si ese plagio no hubiera existido. Así como hoy la música latina que escuchamos es producida, editada y digitada desde Miami, Estados Unidos, o sus sucursales regionales, México y Buenos Aires. ¿O acaso conocemos algo de la escena musical colombiana que no sea editado por un sello multinacional? Aharonián, compositor, musicólogo y docente de varias generaciones de músicos uruguayos, ha investigado mucho estos temas desde ensayos, artículos periodísticos y ponencias y también desde su propia obra creativa. En este libro se recogen distintos textos (muchos de ellos publicados en este semanario) que giran en torno a la problemática de la cultura y la identidad en el continente latinoamericano. No solamente se habla de música y de cultura artística, sino de todas las pautas de comportamiento cultural y de cómo éstas condicionan, reflejan y definen a una sociedad. La mayor parte de los textos hace referencia a las mismas ideas y problemas: la fundamental importancia de la cultura en el sistema de dominación (y cómo quienes intentan combatirlo no perciben esa importancia), la trampa de la universalidad impuesta por el sistema colonial, la necesidad de trabajar en la búsqueda de una identidad latinoamericana y, fundamentalmente, la responsabilidad del creador en esa lucha contra la dependencia cultural.

Es posible no compartir muchos de los planteos y soluciones propuestas por Aharonián; más difícil es no estar de acuerdo con su lúcido análisis de la realidad en la que estamos inmersos. Si bien todos los textos tienen al menos diez años de escritos, asusta su vigencia. Esto es especialmente patente en un artículo sobre la relación entre cultura y política de cara a las elecciones de 1989. Allí el compositor da una excelente explicación del éxodo masivo de jóvenes -problema aun más acuciante hoy-, diciendo que "es producto inevitable de una política cultural no asumida. Todo el sistema educativo -incluidos los medios de comunicación de masas- apunta a ese resultado. El niño-adolescente joven uruguayo es instruido para una realidad que no es la propia. Quizás no sea la de otro lugar en particular -'he is a real nowhere man'-, en todo caso no es la de aquí".

Si bien los diferentes textos siempre tratan sobre los temas anunciados en el título del libro, siempre hay en ellos conceptos interesantes sobre el quehacer artístico. No necesariamente compartibles: allí está lo más interesante en una época que parece tener horror de la confrontación de ideas. Entre otros, la visión del compromiso del artista, la falsedad de la abstracción del arte, la problemática de la contemporaneidad y la comunicación con el público.

Es una pena que esta reedición no incluya textos más recientes, como los excelentes artículos sobre la polémica ley de autor nacional publicados en BRECHA y en la revista Socio Espectacular

* Conversaciones sobre música, cultura e identidad, por Coriún Aharonián. Tacuabé, Montevideo, 2000 (reedición corregida y aumentada), 135 páginas

(Rebelión)

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