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¿Qué es la represión?
Iñaki Gil de San Vicente

Aunque es cierto que el sistema represivo está para aplicar la represión, no es menos cierto que la represión que se puede aplicar depende de cómo sea ese sistema represivo. Es decir existe una especie de retroalimentación sistémica entre represión y sistema represivo de modo que cada uno se apoya en el otro y a la vez lo mejora. Pero ocurre que en este asunto también interviene, y además decisivamente, las luchas de los oprimidos, sus capacidades para superar periódicamente los sistemas represivos, para desbordarlos y vencerlos, para hacer que la represión se vaya volviendo anticuada y vaya perdiendo efectividad. Una situación así se vivió a finales de los setenta, y otra a comienzos de los noventa, cuando los poderes fácticos del Estado comprendieron que para acabar con el independentismo abertzale debía no sólo mejorar profundamente la represión hasta entonces aplicada por el PSOE sino sobre todo y fundamentalmente, cambiar de sistema represivo

Dadas las condiciones de comienzos de los noventa --condiciones vascas, estatales ,europeas y mundiales-- los poderes fácticos comprendieron que el PSOE y su sistema represivo estaba acabado y que había que apostar abierta y decididamente por el PP y su nievo sistema represivo,. Solamente así podría endurecerse la represión a escalas más brutales. Hay que partir del hecho de que una represión más endurecida, sistemática y amplia requiere de previas adaptaciones y cambios en los aparatos que van a aplicar, y sobre todo, una profundización en los objetivos últimos de la represión, como es el gran paso dado por los poderes fácticos a lo largo de la mitad de los noventa, al decidir que había que acabar con la misma identidad vasca en ascenso. Esta innovación exigía una previa adaptación del sistema represivo en cuanto tal y por ello de los aparatos estatales, paraestatales y extraestatales que tenían que aplicar esa nueva estratega y esa nueva represión.

Vemos que hay, así, dos niveles de debate, uno el de la represión en su definición general y siempre básica, aplicable a cualquier otra represión en cualquier otro país y momento, y otra, la de las represiones concretas, las formas concretas y materiales que adquiere esa represión general en cada país y momento. En uno como en otro hay que tener siempre en cuenta, por un lado, el sistema represivo, y también el paradigma y la estrategia que van unidos a ese sistema y, por otro lado, que toda represión existe en función de una opresión, explotación y dominación que hay que asegurar, fortalecer y perpetuar. Por eso toda represión buscará aplicar aquellos niveles de opresión, explotación y dominación que le resulten efectivos para obtener éxitos, a la vez que loas fuerzas que activamente intervengan en esa opresión será también agentes directo o indirectos de esa represión. .

Vamos a dar en primer lugar la respuesta general que se ofrece en el texto que indicamos insistiendo en otra de las cosas fundamentales que se extraen de la teoría del sistema, paragidma y estrategia represivas, y del papel estratégico centralizador que cumple el estado, a saber, que la represión en general siempre es más que el palo y tiente tieso, excepto en los casos de brutalidad fascista y contrarrevolucionaria, de genocidio atroz de un pueblo, masacres en las que ya no es posible hilar fino porque ya en esas situaciones lo que se aplica son las fosas comunes, los desaparecimientos y las detenciones masivas:

Es necesario insistir en la crítica del concepto de represión en su forma pobre y restringida, la del palo y tente tieso. En realidad, la represión es una dinámica cuádruple: uno, es el conjunto de prácticas destinadas a borrar de la consciencia colectiva e individual todo aquello que no sea conveniente al poder establecido; dos, es el conjunto de prácticas y aparatos destinados a moderar y templar, es decir, inte-grar en el sistema, hacerlas funcionales, desactivar su carga emancipadora, o en palabras actuales: normalizar y volver "tolerantes" aspiraciones, necesidades radicales, deseos liberadores y reivin-dicaciones democráticas colectivas; tres, es contener y refrenar las luchas y resistencias individuales y/o colectivas con violencia física, psicológica, cultural y lingüística, clasista, nacional, ético-moral, sexual y racista; cuatro, es obtener una ganancia precisa, material o simbólica, que mejora las condciones de vida de quien reprime y de las personas que, en cascada, se benefician de ello. Cada una de estas áreas actúa en varios espacios y es normal el que se complementen mutuamente al actuar en el mismo momento y lugar. Pero por ellas mismas, en su relativo aislamiento y autonomía, no llegarían más allá de meras coordinaciones surgidas de la formas concretas de explotación y de sus disciplinas correspondientes".

Vamos a analizar una a una y en nuestras condiciones actuales como funcionan las cuatro características de la represión que se han enunciado.

La primera.- Conjunto de prácticas destinadas a borrar de la cons-ciencia colectiva e individual todo aquello que no sea conveniente al poder establecido- abarca, desde la teoría que se defiende en este texto, absolutamente todos los instrumentos de que dispone el Estado dominante y sus múltiples agencias y subpoderes, y van desde las medidas destinadas a borrar la presencia legal, administrativa, económica, geográfica e histórica, cultural, internacional, etc., de Euskal Herria, hasta las persecución de la militancia independentista con todos los medios disponibles, pasando por la manipulación mediática y toda serie de amenazas, chantajes e intimidaciones. . Hablamos de "conjunto de prácticas" y no sólo de instituciones o poderes, o leyes, etc., porque lo que siempre hay que tener en cuenta es que esas instituciones y sus leyes, o las prohibiciones que imponen, no son cosas abstractas e inmateriales, sino que conciernen a prácticas colectivas y populares e imponen otras prácticas que son inseparables del ordenamiento estatal ocupante. Desde la perspectiva de este texto, afirmamos que existe una opresión en la que lo simbólico, por ejemplo la bandera española o la selección del Estado, etc., son en la realidad fuerzas materiales de alienación, mientras que por su parte, las fuerzas materiales como la policía, los jueces o los profesores en castellano, por ejemplo, son también fuerzas simbólicas que intervienen activamente de la dialéctica simbólico-material de opresión,

La conciencia colectiva de autoidentidad se borra a lo largo de un proceso histórico más o menos largo según los casos. En Euskal Herria, como mínimo podemos hablar de dos siglos --en concreto desde finales del siglo XVIII en Ipar Euskal Herria--, aunque para ser exactos podemos ver fases ascendentes que nos retrotrae a hace cinco siglos y a más incluso,. De todos modos, de lo que se trata ahora es de comprender que esa destrucción de la autoidentidad exige, para ser total y efectiva, que las generaciones vivientes no puedan dejar ningún rescoldo de conciencia nacional a las generaciones posteriores, es decir, borrarlo todo --hasta los rótulos en euskara de las carreteras y cementerios-- para que el futuro no recoja siquiera una palabra de la identidad nacional. Eso no se puede lograr sin la intervención represiva de todos los aparatos del estado y de todos sus recursos para y extraestatales. Un ejemplo lo tenemos, sin ir más lejos, en el papel que juega el Opus Dei no sólo en Nafarroa como instrumento españolizador, alienador, burgués y patriarcal con fuertes conexiones con el Estado, pero que a la vez aparece como institución extraestatal, apolítica y sobre todo católica, es decir, con obediencia a Roma. Ejemplos como estos y a todas las escalas existen muchísimos.

Queremos hacer incapié en el componente espacio-temporal en la represión de la identidad, es decir, en la persecución material y simbólica de todo lo que indique, muestre y confirme la existencia objetiva de un pueblo. En otras palabras, se trata, para el Estado dominante, no sólo de segar la hierba fresca que alimenta la conciencia colectiva sino de destrozar el humus, la tierra fértil y húmeda que permite que esa hierba crezca pese a todos los temporales. La dervertebración administrativa, las prohibiciones y persecuciones de todo lo que sea pequeña muestra de autoconciencia unitaria de Euskal Herria, desde el deporte hasta los mapas, desde la historia hasta Internet, desde el folclore hasta las fiestas populares, desde las carreteras hasta la presencia internacional, etc., a lo largo de esta persecución se descubre la lógica de la destrucción de la continuidad espacio-temporal de Euskal Herria.

La segunda característica.- Conjunto de prácticas y aparatos destinados a moderar y templar, es decir, inte-grar en el sistema, hacerlas funcionales, desactivar su carga emancipadora, o en palabras actuales: normalizar y volver 'tolerantes' aspiraciones, necesidades radicales, deseos liberadores y reivindicaciones democrá-ticas colectivas- está siempre en función de la primera y tiene una variable específica en la cuarta característica que veremos más adelante. Se trata, en esta segunda, de intentar que sectores más o menos amplios de ese pueblo oprimido apoyen de alguna forma los planes "reformistas" del ocupante, o al menos debiliten su militancia independentista y se contente con la espera pasiva y cómoda a que las cosas se "normalicen". Par ello el Estado a hecho algunas "reformas democráticas" --la constitución y el Estado de las Autonomías-- de modo que las reivindicaciones de esa gente abandonen los métodos directos y movilizadores para volverse "tolerantes" y "pacíficos". Existen muchas variables en esta trampa que no vamos a analizar ahora, pero sí debemos insistir en que se trata de la famosa táctica del palo y la zanahoria.

Habitualmente se tiende a olvidar la eficacia de la zanahoria cuando están cayendo los palos, pero históricamente hablando resulta difícil encontrar períodos represivos en los que sólo se haya aplicado el palo. Estos existen y ya nos hemos referido a ellos --los momentos durísimos de los golpes militares y fascistas, por ejemplo-- pero incluso en los años largos y plomizos de las dictaduras --también del franquismo-- el poder opreso busca algunos aliado o al menos crear un colchón de estómagos agradecido, gente pasiva y cómoda que se escuda en análisis de que "no hay condiciones objetivas", "hay que esperar a que muera Franco", "no hay que recurrir a la violencia", etc. En la larga historia del PNV, por ejemplo, este comportamiento ha sido el mayoritario. Incluso dentro de la historia de la izquierda abertzale han surgido tentaciones similares como las que, dentro mismo de la dictadura franquista, se afirmaba que ya no era necesaria la lucha armada porque el franquismo permitía que dentro del sindicalismo vertical se organizaran los trabajadores, como era el argumento de la primera escisión en ETA con los escindidos de la Oficina Política.

En las condiciones de opresión nacional en las que el Estado ocupante tiene una base social de apoyo propia formada por gentes de su misma cultura nacional, nacidos en ese Estado o hijos de emigrantes que se han formado desde su nacimiento en la cultura de sus padres, etc, en estos casos, como sucede en Euskal Herria, el estado tiene más facilidades para movilizar esos sectores. Se crea así una fuerza social psicopolíticamente más apta para la manipulación, y muy propensa a aceptar las "reformas" descentralizadoras, contentándose con ellas. Precisamente, una de las obsesiones en aumento de los sistemas represivos españoles y franceses es la de lograr, en primer lugar, que esa masa social aumente su identidad española, en segundo lugar, pase a movilizarse activamente en defensa de España dentro de Hegoalde y, en tercer lugar, sobre todo y con miras de largo alcance, educar como españoles primero a sus hijos y nietos y después a todos l@s niñ@s nacidos en Hegoalde. En este esfuerzo intervienen todas las fuerzas políticas, sindicales, mediáticas y sociales que, al margen de sus diferencias secundarias -- PP o PSOE, patronal o UGT-CCOO, El Mundo y ABC o El País-- tienen la misma identidad nacionalista española.

Ahora bien, tampoco podemos dejar de lado la existencia de un bloque social autóctono formado por la burguesía vasca y sus sectores populares de apoyo, constituido por franjas populares y trabajadoras, pero sobre todo por la pequeña burguesía y por autopatronos y profesiones liberales, que apoyan al sistema dominante. Hay que tener en cuenta que además de que en toda sociedad burguesa la ideología dominante es la ideología de la clase dominante, también en los pueblos que llevan sobre sí dos siglos de ocupación militar con el apoyo de sus clases dominantes al poder extranjero, la ideología dominante se ha constituido como una mezcla de la propia burguesía que acepta la dominación y de esa misma dominación. La historia de la derecha vasca impulsora del franquismo y de la dominación francesa también incluso de la dominación nazi-fascista, está ahí, y uno de los secretos de la actual estrategia represiva española consiste en en crear un bloque formado por esa derecha vasco-españolista y los partidos españoles.

La tercera característica.- Contener y refrenar las luchas y resistencias individuales y/o colectivas con violencia física, psicológica, cultural y lingüística, clasista, nacional, ético-moral, sexual y racista"- es obvia, y su efectividad depende, en contra de lo que se cree sin base histórica, de la simple brutalidad, cuando de hecho, como lo demuestran múltiples ejemplos, sus triunfos parciales y transitorios --detenciones, asesinatos, torturas, decenas de años de condena, cientos de detenidos y miles de exiliados, cierre de periódicos, cargas en manifestaciones, prohibiciones y presiones contra el movimiento popular, etc.-- sólo son efectivos a medio y largo plazo si van acompañados de otras medidas políticas, culturales, económicas, sociales, etc., como las que estamos viendo.

De todos modos, hay que insistir en que la represión en esta tercera característica hace mucho daño porque detiene el avance emancipador, aborta muchas nuevas conquistas, encarcela, asesina y mantiene mal que bien el clima de que contra el Estado no se puede nada o muy poco. Este es uno de los mayores logros de esta tercera característica porque sirve para mantener en mucha gente la creencia de que nada avanza de que no sirve enfrentarse al Estado, de que tanto heroísmo y sacrificio no sirven apenas de nada. Las formas de demostrar que no es cierto ese pesimismo es, además de multiplicar los esfuerzos prácticos, también demostrar con una argumentación global que, por una parte, es al Estado, la fuerza criminal más poderosa, la que hay que exigirle la argumentación contraria de que él está ganando; por otra parte, que visto el proceso a medio y largo plazo, el Estado no sólo no está demostrando su supuesta victoria sino que va perdiendo recursos políticos y legitimadores debe compensarlos con recursos represivos; además, dentro de las bases sociales del nacionalismo tibio, del autonomismo y de sectores de izquierda estatalista ya no existe la pasividad de hace dos décadas, del mismo modo que en la juventud ya no hay la indiferencia de entonces y, por último, la izquierda abertzale y el conjunto de fuerzas progresistas de este país disponen ahora de una capacidad superior a la del pasado en cualquier otro momento.

La cuarta y última característica.- Obtener una ganancia precisa, material o simbólica, que mejora las condi-ciones de vida de quien reprime y de las personas que, en cascada, se benefician de ello- tiene una estrecha conexión con la segunda, como hemos dicho, pero debe ser analizada en particular porque su importancia radica en que crea un sector social preciso que se moviliza no sólo en lo relacionado con la represión en su tercera característica sino en defensa del orden en general. Nos estamos refiriendo al conjunto de policías de todo tipo, de servicios de seguridad, de personas dependientes de esos sueldos, de funcionarios regionalistas, de algunos trabajadores de empresas de servicios que dependen de los chanchullos regionalistas, es decir, de un sector social que no existía ni durante el franquismo ni inmediatamente después del franquismo, que se fue creando con la descentralización administrativa, con la burocratización de los partidos de orden y de los sindicatos, con la proliferación de chanchullos y corrupciones de todo tipo, con las empresas de tapadera o simplemente de servicios para esos partidos y sus economías ocultas, etc.

Mientras que en la segunda característica destaca prioritariamente la aceptación cómoda del orden con sus concesiones y promesas, estando en segundo o tercer grado la colaboración directa con la represión, en esta cuarta característica, por el contrario, destaca la participación directa o muy cercana con ella. Hay que tener aquí en cuenta cómo funciona el sistema concéntrico de control social, dentro de éste el sistema de vigilancia social, y dentro de este último círculo, el sistema represivo en sí mismo, con sus fuerzas policiales y sus decisiones politíco-militares. Aunque luego nos extenderemos un poquito sobre la dialéctica entre la represión tal cual aquí la describimos y el proceso global que abarca al control social, a la vigilancia y a la represión directa, hay que decir ahora que esta cuarta característica de la represión, o sea, el conjunto de fuerzas sociales, de individuos, directamente interesados en la represión porque ellos mismos se benefician económica, material y simbólicamente, es decisiva para entender el funcionamiento real y diario de la represión en todos sus facetas.

En efecto, en la acción diaria de la represión intervienen de manera continuada e invisible, casi imperceptible para quien no está concienciado de la gravedad del problema, varios miles de personas que desde sus puestos de vigilantes jurados, guardias de seguridad, policías urbanos, porteros de empresas e instituciones, agentes de seguros y de empresas de seguimiento de morosos, detectives supuestamente "privados", además de las propias policías oficiales, tienen relaciones más o menos directas con el poder. Una tendencia en ascenso en la sociedad capitalista es la de ampliar estos recursos represivos tanto en su base humana como en su base tecnológica; y esa tendencia, encima, se agudiza en Euskal Herria en donde las sucesivas estrategias represivas han incidido en el objetivo no sólo de ampliar su número sino también de someterlos a la centralidad de mando anteriormente analizada. Por ejemplo, los debates sobre la policía, etc. Otro aspecto decisivo de este cuarta característica es la existencia de "cuerpos de seguridad" internos de los partidos políticos del sistema, sean españoles, franceses o regionalistas y autonomistas.

Ahora bien, para hacernos una idea más rica de lo que es la represión, debemos tener en cuenta el papel decisivo que juegan, por una parte, todo el proceso integrado que va del control social a la represión directa pasando por la vigilancia y, por otra parte, el papel de los medios de alienación y manipulación.

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