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Sección de Alizia Stürtze

La sofisticación del capital
Alizia Stürtze

El capitalismo, en cuanto a sus fines, es más primitivo que Atila: robar y explotar a la mayoría para que una minoría se enriquezca y vuelva a explotar y robar para enriquecerse más y así hasta el infinito. Por contra, es tremendamente sofisticado en ciertas de las formas externas que utiliza para ocultar ese carácter suyo básico de rapiña. El gigante de comida rápida McDonald's reacciona con presteza en el Reino Unido ante el escándalo de las vacas locas, suspendiendo la venta de sus Big Macs durante los días necesarios para sustituir el peligroso picadillo inglés por saludable picadillo holandés. De la "responsable" decisión nos dan parte una y otra vez nuestros queridos media. La conclusión provocada en el público consumidor potencial de sus menús es que la McDonald's es de fiar. ¿Rebuscada realidad subyacente? Con este retiro temporal de las tradicionales hamburguesas en sus 600 sucursales en las islas, es decir, con unas pérdidas muy limitadas, la multinacional consigue mejorar mundialmente su imagen y parar en cierta medida la campaña internacional creciente contra su cadena de hamburgueserías.

No hay que olvidar que la base de las ventas de McDonald's, al igual que la de otros productos basura como la Coca-Cola, es la imagen y que ésta está siendo dañada desde muchos flancos. En su XX Aniversario, en Abril del año pasado, hubo protestas en al menos 20 países y desde Junio del 94 la cadena se enfrenta a un juicio contra dos activistas de Greenpeace de Londres, antiguos empleados, cuyas alegaciones se centran en 3 puntos: el medioambiental; el nutricional (el consumo de hamburguesa va unido a cáncer y a enfermedades del corazón); la explotación en el empleo (a los menores de 21 les pagan sueldos al borde de la ilegalidad). Este juicio, en el que la multinacional está invirtiendo unos $8000 diarios, le está causando una pésima publicidad internacional, con el consiguiente descenso en las ventas. No podía, pues, desaprovechar una ocasión como la de las vacas locas, para mejorar su imagen.

El capital, al igual que la Iglesia, muestra históricamente una enorme capacidad de "adaptación", de camaleonismo, de travestismo para seguir ocultando su fealdad esencial. Ahí tenemos todas esas multinacionales que, después de cargarse el medioambiente, se apuntan al ecologismo y nos colocan el "no dañar la capa de ozono", "biodegradable", etc . . . para convencernos subliminalmente de que, para ellos, la convervación de la tierra está por encima de la obtención de beneficios; o esa nueva "moda", adoptada por ciertas agresivas compañías en auge que hablan de la necesidad de introducir "la moral y la ética" en los negocios lo que, en el caso de la Body Shop, por ejemplo, se traduce no sólo en condenar la experimentación con animales, sino en entrar en Internet para condenar la utilización de mano de obra infantil y hacer "activismo político progresista" (contra la ejecución del escritor nigeriano Ken Saro-Wiwa); difuminando así lo fundamental: que los suculentos dividendos que reparte entre sus accionistas son, como los de cualquier empresa capitalista, producto de la explotación, que nunca puede ser ética ni moral.

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