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04/06/2021 :: Estado español

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x TrinCHEra - Organización Obrera Popular Revolucionaria
La clase obrera requiere una dirección revolucionaria para esta coyuntura de crisis extraordinaria

Contexto

Nos encontramos en el medio de una crisis capitalista extraordinaria que afecta a los pilares de la organización mundial burguesa. El enfrentamiento entre potencias no parece que desembocará en lo inmediato en una guerra abierta, pero los conflictos se suceden en los márgenes. El último estallido del conflicto en Oriente Medio, tras los bombardeos criminales de Israel en la franja de Gaza, son contestados por protestas al interior del país imperialista, signo de debilidad de la potencia que actúa bajo el manto de protección de EEUU. En la comunidad internacional, nadie rechista. 

EEUU, potencia mundial indiscutible desde hace 70 años, zigzaguea sumida en una grave crisis política interna y un endeudamiento sin precedentes con sus propios ciudadanos y fondos de inversión de capital estadounidense. China, ha salido reforzada de la crisis del coronavirus, siendo la única potencia que mantiene el crecimiento después de la pandemia, pero se enfrenta a numerosas contradicciones sociales, demográficas y económicas dentro de sus fronteras.

Mientras, Europa sigue subordinada al resto de potencias, como muestra el papel de Marruecos en la última crisis demográfica, en el que la relación de este país con EEUU ha hecho manifiesta la incapacidad de la UE de imponer ninguna medida. O el caso de Latinoamérica, donde la influencia de los capitales españoles no para de menguar con respecto a los de otros países, como pueden ser China o Rusia. La dureza con la que la crisis puede golpear a una UE sin autonomía ni proyecto político propio podría ser el comienzo de su desestabilización, llegando incluso al derrumbe del euro.

Los movimientos de la burguesía

La burguesía está apostando por una reconfiguración del sistema financiero mundial y una reconversión industrial, que no una desindustrialización, un largo proceso en el que se desarrollarán nuevos productos y tecnologías de producción. Esta reconversión, con un énfasis en las nuevas tecnologías y fuentes de energía, conlleva una fuerte inversión en capital constante que desequilibrará aún más la composición orgánica del capital, como ya ha sucedido en otras épocas de la historia del capitalismo. Este desequilibrio empujará grandes números de trabajadores fuera del mercado de trabajo actual, abriendo las puertas a una de la crisis más recurrente en el capitalismo, la contradicción entre la destrucción del empleo y la necesidad de seguir extrayendo plusvalía. 

La burguesía se encuentra entonces en un brete y eso se plasma en las pugnas entre diferentes sectores de la burguesía para no quedarse sin su trozo del pastel. Aún no sabemos cuál será el sector burgués que se convierta en la locomotora del desarrollo capitalista en esta época, aunque todo apunta a sectores como las nuevas tecnologías, el 5G o la carrera aeroespacial. Otros sectores dinámicos son aquellos sectores de servicios que han crecido gracias a su capacidad de desmantelar la legislación laboral vigente y la relación laboral entre trabajador y patronal y lo han sustituido por contratos mercantiles con falsos autónomos que además asumen los costes de las herramientas de trabajo y/o del lugar de trabajo. Hablamos de las empresas tipo Deliveroo o Uber. 

Ante la emersión de estos “nuevos” actores, los sectores más conservadores y menos dinámicos de la patronal intentan jugar sus cartas. En esa clave leemos los últimos movimientos del G7 en relación con la imposición a las grandes corporaciones, las tasas a las grandes corporaciones digitales, como Google, Netflix o Amazon o la intensificación de la importancia de la cuestión “verde” en relación con las políticas fiscales internacionales. Desde TrinCHEra no vemos en estos movimientos una posibilidad de desarrollar políticas keynesianas o neokeynesianas para sobrevolar la crisis. Al contrario. Lastasas son el límite de las fuerzas productivas para intentar limitar los cambios irreversibles de la organización productiva. Es una acción conservadora de aquellos sectores del capital que se están quedando atrás pero que se vende como progresista. Las empresas como Uber o Deliveroo o las grandes corporaciones digitales son la vanguardia del capital. Esta lectura es coherente con movimientos como el de Deliveroo al abandonar la CEOE.

Ni siquiera los fondos europeos son indicativos de nada más que el reparto de fondos estatales entre las grandes patronales y que conducirán a nuevos recortes en las condiciones laborales. Es necesario recordar que el plan Marshall incluyó tremendos recortes salariales para la clase trabajadora, cosa ocultada por la versión oficial de sus efectos. Por tanto nos reafirmamos en la idea de que el neoliberalismo es la forma que mejor se ajusta a la organización del capital hoy en día y no habrá concesiones a la clase obrera sin una lucha a cuchillo que no aparece hoy más que de forma esporádica y dispersa por toda la geografía occidental. Sí prevemos un aumento del autoritarismo y el recorte de derechos y libertades para evitar que la clase obrera se organice en lucha por sus derechos y si lo hace, intentar que el daño que pueda hacer a la burguesía sea el menor posible. 

En el Estado Español, la burguesía puede optar entre un aumento enorme de la represión o convocando de nuevo elecciones para desgastar y calmar los ánimos populares. Aunque no vemos que esta última opción tenga muchas posibilidades de éxito, no pensamos que un grado de represión como el que vemos actualmente en Colombia o en Chile sea aceptable a día de hoy en el seno de la Unión Europea, por tanto, no descartamos completamente la salida electoral. En cualquier caso, sí vemos la posibilidad de una salida institucional tecnocrática, sólo justificada con un único argumento político de que el progreso y la eficiencia de la tecnología es lo que salvará a las clases populares, aunque esto sea un imposible, por lo que prevemos un estado cada vez más autoritario para sostener el desarrollo tecnológico que necesita. 

La situación de la clase obrera

Quienes militamos en TrinCHEra prevemos un otoño caliente, cuando el fin de los ERTEs, el aumento del paro y la consecuente miseria, que puede saldarse con el aumento de la represión o con elecciones que significaran un paso más en la formalización de una gran coalición burguesa con sectores pequeño burgueses que soterradamente se viene gestando desde el 2008. Si bien prevemos un aumento de la conflictividad sindical y a todos los niveles, hay razones para ser prudentes en el optimismo en cuanto a su potencia. En primer lugar, porque son visibles los efectos que el conservadurismo de la burguesía tiene en nuestro Estado, en pugna con esos sectores más dinámicos, y que marcan su impronta en una clase trabajadora por lo general aún desunida y apática. 

A este estado de cosas hay que añadir un estado de ánimo marcado por la derrota de todos los procesos de lucha, especialmente del Procès en Catalunya, que con todas sus contradicciones fue un movimiento democratizador del Estado. Sumemos a esto la deriva claudicante de Podemos en el plano estatal y la de Bildu en EH y es innegable que el sentimiento de derrota y frustración puede ser difícil de superar. Y especialmente al estar la clase trabajadora huérfana de organizaciones que puedan entender ese malestar y construir desde esa base hacia una conflictividad más madura, es decir, más clasista y con un objetivo más allá de lo meramente institucional o reivindicativo. 

Además, la reconversión, junto con algunas propuestas asistencialistas, van a desestructurar aún más a la clase trabajadora. Nos parece que el proceso hoy en marcha tiene mucho en común con el que sufrieron en Latinoamérica las y los trabajadores durante la década de los 90: la miseria va a campar y el trabajo va a ser escaso y durísimo. Esta destrucción de las posibilidades de subsistencia para una gran parte de la clase trabajadora en el Estado Español, será semejante, sino idéntico a lo que sucede y sucedió en Grecia, desde la anterior crisis de 2008. La clase trabajadora de la periferia europea en el mediterráneo quedará expuesta a las peores consecuencias de la crisis en la que estamos inmersos, a no ser que seamos capaces de superar las dificultades, organizarnos y luchar.

En ese proceso de organización y lucha nos encontramos con otras dificultades además de la destrucción de las condiciones de subsistencia actuales de la clase trabajadora. Por una parte, el nuevo paradigma de organización del trabajo potenciado por la pandemia, del cual es bandera el teletrabajo con el aislamiento que supone para las y los trabajadores que lo sufren y la ampliación de las esferas en las que la patronal impone sus reglas hasta lo más íntimo de nuestros hogares. Pensamos que será la propia clase obrera la que encontrará las formas para superar estas limitaciones, como ha sido el caso cada vez que ha habido un cambio de calado en la organización del trabajo en el sistema capitalista. Aun así, será necesario que quienes aspiramos a fundirnos revolucionariamente en esa búsqueda de la clase obrera, prestemos ojos y oídos a este proceso con un sentido crítico, firme y decidido e intentar aportar con audacia y coherencia nuestro granito de arena siempre que sea posible.

Pero eso no es todo. Por otra parte, está el papel del reformismo, en sus formas electorales como son la CUP, Podemos y Bildu, que intentarán vaciar y desviar el malestar popular a una contienda por la representación como espacio donde dirimir los conflictos que es un callejón sin salida. Y también el de las burocracias políticas y sindicales, que harán todo lo que sea necesario para obstaculizar la necesaria unidad de la izquierda y privilegiar lo reivindicativo sobre lo político. 

La situación es difícil, especialmente en un momento en que hay una gran confusión sobre el concepto de radicalidad y lo que supone, sumada a una dispersión geográfica difícil de saldar entre los diferentes colectivos revolucionarios, en tremenda minoría cuantitativa respecto al reformismo y las burocracias. Nos encontramos con escollos de importancia innegable para darle un vuelco a esta situación, pero sin negar el peso que tienen, pensamos que, cómo no puede ser de otra manera, hay salida y los recientes ejemplos de lucha del pueblo colombiano y chileno nos recuerdan, que incluso en las circunstancias más complejas y de extrema represión, la lucha es el único camino y que hay que mantener el optimismo, sin perder visión de la realidad en la que trabajamos. 

Conclusión 

Por todo lo anterior, vemos que las perspectivas de organización serán complicadas, por la degradación de las condiciones de vida de la clase trabajadora que se viene y también por el rol de las burocracias que comentábamos anteriormente. Pensamos que necesitaremos mucha capacidad dialéctica para operar, para poder leer los movimientos de las fuerzas reformistas, las contradicciones en el seno de la clase y del movimiento obrero organizado y saber movernos entre esas contradicciones e intereses contrapuestos y cambiantes. 

Aún así, se abre un momento en el que el debate político puede ser más fructífero que en otras coyunturas. Es necesario acabar con el debate de las formas de capital que se agotan y centrarse en nuestra forma proletaria de organización. La desorientación palpable del movimiento político organizado hoy, la falta de una táctica y muchas veces hasta de estrategia, si bien pueden reforzar posturas de retroceso, también permitirán cuestionar esas posiciones. Por eso, nuestra apuesta es por intervenir en los espacios organizados con una defensa de las posiciones revolucionarias, de clase, poniendo el énfasis en lo político-ideológico por el socialismo/comunismo y cuestionando las líneas que no permiten avanzar. Incluso consideramos que, a medio plazo, se puede acercar a nuestras posiciones a algunos elementos de partidos y organizaciones reformistas en ese debate de ideas. Sabemos que no hay salida dentro del sistema capitalista para la conflictividad social que surgirá de los recortes y despidos, por tanto, tenemos las de ganar si apostamos por construir una línea de superación de esta organización social.

La reconversión industrial que está ya hoy en marcha va a provocar una variada geografía de conflictos aislados entre sí, dispersos, con gran diversidad en sus características. Si la mayoría de conflictos seguramente no tengan un cariz político muy elevado, pensamos que los habrá que otros sí que lo tendrán, pero quizás no consigan transcender lo local. En esos conflictos, el papel de la represión será intenso, a muchos les hará retroceder, los que consigan seguir, no necesariamente llegarán al mismo nivel político. Nos encontraremos pues con una serie de explosiones de malestar caóticas y poco organizadas entre las que tendremos que aprender a navegar para aumentar la conciencia de clase y el nivel de organización de sus actores.

Desde nuestro análisis de la realidad social y nuestra intervención práctica, constatamos que los sectores más precarizados son los que más posibilidades tienen de movilizarse a corto plazo para exigir derechos y libertades. Por eso, en lo táctico, pensamos que son los sectores con los que ir trabajando preferentemente, aun sin perspectiva de consolidación inmediata en lo organizativa, es más factible elevar los conflictos inmediatos a una cuestión política. Aún así, consideramos que no podemos dejar de lado en lo estratégico a las y los trabajadores de sectores estratégicos para el capital. 

Finalmente, dejamos un par de reflexiones abiertas, a las que pensamos que hay que dar respuesta de forma colectiva, entre los actores revolucionarios de todo el Estado y en base a la práctica. ¿Cuál puede ser la forma de construcción de organización? y ¿cuáles pueden ser los medios de propaganda en este nuevo panorama que se abre? Estamos convencidos de que entre todos y todas las que estamos dispuestos a resistir y luchar consecuentemente podemos dar la mejor respuesta posible a estas preguntas, porque la nueva coyuntura nos exige un crecimiento cuantitativo y cualitativo de las vanguardias revolucionarias y de los dirigentes naturales del movimiento obrero y popular organizado. 

 

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