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19/03/2004 :: Mundo

¡No te atrevas a herirme mientras te mato! (La hipocresía del discurso occidental contra el terrorismo)

x Gerardo Bloomerfield
Los occidentales solo consideran a un pedazo de carne que vuela legítimamente un "cadáver" cuando es de raza blanca, cristiano y abatido por una explosión de bajo presupuesto. Si el pedazo de carne tiene otra religión o piel mas oscura, si su peso enter

Una variante perversa de la noción de las clases dominantes que consideran que si un niño pobre agarra a unos pájaros a pedradas en plena avenida es "vandalismo" pero si un viejo rico extingue venados en un coto de caza con su Rémington de colección es "deporte".

Cuando en la Segunda Guerra Mundial se dio comienzo a la practica obscena de bombardear población civil sistemáticamente como parte de la estrategia, como medio lícito de minar la voluntad de un gobierno enemigo, cada vez que un país entra en guerra, sabe de antemano que esta ofreciendo a su población civil como blanco militar del enemigo que ataca. Es cruel, es inhumano, es terrible... de hecho tan cruel, inhumano o terrible como la guerra misma. No se puede hablar de una guerra "humanista", ni siquiera de "guerra estética". La guerra es un proceso brutal: es la imposición de la voluntad de un grupo sobre otro por la vía de la fuerza, y en ese contexto los humanos pierden su condición de tales para transformarse en un recurso ajeno o propio, en un pedazo de carne que ataca o es atacado y que según la circunstancia tiene menor o mayor valor que un pedazo de concreto, de acero o de roca.

Cuando el ejercito español invadió el territorio soberano de un país extranjero, y ataco tanto al ejercito regular como a la población civil de dicho país, estaba declarando una "guerra" por la vía de los hechos, a un bando determinado en el marco de una alianza. Estaba entrando en un conflicto bélico de una forma tan contundente y evidente a cuando Hitler cruzó la frontera con Polonia.

Estaba asumiendo que ese enemigo al que atacaba, en el marco de otras alianzas similares pudiera ser, como todo enemigo lógicamente, recíproco, y atacar en respuesta a su ejercito y a su población civil en la medida de sus posibilidades.

Es tremendamente injusto: la política internacional de un gobierno, el capricho de un simple partido en el poder, pueden condenar a toda un población a estar en la mira de un misil, una bomba, una bala o un embargo económico, sea que esa población este a favor de tal gobierno, o no. Las bombas, por muy "inteligentes" que algunos las llamen, siempre son estúpidas, bultos de hierro, armatostes que no saben discriminar. Las bombas no preguntan las ideas o religión de una persona antes de matarla. Las bombas se tiran sobre un territorio previamente marcado, y la humanidad que ocupe ese territorio es solo una estadística, un material adicional entre edificios, calles y vehículos.

¿O acaso le preguntaron los soldados Españoles, Ingleses y Norteamericanos a cada uno de los miles de iraquíes que mataron, de que religión eran o si estaban de acuerdo con Hussein antes de erradicarlos del mapa como simples obstáculos?

No. Los iraquíes no eran individuos. Eran una masa de personas que ocupaban un territorio que militarmente tenia que ser atacado en el marco de una guerra. No eran humanos eran "material enemigo" y al material no se le pregunta, se lo transforma en escombro o en vísceras dependiendo de su composición.

Ahora bien, ¿cómo se le puede pedir a un enemigo atacado que aplique un criterio que quien le ataca ignora totalmente? ¿Era Hitler la persona moralmente adecuada para exigirle a Churchil que se abstuviera de bombardear a los berlineses, mientras los Stuka alemanes y las V2 a sus ordenes caían sobre los londinenses? Ningún líder militar en la historia ha padecido la ingenuidad de esperar compostura, formalidad o misericordia de parte del enemigo al que esta golpeando. La perplejidad occidental hacia los métodos del mundo árabe parece estar mas relacionada, no con cuestiones morales. Sino con resultados obtenidos. No les duelen a los gobiernos occidentales las consecuencias de los métodos "terroristas" de sus adversarios. Lo que les duele es que estos métodos parecen ser, mas que primitivos simplemente tecnológicamente diferentes. Les duele que un atacante suicida tenga la misma capacidad destructiva que una elaborada bomba "inteligente". Les duele que una simple mochila cargada de dinamita tenga la capacidad de provocar el mismo efecto en una estación de trenes Madrileña que un bombardeo "selectivo" de la coalición en un mercado de comestibles en Bagdad. Los líderes del mundo cristiano y "civilizado" parecen llorar, no tanto por sus víctimas civiles, sino por el doloroso descubrimiento de que sus "salvajes" enemigos por medios alternativos e inesperados han alcanzado una capacidad equiparable de provocar daño con un presupuesto ostensiblemente menor.

La resistencia Iraqui obviamente ha forjado alianzas con el integrismo árabe, era previsible por cuestiones étnicas, religiosas e ideológicas, de la misma manera en que Estados Unidos ha forjado alianzas con el mundo occidental cristiano por idénticas cuestiones. Son dos bandos claramente definidos y en conflicto, con una declaración de guerra mas que evidente. ¿Qué nos hace creer que unos son asesinos y los otros no? Si son asesinos, son asesinos todos. Y si son soldados, pues son soldados todos. No se puede pretender que cuando la bomba la arroja un cristiano blanco desde un avión sobre una mezquita se trata de un simple "operativo" pero cuando la carga un moro en su mochila en un tren europeo es una "barbarie". O todo es barbarie o nos callamos la boca. O apostamos a llegar a ser finalmente una civilización comportándonos de acuerdo a una conducta civilizada o cedemos lo poco que nos queda de humanidad al equilibrio de las maquinas y renunciamos a todo sentimiento haciendo el corazón un hielo y llamamos a cada explosión propia y ajena, en cada lugar del mundo involucrado en este conflicto simplemente un "operativo", una "jugada", un movimiento ofensivo razonable.

La reacción del pueblo español ante el ataque del 11M, la indignación, la furia y la rabia que exhibió, es justificada, lógica y con fundamentos: ese pueblo NO DESEABA verse involucrado en ESA GUERRA. Es un pueblo que se ve inmerso en una tragedia que definitivamente no eligió, parte del decorado de una obra de teatro que no interpreta, impotente ante la decisión tomada por quienes afirman representarlo.

La reacción del gobierno español sin embargo, es hipócrita. El gobierno español decidió declarar la guerra por motivos nada idealistas a un sector del mundo, con la esperanza de que la lucrativa aventura le saliera gratis, y ahora simplemente lamenta el hecho evidente de que en definitiva si tendrá alguna clase de perdidas sobre el resultado final. Es un lamento mezquino. Es el lamento del que no se arrepiente de haber robado, sino de tener que ir a la cárcel. El gobierno español se pretende perplejo ahora de descubrir algo que era evidente: que en una guerra obviamente, los pobladores de los territorios involucrados mueren. Que una guerra no es un videogame donde un solo "bueno" mata a miles de "malos" y tiene varias "vidas" en caso de perder la primera.

La sorpresa en este caso no es hija de otro sentimiento que la arrogancia ... todo esto ya lo sabían los que se adjudicaron el derecho de decidir en nombre de todo un pueblo embarcarse en una experiencia tan trágica como la guerra en contra de la voluntad del mismo. Simplemente subestimaron el poder enemigo, se tragaron la estética hollywoodense donde los únicos que mueren son los villanos y donde todos los edificios que vuela Swcharzenegger con sus granadas están poblados de seres extraños y diferentes alejados de toda similitud a la raza humana europea e idealista, sea que se trate de barbados narcotraficantes o de hostiles alienígenas.

Se pasaron por alto un tecnicismo... creyeron que la guerra se desarrollaría en una tierra lejana y llena de mística, ajena al territorio nacional, como una aventura romántica que contar a los nietos con orgullo, sin otro impacto que el ocasional comentario indiferente en una opinion publica adormecida por los medios masivos locales.

Después de todo, sabían de sobra que Irak, no tenia armas de destrucción masiva, así que... ¿por qué temer?. Sabían de sobra que Irak no representaba una amenaza militar para España. Sabían de sobra que ningún misil de Hussein tenia el poder de ser lanzado sobre Barcelona, Lugo o Alicante. Y por eso le hicieron el favor al tío Sam, en la seguridad de que el juego, era lucrativo y poco peligroso. El gobierno español vio la guerra como una "inversión" sobre seguro. Fue arrogante en su decisión.. Arrogante sobre la inerme población civil iraquí y arrogante sobre su propia población que de un día al otro se vio metida en un conflicto que ni entendía ni compartía.

¿Qué pretendía el aparato militar Español? ¿Que el otro bando mostrara docilidad... o al menos buen gusto? ¿Será que la cultura de la tauromaquia tan típicamente española afecto tanto la cabeza de Aznar? ¿Será que creyó que la arena mundial era una plaza de toros, donde se le entregaría a un fornido ejemplar como Irak para hacer una prolija faena, pero convenientemente drogado y cansado de antemano, para que le clavara un par de banderillas sin recibir una sola cornada y llevarse de premio un par de orejas?

El gobierno español no lamenta el precio que su población civil esta pagando. Lo único que lamenta era que ese precio no estaba "previsto" en el gasto. La ejemplificación absoluta de una administración inmediatista e irresponsable que como el propietario de un vehículo llora después de un choque porque el vehículo no estaba asegurado...

"Pero... se suponía que no iba a chocar!". Y se suponía que los "malos" son destruidos totalmente, y se suponía que el "mal" nunca triunfa, y se suponía que el mundo árabe no es tan inmoral como para hacer explotar bombas en países extranjeros, y si lo era se suponía que no tenía recursos para hacerlo. Se suponía que se tenían que quedar inmóviles y dignos mientras Occidente experimentaba todo su arsenal tecnológico sobre los cuerpos de sus hijos. Se suponía que no hicieran trampa, que jugaran limpio. Porque si un Vocho destartalado juega una carrera "limpia" contra un Ferrari, se supone que por lógica debe ganar el Ferrari. Y si el modesto Vocho en algún tramo adelanta siquiera levemente al Ferrari es porque su propietario es un inmoral que hizo trampa.

Pero, los vehículos a veces, chocan. Y en las guerras, a veces (demasiado frecuentemente), las poblaciones civiles mueren. Ni el vehículo tiene la culpa ni el poder de decisión. Al vehículo lo arman, le cargan combustible y lo manejan, responsable o irresponsablemente. Y en una era donde el ser humano es visto cada vez mas como un engranaje, como un recurso, las poblaciones civiles se han transformado en simples vehículos de chóferes cada vez mas irresponsables.


Artículo enviado a La Haine por Miguel Guerra Leon (www.elvalle.tk)

 

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