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19/03/2013 :: Mundo

Habemus Papam: Aquel que esté libre de pecado que arroje la primera piedra

x Facundo Guillén
height=168La divergencia entre las prioridades de la iglesia -oposición al aborto y a los derechos de los no heterosexuales- y los intereses de la población es cada vez más grande

En el antiguo bastión del catolicismo comienzan a notarse grietas. Con el avance de las iglesias evangélicas, el catolicismo latinoamericano ha perdido el monopolio de lo sagrado. El caso paradigmático es el país con mayor población católica del mundo, Brasil, donde los evangélicos representan hoy el 22,2% de la población). Crece el hastío ante la prédica obstinadamente enfocada en el control del cuerpo y la sexualidad, y la contrastante falta de atención a los grandes males que acarrea la sociedad de clases.

La Iglesia se concibe a sí misma como una barca que atraviesa imperturbable los agitados océanos de la vida terrenal. Su misión es hacer que el mundo se adapte a sus preceptos, y a la vez, verse lo menos contaminada posible por el mundo. La elección del papa Francisco no hace más que confirmar esta idea: un pequeño cambio superficial para no cambiar nada en lo estructural. La barca sigue su rumbo, el capitán da órdenes solemnes, la Iglesia es un vehículo de salvación creado por Dios.

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