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Nacionales E.Herria :: 09/02/2012

Miranda de Ebro: baskona y nabarra

Aitzol Altuna Enzunza
"una de las causas por las que el norte conservó la lengua vasca fue que nunca estuvo sometido al poder de los monarcas godos”

Los musulmanes entraron en la península en el año 711 de la que expulsaron a los germánicos visigodos (escandinavos) que habían derruido junto a otras hordas bárbaras el Imperio Romano Occidental (476). En ese momento, el último aspirante a rey visigodo de nombre Rodil (castellanizado como Rodrigo), intentaba todavía “dominar a los baskones” y tomar Iruña-Pamplona, una vez más,.

Juan Plazaola sitúa la frontera entre baskones y godos en Valdegobía o Gobiaran, al Oeste de Miranda de Ebro: “Hay un hecho cierto, la tierra vasca es probablemente el área de más abundante arquitectura rupestre, altomedieval y eremítica en toda la geografía hispánica: es un fenómeno que se registra especialmente en la actual provincia de Alaba, más concretamente en las áreas de Valdegobía, Villanueva, Tobillas, Corro, Pinedo, Quejo etc. (comarca donde se sitúa también Valpuesta) y el condado de Trebiño (términos de Marquínez, Urarte, Laño y Alabaina). A ella llegó el fenómeno desde la Cogolla (La Rioja). Son del siglo VI por tanto no guardan relación con musulmanes, ¿marcan la frontera goda?”. “Historia del arte vasco, Tomo I” (Edit.Ostoa).

Julio Caro Baroja en su libro “Sobre la lengua vasca” es igual de contundente: “Es muy probable, dado el paralelismo entre la historia de Vasconia y Cantabria en el período visigótico, que dicha lengua (el euskera) se perdiera después de éste (…), una de las causas por las que el norte conservó la lengua vasca fue que nunca estuvo sometido al poder de los monarcas godos”.

En el siglo VI, el rey visigodo Leovigildo, lanzó un ataque contra los baskones, para ello creó una barrera fronteriza de tierra de nadie al norte de Miranda de Ebro con guarniciones visigóticas que dejó casi despoblada la región.

Los musulmanes llegaron al valle del Ebro en el año 714, sólo tres años después de su triunfal entrada en la península ibérica. Aunque intentaron seguir hacia el norte no pudieron. El ducado baskón-akitano fue creado tras la caída del Imperio Romano Occidental por los propios naturales que sobrevivieron y se organizaron ante las hordas bárbaras que llegaron del norte de Europa. El ducado baskón-akitano alcanzó su máximo esplendor con su duque Eudón, el cual fue reconocido como rey, príncipe y duque internacionalmente: su ducado o reino iba desde el río Loira por el Norte al río Ebro por el Sur.

Eudón inflingió la primera derrota en Europa a los musulmanes en el año 721 en la capital ducal de Tolouse. De hecho, tras la importante derrota musulmana cerca de Poitiers en el 732 a manos de Eudón y del franco Carlos Martel, fue cuando Baskonia-Akitania alcanzó su máximo reconocimiento internacional. Odón o Eudón y su ejército fue derrotado en primera instancia por los musulmanes encabezados por el llamado en las crónica mozárabes como “rey de España”, Abderramán I (Damasco 731-Córdoba 788), pero pidió ayuda al ejército franco de Carlos Martel y una nueva batalla tuvo lugar en Poitiers. En esos años el ejército baskón-akitano no era menos temible que el franco. Esta derrota supuso lo más lejos que llegaron en el continente europeo los musulmanes. En Poitiers, el califa Abderramán Abdalá I, “Rey de España”, fue derrotado, y al regresar a Córdoba su ejército fue exterminado en el Valle del Ronkal.

“La frontera musulmana o Tseguer ofrecía un buen tramo con tierra alabesa. Pero lo grave para los alabeses es que éstos tenían tierras allende el Ebro entre Nájera y los dominios astures. Este hecho hace que toda expedición musulmana contra los castillos astures debiera, forzosamente, atravesar las líneas alabesas. El año 766 Bedr avanza hacia Alaba y envía gentes a explorar las intenciones de los hombres de esas comarcas (Ibn Adhari). Los alabeses tenían por toda su frontera castillos propios (…)” Joxe Garmendia Larrañaga[1]. Por tanto, la comarca de Miranda de Ebro quedaba dentro del territorio baskón pese al ataque musulmán y su notable éxito inicial.

En el año 768 fue asesinado el duque baskón-akitano Waifre, su madre, 2 hermanas y nietos cayeron en manos francas, el desastre fue total y comenzó el dominio franco real sobre Akitania (ducado entre los ríos Loira-Garona) y queda al sur el ducado independiente de Baskonia. Los nabarros aparecen por primera vez en estas crónicas francas significativamente al año siguiente, en el 769, llaman así los francos a los baskones del sur pirenaico que no controlan y que llegan hasta el nacedero del río Ebro según sus propias crónicas.

En realidad quedó todo el Pirineo y el territorio al sur del mismo en manos de los diferentes “buruzagis” o cabecillas baskones, de cuya unión nacerá el reino de Pamplona-Nabarra en el 824. Aunque antes, el 15 de agosto del año 778, la gran derrota del emperador franco Carlomagno en Orreaga-Roncesvalles, marcará un punto de inflexión en el avance franco por el Norte. Todos los territorios sur pirenaicos pasaron poco a poco del ducado baskón al reino nabarro, sin que se conozcan luchas internas sino que primó el interés común de defensa del territorio nacional ante enemigos comunes[2].

Esta circunstancia fue aprovechada por los monarcas asturianos. Las campañas de los reyes asturianos Alfonso I, Fruela I, Alfonso II y de su hijo Ordoño II, así como la documentación que se posee, nos muestra la ocupación del reino astur del occidente alabés, siendo el resto libre o “poseídas por su moradores”, según narran las propias crónicas asturianas:

“Alabanque (que englobaría Miranda de Ebro), Bizcai, Alaone et Urdunia, a suis reperitur semper esse possessas, sicut Pampilona, Deeius est atque Berroza”, Crónica asturiana de Alfonso III el Magno (866-909), llamada también de Don Sebastián.

Antes de la invasión asturianas de finales del siglo VIII, la frontera con los baskones independientes de Alaba que se va configurando durante esos años, eran los territorios de los antiguos autrigones de Castro Urdiales-Sopuerta-Karranza, Valle de Mena, Gobiaran o Valdegovía hasta Miranda de Ebro y hacia el Sur hasta el río Najerilla.

En este momento de debacle del ducado de Baskonia y antes de la creación del reino de Nabarra, es cuando aparecen las primeras referencias a Miranda de Ebro en las mencionadas Crónicas del rey Alfonso III (866-909). En esa Crónica (existe la versión "rotense" y la más elaborada "a Sebastián") se nombran como ciudades conquistadas por los asturianos durante el reinado de su predecesor Alfonso II “el Casto” (762-844) las de: “Miranda (Miranda de Ebro), Revenga (al Este de Miranda a la entrada de las Conchas de Haro), Carbonarica (¿?), Abeica (¿?), Cenicero (La Rioja), Alesanco (La Rioja) etc. es decir, los asturianos invadieron a Baskonia por el Suroeste durante el reinado de este rey.

Según resume el historiador Andrés de Mañaricúa (crónica Albense, s.IX), las comarcas conquistadas por el reino asturiano en esos años de finales del siglo VIII eran las de: Valdegovía (Gobiaran), Salinas de Añana, Zigoitia, Estavillo (próxima a Miranda de Ebro), Elorriaga, Ulibarri de Olleros, Gauna, Foz de Arganzón etc. todas al Oeste del río Bayas y de la futura Vitoria y al Norte de Miranda de Ebro. Por tanto, la comarca mirandesa habría caído en manos asturianas en esos años de cambio de siglo VIII-IX, pero de manera muy temporal como veremos.

Miranda de Ebro está rodeada en tres cuartas partes por los montes Obarenes y actualmente limita al Norte con Alaba (Lantarón y Ribera Baja, Noroeste Berantevilla), al Oeste y Noroeste con las castellanas de Ameyugo (entrada al desfiladero de Pancorbo), Encío y Santa Gadea del Cid, Suroeste y Sur con las riojanas de Cellorigo, Bugedo, Galbarruli, Villalba de Rioja y Haro. Por tanto, está en un punto estratégico de comunicación.

Los baskones mirandeses se hicieron cristianos tempranamente, pues se sabe que la diócesis de Pamplona pudo estar erigida para el siglo IV, la gran presencia eremítica de la zona es la mayor de la península como hemos dicho y la cercana iglesia de Salinillas de Burandón estratégicamente situada en la entrada el norte de las Conchas de Haro es considerada la más antigua de la Nabarra Occidental (Alaba frontera con La Rioja y al Sureste de Miranda de Ebro), pues posee una pila bautismal cristiana del siglo V.

Para datar el posible año de la invasión asturiana del occidente de Baskonia, nos podemos basar en las batallas documentadas. Así, la población castellana de Pancorbo (La Bureba), a pocos kilómetros al Suroeste de Miranda en el desfiladero salida natural de los montes Obarenes, sería la frontera astur-baskona antes de la invasión, pues se sabe que el rey asturiano Alfonso II “el Casto” (762-844) esperaba allí para presentarles batalla en el 794 a los Belasko (“Bele” cuervo y el diminutivo “-ko”, según K. Mitxelena), baskones y futuros condes de Alaba. Por tanto la comarca mirandesa aún era baskona ese año.

A los asturianos su osadía les salió cara al quedar en primera línea de los ataques musulmanes. La crónica del árabe Ibn Idhari, no deja dudas de la unidad baskona en el año 796 y del apuro asturiano: “Alfonso (se refiere al mencionado Alfonso II el Casto, 789-842) había pedido ayuda a los países vascos y a las poblaciones vecinas”. El relato de Ibn Al-Athir habla de forma inquietante: “Alfonso había logrado la ayuda del rey de Vizcaya, su vecino, y de los normandos que vivían por esa zona, y de los habitantes de esas regiones”.

Durante los siglos VIII y IX Alaba era conocida como "la puerta de la cristiandad", la cual podemos situar en las Conchas de Haro –al sur de Miranda de Ebro que quedaría en la comarca cristiana- y fue atacada constantemente en razzias menores por tropas musulmanas entre los años 791 y 878.

Los asentamientos en precario en la orilla derecha del río Ebro del cerro de la Picota (donde siglos después se construirá el castillo), datan del siglo VIII. Este asentamiento del siglo VIII convierte a Miranda de Ebro en uno de los primeros puntos de los envites de las tropas musulmanas en los siglos VIII-IX en esa “puerta de la cristiandad”, huyendo muchas veces la población a los montes de los alrededores desde donde volverían los “foramontanos” a repoblar después la comarca en tiempo de paz. El propio río Ebro haría de frontera defensiva natural.

Los futuros duques alabeses de los Belasko, una de las familias fundadoras del reino nabarro, derrotaron en el año 801al ejército musulmán en las Conchas de Arganzón, en el sur de la actual Alaba y al Norte de Miranda de Ebro, quedando en sus manos este territorio y el que se llamará de “los castillos” ("Alaba y Al Quila") al Oeste de Miranda de Ebro, conocido así por ser tierra abierta sin montes y por tanto llena de castillos para su defensa.

Los nuevos ataques del enemigo común, traerá una paz estratégica entre los reinos cristianos. El propio rey asturiano Alfonso III el Magno (866-909) estaba casado con la princesa nabarra Ximena (hija de Garçea Ximeno, hermano de Eneko Aritza, primer rey de Pamplona-Nabarra), de la que tuvo un hijo, García (Garçea o Garcés, “el joven”). Alfonso, según la crónica asturiana Albeldense, fue criado por Ismael y Fortún ibn Musa, hijos del gran dirigente de la marca norte musulmana el Banu Qasi Musa ibn Musa llamado en las crónicas del Alfonso III "el tercer rey de España", hermano uterino y aliado del propio Eneko Aritza a través de su madre doña Oneka.

En el año 816 los conde de Alaba, los Belasko, con gentes venidas de la Sakana, Burunda y de Alaba, derrotaron de nuevo al ejército del emir de Córdoba en el valle de Orón, hoy pedanía a dos leguas al suroeste de Miranda de Ebro (río Orancilo que nace en las Fuentes de Pancorbo -montes Obarenes- y muere en el Ebro en Miranda de Ebro), así como en el desfiladero de Pancorbo, posterior frontera del reino de Pamplona-Nabarra. Por tanto, parece que ya en esa fecha la invasión asturiana había sido repelida y habría durado aproximadamente 20 años (796-816). Esa fue de nuevo frontera musulmana una vez desaparecidos de la comarca los efímeros asturianos, como antes fuera la frontera visigoda (Tomás Urzainqui “Vasconia en el siglo XI”).

En el 823 se dio la mayor aceifa a la comarca con Abd al-Rahman II (Abderramán), recordada por las crónicas musulmanas de Ibn Idhari como la “Campaña de Alaba”, donde saqueó la Llanada alabesa o la Alaba primigenia[3], sus fortificaciones fueron destruidas y liberados los prisioneros musulmanes. Gobernando Muhammad I se repitieron los ataques o aceifas en el 855 y 856 a "Alaba y Al Quila". Muchas de esas tropas musulmanas habrían pasado por tierras mirandesas.

Hubo otros ataques en el año 863 y 865, en ésta última asolaron los hispano-musulmanes Salinas de Añana. En ese mismo año 865 se dio en la comarca mirandesa la conocida como la Batalla de la Morcuera que se saldó con derrota cristiana. La comarca mirandesa sufrió aún numerosos ataques dirigidos al condado cristiano baskón de Alaba hasta comienzos del siglo X: Lope Ben Muhammad no cesaba en sus correrías y atacó y conquistó el castillo de Bayas (deformación de “ibaia” “río”), cerca de Miranda de Ebro en el año 904.

Alaba era uno de los territorios de los baskones al sur de los Pirineos, cuyo primer conde conocido fue Eylon de Alaba (866), descendiente de la mencionada familia de los Belasko dominantes también de la comarca de Pamplona y el segundo, ya bien documentado, fue Bela Jiménez (882). Parece claro que con los Belasko y la creación del reino de Nabarra, tanto Alaba como la comarca que incluye Miranda, estaban integrados en el reino nabarro desde su génesis tras la caída del ducado de Baskonia en el 768 por los ataques francos, musulmanes y asturianos y la creación el sur pirenaico del reino baskón de Nabarra (año 824). En la Crónica Albeldense del reino de Nabarra, escrita en 883, se alude dos veces al “comes in Alava”.

El hijo del primer rey de Nabarra, Eneko Garçea II (860-882), cerró casi definitivamente Alaba a los musulmanes con los castillos de Zaldiaran y el de las Conchas de Arganzón entre otros, lo que marcaría también el inicio de la recuperación del reino nabarro frente a los musulmanes.

Pero no fue hasta el siglo X cuando los cristianos bajo el rey nabarro Sancho I Garcés (905-25) empezaron a recomponerse y comenzaron la recuperación de toda la ribera del Ebro, así como su repoblación. Sancho I Garcés creó las primeras tenencias para defenderse de los ataques de los musulmanes, la mayoría en la Ribera como las de: Aibar, Funes, Falces, Tafalla, Sartaguda, Salazar, Leguín, Resa, San Esteban, Caparroso, Rada, Argueda, Azafra, Arla, Uxue y Alesves. Llamó a las tenencias “Udalla u Udalha”, “el concejo”, que denominaba después al territorio mancomunado y hoy a los ayuntamientos (“Castillos que defendieron el reino” Iñaki Sagredo).

Miranda de Ebro adquirió una mayor relevancia en ese siglo X tras alejarse el peligro musulmán. Es en ese siglo cuando los reyes de Nabarra mandaron construir su puente de piedra, después explotado el pontazgo por el obispo de Calahorra (s. XIII).

Ante tanto ataque, la región de la llanada mirandesa habría quedado prácticamente despoblada durante varios siglos, siendo después repoblada con “foramontanos” o gente huída a los montes Obarenes, así como con baskones de otras regiones, principalmente alabeses. En todas las comarcas baskonas que hicieron de tapón entre cristianos y musulmanes, hay signos más que evidentes de repoblación por baskones en los siglos IX-X o incluso de la pervivencia de poblaciones euskaldunes anteriores, según una vieja discusión en la que el riojano J.J.B. Merino Urrutia aportó cientos de datos y documentos[4].

Sean autóctonos y/o repoblaciones (lo más probable es una mezcla de ambas), en la comarca y alrededores de los montes Obarenes donde está situada la villa de Miranda, tienen claro nombre en nabarro o euskera al menos los municipios riojanos de: Ochanduri, Sajazarra, Fonzaleche, Cuzcurrita, Galbarruli, Cihuri o el castellano de Miraveche, y poco más allá muchos otros como el significativo de Nahuarri (literalmente “población o ciudad de nabarros”), Casalarreina desde el siglo XV.

“Cuentan la crónicas que ese ramal montañoso que, siguiendo la dirección del Valle, se prolonga desde Logroño a Burandón (hoy alabés y cercano a Miranda de Ebro) como un gran mural fue fortificado por el rey de Nabarra don Iñigo Arista (Eneko Aritza, primer rey de Pamplona-Nabarra) para impedir el avance de las huestes musulmanas. Una política que luego sería seguida al pie de la letra, e incluso potenciada, por su hijo don García (Eneko Garçea), razón principal por la que ese conjunto de farallones sería denominado a partir de entonces como Sonsierra de Navarra (cambiada tardíamente a Sonsierra de Cantabria e incluso de Toloño –un pico del mismo-, de la cual los montes Obarenes de Miranda de Ebro o Pancorbo son su continuación natural).

Del mismo modo, queda constancia de que el año 934 no había en toda esa superficie o franja de terreno conocida (hoy) como Rioja Alavesa (justo al Este de Miranda) ningún poblado de cierta entidad, sino tan sólo Solares que fueron erigidos con permiso de los monarcas navarros junto con unas tierras anejas (como la comarca mirandesa) que se dedicaban a trajines agrícolas”. Resumen de la historia de la comarca del “Ayuntamiento de San Vicente de la Sonsierra y Gobierno de La Rioja”.


[1] “Euskal Herriko Hezkuntzaren Historiarako Dokumentazio Gunea” www.euskomedia.org/aunamendi.

más información se puede ver en www.nabarralde.com el trabajo realizado por el autor sobre la historia del ducado de Baskonia: www.nabarralde.com/es/component/content/article/3779

[3] Se puede leer al respecto los artículos: “Alaba, hija de Nabarra”, “Alaba y los Castillos” o “El castellano de Valpuesta y el euskera” del mismo autor en www.nabarralde.com

[4] Se puede leer un resumen al respecto del mismo autor en::http://www.osoa.net/Articles/Desaparicion_del_euskara_por_el_Oeste.pdf

 

Enlace al artículo: https://www.lahaine.org/dD0p