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30/12/2017 :: México

Marichuy debe estar en la boleta electoral de 2018

x Gilberto López y Rivas
La campaña de firmas por Marichuy dista mucho, hasta ahora, de lograr su objetivo central y los tiempos son implacables

El año termina y el plazo se acorta para registrar a María de Jesús Patricio Martínez, Marichuy, como candidata independiente en la boleta electoral de las elecciones presidenciales de 2018. Por el porcentaje de firmas que se lleva hasta ahora, el esfuerzo de captura de apoyo ciudadano debe ser incrementado exponencialmente si efectivamente se pretenden cumplir las draconianas leyes, reglamentos y exigencias burocráticas y de fiscalización que la partidocracia y el INE impusieron, y que afecta, en especial, a la única candidata para la Presidencia de la República realmente independiente. Muchos han sido los esfuerzos en esta dirección de la asociación civil Llegó la Hora del Florecimiento de los Pueblos, las redes territoriales y sectoriales de apoyo al CIG-Marichuy, los adherentes a la Sexta, diversos agrupamientos políticos y gremiales, así como de personalidades del ámbito del cine, el arte, la literatura y la intelectualidad comprometida con su país y sus pueblos originarios.

Carolina Coppel, con la colaboración de Juan Villoro y Carlos López Beltrán, miembros de la Comisión de Comunicación de esta asociación civil, prepararon un significativo video y una plataforma para intensificar la recaudación de firmas, que es posible consultar en el sitio web www.suvozesmivoz.mx, y que en un corto plazo alcanzó miles de visitas.

Como auxiliar activo, me consta la puesta en práctica de diversas iniciativas para lograr el apoyo ciudadano en extensas jornadas de conferencias, conversatorios, talleres, asambleas, firmatones, comidas, posadas, casas y puntos fijos en plazas y zócalos, perifoneo, reuniones familiares, de amigos y colegas, visitas a centros de trabajo, universidades (como el acto en la UNAM), tocadas, batucadas, conciertos, mimos políticamente conscientes y, en suma, cuanta oportunidad se presenta de preguntar en taxis, transportes colectivos y estaciones de Metro, e, incluso, ligas de futbol, mercados y antros, a quien sea oído receptivo: ¿Quiere usted dar su apoyo ciudadano para que por primera vez en la historia de este país aparezca en la boleta electoral de una elección presidencial el nombre de una mujer indígena, independientemente de por quién vaya usted a votar? En la mayoría de los casos, las reacciones de la ciudadanía son muy positivas y muestran interés en la propuesta del CIG y su vocera; preguntan, opinan, externan sus agravios contra los malos gobiernos, contra los políticos y sus partidos, se quejan de todo y de todos los de arriba, manifiestan su incredulidad o incertidumbre de que algo puede cambiar para bien del pueblo y aseguran que será más de lo mismo y, finalmente, quienes portan su credencial de elector (pues muchos temen se las roben en los frecuentes asaltos), acceden gustosos a la firma por Marichuy e, incluso, se proponen para darse de alta como auxiliares. La lectura del protocolo para conceder la firma, que contiene la aplicación del INE, se torna una especie de juramentación, no exenta de emoción y gravedad.

Sin embargo, la campaña de firmas por Marichuy dista mucho, hasta ahora, de lograr su objetivo central y los tiempos son implacables. En este caso no se cuenta con los inagotables recursos económicos procedentes del erario por una u otra vía, o de peculios de dudosa fuente, estructuras burocráticas de diverso tipo, estatales o partidarias, auxiliares de tiempo completo con salarios y cuestionables firmas por medio del cohecho, el clientelismo o su compra directa. Las redes en apoyo del CIG la constituyen en muchos estados, jóvenes y no tan jóvenes con economías precarizadas, compromisos laborales de tiempo completo, absorbentes cargas de trabajo académico y obligaciones económicas y familiares ineludibles que impiden, por más esfuerzos que se hagan, cumplir con la cuota diaria de 10 mil o más firmas para cubrir el inaccecible 1 por ciento del electorado en el ámbito nacional y en 17 estados de la República. Varias propuestas se han hecho para vencer adversidades bien planeadas para hacer imposible candidaturas independientes verdaderas. Una es incrementar, tanto el número de auxiliares que puedan pasar de pasivos a activos, como convocar a la ciudadanía en general, a los integrantes de las organizaciones sociales y políticas de la sociedad civil, a sumarse a la campaña de firmas por Marichuy y registrarse masivamente como auxiliares. Los pasos a seguir están explicados de manera sencilla en videos en circulación.

En este cauce accidentado, destaca el llamado de Cuautémoc Cárdenas a través de redes sociales: Independientemente del voto de 2018 tarea de democrátas y progresistas hoy es dar visibilidad a justas demandas de pueblos originarios y dar firma para registro de la candidatura de Marichuy. Esta convocatoria contrasta con las reacciones de la izquierda institucionalizada que se siente amenazada por la irrupción del Concejo Indígena de Gobierno y su vocera en los ámbitos políticos considerados de su exclusividad. Aquí hay que mencionar lo que podría llamarse el síndrome de Vargas Llosa, esto es, considerar a los indígenas como simples cobayas de otros actores o fuerzas políticas que los manipulan a su antojo. El corporativismo en política es considerado el polo equidistante de la hegemonía, y se caracteriza por la incapacidad de representar intereses generales más allá de los propios. Cuando partidos o fuerzas políticas sólo luchan por lograr sus objetivos, sin importar la ética y los principios, y no toman en cuenta las reivindicaciones del conjunto de la sociedad y la nación, se tornan corporativos y, en consecuencia, pierden la lucha por la hegemonía en los procesos de transformación social. Esta ha sido, lamentablemente, la historia de los partidos de la izquierda institucionalizada en su búsqueda por el poder a toda costa.

Marichuy, como vocera del CIG, debe estar en la boleta electoral porque representa una corriente política de abajo y a la izquierda que no claudica, no se vende y no se rinde, y porque es capaz de representar las luchas de las mujeres y los hombres explotados y oprimidos de México, sin pedir nada a cambio. Y, finalmente, porque representa la última gran barrera a los proyectos de destrucción y pérdida de soberanía que desde el poder se han venido implementando para convertir a nuestra patria-matria en un enclave más de las grandes trasnacionales.

La Jornada

 

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