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21/07/2021 :: Europa

Génova 2001-2021: 20 años del asesinato de Carlo Giuliani

x La Haine
Reproducimos cuatro de los artículos publicados por La Haine en los días posteriores al asesinato de Carlo durante la Cumbre del G8 en Génova

Para nosotros, solo están muertos los compañeros que caen en el olvido. Carlo vive

x La Haine

Los muertos son los carabinieri que le asesinaron y sus superiores, que escondidos tras sus escudos y cascos intentan llenar día a día sus vidas de muerto.Los muertos son los indiferentes, los que se conforman y no luchan. Para nosotros, solo están muertos los compañeros que caen en el olvido. Carlo vive

Génova, 20 de julio de 2001, Piazza Alimonda, Carlo Giuliani es asesinado por un carabiniere de un tiro en la cabeza en el marco de las protestas contra la cumbre del G8.

Carlo tenía 23 años. Hijo del conocido sindicalista Giuliano Giuliani, había heredado de su padre una fuerte conciencia política. y estaba implicado en el movimiento antiglobalización.

Se desarrollaba en Génova, Italia la cumbre del G8 que reunió a los 8 países más poderosos del mundo para que decidieran el destino de millones de personas; en ese contexto, el movimiento antiglobalización organizó del 19 al 22 de julio multitudinarias protestas en rechazo a esta cumbre.

Durante esos días, cientos de miles de personas salieron a las calles y se produjeron enfrentamientos entre manifestantes y los cientos de carabinieri y militares que, armados hasta los dientes, reprimieron las protestas a golpes, porrazos y gas lacrimógeno.

En la contra-cumbre, lxs anarquistas e integrantes de los diferentes black block intentaron acceder a la zona roja en la que se reunían, protegidos por un ejército de carabinieri, los dirigentes mundiales. El 20 de julio, día de la muerte de Carlo, la represión fue brutal, se registraron cientos de detenidos, heridos, la policía disparó armas de fuego al menos 18 veces contra los manifestantes... y asesinó a Carlo Giuliani.

Los hechos se desarrollaron a las 17:00 en la Piazza Alimonda. La compañía de carabinieri comandada por el capitán Claudio Cappello (acusado de torturas durante la misión italiana en Somalia) carga duramente contra los manifestantes. Los manifestantes responden lanzando todo tipo de objetos y piedras contra los land rover de los carabinieri.

El vehículo de Mario Placanica se queda rezagado y un grupo de manifestantes en el que se encuentra Carlo intenta romper los cristales del mismo. El carabinieri asesina de un tiro en la cabeza a Carlo Giuliani. El land rover de los carabinieri aplasta el cuerpo de Carlo en dos ocasiones antes de abandonar la escena del crimen a toda velocidad. Varios manifestantes intentan acercarse a socorrer a Carlo pero una nueva carga policial se lo impide. El cuerpo del jóven permanece en el suelo durante casi media hora sin recibir los primeros auxilios custodiado por los carabinieri. En los primeros minutos su corazón aún latía.

Los mandatarios que se encontraban reunidos en la cumbre continúan con total normalidad, en el palacio Ducal de Génova Silvio Berlusconi se congratula de los objetivos del cónclave por su "alma humanitaria" y "corazón generoso" mientras Carlo Giuliani, activista antiglobalización se desangraba y moría en una calle cercana. [10 años después el policía que le asesinó fue absuelto. Pese a los numerosos vídeos y documentos existentes, según la Justicia, una "piedra de origen desconocido" provocó su muerte].

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Génova, cuestión abierta

x Adolfo Gilly - La Jornada

Paris, 28 de julio. "El G-8 perdió la batalla de Génova", titulaba el lunes 23 de julio Le Figaro, el gran cotidiano de derecha francés. El martes 24, cientos de miles de manifestantes desfilaban en más de 50 ciudades italianas (50 mil en Roma, 50 mil en Milán) al grito de "Asesinos", contra la represión, el gobierno de Berlusconi y sus aliados fascistas en el gabinete.

El jueves 26 en París, miles de personas, convocadas a última hora, recorrieron las calles bajo la lluvia hasta la embajada italiana en el barrio de Saint Germain, donde la policía les cerró el paso pero no buscó el choque. "Asesinos", gritaban los manifestantes, mientras encendían bengalas de los trabajadores ferroviarios, pero tampoco ellos buscaban la violencia. Su rabia era doble: por un lado el asesinato de Carlo Giuliani y la represión fascista en Génova; por el otro, el trato infame de la policía italiana contra los franceses (y otros extranjeros). Los golpeó, los arrastró, los pateó, asaltó sus locales de comunicación y descanso, se los llevó presos, los obligó a permanecer horas y horas de pie contra la pared en los lugares de detención, golpeándolos cada tanto en los riñones o dándoles la cabeza contra el muro y, sobre todo, tratandolos de "sucios franceses" (o alemanes o españoles) y de "cochinos extranjeros, así van a aprender". A este nivel quedaron la Unión Europea, el Parlamento Europeo y la comunidad europea. Justo es decir que el mismo o peor trato recibieron los italianos.

Sin embargo, no hay que pensar que la policía italiana se excedió. No hizo más que cumplir las órdenes del anfitrión del G-8, el gobierno de Silvio Berlusconi. Así lo declararon a los periodistas varios policías, asqueados del papel que les habían hecho cumplir y de la vergüenza que habían vivido. El plan de Berlusconi era romper las manifestaciones de masas, destruir las radios populares, devastar los locales del Foro Social de Génova, hacer un escarmiento y sentar un precedente. Esa fue la estúpida e insensata apuesta que perdieron.

Hoy la prensa europea de todas las tendencias condena al gobierno italiano. The Guardian y el Financial Times, de Gran Bretaña; el Corriere della Sera y La Repubblica, de Italia; La Libre Belgique y Le Soir, de Bélgica; Le Monde y Libératión, de París, y El País, de Madrid constatan el fracaso de Berlusconi y el final desastroso de la reunión [Por supuesto, condenan la "violencia de ambas partes", pero ni una crítica al G8]. Notable es el comentario del periódico alemán Bild am Sonntag: "No hay que ser profeta para afirmar que la reunión cumbre del G-8 en Génova será el último espectáculo político ritualizado y pomposo de esta especie. Los dirigentes de los países ricos crean expectativas sobre resultados y éxitos seguros a las cuales al final sólo responden con compromisos vacíos y grandes declaraciones de intenciones".

Más allá del desastre político para ellos, la reunión de Génova muestra una realidad que los dirigentes del G-8 no están en condiciones de asimilar.

El ultraliberalismo, al romper todas las defensas y resistencias que las sociedades habían construido en tanto derechos, en tanto legislación y en tanto organización, contra la voracidad sin barreras del capital, rompió también el peso y la significación real de las mediaciones políticas; es decir, de la democracia institucional.

La banda de los ocho se reúne ostentosamente como dueños de las decisiones globalizadas que a todos nos afectan y nos conciernen. A ese nivel, no tenemos voz ni contacto ni interlocución posible. No hay elecciones ni instituciones, ni congresos que los controlen, no sólo a esos ocho sino a quienes por encima de ellos les fijan las políticas: los centros internacionales del capital financiero, los grandes ricos, pues, los pocos obscenamente ricos de este mundo dueños de nuestros destinos y, creen ellos, de nuestras vidas.

Pero para mandar, es su desgracia, hay que tocar tierra y mostrar en algún lado que se manda. Para eso montaron el espectáculo de la reunión del G-8 en Génova, no para resolver nada que sus gabinetes y otros achichincles no hubieran ya resuelto en reuniones previas. Y a Génova fueron los manifestantes, y los atraparon.

Además estos grandes son tan soberbios, tan negados y tan ignorantes del mundo en que viven y de su historia, que fueron a reunirse en Génova, el viejo puerto italiano, uno de los focos de la cuenca anarquista del mar Mediterráneo, que va desde Andalucía, pasando por Barcelona y Marsella, hasta Pisa y Livorno, en la costa italiana. Fueron además a buscar el país europeo donde la resistencia al ultraliberalismo está más organizada en la sociedad y tiene mayores experiencias de fulminantes movilizaciones a distancia dentro y fuera del territorio italiano. Fueron con su show a provocar a Génova, que en 1945 expulsó a los alemanes y en 1960 a los fascistas.

Estos ocho grandes son tan obtusos que no pueden ver que al borrar todas las mediaciones con las sociedades, como ellos lo hacen, un anarquismo moderno vuelve a aparecer como a fines del siglo XIX y principios del XX: la disputa total al Estado, la lucha no dentro de las instituciones (vaciadas de contenido y sentido) sino contra ellas, la resistencia de los desposeídos hecha odio y venganza contra la insolencia y el despotismo de los señores y los ricos. Pero no es éste el mismo de hace un siglo. Es un nuevo anarquismo, una nueva protesta violenta que sería mejor para la izquierda comprender antes que tomarla como una provocación (a menos que "provocación" sea todo lo que se mueve en la izquierda sin hacernos caso, desde la insurrección zapatista hasta la huelga de la UNAM).

Estos ocho son tan ciegos que no ven el agotamiento creciente de la "legitimidad democrática" entre las multitudes que no tienen defensa y cuyas armas legales y organizativas anteriores han sido destruidas. Tienen la mente tan cerrada como las clases políticas que siguen prometiendo "transiciones democráticas" cuando lo que hoy se impone en las decisiones son los métodos externos de Bush y Colin Powell, mientras Berlusconi da cátedra sobre métodos internos. (Así le fue, gracias sean dadas a Génova y a sus manifestantes).

La cuestión sin embargo no es reformar o maniatar a esas nulidades en el poder. Es construir una fuerza eficiente para contrarrestar ese poder.

La cuestión no es violencia o no. La cuestión es quién gana las calles y las plazas, quién moviliza al pueblo, quién arrastra a la prensa, quién obliga desde allí a las instituciones pero tampoco se detiene en ellas. La cuestión es quién construye además una contrafuerza social, un mundo nuestro, ciudades y campos organizados nuestros.

La cuestión no es entre violentos y pacíficos. Es comprender en toda su magnitud la violencia brutal y cínica de los gobiernos ultraliberales y respetar a quienes, desde el lugar que sea, los enfrentan.

La cuestión no es globalización o no. Es quién puede decidir en las nuevas relaciones mundiales, cómo se unen los movimientos nacionales dentro de las fronteras y por encima de ellas, cómo imponen la ley y la razón a gobernantes que no hacen caso de los parlamentos ni de las instituciones nacionales. En este mundo global que es el nuestro, la cuestión es dónde nace nuestra fuerza y cómo la organizamos.

México tiene esta cuestión abierta. Génova obliga a reflexionar una vez más el movimiento estudiantil, la alianza PAN-Fox-PRI amarrada en la ley indígena y, sobre todo, la persistencia, la resistencia y la extensión de la rebelión de los indígenas. La tentación de Berlusconi existe en México. Ella está ya presente en la ley Bartlett-Cevallos. Génova nos recuerda que Chiapas sigue estando en nuestro inmediato orden del día.

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El camino de Carlo

Mumia Abu Jamal - La Haine

El reciente tiroteo por la policía del joven de 23 años Carlo Giulani en las amotinadas calles de Génova, ha desencadenado una fuerte marejada en todo el mundo.

Giulani, hijo de un sindicalista romano, era uno de las decenas de miles de manifestantes antiglobalización que estuvieron en el último de los lugares donde los políticos y representantes de las grandes corporaciones se han reunido para asegurar la continuidad de su dominio en la economía mundial. Carlo era parte de un movimiento creciente, que está uniendo a los jóvenes del denominado primer mundo con las aspiraciones de muchos en el llamado tercer mundo. Un movimiento que conmocionó Seattle, y que ha logrado que el anagrama "WTO" sea conocido en todo el planeta.

Por oponerse a las reglas del capital, por oponerse al imperio de la riqueza, Carlo Giulani fue tiroteado por los pistoleros del capital y, como si esto no fuese suficiente, un vehículo policial pasó por encima de su cuerpo postrado y herido.

Con el brutal asesinato estatal de Carlo Giulani, el mensaje que se transmite es que el antiglobalismo es un crimen capital. Esta no es sino la última escalada de las fuerzas armadas del capital, que ha utilizado crecientes niveles de violencia para intimidar a las amenazantes hordas de los antiglobalización.

La sangre sobre el asfalto de Génova no comenzó cuando un policía apuntó con su arma semiautomática al rostro enmascarado de un anarquista romano. La sangre de Génova fluyó desde las calles de Gotemburgo, en Suecia, cuando la Unión Europea estuvo celebrando su cumbre. Allí, la policía también disparó sobre los manifestantes, hiriendo a tres, a uno de ellos seriamente.

Ahora un anarquista, un antiglobalización yace muerto.

Tan pronto como se conoció la noticia, me vinieron a la mente las palabras del dramaturgo irlandés George Bernard Shaw, que una vez comentó irónicamente: "El anarquismo es un juego en el que la policía puede golpearte". Shaw, un ardiente socialista, quizás rectificaría su comentario a la luz de los hechos (si pudiese).

Lo que resulta más asombroso es el modo en que los representantes del estado y su arma propagandística, los media, han reaccionado ante esta tragedia. Mientras los políticos hablaban con la boca chica acerca de la "tragedia", ni una sóla sílaba crítica sobre la polcía fue pronunciada, ¿no es así?.

Para los media, sin embargo, se trata de un juego diferente. En prácticamente todos los reportajes, se hablaba de los manifestantes violentos, sugiriendo además que los mismos estaban malinformados, o bien eras simplemente unos estúpidos por arriesgarse y preocuparse por los pobres de África, Asia o América Latina. Examinad esta cobertura informativa, sesgada a favor de las corporaciones, y haceros una simple pregunta: ¿Qué habrían escrito si un policía genovés hubiese sido tiroteado y su cuerpo atropellado por un Land Rover conducido por anarquistas?. Cada uno de los desagües del sistema habría vociferado acerca de cuan "viciosos", "violentos" y "terroristas" eran los antiglobalización, ¡acerca de esto no hay ninguna duda!.

En vez de eso, un silencio sordo.

Silencio, cuando los terroristas son los policías.

Silencio, cuando los asesinos son los policías.

Silencio, cuando los pistoleros de las corporaciones se manifiestan.

Habeis oído las lecturas fragmentadas de los políticos, hablando acerca de los "asaltos a los procesos democráticos" y demás. Sin embargo, ¿cuan democrático es el G-8?. Este grupo, que se ha elegido a sí mismo, está integrado por siete de las naciones más ricas del mundo (más Rusia). Si existen en torno a 193 naciones en todo el planeta, ¿qué hay de "democrático" en el hecho de que el 4% de esos países establezcan las reglas de gobierno del resto de la economía mundial?.

Miradlo de otro modo: el G-8 está integrado por representantes de Canadá, Japón, Alemania, Francia, Italia, Reino Unido, EEUU y Rusia. Si se suman todas las personas de cada uno de estos países, ello supone en torno a 824 millones, lo que representa mucha gente. ¡Pero hay aproximadamente 6.000.000. millones de personas en la Tierra¡. ¿Cómo puede el 14% de la población mundial establecer las reglas para el 86% restante de personas del mundo?.

Carlo Giulani no estaba "asaltando el proceso democrático". Él estaba protestando contra un proceso profundamente antidemocrático.

Él estaba luchando por la mayoría de las personas de este mundo.

(Traducción: Casa de los Pueblos de América)

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La imagen del poder se encogió en Génova

Luis Hernández Navarro - La Jornada

A las 10:30 del 22 de julio en el Palacio Ducal de Génova se reúnen los integrantes del G-8. Es la foto final de la reunión más áspera y espinosa que los poderosos del planeta hayan tenido jamás. Pero algo no hace sentido en ella. En la imagen que proyectan esos hombres de Estado, los más influyentes del mundo, su fuerza ha disminuido. Sus trajes elegantes, su cutis cuidado, todas las señas que usualmente les son suficientes para demostrar su fuerza, no sirven al lado de los videos y de las placas de una ciudad devastada que han dado la vuelta al mundo.

Bush, Blair, Berlusconi poco tienen que hacer hoy ante los medios, a pesar de su poder real, al lado de las fotos de un joven anónimo con el rostro cubierto que levanta los brazos arriba de un automóvil destrozado o de los cientos de miles de ciudadanos que protestan pacíficamente contra el G-8. Aunque administren el gobierno del mundo, la imagen del poder se ha encogido al lado del poder de la imagen.

Silvio Berlusconi, el hombre de los medios y del poder, el empresario que quiere un gobierno de empresarios, para empresarios y por empresarios, y que cree que ''sólo el mercado produce democracia'', ha reconocido: ''Es un pecado que el mensaje que haya llegado a la opinión pública sobre la cumbre sea el de la violencia''. De poco sirve que diga, rasgándose las vestiduras, que ''hemos trabajado por los intereses del mundo'' y que ofrezca que debe tomarse en cuenta a la sociedad civil.

El blintz

Cerca de la medianoche del 21 de julio la policía incursionó en la sede del Genoa Social Forum (GSF) y de una escuela que se encontraba frente al local y alojaba a varios manifestantes. El gobierno italiano justificó la acción diciendo que se había capturado a los responsables de la violencia en la ciudad y que eran protegidos por la coalición opositora. Según su vocero, Vittorio Agnoletto, se trató de un hecho no visto en muchos años, que recuerda las dictaduras militares latinoamericanas de la década de los setenta y los ochenta, efectuada sin orden de cateo alguna.

El operativo fue realizado con mucha violencia. Se hizo una hora y media después de que un programa de televisión mostró un video grabado en la Plaza Kennedy, en el que puede verse a un provocador, con un bastón en la mano, charlando amablemente con los carabineros cerca de uno de sus vehículos, al tiempo que una motocicleta con una pareja de jóvenes - similar a las que recorrieron las protestas- les da una indicación.

Durante el ataque a la sede, la policía destruyó las computadoras en las que trabajaban los abogados. En ellas se encontraban las denuncias recibidas sobre la brutalidad policiaca y los expedientes con las pruebas de las acusaciones. También dañó el equipo de Indymedia, una agencia de información independiente.

Jesús es un catalán que se encontraba en la sede del GSF cuando la policía entró a las 11:45 de la noche del 22 de julio. En ese momento trabajaba en el ordenador cuando escuchó ruidos en la calle. Al asomarse a las ventanas vio pasar los cascos de la policía. En ese momento comenzó a escuchar el golpeteo en las puertas. Entraron entonces los gendarmes al edificio. Llevaban cascos y se cubrían el rostro con pasamontañas y pañuelos. A la planta baja, donde se encontraba la sala de prensa, llegaron cinco agentes con porras y una ametralladora. Los periodistas que estaban allí, Jesús incluído, fueron obligados a sentarse en el suelo con los brazos en alto. Para ese momento todos los pisos de arriba se encontraban ocupados por las fuerzas del orden. Habían destruido los discos duros de varias computadoras y tomado documentación importante.

Pero, añade Jesús, ''lo más grave fue en el edificio de enfrente, en la escuela Sandro Pertini. Entraron al grito de ¡Viva el Duce! Reventaron el edificio. Se avalanzaron sobre todos. Dispararon botes de humo en la cara. Eso duró una hora. Todo mundo quedó herido: hubo 92 detenidos y 60 heridos que salieron en camilla. Fue dramático''.

Los jóvenes que se encontraban en el edificio de enfrente, según varios testimonios, fueron colocados frente a un muro y golpeados salvajemente. Sus gritos de dolor se escucharon por el barrio. Uno de ellos quedó en estado de coma. Las ambulancias llegaron allí durante horas para trasladar a los heridos. Un periodista perteneciente a un medio comercial le enseñó a las fuerzas del orden su documentación oficial. Un agente le respondió: ''Métetela por el culo! ¡Para mi no sirve!''. Parlamentarios, médicos y abogados trataron de ver a los detenidos. No se les permitió.

En una conferencia de prensa en la que no se admitieron preguntas, la policía informó sobre los objetos encontrados en las escuelas: armas, cuchillos, bombas molotov, pelucas, máscaras antigás. Los integrantes del GSF aseguran que se trata de dos navajas suizas, material de construcción y unas botellas de vino. Una de las escuelas había sido abierta como albergue de todo el mundo, después de los aguaceros de hace unos días.

El GSF insiste en que el ministro Scajola debe renunciar. Para Agnoletto se trata de la ''tarjeta de presentación de un gobierno que quiere instalar un Estado policiaco''. Anunció que solicitarán a Amnistía Internacional que realice una investigación independiente para esclarecer los hechos.

La reflexión

En plena refriega, dos muchachas hinduistas, convencidas de la fuerza de su mensaje de paz, se pararon frente a la policía. Obtuvieron como respuesta una paliza que las hizo caer al suelo. Allí fueron pisoteadas. Una logró levantarse y la otra corrió. Fueron alcanzadas por los gendarmes, tiradas al suelo y pisoteadas nuevamente. Una de ellas no se repone aún del choque y tiene, entre otras heridas, 14 puntos de sutura en la cabeza.

Otras tres jóvenes ingenuas se encontraban sentadas en una banca cuando la policía cargó por dos lados distintos. No se movieron. Fueron lanzadas de un muro de tres metros de alto, para ser agredidas hasta que un hombre salió de un edificio y las metió a su casa.

Estos dos testimonios provienen de Sandro Pertini, el responsables de las brigadas médicas del GSF. Asegura que son casos modelo de lo que sucedió el viernes y sábado en la ciudad; que no son situaciones límite.

Entre los manifestantes hay una mezcla de malestar, desconcierto y preocupación ante lo sucedido. Todo mundo tiene historias similares que narrar. En Italia no hay precedentes en los últimos años de una actuación de la policía tan enérgica. Hay una nueva situación en la política nacional que puede poner en peligro -según ellos- el Estado de derecho y las conquistas sociales.

De acuerdo con el vocero del GSF los acontecimientos de estos últimos días no son casuales, sino parte de un ataque preparado en detalle por el gobierno en contra de un movimiento de masas que llevó a la calle a 300 mil personas.

En una asamblea que fue conferencia de prensa o una conferencia de prensa que fue asamblea realizada en Punta Vagno el día 23, los miembros del GSF dieron amplios testimonios de la represión de la jornada y realizaron un balance de la situación existente.

Quienes tomaron la palabra en el foro lo hicieron con una actitud ambigua ante los hechos. Les pesa enormemente el asesinato de su compañero; se diría que hay en ellos un pudor que les impide ser optimistas a pesar de la magnitud que su movilización alcanzó. Rafaella Bollini, de la organización ARCI, se dijo angustiada y se interrogó por la calidad que la democracia italiana ha mostrado los últimos días y por las mentiras de Berlusconi. Un orador más concluyó su intervención diciendo que no tenían palabras para describir los hechos. Otros insistieron en los avances. Todos llamaron a la movilización general el próximo martes. Este sábado, 5 mil personas tomaron las calles en Bolonia y el lunes miles lo hacían en Roma.

El Imperio contrataca

¿Esta represión fue una decisión exclusiva del gobierno italiano o participaron en ella los otros gobiernos del G-8?

Agnoletto, siempre enérgico y prudente, asegura: el operativo general estuvo coordinado y diseñado por todos los gobiernos, el ataque a las oficinas del GSF fue obra del gobierno italiano; fue una respuesta policiaca a un desbordamiento político. El Goliat se puso nervioso frente al David pacifista.

Anubi D'Anossa, redactor del diario Liberazzione, piensa diferente. Según él, los poderes reales están experimentando cómo enfrentar a un movimiento con amplio consenso, con el máximo de violencia. Su apuesta es tratar de militarizar el ciclo de conflictos sociales que se inicia en Seattle. Se busca, dice, su división y ver cómo se comporta en esas condiciones.

En Quebec experimentaron con el Muro de la Vergüenza, asegura, y no les funcionó. En Gotemburgo ya casi hubo un muerto. En Barcelona infiltraron la marcha con provocadores. Aquí, en Génova, hicieron todo esto al mismo tiempo. No deja de ser una ironía, añade, que los muertos se hayan producido en Europa. ''Eso es señal de que aquí hay más miedo. El movimiento podría tener aquí una iluminación alternativa''.

Las medidas tomadas, concluye, no dependen sólo del gobierno italiano. Las policías del mundo están coordinadas. Más ahora. Más para enfrentar estos movimientos. Además, cuentan a su favor con que el de Berlusconi es un gobierno de centro-derecha y están peleando por la hegemonía en Europa. Tienen España, tienen Austria, tienen a EEUU. La administración Bush es clave en este vuelco a la derecha.

Según Luca Casarini, el vocero de los Monos Blancos, hay una preocupación real de los gobiernos de la globalización, del imperio que se reorganiza, frente a un poder que se ubica en el mismo plano que ellos. Por eso responden así. Esa preocupación fue mayor, también, porque en Europa no había convergencia entre los nuevos movimientos y el movimiento obrero, y eso se logró al menos en parte en estas jornadas de lucha.

 

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