Apología de Alfonso Sastre

x Jesús García Blanca - Cadiz Rebelde

Dramatis personae: ALFONSO SASTRE
CORO: Asociación de Víctimas del Terrorismo

Se levanta el telón sobre un escenario en semioscuridad. En primer plano, de pie ante un micrófono, Alfonso Sastre se dirige a un auditorio que podría estar vacío. Detrás, a su derecha, está el Coro, arrodillado en una penumbra borrosa.

ALFONSO SASTRE
No sé, atenienses, no sé la impresión que habrá producido en vuestro ánimo la palabra de mis acusadores.

CORO
¡Perfecto cabrón, perfecto cabrón1

ALFONSO SASTRE
No han dicho palabra de verdad mientras que de mí habréis de oír la verdad pura.

CORO
¡Perfecto cabrón, perfecto cabrón!

ALFONSO SASTRE
Creo que no digo nada que no sea justo; de manera que nadie espere más de mí.

CORO
¡Perfecto cabrón, perfecto cabrón!

ALFONSO SASTRE
Lo que hizo perecer a tantos hombres de bien, la calumnia y la envidia, me temo hará perecer a muchos más: porque no haya miedo de que esa plaga se detenga en mí y no busque más víctimas.

CORO
¡Perfecto cabrón, perfecto cabrón!

ALFONSO SASTRE
No os enfadéis conmigo porque os diga las verdades, pero no hay hombre que pueda salir salvo ni con vosotros ni con ningún otro pueblo reunido en asamblea, si se opone noblemente a que se cometan muchas injusticias e ilegalidades en la República.

CORO
¡Perfecto cabrón, perfecto cabrón!

ALFONSO SASTRE
¿Qué pena aflictiva puedo yo merecer, por no haber guardado para mí solo callándome lo que aprendí en el curso de mi vida?

CORO
¡Perfecto cabrón, perfecto cabrón!

ALFONSO SASTRE
Alguno me dirá tal vez: “Pero, socrates, saliendo de aquí, ¿no podrás guardar silencio y estarte tranquilo durante el resto de tu vida?” He aquí lo más dificil de dar a entender a muchos de vosotros. Porque si digo que eso sería desobedecr al dios y que por lo mismo me es imposible callar y estarme tranquilo, no me creeréis y si digo que el mayor bien del hombre es disertar todos los días acerca de la virtud al paso que uno se examina a sí mismo y examina a los demás: porque una vida sin examen no es vida; si os digo esto, todavía me creeréis menos. Empero, ello es así, atenienses; sólo que no es fácil persuadiros de que digo la verdad pura.

CORO
¡Perfecto cabrón, perfecto cabrón!

ALFONSO SASTRE
He sucumbido por no querer decir lo que tanto os gusta escuchar, por no haber querido llorar, lamentarme, decir y hacer cuantas bajezas hay indignas de mí, indignas sí, tales como estáis acostumbrados a oírlas de los demás. Pero ni entonces creí que debía hacer nada indigno de un hombre libre por temor al peligro, ni ahora me pesa haber defendido así mi causa: que prefiero morir después de tal defensa primero que deber la vida a bajeza alguna.

Telón.

Fuentes: Platón, “Apología de Sócrates”. Madrid, Espasa Calpe, 1978. Diario “El Mundo” 5 de mayo.

 
       

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