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Estado español :: 13/03/2026

40 años del 'sí a la OTAN': la historia de cómo las "presiones" vencieron a la movilización social

Samuel Martínez
El 12 de marzo de 1986, una mayoría de "ciudadanos" españoles apoyó la permanencia de España en la Alianza Atlántica, pese a haber votado antes en contra

El 12 de marzo de 1986 sonaba en la radio El tonto Simón de Radio Futura, se estrenaba en los cines Rocky IV y los españoles tenían una cita en las urnas para decidir si su país debía seguir formando parte de la OTAN. Votó un 59,4% de la población y lo hizo mayoritariamente por el "sí". Hasta un 56,85% apoyó la permanencia. La opción de la salida (la que el PSOE había prometido), en cambio, se quedó en un 43,15%. Fue un punto de inflexión --quizá el más relevante de la 'democracia'-- que vinculó la política exterior española a EEUU.

Pero había llovido y tronado ya mucho antes de aquel marzo. España se adhirió formalmente a la OTAN en 1982 y ni siquiera ese primer paso fue amable ni estuvo libre de polémicas. Fue durante la presidencia de Leopoldo Calvo-Sotelo cuando se estampó la firma para la incorporación, pero se trató de una decisión que estaba muy lejos de generar consenso en la propia Unión de Centro Democrático (UCD, que de centro no tenía nada y de democrático menos), tal y como explica la profesora de la Universidad Complutense Giulia Quaggio.

Y hay que rebobinar un poco más la película para ir hasta 1953 y revisar los Pactos de Madrid, con los que Franco ligó por primera vez la política exterior española a EEUU y que inauguraron las bases de Rota y Morón. Precisamente esa legitimación del régimen franquista por parte de EEUU es uno de los principales elementos por los que el movimiento antifranquista se opuso desde el principio a la OTAN.

"Se posicionó en contra de EEUU por ser un agente internacional que legitimó la dictadura después de la II Guerra Mundial", explica Giulia Quaggio, que investiga en el departamento de Historia Contemporánea de la Complutense. Lo cierto es que, para el país norteamericano, España era y, en buena medida, sigue siendo un socio fundamental: "Para poder intervenir en la llamada gran isla mundial, la potencia marítima necesita territorios donde poder aterrizar. Para EEUU, hacia el este son Inglaterra y España. Y, hacia el oeste, Japón e Indonesia".

Ese es el quid de la cuestión. España es un enclave crucial para el imperio en decadencia, y por eso lleva setenta años ejerciendo influencia. El que era secretario general de Alianza Popular (AP) --un partido heredero de Franco que derivó más tarde en el PP-- cuando se llevó a cabo el referéndum recuerda las "presiones" de otros países a las que fue sometido para defender la permanencia en la OTAN en lugar de la abstención.

Pero las calles también hablaban. Las manifestaciones sociales en contra de la Alianza Atlántica empezaron, tal y como apunta Quaggio, especialmente a partir de 1981, cuando se produjeron los debates parlamentarios previos a la adhesión. La investigadora lo define como un "movimiento heterogéneo" que partía, como explican algunos historiadores, de una pulsión pacifista latente en una sociedad española traumatizada y escarmentada por la Guerra Civil.

El giro de Felipe González y una campaña controvertida

Por lo tanto, cuando, el 30 de mayo de 1982 España se convirtió en el miembro número 16 de la OTAN, había un caldo de cultivo antiatlantista goloso para cualquier político que quisiera capitalizarlo. Pero incluso dentro de la UCD, que lideraba el Ejecutivo cuando se firmó la entrada en la Alianza Atlántica, había discrepancias.

Víctor Ríos, político cercano a Julio Anguita, estuvo en primera fila de las concentraciones y las manifestaciones, primero, contrarias a la entrada en la OTAN y, después, favorables la salida de la misma. Ríos recuerda los momentos en los que las calles estaban convencidas de la causa. La sensación era que el referéndum se iba a ganar. Sin embargo, un giro lo cambió todo. El 'no a la OTAN' solo venció en Catalunya, Euskadi --con mucha claridad, un 67,55% de los votos--, Navarra y las Islas Canarias.

Si hubo, por aquel entonces, un político que supo generar un discurso alrededor de la cuestión atlantista ese fue Felipe González. El 'socialista' hizo el célebre engaño masivo del "OTAN, de entrada no" y casi más célebre todavía el 'vuelco' que experimentó su posición una vez alcanzó el gobierno de España. González estableció la diferencia entre el "no entrar en la OTAN" y el "salirse de la OTAN". Eso bastó para que el PSOE hiciera una campaña previa al referéndum a favor del sí pese a su posición crítica anterior. "Felipe González abandonó la bandera anti-OTAN cuando ganó las elecciones", titula una crónica del 13 de marzo de 1986 --el día después del referéndum-- del diario ABC.

El PSOE no desplegó una estrategia limpia. Ríos destaca sobre todo la influencia de los 'socialistas' en los medios de comunicación y, sin ambages, explica que "dirigentes guerristas del PSOE" le reconocieron que "habían estado muy cerca del control de los medios de comunicación". En otras palabras, ese dirigente confesó presiones y "juego sucio en el uso de los medios" a favor del Sí.

Ya escribió el propio Ríos hace 40 años para criticar el modelo OTAN. Lo hizo en la revista En pie de guerra: "Mientras el ejército norteamericano pueda disponer de bases militares en el territorio español --tengan estas el pabellón de la OTAN o sean sólo de uso conjunto y amical hispanoamericano-- no podremos evitar la posibilidad de que éstas sean usadas en la estrategia norteamericana de intervención en el área mediterránea, y en particular en el Próximo y Medio Oriente".

El PSOE llevó a cabo una campaña en la que lanzó mensajes "engañosos" --muchos, de última hora-- que lograron "dar la vuelta al cerebro y al corazón de muchos trabajadores".

Y gran parte de culpa la tuvo la pregunta que se planteó a la ciudadanía. Ríos califica el proceso en el que se compuso la papeleta como "alquímico". Empezaba así: "El Gobierno considera conveniente para los intereses nacionales que España permanezca en la Alianza Atlántica y acuerda que dicha permanencia se establezca en los siguientes términos: la "participación de España en la Alianza Atlántica no incluirá su incorporación a la estructura militar integrada"; prohibición de "instalar, almacenar o introducir armas nucleares en España" y la "reducción progresiva de la presencia militar de EEUU en las bases de España".

Y terminaba de la siguiente manera: "¿Considera conveniente para España permanecer en la Alianza Atlántica, en los términos acordados por el Gobierno?". Ríos y Quaggio remarcan el hecho de que se utilizara la fórmula "Alianza Atlántica" en lugar de OTAN, por no hablar de que en la propia papeleta se especificaba que el Gobierno "considera conveniente" que los ciudadanos se decanten por una de las respuestas.

La OTAN, la bomba nuclear y la soberanía

La investigadora puntualiza que el España se encontraba en plenos trabajos para fabricar su propia bomba atómica, como Francia, en los últimos años del franquismo. Fue Luis Carrero Blanco, que representó varios papeles durante el franquismo y llegó a ser presidente del Gobierno (ajusticiado por ETA), quien lideró políticamente el proyecto. Sin embargo, Quaggio subraya que España no contaba con la tecnología necesaria para ello.

España perdió su soberanía en materia de defensa en tres peldaños. El primero es el episodio de la renuncia a la fabricación de una bomba nuclear, que, por otra parte, no contaba con el favor de las calles. El segundo, la entrada en la OTAN. Y el tercero, la firma del tratado de no proliferación de armas nucleares, que aceptó este país en 1987: un compromiso de no fabricarlas ni adquirirlas. Todavía no la ha encontrado.

Público / La Haine

 

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