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Estado español, Bolivia :: 27/06/2026

¡A 106 años del realismo galdosiano!!!

Maité Campillo
Eran años en que la mujer relegada a la cocina no acudía a los entierros por donde desfilaban hombres trajeados pero… Benito Pérez Galdós era un hombre del pueblo: ¡y la norma fue rota!

Su nombre sonó hasta tres veces para el Nobel de Literatura pero… la incultura de los mediocres lo impidió: ¡Oh! Galdós era anticlerical, nunca se postraría, como los progres de hoy ante el papa. Y la iglesia católica no se lo perdonó por ‘¡hereje!‘ y ‘¡contestatario!‘.
Su intromisión representó un secreto a voces capitaneado por la cúpula católica que aliada, como siempre, al sector más conservador ejerce una fulminante presión contra el escritor, no estaban dispuestos a que fuera reconocido.

Un 4.1.1920 deja la escena de los vivos un ser inolvidable para quedarse entre nosotros por los siglos de los siglos junto con sus personajes arraigados en secuencias entrañables, se trata del canario Benito Pérez Galdós. Uno de los cronistas de arraigo más entroncado en la vida cotidiana entre calles y tradiciones ofreciendo obras y composiciones brindando sentido auténtico literario a la palabra pueblo, a sus culturas dentro de él, que definen enormes contrastes en relación a otros escritores que por el contrario ofrecieron un E. español sin realismo ni encantamiento abrumados en el poder de los ‘dioses’. Fue Benito un ser dotado de inteligencia y sencillez; supo disfrutar, respetar e interpretar, el marco por donde asoman por doquier los impresionantes abismos de diferencias objetivas, donde radica para quien sepa respetar y saborear, sin tergiversar, algunas de sus riquezas milenarias que parecieran ofrecidas por otros autores, como un todo, y para nada es tan claro lo que oficialmente el centralismo demoledor divaga o presume, al acecho de descomponer en décadas durante siglos las identidades culturales que le conforman por imperativo legal, empeñados en persistir sobre una homogeneidad que no existe pues las diferencias irrumpen en todos los sentidos con carácter, idiosincrasia e identidad propia de rebosantes diferencias lingüísticas y tradiciones. Hablo de un escritor que a la vez que escribía Episodios Nacionales, supo poner a cada sector social sobre el desgarrado poder que corona ricos y pobres, seres naturales y falsos relicarios, quizá el mejor y más popular diputado y académico que nunca dejó de ser quien fue, pese a las oposiciones de los sectores conservadores del país que eran muchos y muy fanáticos: ¡qué hermoso hubiera sido para él haber participado en la proclamación de la II República!

La Proclama del alcalde de Madrid Luis Garrido Juaristi, tras el fallecimiento del escritor, manifiesta una empatía que no sabemos si realmente existió dada las condiciones económicas de abandono en que murió, lo que sí es cierto es que en su discurso y llamamiento al pueblo madrileño, su sentimiento olvidó parte esencial de la vida de Galdós, como su procedencia, etapa de estudiante y lugar de nacimiento en la isla de Gran Canaria, hasta que por decisión de su madre es desterrado a Madrid. Pensando quizá el alcalde Juaristi que <<Madrid, era todo el país>> como lo define la presidenta iluminada Ayuso. Debió imaginar el regidor ‘que era huérfano’, que Gran Canaria era una isla perdida en medio del Océano Atlántico: »¡Madrileños! Galdós ha muerto, el genio que trajo gloria a la literatura de nuestra época a través de las asombrosas creaciones de su pluma. Con su pluma honró a su país; con su vida se honró a sí mismo…». Esa noche se cerraron los teatros de Madrid (en todas las Sociedades y edificios públicos de Las Palmas ondeó la bandera a media asta) a las ocho de la mañana instalan sus restos pudiendo entrar multitudes en el ayuntamiento a despedirse del autor d’ Los Episodios Nacionales. Un interminable desfile de hombres y mujeres que habían abandonado el trabajo esa mañana acuden a darle su último adios.
La actriz Margarita Xirgu, amiga de Galdós, al entrar en la capilla ardiente se abraza al féretro. El reconocimiento lleva impreso un sentimiento generalizado de dolor profundo un joven estudiante grita a viva voz: !Viva Galdós! A él se une otro más clamoroso proclamado por miles de personas dentro y fuera del recinto: ¡Viva! A ello responden los esbirros de la policía en un intentó de reprimir, y, de súbito una avalancha conmovible de entre las montoneras del pueblo reacciona: ¡Dejadnos en paz! ¡¡Don Benito nos pertenece!! Las multitudes aumentan abandonan el puesto de trabajo unos quinientos trabajadores de la Casa del Pueblo, intentan abrirse paso hasta la carroza fúnebre: »según la prensa oficial alrededor de unas treinta mil personas desfilan tras su ataúd». Años en que la mujer relegada a la cocina no acudía a los entierros por donde desfilaban hombres trajeados pero… Benito Pérez Galdós era un hombre del pueblo: ¡y la norma fue rota! Cuando el duelo oficial se retiró, las mujeres de todos los barrios de Madrid ante la iniciativa de las actrices Margarita Xirgu y Catalina Bárcena, se suman a la despedida de quien consideraban era uno de los suyos: ¡las marginadas, las obreras, las madres, hermanas y abuelas de familias humildes… y es que Galdós, era del pueblo!

NOTA

Barrikada Internacionalista contra la mano que mece la cuna lucha contra los tiempos viciados en la inercia que no aportan genias ni genios del tal calibre ¡Sin duda hace falta otro Galdós!!! Sistema estéril crítico, capitalismo y degradación a degüello de las señas de identidad de los pueblos. Nos encontramos ante la más encaramada de las vejaciones: su humillación atenta la dignidad objetivo diezmar seres humanos y culturas, sed de catástrofes en dominio del más puro imperialismo engendro de destrucción ¡Abran la muralla: Ventana a la vida paso en Calle Internacional a Benito Pérez Galdós!!! A sus obras en derribo de portones y constituciones indignas de un pueblo obrero amordazado y maniatado por los custodios de la opulencia.
Colección d’ Episodios Nacionales: ¡46 novelas históricas narran la historia! La <<España>> de principios del siglo XIX hasta la Restauración borbónica. Fortunata y Jacinta: Madrid del siglo XIX, obra considerada cumbre y una de las grandes cimas de la literatura castellana, complejo entramado social por donde se filtra la posesión del deseo y el amor en destinos cruzados, dos mujeres, dos clases antagónicas. Marianela: Una novela irradiando la inocencia en vínculo con la tragedia donde el autor se recrea explorando la belleza interior, el amor idealizado, la moral social impuesta, el choque antagónico frente al poder del dinero y las apariencias físicas que emergen de las contradicciones de clase. Miau: Aguda e inteligente sátira sobre la burocracia, la corrupción y la dura realidad de los funcionarios cesantes en la sociedad española de la época. Misericordia: Emotivo relato vida de los marginados y caridad genuina en Madrid. Doña Perfecta: Crítica feroz al fanatismo religioso y conservadurismo de la España profunda (caciques, clero, militares, oligarcas y burguesía).
Benito Pérez Galdós no solo fue un gran novelista; como dramaturgo escribió obras inolvidables entre ellas, Electra, se estrena en 1901, gran acontecimiento en todo el Estado: »al acabar la representación los jóvenes modernistas acompañan al autor hasta su casa acogido por una multitud de personas». Electra: representó un <<duro alegato contra los poderes de la iglesia y órdenes religiosas que la servían en un momento histórico en el que en el Estado español, tras los avances liberales del periodo 1868-1873, crecía de nuevo la influencia de los intereses políticos del Vaticano>>.

(Vídeo) Benito Pérez Galdós — El cronista que retrató toda una España | Documental

Maité Campillo (actriz y directora d` Teatro Indoamericano Hatuey)

 

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