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Pensamiento :: 17/03/2004

Algunas consideraciones históricas sobre el estado-nación

Organisation Communiste Libertaire
3a. entrega de "Tradición libertaria y luchas de liberación nacional. (Nota-Txolo: Primero la brutal masacre terrorista de Madrid, que requería, como es lógico, la máxima atención, y en segundo lugar el ataque que ha sufrido esta web han impedido qu

LAS LUCHAS DE LIBERACIóN NACIONAL
2.- ALGUNAS CONSIDERACIONES HISTóRICAS SOBRE EL ESTADO - NACIóN

Un punto capital en la creación del Estado - Nación y del sentimiento nacional en los viejos países de Europa parecen ser los procesos económicos que se precedieron y siguieron a la revolución industrial (y a la revolución política en Francia). Es la época en que, en la dinámica del capitalismo, las viejas ciudades , los antiguos centros mercantiles, dejan de ser el polo esencial del desarrollo capitalista, relevadas a partir del siglo XVII por estos grandes estados territoriales. En ese momento se convierten éstos en mercados internos, nacionales y relativamente autónomos; y para ello había que introducir en la "economía nacional" a todas las pequeñas ciudades y burgos y , al campesinado, en los circuitos mercantiles. Lo que poco a poco empieza a materializarse, y desde antes de la revolución industrial, es una entidad de tres polos: el Estado, el mercado, la Nación. El Estado debe convertirse en el fundamento, el guardián del mercado nacional. Se establece una relación muy cerrada, muy estrecha, entre estos niveles. Cuando la burguesía "se hace con el poder", ha pasado ya mucho tiempo desde que el sistema funciona según sus intereses.

El sentimiento nacional, el patriotismo de los estados - nación del siglo XIX, a través del Estado de derecho, la ciudadanía, el servicio militar obligatorio, la escuela laica que enseña la moral, la instrucción cívica y la historia "nacional", se puede hablar realmente de la burguesía como la clave que instrumentaliza el aparato de Estado y la ideología nacional en beneficio de sus intereses.

Teniendo en cuenta esta simbiosis muy sólida: Estado, mercado, nación, hay verdaderamente para la burguesía una esfera de acción posible, una práctica posible y eficaz en un espacio unificado y ampliamente autónomo. Este vínculo entre los imperativos económicos, la ideología y la dominación de clase fue subrayado en el artículo de R.Furth que apareció en el nº 5 de Interrogation, "La guerre contre les idiomes" (La guerra contra los idiomas). Lo desarrollará la Escuela de la III República (n de t: francesa) con todo el arsenal ideológico tomado en préstamo de la Revolución. Sin duda, el proceso de uniformización estaba en curso desde el siglo XVIII bajo la presión de la necesidad de cambios económicos en el desarrollo del capitalismo. Pero será obligación de la escuela inculcar un "francés elemental" que prepare al futuro trabajador en la lengua del contrato de trabajo y de la autoridad; que lo prepare también para desplazarse siguiendo las leyes del mercado de trabajo. Esta lengua unificada, que vehicula los valores de la nación, del centralismo, del trabajo y de la disciplina, excluye además, lógicamente, cualquier mención positiva de las formas de oposición obreras y de las luchas sociales. Al mismo tiempo, se difunde también una historia elemental que tiene como misión expurgar de la memoria colectiva las huellas de una historia no francesa, es decir, no burguesa.

Se entiende que en aquel momento una de las reacciones del movimiento obrero fuese la de desarrollar tanto como fuera posible, una conciencia internacionalista susceptible de oponerse a este "nacionalismo" del que la burguesía, en cierta forma, se había apropiado. Esta idea de internacionalismo tal y como la vemos en práctica, por ejemplo cuando la retoman los grupos bolcheviques, no es otra cosa que la caricatura de lo que pasaba en el siglo pasado. Entonces, la idea de territorialidad de un pueblo, de comunidad, es sustituida por la idea de comunidad obrera, con su cultura, sus territorios (barriadas de las ciudades), sus referencias, su historia, sus pertenencias (véase, por ejemplo, la Comuna de París).

Sabemos también hasta que punto, después de la revolución rusa, el desplazamiento de esta idea ha podido convertirse en una verdadera catástrofe con la noción de "patria de los trabajadores".

Sabemos también que la realización de esta idea de comunidad obrera jamás se operó completamente. Amplios sectores de los movimientos obreros aceptaron la escuela, el servicio militar, partiendo de que estaban en los códigos jurídicos de la ciudadanía, de la igualdad jurídica... Sabemos también del fracaso de famosas proclamaciones de huelgas generales hechas al estallar algunas guerras. En cierto sentido, las clases obreras de las grandes metrópolis estaban profundamente unidas al sentimiento de identidad cultural y nacional.

La ambigüedad de fondo de los movimientos de finales del siglo XIX y principios del XX es que se producían en una época en que la Europa política no estaba modelada en su división territorial, en particular en todo el centro de Europa, y que el capitalismo debía proveerse de estructuras "administrativas" más adecuadas y más estables que las viejas monarquías. Los movimientos nacionalistas participaban en este remodelado y a menudo encontraban en él motivo para una salida política. Los movimientos nacionalistas del siglo XIX tenían ante sí "un terreno del que apoderarse", "una nación que crear" y, en esa época, eso significaba un mercado nacional que construir; de ahí la práctica hegemonía de las tendencias burguesas en el interior de esos movimientos. Los movimientos nacionalistas del siglo XIX, el "derecho de los pueblos a disponer de sí mismos", servían naturalmente a los intereses de las clases dominantes.

Pero mientras que Europa se remodelaba políticamente en función de la organización capitalista triunfante, las premisas de otras luchas de liberación nacional se iban perfilando. En efecto, desde el final del siglo XIX a la segunda Guerra Mundial, nos encontramos en el período del colonialismo triunfante. La vieja Europa organiza metódicamente el pillaje de África y Asia, logra desestructurar las comunidades autóctonas, perfecciona su sistema administrativo de gestión de las colonias. Por supuesto, ni se plantea para estos inmensos territorios explotados la posibilidad de independencia, ni de crear un estado, ni siquiera de su reconocimiento como Nación. A menudo, apenas considerados seres humanos, se somete a sus habitantes a las peores degradaciones que se puedan imaginar.

Después de la segunda Guerra Mundial, unas transformaciones importantes van a afectar la sagrada trinidad Estado - Mercado - Nación.

1. La descolonización va a cubrir la Tierra de nuevos Estados - nación, por ejemplo en África. Hasta el presente, al mundo capitalista no le afectaba la cuestión nacional más que en su centro, esencialmente en Europa; las colonias no participaban en el gran juego. Entonces, después de 1945, todo lo que pudo convertirse en un Estado - Nación lo hizo. Pero al mismo tiempo, estos estados del Tercer mundo son completamente aberrantes. Son meras burocracias parásitas del todo incapaces de crear instituciones que reagrupen, en un mismo mercado relativamente autónomo, una nación ideológicamente unificada. Construidos en función de simples delimitaciones coloniales, estos estados agrupan a poblaciones totalmente heterogéneas a las que no une ningún sentimiento de identidad. Por otra parte, estos países son completamente dependientes económicamente de las metrópolis capitalistas y por consiguiente en las antípodas de crear nada que se parezca a un mercado unificado. Estados aberrantes, puras ficciones jurídicas o pandillas de parásitos sirven de recaderos a los países industrializados

2. La mitad de Europa pasa a estar bajo el yugo del imperialismo militar soviético. La política de rusificación en la propia URSS y el peso de la dominación fuera de ella comienzan a segregar resistencias (Polonia, la aparición de un animilitarismo en la RDA...)

3. En los propios antiguos países industrializados, el Estado burgués del siglo XIX se ha transformado profundamente durante el periodo de crecimiento de los años 45-70. Anteriormente, el Estado jurídico, administrativo, militar, policial, ideológico, no intervenía más que en el terreno económico y sólo para codificar los movimientos del capital; este Estado se hace bulímico, en parte por el efecto de las luchas de clase. Por mediación de los servicios públicos, de las nacionalizaciones, él mismo se convierte en un actor económico. A través del mecanismo de redistribución de las rentas sociales (jubilaciones, subsidios, paro, seguridad social, pensiones...) ha entrado en proceso de "socialdemocratización". Estado - bienestar, Estado - providencia, como se quiera. Gracias a éste se dio lugar al consumo de masas cuando se convirtió en una necesidad para el sistema. Y hoy, estas funciones se han vuelto prioritarias en la mentalidad de las personas. Ya no se espera la reconquista de alguna Lorena, sino el crecimiento de las jubilaciones. Ahora bien, este Estado actual, debido a la crisis económica, es cada vez más incapaz de satisfacer las necesidades que, por otra parte, ha contribuido a crear.

4. El factor esencial que sin duda cataliza la crisis depende sobre todo de la liquidación del antiguo espacio autónomo que era el mercado nacional. En el desarrollo del capitalismo que sigue a la guerra, las economías de los estados van a salir de sus fronteras. En Francia, a partir de 1958, la economía francesa poco a poco deja de vivir en un compartimento relativamente cerrado, movimiento que irá acelerándose, y hoy está del todo inmersa en el mercado mundial, en la economía mundial. El mercado vierte, un poco más cada día, en un mero agente técnico al servicio de los movimientos internacionales del capitalismo. Dicho de otro modo, la síntesis realizada en el siglo pasado entre el Estado, el mercado y la nación está disolviéndose.

Los movimientos nacionalistas del siglo pasado eran fundamentalmente portadores de valores burgueses en la medida en que pretendían construir este Estado nacional de valores burgueses en la medida en que pretendían construir este Estado nacional al servicio de los intereses económicos de una clase dominante nacional, para la realización del beneficio, en un cuadro unificado ideológica y económicamente. Ahora bien, ya no es éste el caso. Europa, todo el planeta, ha sido delimitado, repartido, y a toda disidencia nacional le cuesta encontrar un espacio del punto de vista territorial, y sobre todo un espacio capitalizable y sostenible políticamente por una nueva burguesía nacional.

En estas condiciones, en este mundo en que todo lo que podía llegar a ser Estado - Nación lo ha hecho, incluso las formas monstruosas de estados del Tercer Mundo, este Estado, profundamente transformado, es incapaz de satisfacer las exigencias que él mismo en parte produce. Su autonomía no es más que técnica en el interior del marco dominante del capitalismo mundial y de la subcultura de masas made in USA; las disidencias nacionalistas dejan de estar ineluctablemente volcadas a servir a los intereses de una burguesía. Por tanto están, más a menudo que otras antes (no siempre), en ruptura de hecho con el consenso político y económico, y especialmente cuando emergen en el seno de los viejos escenarios de los estados - nación seculares. Con la creciente inestabilidad que resulta de la crisis actual, la necesidad de una identidad colectiva no puede hacer otra cosa que crecer. Y ya no es posible mantener, frente a estas realidades profundamente modificados en relación con el siglo anterior, un discurso chapado al género "reivindicación nacional = reivindicación de un Estado". Por supuesto, no hay que entonar los eslóganes contrarios, "apoyo total a las luchas de liberación nacional". Pero hemos entrado en un área de incertidumbre en que las cosas y los procesos ya no se determinan automáticamente como pudo haber parecido antes.

Sabemos que el repliegue sobre un sentimiento de pertenencia, cualquiera que sea, es susceptible de engendrar el rechazo de otros. La triste realidad del sionismo o de la revolución iraní demuestra que lo peor sigue siendo posible. Pero las luchas indias de Bolivia, los movimientos polaco, vasco, irlandés, indican que en torno a un sentimiento colectivo de pertenencia a un pueblo , a una nación, a una lengua... puede engranarse un proceso de lucha y situarse a fin de cuentas sobre el terreno de la lucha de clases.


(PRóXIMA ENTREGA: QUE ACTITUD TOMAR ANTE LAS LUCHAS DE LIBERACIóN NACIONAL)

 

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