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Pensamiento :: 14/01/2005

Algunas luces y sombras de 2004

Alizia Stürtze - Historiadora
El actual sistema de poder del capitalismo neoliberal y su aparato político preferido, la democracia representativo-autoritaria que padecemos, viven en una permanente contradicción con respecto a su modo de representación simbólica: por un lado, para legitimarse ante la mayoría, necesitan invisibilizar que, radicalmente y por encima de cualquier otra consideración, son violencia, violencia física, económica, social, ideológica, de género, psicológica... que se ejerce en bene- ficio exclusivo de unos pocos (cada vez menos). Para ello, necesitan que interioricemos sus valores, y que nos sintamos «capitalistas» (y por tanto, subjetivamente lo seamos, porque eso es lo que deseamos ser).

Por otro lado, sin embargo, para perdurar, tienen que teatralizar que son la autoridad, es decir, que ellos son los que realmente detentan el poder, imponen las reglas de juego y utilizan a conveniencia la ley, la paz y la guerra. Y que, si se quiere evitar el castigo divino, no puede tocarse letra alguna de ciertas sagradas Tablas de la Ley, tipo la Constitución Española, hasta que ellos, sus autoproclamados intérpretes, lo consideren oportuno.

En la historia no hay nada predeterminado; la historia es flujo, proceso, lucha y cambio en función de la relación de fuerzas, y que, en esa medida, nos da la posibilidad de convertirnos en sujetos que la construyen (en lugar de objetos que la padecen). Pero a los representantes del sistema les corresponde adiestrarnos para que interioricemos que la moralidad (el no-pecado) son ellos, y que, fuera de ellos, no existe cambio posible; y que la historia sólo se mueve en la dirección que ellos marcan. Intentan vaciar así el sentido de la protesta y de la lucha, que, además y por si acaso, demonizan.

Con respecto al intento de resolución (siempre provisional, claro) del primer término de la contradicción (invisibilizar la violencia estructural del sistema, convertiéndonos en encantados «capitalistas», «capitalistas vascoespañoles» en nuestro caso) tendríamos que admitir que, por lo menos tal y como lo percibimos desde Euskal Herria, 2004 no ha sido un mal año para el poder. La impresión es que, durante este año, se ha afianzado su estrategia de generalización de la alienación, el conformismo social y el control sofisticado de la población, apoyado por un autoritarismo mediático cada vez más degenerado. Indefensos ante las metáforas y símbolos del capital neoliberal (el mito del progreso tecnológico, por ejemplo), a través de los cuales captamos imaginativamente el mundo y conceptualizamos la realidad social y política, han conseguido que miremos cada vez más con sus «gafas», y que subjetivamente seamos cada vez más «capitalistas». Así, mientras somos seres cada vez más fragmentados, desarraigados y sin proyecto posible de vida (sólo tenemos un presente precario, sin memoria pasada y sin futuro), nuestra nula o mínima conciencia de la explotación logra invisibilizar los graves malestares e injusticias generados por el neoliberalismo, ante los que, si acaso, nos «quejamos» un poquito. Poco a poco, además, hemos internalizado la vigilancia, el «gran ojo que todo lo ve», y estamos encantados de, por ejemplo, ir a pasar un maravilloso día de compras rodeados de cámaras y de seguratas. Hasta nos «autovigilamos» y «autodisciplinamos» nosotros solitos, por temor a que «alguien» esté controlando. Desde la izquierda damos por buena la democracia representativa que claramente nos impide intervenir directamente en la caracterización y resolución de nuestros problemas, e incluso legitimamos el aparato del Estado, dejando que sea él quien defina y canalice nuestras necesidades: lucha contra los malos tratos y defensa de los matrimonios de homosexuales, pero tratamiento superficial de temas que deberían socavar directamente la raíz del sistema como los derechos al trabajo, a la vivienda...

Con respecto a la segunda parte de la contradicción, es decir, a la necesidad del sistema de teatralizar que el único sujeto histórico es el poder, que el protagonismo del pueblo es nulo y que, por tanto, no merece la pena luchar, el año 2004, sin embargo, ha tenido, junto a sus sombras, también sus luces.

En el plano internacional, la agresiva hegemonía monopolar yanki ha empezado a flaquear. No es sólo que en Irak, por ejemplo, la heroica respuesta a la invasión le esté generando a EEUU más contradicciones de las esperadas, o que en Venezuela el pueblo hiciera fracasar su intento de golpe contra el chavismo y que se acabe de celebrar el II Congreso Bolivariano de los Pueblos con la idea de articular fuerzas políticas y sociales antiimperialistas... Es que, además, China (como anticipo de India, Rusia, Brasil...) ya ha empezado a afianzarse como una megapotencia exportadora, importadora e inversora, con sus consiguientes consecuencias geopolíticas de gran calado. Es que el dólar ya no es lo que era, y el euro ahí está, convirtiéndose en moneda de referencia...

Es que, en definitiva, en 2004 se han empezado a visibilizar otras variables para el futuro que, aparentemente al menos, van a dar algo más juego a los pueblos. La historia no se mueve, por tanto, sólo al son de lo que marcan los que en el momento detentan la vara de mando. La historia la mueven también quienes saben aprovechar las propias contradicciones del sistema.

Con respecto a Euskal Herria y haciendo balance de 2004, si algo ha dejado claro el poder es su necesidad de escenificar que piensa impedir que nos apropiemos de nuestra historia. Como enviados de Jehová, los representantes del poder no han desaprovechado el cambio de ciclo que suponía la celebración del solsticio de invierno para televisarnos mensajes de Navi- dad, de fin de año, de pascua militar, o de lo que se tercie, y dejarnos muy claro que quien manda manda y que ellos tienen todas las cartas y las usan cuando, como, y con quien quieren (¿con el PNV, por ejemplo?). Si al acto de Anoeta respondieron con detenciones y torturas, a la votación de Sozialista Abertzaleak en el Parlamento de Gasteiz que permitió la aprobación del plan Ibarretxe han respondido, hasta ahora, con la llamada al artículo 155 de la Constitución española, con el indulto encubierto a Galindo y con la repentina urgencia (juicio sumarísimo se le llamaba antes) por juzgar, en menos de un mes, a 42 jóvenes imputados en el sumario 18/01, ¡9 de los cuales tenían que salir ya tras cumplir 4 años de prisión preventiva!

Ante nuestro pueblo, una vez más, el poder español se ha visto obligado a mostrar su verdadero rostro violento, y tendremos que estar atentos para que el PNV, una vez más, no le resuelva esa contradicción, legitimándole nuevamente, como hizo hace ya 25 años.

Las contradicciones ahí están, y la capacidad de sacarles partido también.

Gara
09.01.05

 

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