Argumentación de la acción directa

1. Es una forma de expresión
Lo que no nos permiten expresar en los periódicos, en los canales de televisión, etc, lo expresamos atacando su poder simbólico. Nuestro inconformismo y nuestra oposición radical a la política neoliberal se expresa cuando nos enfrentamos a los elementos represivos encargados de defender esa política. Queda latente la existencia de un conflicto. En contrapartida, los medios de comunicación ligados a la política neoliberal consiguen una noticia no sólo apta para el espectáculo de la información, sino también apta para la criminalización de los movimientos sociales.
Pero debemos tener en cuenta que la acción directa violenta y el sabotaje son también formas de romper el bloqueo de los medios de comunicación. La noticia, aún distorsionada, aparece en los medios, y mientras luchamos diariamente para crear nuestros propios canales de difusión -y por autoorganizarnos barrio por barrio, facultad por facultad-, la acción directa toma relevancia, porque no sólo es de por sí una forma de expresar nuestro descontento, sino que además es una forma de atravesar el silencio en lo que los medios quieren convertir nuestras acciones.
Nuestra responsabilidad no es la de evitar la distorsión y la mercantilización de los hechos por parte de los medios de comunicación oficiales, ya que esa es su razón de ser. Nuestra responsabilidad en este caso es la de denunciar la función de los bancos y las fuerzas represivas en la sociedad. Legítimas y necesarias, pues, son las acciones políticas que se lleven a cabo contra ellas, ya que se trata de una voluntad -expresada físicamente- de construir disidencia y de crear conciencia anticapitalista señalando a verdaderos responsables de la política neoliberal.
2. Es una forma de alterar el orden impuesto
Es una forma de desobediencia a la legalidad. De hacer lo que "no se puede" impregnándolo completamente de un sentido político.
Pero debemos tener en cuenta que los disturbios puntuales pueden ser fácilmente asumidos por el sistema, ya que lo entiende como "daños colaterales", es decir, como el resultado inevitable que desencadena el neoliberalismo. Lo mismo ocurre con la llamada delincuencia, el narcotráfico, las violaciones. Son comportamientos intrínsecos a una sociedad que se nutre de la desigualdad, la opresión y el patriarcado.
En relación al movimiento antiglobalización, el gobierno español declaró en más de una ocasión: "Estamos dispuestos a dialogar con los grupos antiglobalización, pero sólo con aquellos que condenen el uso de la violencia y los altercados provocados por los radicales".
A pesar de que el sistema es capaz de absorber los "altercados" por tratarse de violencia a pequeña escala, se demuestra que estos "daños colaterales" no dejan de ser daños a la armonía y a la estabilidad de la estructura política y social. Por eso el gobierno intenta condenar y aislar esa práctica.
Y por eso mismo debemos concebir esos arañazos como potenciales formas de desestabilización, para crear de ese concepto un espacio de poder popular alternativo, es decir, un arma y un derecho conquistado por los movimientos en lucha para combatir la injusticia.
Si no se puede romper, rompemos. Pero no rompemos cualquier cosa: rompemos a los representantes físicos del poder capitalista, que son los policías antidisturbios, las sucursales bancarias, las cabinas de Telefónica, los establecimientos de McDonalds, etc.
3. Es una forma de hacer justicia
Es justo dar respuestas directas a la imposición violenta de la democracia burguesa, la precariedad laboral, la criminalización de la disidencia, la opresión propagandística y mediática, etc.
Es justo y legítimo rebelarse contra la incuestionabilidad del monopolio de la violencia por parte del sistema.
Es justo y necesario trazar nosotros mismos nuestro campo de acción política, para así lograr escapar de los márgenes legislados; márgenes que no son sino el mecanismo de autodefensa del propio sistema, que delimita los niveles de protesta para poder controlarla, y desde el cual se justifica institucionalmente la represión.
Ya se están dando pequeñas victorias en el complejo y amplio frente de la lucha contra la globalización neoliberal con un método, que aún sin ser tan esencial como la actividad de base, está funcionando como indispensable complemento: las botellas y las piedras.







