Blas Infante y la experiencia histórica como una nación oprimida

Este año 2026 se cumplen 90 años del asesinato de Blas Infante a manos de los fascistas españoles, al comienzo del golpe fascista que dio origen a la llamada “Guerra Civil”, pero que no fue tal, sino el derecho legítimo de los pueblos y de los republicanos a la autodefensa armada.
Blas Infante es un personaje que siempre me ha despertado curiosidad. En Andalucía es curioso cómo todos los partidos lo reivindican, desde el PSOE hasta los independentistas de Nación Andaluza, pero es evidente que su legado no puede representar a todos aquellos que lo reclaman.
Para desentrañar esta y otras cuestiones, nada mejor que charlar con Carlos Ríos, amigo de Haize Gorriak, de Euskal Herria, independentista comunista andaluz y autor de varios libros. En el último, precisamente, abre la puerta para conocer mejor a Blas Infante.
Este año, a comienzos de agosto, se van a cumplir 90 años del asesinato de Blas Infante, pero este crimen fue uno más entre el terrible baño de sangre que sufrió tu patria, Andalucía. Federico García Lorca, miles de sindicalistas, profesores, políticos de izquierda o simplemente demócratas. ¿Podemos hablar de un auténtico genocidio contra el pueblo trabajador andaluz?
Si entendemos el termino genocidio como la eliminación sistemática y deliberada -total o parcialmente- de un grupo social, nacional, étnico…, llevando a cabo matanzas o destrucción de condiciones de vida, efectivamente, pienso que podemos hablar de genocidio. El historiador estadounidense Gabriel Jackson cuenta en La República y la Guerra Civil que la represión fascista tuvo unas características muy específicas en el caso andaluz, respondiendo a un “exterminio químico” de la población contraria al franquismo y, en general, del pueblo trabajador andaluz.
Andalucía fue una de las naciones del Estado español más castigadas por la represión. Se han documentado 30.000 víctimas mortales, hay más de 700 fosas comunes en todo el país y el número real de víctimas podría llegar a los 50.000. Un genocidio cuyo objetivo era adocenar a las clases populares andaluzas, grabando a fuego en su piel los efectos de la represión.
A ello hay que añadir la represión salvaje que sobre nuestro pueblo se aplicó antes de 1936, que arranca de la conquista castellana y que se aceleró, a partir del segundo tercio del siglo XIX, con las desamortizaciones que entregaron más tierras a burguesía y nobleza y que motivaron abundantes rebeliones locales y comarcales, la revolución cantonal andaluza de 1873, etc.
¿Por qué un libro sobre este hombre en este 90 aniversario de su asesinato, y no sobre esos otros a los que también asesinaron?
Todas las personas que fueron víctimas del fascismo merecen, qué duda cabe, nuestro reconocimiento y el estudio pertinente de sus casos. El de Blas Infante es particular porque en él cristalizan la opresión social y nacional, la alienación cultural y patriarcal de Andalucía. Su vida se caracterizó por hacer un esfuerzo constante por encontrar respuestas políticas, teóricas y prácticas a estas opresiones. Eso explica su abundante producción ensayística, literaria y periodística, así como su constante compromiso político a lo largo de toda la vida, que se sintetizó en su asesinato en la noche del 10 al 11 de agosto de 1936.
Se han escrito muchos libros sobre Blas Infante, pero pienso que era necesaria una obra que recuperara al Blas Infante revolucionario que existió, al que pretendía organizar la Revolución Andaluza (no sin ciertas dosis de utopismo libertario, en coherencia con el movimiento obrero andaluz de entonces) y hacer del pueblo trabajador la clase dirigente. Considero que ese libro no estaba escrito aún, por los intereses de una intelectualidad que tiene miedo a decir ciertas verdades sobre Blas Infante que puedan incomodar al Régimen del 39-78 y a su prensa y alejarlos así del foco mediático.
Era necesario un estudio sobre el andalucismo revolucionario de Infante para que lo leyese la juventud andaluza, las estudiantes y las trabajadoras, que son quienes deben hacer la revolución. Una obra que recuperara las claves de su praxis política para organizar la Revolución Andaluza en este siglo XXI. Con esta obra pretendo abrir esa vereda, pero espero que sea continuada por otras publicaciones que adopten esta misma perspectiva.
Ya en el siglo XIX existió la constitución de Antequera, realmente el soberanismo andaluz no es cosa de ayer… ¿Qué piensas que aportó Blas a este sentimiento soberanista?
Para empezar, una denuncia profunda del Estado español y un análisis de las consecuencias de su existencia para Andalucía y otras naciones oprimidas. El artículo 1º de la Constitución de Antequera dice que “Andalucía es soberana y autónoma y no recibe su poder de ninguna autoridad exterior de las autonomías que componen este pacto” y esto es un misil en la línea de flotación del Estado español centralista que se estaba construyendo en el siglo XIX.
El Estado español estaba ajustado a las necesidades de la oligarquía que lo estaba construyendo. Un hecho que quedó claro durante la I República española con las revoluciones cantonales, que fueron aplastadas a sangre y fuego, mostrando que “España” era un Estado-nación artificial pero mortífero para quienes se rebelaban contra él, pensado para maximizar la explotación capitalista de la clase obrera y los pueblos trabajadores. En la revolución cantonal andaluza se proclamó la independencia de Andalucía (el 21 de julio de 1873) y de ella nació, diez años después, la Constitución Andaluza.
Cuando Blas Infante conoció la Constitución Andaluza -tras publicar Ideal andaluz, en 1913- esta revelación aceleró todas sus tesis esbozadas hasta el momento, que aparecían con más o menos claridad en esa primera obra, y las opuso definitivamente a cualquier chovinismo español.
Blas Infante aportó una sistematización, en clave antiimperialista, de nuestra experiencia histórica como una nación oprimida que se conformó tras un choque terrible: la conquista castellana del Al Ándalus andaluz a partir de 1212, con la batalla de las Navas de Tolosa, que dio lugar a la Andalucía actual, que él calificó como “esclava de señoritos y prostituta de toreros”. Además, Infante puso en valor los avances científicos, tecnológicos y filosóficos andalusíes y el carácter de esos reinos andalusíes que tuvieron su capital en Córdoba, Sevilla y Granada y fueron árbitro de los conflictos peninsulares durante algunos siglos en el Medievo. Por eso hoy la ultraderecha lo acusa insistentemente de musulmán (como si fuera algo malo profesar esa religión concreta en lugar de cualquier otra), aunque sea falso: Al Ándalus es un periodo histórico de la historia peninsular (y andaluza) que para el españolismo debe ser denostado porque el poder se ejercía desde el sur peninsular y no desde el centro o el norte.
Blas Infante esbozó un plan para aplicar los avances del movimiento obrero mundial, con la constitución de la URSS y la experiencia bolchevique, en Andalucía, apostando por la nacionalización de las grandes empresas y la construcción de la sociedad comunista, insistiendo mucho en la necesidad de la venida del “hombre nuevo”, que diría el ‘Che’.
Para Blas Infante es fundamental, y lo pone como el pilar sobre el que construir la sociedad comunista, el “comunismo de valores afectivos”. Un comunismo “vivido”, que se refiere a la conciencia de los militantes y que se basa en la entrega altruista por la causa. Él lo llama “altruismo consciente”. A partir de este comunismo vivido en la conciencia de cada militante Blas Infante sitúa la nacionalización de los más amplios medios de comunicación (“comunismo de valores sociales”), que daría lugar a un proceso de construcción del comunismo.
¿Cómo podrías definir el pensamiento humano y político de Blas Infante?
El pensamiento de Blas Infante es profundamente comunista y humanista, abiertamente revolucionario e independentista, pero con una clara vocación confederalista ibérica y mediterránea. También con una influencia muy evidente del socialismo utópico del siglo XIX, del cantonalismo y del anarquismo, del georgismo e, incluso, del regeneracionismo de Joaquín Costa.

Es un socialismo sui generis que el regionalismo postfranquista abandonó y, ya en el siglo XXI, se ha recuperado, desarrollando lo que se ha llamado “socialismo infantista”.
¿Conoció Blas Infante el pensamiento de personas de su época como Lenin, James Connolly…?
Sí, por sus escritos sabemos que Blas Infante conoció y estudió bastante documentación sobre la Revolución Rusa, aunque estuvo condicionado por el pensamiento libertario predominante en la Andalucía del primer tercio del siglo XX y la influencia de pensadores del siglo XIX como Proudhon o los socialistas utópicos andaluces.
No entendió a Marx, del que criticó ciertos aspectos, pienso que por la escasez de textos traducidos del de Tréveris en aquellos años. Criticó la NEP bolchevique porque la consideró un paso atrás en la Revolución, pero su pensamiento corre paralelo al de Lenin en varios sentidos. A Lenin lo denominó “dictador pedagógico” en su obra La Dictadura Pedagógica. Estado actual del alma de la sociedad comunista, poniéndolo como ejemplo de aquellos revolucionarios que ejercían el poder en un Estado obrero con una vocación pedagógica para con las masas. Esta tarea le resulta a Blas Infante especialmente importante: era la tarea de crear el “alma” comunista, el ejemplo de la sociedad comunista que prendiera en las masas.
Tuvo muy presente la opresión nacional irlandesa, aunque no conocemos escritos en los que se refiera a Connolly. Hay varias referencias al carácter de Andalucía como la “Irlanda española”.
También simpatizó con los movimientos de liberación nacional catalán y gallego. Especialmente, el caso de Galiza le causó profunda impresión. Visitó Galiza y conoció a algunos dirigentes. Del nacionalismo gallego dijo que era el único “nacionalismo social” junto con el andaluz, estableciendo un claro paralelismo.
Lo cierto es que estamos ante un personaje peligroso para el Estado español, lo demuestra el hecho de que los fascistas, muy al principio de su “alzamiento”, fueron a por él y lo fusilaron… ¿Hasta qué punto piensas que era un peligro real para el Estado español de la época?
Blas Infante era peligroso porque, además de ser un militante político y un notario que defendía a los jornaleros en pleitos con los propietarios, era un estudioso de nuestra historia y admirador de la Internacional Comunista y de las conquistas bolcheviques. Un enemigo acérrimo de la oligarquía y de los terratenientes, de quienes decía que en su mayoría poseían las tierras en Andalucía de forma “ilegítima” y, por lo tanto, su expropiación debía ser inmediata y sin indemnización. Fue todo ello lo que le costó la vida.
Pese a todo, no podemos obviar que en los años 1935-36 dio un giro hacia el “practicismo” (a pesar de que lo criticó en distintas ocasiones), ante la agudización de la lucha de clases y el peligro fascista.
¿Hasta qué punto han tergiversado su legado? ¿Qué Blas Infante tratan de vendernos quienes le homenajean desde el poder español o autónomo?
Lo han tergiversado hasta el punto de que, a día de hoy, no existen unas Obras completas de Blas Infante, por ejemplo. O de que, una de sus obras, a la que ya me he referido antes, se editara como La Dictadura Pedagógica, mutilando la segunda parte de su título original (Estado actual del alma de la sociedad comunista) y haya tenido que ser ya en el siglo XXI cuando la editorial Hojas Monfíes la publicase con su título completo.
Con estos sencillos ejemplos se puede calibrar el tamaño de la tergiversación de su praxis cometida por las instituciones autonómicas y las entidades ligadas a ella, como la Fundación Blas Infante.
El Blas Infante “para todos y todas” que intentan vendernos es el que la oligarquía necesita para legitimar la explotación capitalista, pero no se parece en nada al que realmente existió y que murió asesinado por el fascismo. Solo volviendo al estudio de sus obras y de su trayectoria podemos recuperar al Blas Infante para la “Andalucía jornalera” que existió realmente.
¿Qué has querido reflejar en la obra acerca de Blas Infante y su conexión con la Andalucía de hoy día?
Creo que en las preguntas anteriores se evidencia más o menos cuál es la orientación del trabajo. Es una obra que busca responder a algunas preguntas que todas las andaluzas nos hemos hecho sobre Blas Infante y, también, a los debates que con la izquierda española -que lo tacha de “político burgués” sin conocerlo- hemos tenido en alguna ocasión. Derecha e izquierda del Régimen, como indico en la introducción del libro, lo han despreciado y minusvalorado de distintas formas y era necesario poner en valor el potencial liberador de su pensamiento y su acción política.
En esa tarea de esclarecer cuál fue la praxis de Blas Infante y la corriente política que dirigió y lideró hasta su asesinato, he insistido mucho en recoger sus propias palabras y propuestas sobre los temas que aborda el libro. Frente a las interpretaciones que lo mutilan para convertirlo en un mero regionalista social-liberal, hago una lectura bien distinta, pero siempre respaldada por sus propios escritos.
¿Es posible hoy día en 2026 la creación de una unidad popular que recoja esas sensibilidades soberanistas? Y, aunque en Haize Gorriak no somos muy amigos de las citas electorales de la burguesía, pronto habrá elecciones autónomas. ¿Nación Andaluza se presenta y qué esperáis de ello?
A tu primera pregunta he de responderte que, por ahora, parece muy difícil. Desde Nación Andaluza intentamos recientemente construir esa unidad con las Juntas por la Soberanía de Andalucía, pero está siendo un proceso complicado. En ese soberanismo (sea la que sea la definición que responda a esta categoría) han calado muy hondo el oportunismo, el electoralismo y todos los vicios políticos implantados por la política burguesa. En todo caso, desde Nación Andaluza consideramos que es nuestra obligación seguir trabajando en esta labor.
En cuanto a estas elecciones, estamos organizando nuestra presencia en los comicios del 17M, con la convicción de que la Andalucía que queremos no la conseguiremos en un Parlamento andaluz como el actual, creado por el Estado español y rehén de su Constitución y de la oligarquía. Para nosotras estas elecciones son una oportunidad de extender la organización popular y avanzar hacia una Revolución Andaluza que cambie de verdad las condiciones de existencia del Pueblo Trabajador Andaluz.







