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17/12/2007 :: Carlos Presente

Carlos Palomino, lucha popular antifascista y desobediencia organizada

x Mariano Pujadas - La Haine
Este texto pretende recoger los elementos principales, informativos y de análisis, de ese Noviembre Antifascista 2007 en que nuestro compañero Carlos fue asesinado por el fascismo. [Descargar artículo completo]

12.30: Ha habido dos apuñalamientos en el metro de Legazpi: un nazi ha agredido a dos antifascistas con un cuchillo de caza. A continuación casi 300 antifascistas han acudido al barrio de Usera, donde tenía lugar una manifestación del partido fascista Democracia Nacional, al grito de "Ninguna agresión sin respuesta". (...) De los dos antifascistas apuñalados, según el Samur, uno se esta recuperando y el otro en estado muy grave, corren rumores de que está a punto de morir.
[Cobertura en directo de La Haine]

3 horas después se confirmaba la muerte de Carlos Javier Palomino Muñoz, joven vallecano de 16 años. 11 de noviembre de 2007.

Los hechos

En una acción que pretendía enterrar bajo tierra las malas costumbres que rondan en Madrid de abusar de Internet para desarrollar la lucha política, a través exclusivamente del móvil y del boca a boca unos 250 activistas antifascistas se dieron cita a las 10 de la mañana junto al metro de Legazpi. La intención era acudir al vecino distrito de Usera, donde a las 12 del mediodía tendría lugar una manifestación xenófoba convocada por el partido fascista Democracia Nacional, bajo el lema “contra el racismo antiespañol, contra la inmigración”. La protesta antifascista sería no-violenta, los jóvenes portaban exclusivamente silbatos y petardos para hacer ruido. La táctica a utilizar consistía en acceder la calle principal del recorrido de la manifestación fascista, el Paseo Marcelo Usera, y allí aguantar pacíficamente bloqueando la calle todo el tiempo posible, intentando evitar que la policía cargara. En las asambleas de preparación se insistió en el carácter pacífico de la acción porque el 20N estaba cerca y se querían evitar consecuencias represivas altas. Además era un tipo de acción que había que intentar consolidar y no sería posible si eso conllevaba detenidos y heridos cada vez que se pusiera en práctica. El objetivo político era claro: el bloqueo antirracista de la manifestación de Democracia Nacional. De hecho, si de camino al Paseo Marcelo Usera la policía preguntara a los antifascistas por sus intenciones, estos alegarían -en una pirueta legal que les hiciera ganar unos pocos minutos- que "somos manifestantes y vamos a participar en la manifestación de Democracia Nacional", lo único que en sentido contrario y con unos lemas totalmente opuestos.

El factor sorpresa funcionó. La discreción con que se había preparado la acción evitó que la policía interceptara a los antifascistas en el momento de partir. Todo apuntaba a que la acción sería exitosa. A las 11.45, recibido el aviso cómplice de que la vía estaba libre, los antifascistas se pusieron en marcha. El modo de llegar hasta Usera sería viajar en metro, desde Legazpi hasta Almendrales, sólo una estación de recorrido. Allí caminarían hasta el Paseo Marcelo Usera y empezaría el festival de ruido antirracista.

El bloque de activistas comenzó a ocupar el andén del metro, faltando 2 minutos para que llegara el tren. Un guardia de seguridad preguntaba a los que encabezaban el grupo por el billete, y estos le contestaban "lo sentimos, pero somos muchos y no tenemos tiempo". En seguida llegó el tren y estaban aún los últimos antifascistas terminando de acceder al andén.

Se abrieron las puertas y la multitud subió. Y entonces algo falló. Una escaramuza en el interior de un vagón precedió a los gritos confusos de "¡cuidado, hay nazis!", y algunas voces de pánico. Dos antifascistas salían del tren derramando sangre por el andén y de pronto a velocidad del rayo los vagones se vaciaban. Uno de los antifascistas se desplomaba en el suelo inconsciente. Blanco. Tieso. El otro era ayudado por compañerxs para salir a la calle.

Dentro del tren, con los vagones interconectados, caminaba nervioso de un lado a otro un neonazi, portando en la mano un cuchillo de caza y mostrándolo amenazante a la multitud. Los antifascistas trataban de reducirlo pero con pitos y petardos sonoros era imposible. Finalmente, el asesino se vio acorralado y optó por salir corriendo hacia la salida blandiendo su cuchillo al aire salvajemente para evitar ser interceptado. Pero varios antifascistas corrieron tras él hasta que pudieron cogerle fuera. (2)

En el andén reinaba la confusión y los gritos de dolor se sucedían. Nadie entendía nada. El bloqueo antirracista se estaba yendo al garete y encima al menos dos compañeros habían sido acuchillados de mala manera por un neonazi. Una ambulancia del Samur llegaba a la boca del metro a los pocos minutos pero solo un compañero, Alex, estaba en la calle. El otro, Carlos, aún estaba en el andén y los miembros del Samur se demoraban en entrar a por él, alegando inseguridad y “falta de garantías” de que la situación se hubiera normalizado. Compañeros antifascistas cogieron una camilla y fueron a toda prisa en busca de Carlos. Le colocaron encima y le subieron hasta la boca del metro. Alex, con notables dificultades para respirar, balbuceaba "atendedlo a él primero que está peor, atendedlo a él primero".

Los rostros de los antifascistas se desencajaban de impotencia y rabia. Eran las 12.15 y poco a poco se empezaban a escuchar gritos que animaban, ahora más que nunca, a acudir a Usera.

El Samur, con el apoyo de varixs compañerxs antifascistas, se quedaba atendiendo a Carlos y Alex. Mientras tanto, 200 antifascistas se decidían a continuar la acción, ahora con estruendosos gritos de "ni una agresión sin respuesta" y "los ricos señalan, los nazis apuñalan".

Recorrieron el puente que une Legazpi y la glorieta de Cádiz, y en pocos minutos se plantaron en el Paseo Marcelo Usera. Ya estaban en el recorrido de la manifestación de Democracia Nacional. La furia invadía las mentes y los cuerpos de lxs antifascistas, que avanzaban cual manada de elefantes con la determinación absoluta de obstruir la marcha xenófoba.

Pronto llegaron furgones antidisturbios y sin mediar palabra cargaron salvajemente contra los antifascistas, que se defendieron manteniéndose siempre en grupo por las calles aledañas. El compañero Torres era golpeado por la culata de un policía quedando herido grave en el suelo, negándole la policía la asistencia médica hasta que toda la manifestación fascista hubiera podido pasar delante de él ridiculizando sus heridas. Así mismo, dos antifascistas eran detenidos cuando acudían a socorrerle. Sin embargo, un mando antidisturbios obligaba a Democracia Nacional a disolver su manifestación ante la imposibilidad de garantizar su seguridad.

Aproximadamente una hora después se conocía que el bloqueo antirracista había sido consumado con éxito, pero el costo humano se advertía absolutamente alto.

Eran muchísimas las preguntas que recorrían la cabeza de los antifascistas: ¿Por qué tuvo que aparecer un nazi armado justo en ese tren? ¿Cómo pudo en tan pocos segundos asestar puñaladas asesinas tan precisas? ¿Sería quizá un policía? ¿un militar?

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