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Pensamiento :: 02/01/2006

Colombia: Comentarios sobre la transformación social como desarrollo de las fuerzas productivas

M. Federico Hernández
"El reto del pueblo Colombiano es uno solo, derrotar UNIDO al estado Colombiano". Hay que repetir que ningún Estado, cualquiera que sea, existe para subvertir las relaciones económicas que él representa. Lo contrario supone naturalmente su extinción.

Dicho de otra manera, toda su ordenación socio-jurídica no puede ser otra cosa que expresión de las relaciones materiales que median entre sus integrantes. Trastocar las relaciones materiales implica alterar el orden social, primer y mayor peligro para cualquier democracia liberal. Es el caso de la situación Colombiana: la causa histórica del conflicto no obedece fundamentalmente a su sistema político, sí en cambio a las relaciones económicas inherentes al estado, las cuales determinan al primero y éste a su vez sirve a los intereses de las segundas.

La propiedad de la tierra por ejemplo, constituyó la base material del Feudalismo. La segregación de los individuos en dicha sociedad correspondía al grado de dependencia relativa a la producción agrícola. La propiedad se constituía en el divisor social "natural". Las guerras entre reinos, el forjamiento o disolución de alianzas, las intrigas para derrocar monarcas, la acción de los ejércitos, el tipo de producción agrícola, la tributación, la renta de los medios de producción, etc. La tierra era causa y a la vez efecto de todo el proceso productivo, un proceso social interdependiente que coapta sin embargo el dominio de una clase sobre otra.

Habiendo sido la producción agrícola la base del feudo, el noble adquiere su riqueza de actividades económicas que otros hombres realizan. De manera que el trabajo campesino y artesanal sufraga los tributos. Tal transformación y explotación de la naturaleza, se lleva a cabo en su forma más primitiva, más penosa, pero por sobretodo la menos productiva, porque el fruto de dicha transformación no reincide sobre el medio material y ésta por lo tanto no produce ningún bienestar social duradero. La producción agrícola medieval conserva por lo tanto su naturaleza más rudimentaria, sin medios para hacerla más eficiente, bien por el empleo de la técnica o por el de un mayor número de mano de obra.
La existencia alienada del siervo queda determinada por la forma y medios de producción particular de que dispone, o en su caso, de los que ciertamente no dispone. De manera análoga, la existencia alienada del noble queda determinada por la forma y medios de producción que efectivamente él dispone. Objetivamente los intereses que representan cada uno son antagónicos y generan una escisión en la formación social, tensión que se materializa en órdenes jerárquicas o clases sociales.

El desarrollo del burgo, corresponde a una incipiente y progresiva acumulación de riqueza de las clases productivas. Este incremento llevado a cabo por campesinos y artesanos, obedeció a su vez a un progreso en sus inicios cuantitativo, después cualitativo, de las técnicas agrícolas: el aumento en la construcción de molinos hidráulicos, sustitución de la madera por hierro como material para la fabricación de piezas usadas en la agricultura, acequias para el riego, arado con rueda, avances en la sujeción de animales de tiro e igualmente técnicas más avanzadas para su crianza, favorecieron notablemente la productividad del trabajo agrícola. El ahorro en tiempo permitió desarrollar actividades mas productivas. Mayor productividad significó una producción mas elaborada, una transformación más compleja de la materia que conduce a un nivel técnico superior. El valor de cambio de los productos se hace mayor. La capacidad de intercambio aumenta y el comercio experimenta un salto cualitativo. Consecuencia directa de lo anterior fue la introducción temprana del taller, como lugar de concentración de mano de obra e instrumentos de producción. También se operó una mayor especialización de los trabajadores en variados sectores; fue el caso de la metalurgia, los talleres artesanales, la producción de bebidas y lácteos, etc.

El comercio como actividad social de cualquier agrupación humana expresa de manera sintética la organización y el estadio de sus fuerzas productivas. A su vez, estas fuerzas como se mencionó anteriormente, determinan la estructura socio-jurídica de cualquier colectividad. El comercio medieval correspondió al desenvolvimiento de las estructuras productivas feudales. De igual manera, el comercio mundial actual corresponde al desenvolvimiento de sus centros productivos más adelantados. Entre uno y otro se operó una transformación incesante en la organización social del trabajo, generando niveles superiores de desarrollo material.
Europa transita por el mercantilismo como etapa preliminar al capitalismo, previa colonización de América, África y el inicio de la del sudeste Asiático. Las posibilidades absolutas para el comercio Europeo, junto al esclavismo y la consecución ilimitadas de materias primas producen el fenómeno económico más importante para su futuro desarrollo: la acumulación de riquezas. Ésta hará posible la creación del complejo industrial a partir de finales del siglo XVIII.


La burguesía mantuvo un papel revolucionario como clase social. En un celebrado pasaje del Manifiesto Comunista, Marx comenta sobre su necesidad histórica: "La burguesía no puede existir sino a condición de revolucionar incesantemente los instrumentos de producción y, por ende, las relaciones de producción y, por consiguiente, todas las relaciones sociales. La burguesía, a lo largo de su dominio de clase, que cuenta apenas con un siglo de existencia, ha creado fuerzas productivas más abundantes y más grandiosas que todas las generaciones pasadas juntas. El sometimiento de las fuerzas de la naturaleza, el empleo de las máquinas, la aplicación de la química a la industria y a la agricultura, la navegación a vapor, el ferrocarril, el telégrafo eléctrico, la asimilación para el cultivo de continentes enteros, la apertura de los ríos de navegación, poblaciones enteras surgiendo por encanto, como si salieran de la tierra. ¿Cuál de los siglos pasados pudo sospechar siquiera que semejantes fuerzas productivas dormitasen en el seno del trabajo social?"

La segunda y tercera revolución industrial revelarían aún más el avance técnico y corresponden al desarrollo de Estados Unidos y Japón durante el siglo XX: El motor eléctrico y el de combustión interna dieron pie al automóvil y al avión; la industria química a un nivel cualitativo superior, desarrolló la industria petrolera y sus derivados, y ésta la de los plásticos y demás materiales sintéticos; la aplicación de la mecánica cuántica creó la industria electrónica, dando finalmente lugar a la computación de consumo.
En su libro: "Karl Marx", Isaiah Berlin comenta a continuación: "Pero el capitalista habrá desempeñado su papel y entonces será reemplazado. Lo destruirán sus propias características esenciales de acumulador...la centralización es un proceso directo de racionalización, de la acrecentada eficiencia en la producción y el transporte, asegurada por la mancomunidad de recursos...los trabajadores, antes dispersos en muchas empresas pequeñas, y reforzadas sus filas por el continuo flujo de los hijos e hijas de pequeños comerciantes manufactureros arruinados, se ven automáticamente unidos en un único ejército proletario, siempre creciente, por los mismos procesos de integración en el trabajo que se verifican entre sus patronos. Su poderío como organismo político y económico, cada vez mas consciente de su papel y recursos históricos va aumentando consecuentemente."
El edificio de las estructuras sociales es la manifestación de las relaciones productivas entre clases. De tal manera que la consolidación de un Estado compuesto de propietarios y arrendatarios es la consolidación del dominio de una clase social sobre otra.

Entre los logros más importantes del Marxismo, se encuentra su análisis sobre la naturaleza de las relaciones de producción; en particular las que existen entre capitalista y trabajador. Concluye Marx, que algunos desequilibrios propios del capitalismo como: la alienación del proletariado (que conlleva a su pauperización material y espiritual, no sólo relativa en cuanto que el trabajador como tal se hace cada vez más miserable con respecto a su patrono, sino él mismo -el trabajador- pierde su dignidad y razón de ser), la cosificación de los hombres y la humanización de las cosas, la concentración monopólica de los grandes procesos productivos, la cacareada competencia reducida a mera lucha comercial, no son apenas los escollos marginales y fácilmente excusables de este sistema económico. La generación de la riqueza no es cuestión exclusiva del estado final del proceso productivo, es decir el producto mismo, sino también y en gran medida del proceso mismo. Es por ello que la generación de riqueza en el sistema de capitales implica inevitablemente plusvalía, que no es otra cosa que trabajo no pagado al obrero.


Comentarios finales

Lo preocupante en la actualidad sería comprobar que hemos terminado abrazados con la realidad sugerida de los medios de comunicación y la política previsible; ambas acorde a las tesis de Fukuyama sobre el final de la historia y al nuevo orden neofascista que se sucedió a la caída del muro de Berlín.
La promesa de un mercado global libre y un Estado reducido a sus funciones más modestas, nos decían, era el secreto para el desarrollo de las naciones. Para acto seguido, archivar en el álbum de la historia la aspiración a construir un Estado social de bienestar. La política como auténtica expresión social y su eterno ejercicio por reivindicar las aspiraciones de las clases más necesitadas, nos la presentaban como una labor fútil e ineficiente.
No obstante, la lógica del proceso privatizador de los estados, difundía la falsa idea de un capital social. El capitalismo velando por los intereses de la sociedad. El lobo vestido de caperucita alegaba sus derechos. Puesta en estos términos, la susodicha "modernización" que experimentó Latinoamérica a comienzos de los 90"s, no fue otra cosa que una lista de enunciados del neoliberalismo del Norte, apenas disimulados en reformas políticas. La utopía había dado un brusco salto de 180 grados. Fidel Castro lo sintetizó con gran sarcasmo: "Estos no son tiempos de revoluciones". Sobraba decir que de lo que se trataba era hacer precisamente lo contrario.

Europa actualmente no aporta nada interesante, pues la contrarrevolución también se opera al interior de su sociedad. Permitamos oír la voz de un europeo: "Pese al militarismo creciente de nuestra sociedad convendría recordar a quienes tienen la desfachatez de denominarse "liberales" o "herederos de la tradición liberal" que, antes que nada, los estados son espacios donde se respetan los derechos de ciudadanía y no fortalezas medievales. Así fue, al menos teóricamente, desde la Revolución Francesa. Una persona tenía ciertos derechos por encontrarse en un territorio donde estos eran contemplados y respetados de manera igualitaria y bajo un criterio de universalidad. Lo contrario corresponde al pensamiento reaccionario, el "ancien regimen", donde el señor de un territorio, propietario de un castillo, decidía quien podía vivir allí y bajo qué arbitrarias normas". Otro más añade: "Los defensores del sistema capitalista no consideran a los pobladores de un territorio como individuos portadores de derechos ciudadanos. No hay ciudadanía en el libre mercado, ¿qué derechos habría entonces que respetarles a los inmigrantes si no tienen ni dónde caerse muertos?"

A Colombia no le hace gracia repetir presidente fascista y neoliberal. Sólo cabe decir que un "poder político" basado en motosierras y masacres no es poder político, es puro terror, terror político. "La libertad es, en síntesis, un acto que se compromete. NO ES UN SENTIMIENTO, NI UNA IDEA, NI UNA PASION. Es un acto vertido en el mundo de la Historia. Es, en esencia, la negación del individualismo".

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