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Pensamiento :: 07/03/2008

Comunicado de Corriente Roja acerca del asesinato en Ecuador por parte del gobierno colombiano de 21 guerrilleros de las FARC, entre ellos de Raúl Reyes

Corriente Roja

El bombardeo llevado a cabo por el ejército colombiano, guiado y asesorado por EE.UU. que asesinó a 21 guerrilleros de las FARC, entre los que se encontraba el comandante Raúl Reyes y el cantautor Julián Conrado, en la madrugada del sábado día 29 de febrero es un acto de terrorismo de Estado y una violación flagrante del derecho internacional.
Es evidente que lo que el gobierno del ex paramilitar y narcotraficante Uribe ha pretendido con esta brutal matanza ha sido cambiar el rumbo iniciado por las FARC de proceder a la liberación unilateral de algunos retenidos políticos y prisioneros de guerra militares – respondiendo al llamamiento de la sociedad colombiana – abriendo la vía para un nuevo espacio de intercambio humanitario y dando un primer paso hacia un escenario de diálogo.
El apoyo decidido a todo este proceso de Venezuela y de otros países del continente, y el clamor del pueblo colombiano, parecía estar ganando el pulso de la apuesta militarista del gobierno Uribe, solidamente apoyado por EE.UU e Israel.
El asesinato de Raúl Reyes, máximo responsable para las relaciones internacionales en todo lo relativo al canje de retenidos políticos y prisioneros de guerra, de hecho se hallaba negociando con Francia las condiciones de liberación de Ingrid Betancourt, es especialmente simbólico. De la importancia política de su persona da cuenta el nauseabundo y macabro brindis de los matones tras el secuestro de su cadáver, que inevitablemente recuerda el organizado por Barrientos en Bolivia tras el asesinato del Che. Como él, lejos de desaparecer, Raúl Reyes junto a sus compañeros y compañeras caídos, han ingresado con todos los honores al lugar de los héroes de los pueblos de América Latina y de todo el mundo.
Las características concretas de la masacre obligan a considerarla como el primer paso de una escalada de tensión en la región, en un previsible escenario de guerra. Una guerra que se viene buscando desde la aprobación por el Congreso de los EE.UU del Plan Colombia en 2000 – adoptando en discurso anti narcotráfico - y su continuidad, el Plan Patriota – aplicando el discurso antiterrorista - en 2003, y en la que se han invertido ya más de 4.200 millones de dólares con el propósito claro de “andinizar” la guerra e involucrar a Ecuador y Venezuela.
No es la primera vez que Colombia utiliza la provocación hacia Ecuador, especialmente después de que este país anunciase que no va a renovar a EE.UU. el uso de la base de Manta para la supuesta lucha contra el narcotráfico. Ya lo hizo antes utilizando el glisfosato en fumigaciones aéreas que causaron 5 muertos entre campesinos ecuatorianos. El caso fue denunciado internacionalmente por Ecuador en 2007.
Esta nueva y grave agresión a Ecuador, violando su integridad territorial por tierra y aire – bombardeando masivamente con los poderosos aviones Tucán y penetrando después por tierra para secuestrar el cadáver de Raúl Reyes - que se suma a la que tuvo lugar en Caracas para secuestrar al comandante Rodrigo Granda, ha encendido las alarmas en todos los países latinoamericanos cuyos pueblos de una forma u otra se enfrentan al imperialismo, ante el anuncio de una escalada bélica en la región.
Aunque el sicario ejecutor de la matanza haya sido Uribe, queda meridianamente claro que Colombia, segundo país del mundo receptor de ayuda militar USA, inmediatamente detrás de Israel, es sólo el brazo de un imperialismo en decadencia, que tras enfangarse en múltiples guerras sin salida en Oriente Medio, podría haber decidido apropiarse directamente del petróleo y el gas de Venezuela, Ecuador y Bolivia, así como del agua y la biodiversidad de la Amazonía.
Ante esta situación, Corriente Roja:
• Traslada alas FARC su más sincero pesar y toda su solidaridad por el vil asesinato de los compañeros y compañeras caídos.
• Reclama el reconocimiento internacional del status de fuerza beligerante para las FARC y el ELN.
• Manifiesta que la estrategia imperialista de guerra de EE.UU. en América Latina, como se está demostrando en Iraq, Afganistán, Palestina y Líbano, si bien arrasan las vidas de cientos de miles de personas jamás destruirán la voluntad de resistencia de los pueblos que luchan por su soberanía y que además, encarnan la esperanza más sólida de un futuro mejor para la humanidad.
• Denuncia la complicidad del gobierno español y de la Unión Europea con el gobierno colombiano de Uribe, con el que muchas multinacionales españolas hacen buenos negocios.
• Apoya decididamente las movilizaciones que en América Latina y en otros lugares del mundo, entre ellos numerosas ciudades del Estado español, se celebrarán el próximo jueves día 6 de marzo, contra el paramilitarismo y el terrorismo de Estado en Colombia, silenciado por el gobierno español y los grandes medios de comunicación.

5 de marzo de 2008

 

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