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17/05/2020 :: Pensamiento

Contra la LGTBIfobia

x Jesús Generelo
Los motivos de tanto odio, de tanta irracionalidad, son complejos. Las consecuencias, demoledoras

La LGTBIfobia, el odio a las personas que aman diferente, que sienten su género de manera diferente, que tienen características sexuales diferentes a las de la mayoría estadística, es una pandemia mundial. Está enraizada en todos los continentes y en la mayor parte de las culturas. A las minorías sexuales se nos acusa prácticamente de todo: causar la caída de imperios, acabar con las familias, deshonrar a los dioses, ser peligros sociales, corromper a menores… Los motivos de tanto odio, de tanta irracionalidad, son complejos. Las consecuencias, demoledoras. Veamos solo unos cuantos ejemplos.

3500 asesinatos de personas LGTBI en América Latina y Caribe solo en los últimos 5 años y más de 300 personas trans asesinadas cada año en el mundo. 3.400 en los últimos 10 años. Teniendo en cuenta que hablamos de un sector muy minoritario, se trata de cifras cercanas a un genocidio.

Más de 70 países penalizan jurídicamente las relaciones entre personas del mismo sexo. 11 les reservan la pena de muerte. La persecución social y la violencia física es común en muchos otros países que cuentan con cierta protección legal.

La situación en Europa es mejor, qué duda cabe, pero una reciente encuesta realizada por la Agencia de Derechos Fundamentales de la UE (FRA), que ha preguntado a 140.000 personas LGTBI de la UE y algunos países de su entorno nos aporta también muchos datos para la reflexión:

El 42% de los europeos LGTBI se han sentido discriminados el último año. Y eso que el armario sigue siendo la estrategia básica de protección: solo uno de cada dos europeos LGTBI está fuera de él en la mayor parte de sus entornos. Sin duda esa visibilidad es la que hace que para la población trans e intersexual los datos empeoren: un 63% ha sufrido discriminación.

Otra conclusión terrorífica del informe es que “los centros educativos están todavía lejos de ser un lugar seguro para los estudiantes LGTBI”. Es decir, no tenemos ninguna garantía de que nuestros hijos, si son percibidos como diferentes en cuanto a su orientación sexual, su identidad o expresión de género o sus características sexuales, van a estar y a sentirse protegidos. Desolador.

Otro informe recién presentado, esta vez de ILGA Europa, muestra que un tercio de la población trans europea ha experimentado algún nivel de sinhogarismo. Y que la media de países de Europa solo garantiza el 38% de derechos a las personas LGTBI.

En España estamos de enhorabuena, porque llegamos al 67%. Queda un 33% por hacer. Y eso incluye que el 41% de la población LGTBI no sienta ningún tipo de acoso o discriminación cada año. Que el 8% deje de ser agredida física o sexualmente. Que ese 23% que jamás se muestra como lo que es, especialmente ante su familia, pueda hacerlo. O que el 50% evite dar la mano a su pareja en público por miedo a las consecuencias.

Es decir, la LGTBIfobia está extendida por todo el mundo, y no es exclusiva o está más encarnizada en lugares remotos. En la propia Europa, en Rusia y algunos países de su órbita, tenemos leyes que prohíben la libertad de expresión si con ella se habla positivamente de la diversidad sexo-genérica. En Polonia, 5 regiones se han declarado “zona libre de personas LGBT”. ¡En Polonia! Donde no hace tanto había “zonas libres de judíos”.

No todos los datos son negativos, pero hoy es 17 de Mayo, el día en el que toca recordar el inmenso sufrimiento que el odio, el mero odio LGTBIfóbico, provoca en millones de personas en todo el mundo. Toca recordarlo porque no debemos olvidar que detrás de todos estas cifras, de todos estos datos, hay personas. Personas que sufren dolor y soledad a causa de la invisibilidad, la incomprensión, la humillación y la violencia. Estas cifras son seres humanos como la mujer trans que fue insultada y degradada en plena calle por un policía local mientras su compañero de patrulla grababa en vídeo la escena. Gracias a la denuncia y presión social, a que esta sociedad ya no tolera el odio por motivos de identidad de género, orientación o características sexuales el vídeo de esta agresión dio la vuelta al país y los policías han sido puestos a disposición judicial. Que este caso nos marque el camino y sirva de ejemplo de que ya no hay sitio para la violencia LGTBIfóbica en nuestro país, y mucho menos tendrá cabida en los órganos que representan al Estado.

Toca sacar conclusiones y tomar impulso para lograr que todos los días del año sean un 17M, toca recordar que la empatía y la comprensión nos harán grandes de manera individual y como sociedad. En palabras de Audre Lorde: “no son nuestras diferencias las que nos dividen, sino la incapacidad para aceptar y celebrar esas diferencias”.

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