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Andalucía :: 22/06/2006

Cronica de un desalojo anunciado

La Haine - Sevilla
Hoy la Liga de Inquilinos se ha concentrado ante el desalojo del local de un profesional de las artes graficas en una vieja casa de vecinos en el sevillano barrio de San Bernardo, el pasado lunes fue una mujer la desalojada de una vivienda de Triana, mañana quién sabe a quien le tocara.

Puntuales como un reloj se han presentado los funcionarios del juzgado, el representante del juez, un bedel, un cerrajero y un representante de la propiedad. Puntuales hemos sido también nosotros, menos de los que deberíamos, concentrándonos en la puerta del local desahuciado. Unas quince personas han ido a apoyar a Antonio en este mal trago, casi en su totalidad vecinos de San Bernardo y miembros de la Liga de Inquilinos.

El funcionario que ha efectuado el desalojo más bien parecía un pitbull. Después de golpear la puerta Antonio les ha dado acceso con una llave al edificio, ocupado por un único inquilino ahora que le desalojan. Con gran desprecio y chulería han impedido la entrada al edificio a los que queríamos apoyar a Antonio, lo único que parecía salir de la boca del señor pitbull, entre bilis y espuma, era "¡Todo el mundo fuera de aquí!", seguido de un: "¡ahora mismo llamo a la policía!", cada vez que alguien intentaba entrar al edificio o abrir la puerta para que los fotógrafos de la prensa pudieran hacer fotos. Ante mi estupor el representante de la propiedad, un niñato pijo de derecho, ha llegado a empujar la puerta para impedir la entrada de gente, y el funcionario, incluso se ha atrevido a amenazar con que una vez efectuado el desalojo era ilegal que nos concentráramos en la puerta.

El cerrajero ha tardado unos diez minutos en derribar la puerta. Mientras lo ha hecho caían los pedazos de muro de un edificio que hace nueve años que compró una inmobiliaria, y en el que desde entonces no se ha invertido un solo duro en reformas con la esperanza de que se caiga pronto en pedazos y puedan hacer nuevas viviendas para nuevos vecinos acaudalados, gente como el juez que firmo la orden de desahucio. Ante la complacencia del funcionario se han realizado fuertes desperfectos en los tabiques de un edificio en el que, como contaba, todavía vive otra inquilina en situación legal. El hombre de la propiedad, sin ningún pudor, afirmó que estaba todo previsto y que llamarían a un albañil. Sería el primero en pisar la casa en décadas por cuenta de la propiedad.

El cerrajero fue el único que mostró alguna vergüenza, y visiblemente apurado estableció conversación conmigo, intentando hacerme ver que a él no le gustaba lo que se estaba haciendo. "Estos casos son los menos" me decía, pues la mayoría de los desalojos que efectúa son de familias que no pueden pagar su hipoteca, unos cinco a la semana.

 

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