Democracia inorgánica

Y también se ha invitado a representantes de las víctimas de ETA, y de las del 11-M. Pero, curiosamente, se han olvidado de las víctimas de los GAL. Y tampoco han invitado a Unai Romano ni a Anika Gil, víctimas, como Lasa y Zabala y tantos otros, de los terroristas de uniforme. ¿Por qué no se han acordado de ellos? Por la misma razón que han indultado al tricorniado Galindo, el más abyecto terrorista convicto y confeso (no convictos ni confesos los hay aún peores) del Estado español, un torturador y asesino que se escudó en su uniforme para perpetrar los más repugnantes crímenes. Porque este Gobierno de talante y pandereta es heredero y deudor del más vil y desestructurante de todos los terrorismos: el terrorismo de Estado.
Ante la infamia de los GAL y la impunidad de sus máximos responsables, ante la complicidad de nuestros gobernantes (tanto de los unos como de los otros, si es que cabe hablar de unos y otros), ante las torturas sistemáticas en cárceles, comisarías y cuartelillos, el mero hecho de hablar de democracia es una necedad o una impostura. Franco tuvo la desvergüenza de llamar "democracia orgánica" a su sangrienta dictadura (la hipocresía es el tributo que el vicio rinde a la virtud, nos recordaba hace poco José Luis Sampedro citando a La Rochefoucauld); sus herederos directos y quienes pactaron con ellos la mascarada de la "transición", se han limitado a quitarle el adjetivo.
Ahora tenemos una democracia inorgánica, mineral, puramente estatuaria, iconográfica. Y ni siquiera eso: la estatua ecuestre del dictador sigue presidiendo, desde su estratégico enclave en los Nuevos Ministerios, la política nacional; su bandera (que otro enano agigantó esperpénticamente) sigue ondeando en todos los mástiles, y el rey que designó a dedo sigue reinando y honrando su memoria, con el beneplácito de todos los "demócratas". Y el concepto mismo de "hispanidad’ que anima las grotescas celebraciones del 12 de octubre es franquismo puro y duro; no es extraño que en el desfile hubiera grupos de "espontáneos" repartiendo banderitas bicolores y octavillas con el Artículo 2 de la Constitución, el que proclama la indisoluble unidad de la "nación española". Sin embargo, nadie repartió el Artículo 15, el que dice que "todos tienen derecho a la vida y a la integridad física y moral, sin que, en ningún caso, puedan ser sometidos a tortura ni a penas o tratos inhumanos o degradantes"; otra muestra de exquisito talante: no era cosa de aguarles la fiesta a los numerosos amigos de Galindo allí presentes.
Desde los principales medios de comunicación se ataca sistemáticamente a Cuba y a Venezuela (los grandes bastiones del cambio, que, junto con otras rebeldías latinoamericanas, han elevado el castellano a la dignidad de lengua de la revolución, como señalaba hace poco un conocido politólogo francés), se criminaliza la lucha del pueblo vasco por su derecho a la autodeterminación, se apoya un proyecto de Constitución Europea a la medida de los explotadores y de sus guerras, se habla sin cesar de "terrorismo islámico", cuando no hay mayor ni más vil terrorismo que el judeocristiano, el de los tecnobárbaros -como los llama Sampedro-- y sus abyectas cruzadas de expolio y exterminio... Franco estaría orgulloso de sus herederos. De los de uno y otro bando.
Decía Einstein, poco sospechoso de radicalismo, que quienes disfrutan en un desfile militar solo por error han recibido un cerebro: con médula espinal habrían tenido bastante. La "democracia" euroestadounidense es un continuo desfile militar coreado por millones de descerebrados.
Contra el imperio







