El nuevo orden educativo mundial

Pocos han sido, sin embargo, los que han destacado la contradicción fundamental a la que se encuentra enfrentado un mundo educativo que, basado históricamente en un modelo cultural humanista cuyo principio esencial era la función intelectualmente emancipadora de la escuela, asiste inerme ahora a la instauración de lo que el "Institut de Recherches de la FSU" llama «el nuevo orden educativo mundial», cuyas principales consignas son justa- mente lo opuesto a esos valores de justicia, diálogo, solidaridad, intercambio y tolerancia que toda escuela supuestamente debería integrar, pero que el nuevo modelo convierte en obsoletos y nada «prácticos».
De la OCDE a la Comisión Europea, de la OMC al Banco Mundial, del Gobierno autonómico vasco al Gobierno de Madrid, de la gran patronal europea (ERT) a las patronales «de aquí»... desde todas las instancias proponen (e imponen) idénticas políticas educativas, idéntica concepción utilitarista de la educación como fabricadora de «capital humano» (de mano de obra), y recurren a los mismos conceptos neoliberales: formación continua, rentabilidad de las inversiones, mercado educativo, descentralización escolar, reorganización empresarial, gestión de la calidad, sociedad del conocimiento, nuevas tecnologías de efectos milagrosos, formación de recursos humanos, reducción de costes, evaluación, adaptación al mundo del trabajo, movilidad, flexibilidad...
Conceptos sacralizados e intocables, que se presentan a modo de biblia liberal como imprescindibles para la adaptación a la nueva situación económica y social. Conceptos que funcionan como un rodillo que va apisonando las realidades sociales e individuales, y legalizan la instauración de un sistema educativo que responde estrictamente a la política de ajuste al libre mercado mundial, en su ilimi- tada búsqueda de eficacia y competitividad. Se trata de formar no ya ciudadanos integrales, críticos, integrados y solidarios, sino una especie de homo economi- cus, adaptado y adaptable a las estrategias de las grandes multinacionales y a las reglas del libre comercio y su ideología subyacente. Se trata de invertir en «capital humano», es decir, en individuos futuros poseedores de un stock de conocimientos y capacitaciones que aumenten la productividad y la eficacia, y resulten «rentables» con respecto a la «inversión» realizada.
La educación es percibida como un bien privado, individual, convertible en mercancía, cuyo principal beneficio es de naturaleza eco- nómica, y cuya esencia viene determinada por la mercantilización neoliberal del mundo, los imperativos de la competitividad y las consecuentes políticas de empleo. Todo ello conduce inexorablemente a unas cre- cientes desigualdades escolares y de renta, a una mayor fragmentación social, y a la constitución de una élite dedicada a la adquisición privada de «recursos», en perjuicio de un desarrollo social más justo, igualitario y equitativo.
Que nadie se llame a engaño. Por mucho que nos vendan modelos educativos autonómicos o estatales propios, las diferencias entre unos y otros son de matiz. Existe una similitud básica total entre las reformas de la enseñanza planteadas en cada país (o autonomía) y las grandes orientaciones liberales que traspasan claramente las fronteras nacionales o estatales, y son «propuestas» en los grandes foros mundiales por las élites económicas, las grandes empresas de comunicación, los dirigentes de las grandes organizaciones económicas internacionales y los go- biernos occidentales. En la UE, es la Comisión Europea la que, tras reconocer la educación y la formación como campo prioritario y esencial de su estrategia económica, y siguiendo las directrices de la gran patronal, ha ido estableciendo, en sucesivas cumbres, los objetivos principales por los que se deben regir todos los sistemas educativos de la Unión, que incluyen metas de un estrecho utilitarismo y un dudoso valor educativo como son el desarrollo del espíritu empresarial, el estrechamiento de lazos con el mundo del trabajo, el aumento de la movilidad y los intercambios o la reducción de los costes...
Ante esta nueva «filosofía» educativa neoliberal que nos están imponiendo, que no potencia sino el individualismo egoísta, la competitividad feroz, la desigualdad y la rivalidad más desestructurantes y la productividad más extrema, se hace cada vez más urgente un debate en torno al tema entre enseñantes, sindicalistas, padres, estudiantes, intelectuales, etc...
En defensa de «una educación democrática para un mundo solidario y una educación solidaria para un mundo democrático», como tan hermosamente expresa el texto redactado tras el Foro mundial de la educación de 2001.
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