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Pensamiento :: 12/09/2005

El capitalismo frente al espejo

Alizia Stürtze - La Haine
En Euskal Herria, los que forman el amplísimo colectivo de la izquierda abertzale (o sea, los 150.000 ilegalizados y perseguidos) saben por experiencia lo que es la censura/manipulación/deformación estudiada y permanente de la información.

Ninguna noticia con ellos relacionada pasa sin filtro, y el conjunto imagen/palabra que los medios emiten ante cualquier acontecimiento que les concierne (manifestaciones, declaraciones, votaciones, acusaciones, detenciones, torturas...) responde a una táctica a corto, pero también a una estrategia a medio/largo plazo, basada en tergiversar la realidad y en potenciar la interiorización social de que no son sino una panda de violentos descerebrados frente a los que cualquier forma de represión, por antidemocrática que pueda parecer, está plenamente justificada. En ese contexto, desde las diferentes cadenas (desde el poder estatal y autonómico) se potencia la exhibición de imágenes acompañadas de un discurso que las contradice, pero que el televidente va erróneamente asumiendo como real.

Así, por ejemplo, al informar sobre alguna de las numerosas manifestaciones pacíficas abortadas a sangre y fuego, tienen por costumbre mostrar imágenes de temibles beltzas encapuchados, entrenados y armados hasta los dientes, golpeando brutalmente a un manifestante indefenso, esposado en el suelo y cubierto de sangre, mientras el texto que acompaña habla increíblemente de la violencia desplegada por los "radicales". Estamos ante la generación consciente de un mundo virtual para que el "espectador" no vea (no viva, no interprete, no objetive) la realidad (lo que ve y lo que vive) tal cual es, sino tal como el sistema le dice que es, conforme a sus intereses, que pasan por demostrar que violento es sólo quien protesta contra un sistema injusto... y que lo mejor es ver el mundo con las gafas que ellos nos han elegido.

Pues bien. Si leemos/interpretamos desde esa misma perspectiva las noticias que, obviamente censuradas y planificadas, nos llegan sobre el terrible desastre ocurrido tras el huracán Katrina en los estados del golfo de México y especialmente en Nueva Orléans, convendremos en que las imágenes que nos muestran y el discurso que les acompaña puede tener bastante de manipulador e intencionado. Mientras nos hablan deposibles errores de Bush, de faltas de coordinación de las autoridades, de escasez de recursos debido a la guerra de Irak, o de que Nueva Orléans es una "ciudad sin ley" sometida a pandas de peligrosos delincuentes armados que roban y saquean... mientras nos cuentan todo eso y el mundo entero se asombra de que en el país más poderoso del mundo puedan ocurrir cosas tan "tercermundistas', el mensaje de fondo que nos están dirigiendo quizá tenga una motivación ideológica bien concreta.

Masas inertes e inermes de negros, latinos y blancos marginales a los que, no por casualidad, Barbara Bush califica de "indigentes"; afroamericanos imposibilitados por una gordura mórbida, elevados por grúas a camiones militares o a helicópteros; saqueadores no ya de comida, sino de televisores, joyas, ropas o armas; cuerpos militares armados hasta los dientes "peinando" barrios enteros y registrando a los supervivientes como si de peligrosos delincuentes se tratara... Imágenes y discursos que, a la postre, vienen a demonizar a los damnificados, mostrándolos racistamente como una panda de incapaces, de vagos y maleantes por los que no merece la pena gastar muchos recursos.

Imágenes a través de las que, quizá, la lección que se desprende es que el Estado, en la fase actual neoliberal del capitalismo, sólo debe de estar para defender (violentamente si es preciso) la propiedad y para poner los fondos públicos en manos del sector privado, y no para proteger a los sectores más vulnerables ni a la sociedad en su conjunto. Desde todos los rincones del planeta debemos comprender que, incluso en el propio primer mundo, en la nación más poderosa de la tierra, las reglas del juego imponen un individualismo a ultranza y una nueva psicología ciudadana que pasan por el más cruel determinismo darwinista. El ciudadano (a través del Estado) queda "liberado" de cualquier obligación moral vinculada al sentimiento de solidaridad colectiva. Dentro de este brutal individualismo del "sálvese quien pueda", cada uno es responsable único y exclusivo de su existencia y, como consecuencia, los desempleados, los excluidos, los pobres y los dependientes de ayudas sociales quedan estigmatizados, y, de víctimas del sistema, pasan a convertirse en culpables de su situación. Es lamentable, sí, que el Katrina haya causado tanta desolación y muerte; la Naturaleza es así de cruel... pero toda esa gente atrapada en la ciudad era gente incapaz, que se ha buscado su propia ruina. Lo único importante ahora es restablecer el orden y el imperio de la "justicia"; es decir, proteger la propiedad y defender el sistema imperante.

Hace un año escaso, cuando el huracán Ivan arrasó Cuba, el régimen socialista demostró tremenda capacidad y alta preparación para proteger a su población, evacuando a tiempo a un millón y medio de personas. Frente a esto, lo ocurrido en EEUU con el Katrina no resiste comparación, ni es fruto de la casualidad. Las muy diferentes consecuencias de los dos huracanes se convierten así en el claro exponente de dos sistemas: humanista, colectivo, autorregulado, solidario y ético el uno; individualista, amoral, egoísta, violento, cruel, bárbaro y caótico, el otro. No cabe duda de cuál de los dos es preferible para la gran mayoría de la población.

Los miles de cadáveres putrefactos flotando son la descarnada imagen del actual capitalismo neoliberal, reflejada en las hediondas aguas de Nueva Orléans. Imagen a través de la que subliminalmente nos quieren hacer tragar el anzuelo de que no hay otra salida que la que individualmente cada uno se busque. Es la ley de la selva. Ley de la selva que las "civilizadas" élites europeas (y nuestros queridos jeltzales y socialistas españoles) siguen empeñadas en copiar, de cara a maximizar el beneficio en manos de unos pocos (ser competitivos le llaman) y a despojarnos de nuestras conquistas sociales, fruto de siglos de luchas colectivas que humanizaron al mundo occidental.

A nosotros corresponde impedir que esa horrible imagen del espejo capitalista yanki quede también fijada en Euskal Herria, impidiendo que el individualismo consumista y demás "valores" insolidarios importados de EE.UU. sigan envenenando nuestro tejido social.

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