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08/10/2001 :: Pensamiento, Mundo

El Congrès Marx International III frente a los atentados del 11 de septiembre

x Georges Labica - La Haine
Intervención en la mesa redonda organizada por el Congrès Marx International III, que se realizó del 26 al 29 septiembre del 2001 en la Universidad de Paris X (Nanterre, Francia).

Creo que lo esencial ya ha sido dicho. Aquí en la tribuna y en la sala todos tenemos las mismas informaciones. Sabemos lo mismo. Por lo tanto, no hay gente que pueda decir: he aquí la verdad. Nosotros intercambiaremos opiniones. Lo que sale de las dos intervenciones precedentes es que, piénsese lo que se piense de los acontecimientos, estamos frente a consecuencias extremadamente graves tocantes al Tercer Mundo, naturalmente, y al mundo árabe de una manera particular, pero que también conciernen a las metrópolis.

No olvidemos que en Francia estamos bajo los efectos del golpe "Vigipirate", que se manifiesta en la caza selectiva de "gente sospechosa" por su forma de vestir o su rostro en la red de transporte público subterráneo, incluyendo el control y apertura de bolsos y carteras, etcétera. ¿Y quién va a pagar las consecuencias de todo eso? Serán los militantes antimundialización. Vamos a ver ahora medidas de control y de seguridad que están, naturalmente, bien pensadas para este período pre-electoral en Francia, cuando hay un aumento de la desocupación y de la recesión económica.

El punto que me interesa aquí y sobre el que quisiera decir algunas palabras es la manera cómo los políticos de Francia, tanto de derecha como de izquierda, y los medios de comunicación han condicionado a la opinión pública. La han condicionado para crear una verdadera psicosis y para que a través de ella, todo sea permitido. Entonces, les propongo estar atentos a las palabras utilizadas por la prensa y los políticos y que son recibidas por la opinión pública de manera, podríamos decir, neutra, porque son palabras fáciles, con las cuales se cree comprender todo enseguida.

Tomo la idea de "civiles inocentes", que han sido alcanzados por los aviones kamikazes. "Civiles"... de acuerdo. Pero quiero hacer notar que la insistencia en la palabra "civiles" cuando se habla de las torres de Manhattan hace a menos del hecho de que en los conflictos, sean éstos actos terroristas o acciones militares o de guerra son siempre civiles los que mueren. Si las guerras no concernieran más que a los militares, estaríamos en una situación extraordinaria. Sabemos, sobre todo desde Yugoslavia, que la guerra concierne a los civiles, y a los civiles solamente, ya que la táctica empleada es la de "cero muertos". En Yugoslavia nadie se preocupó por saber si se atacaban hospitales, escuelas, fábricas o, si se privaba de empleo a los yugoslavos... "inocentes"... Todo el mundo es inocente. Aun el pobre soldado que va a la guerra es inocente. Están estas viejas canciones nuestras que dicen así: "fue arrancado a su mamá, a su familia, lleva un fusil, pero es inocente...".

Considero que, por ser totalmente inocentes, también merecerían plegarias y una actitud piadosa como en los Estados Unidos, con minutos de silencio... los centenares de miles de inocentes muertos de Hiroshima y Nagasaki, de Rwanda, del Iraq... No quiero dejar pasar esto por alto: los atentados contra las torres gemelas y el Pentágono se produjeron el 11; el 13 de septiembre los aviones americanos y británicos bombardearon Bagdad conjuntamente. Me pregunto: ¿A quiénes bombardearon allí? ¡No a Sadam Hussein! Bombardearon a civiles inocentes.

Es necesario interrogarse cuando se dice: "atentado ciego". Cuando los "atentados" son terroristas, son siempre "ciegos". Pero he aquí que éstos no eran absolutamente ciegos, ya que golpearon los dos símbolos más altos del poder: el financiero y el militar. Eso no es ceguera.

Tomemos la palabra "pueblo". Se nos ha dicho: "solidaridad con el pueblo norteamericano". No voy a decir que no tiene que haber solidaridad. Por cierto que aprobamos toda la compasión y la solidaridad para con los civiles inocentes que son asesinados y entonces también para con los americanos. He sido informado, en particular a través de amigos que llegaron hace algunos días de los Estados Unidos y que estaban en Nueva York cuando se produjeron los atentados, que 300 de los empleados de servicios muertos en las dos torres eran aquellos con quienes Ken Loach hizo su película "Pan y rosas" (Bread and Roses). Allí había 300 personas de ese sindicato. No eran militares. Eran verdaderamente civiles e inocentes... y eran básicamente chicanos y negros. Son siempre los pueblos los que sufren los golpes. El pueblo americano tampoco gozó de ese privilegio particular.

Agregaría que, desgraciadamente, cualquiera sea el grado de compasión que se sienta, lo que el pueblo americano ha descubierto a través de los atentados es algo que no conocía. Ha descubierto que estaba en guerra. Es la primera vez en la historia que lo nota. Nosotros en la vieja Europa sabemos esto de memoria, sabemos que son los pueblos los que pagan el precio de las guerras, que son ellos también los considerados en estado de guerra. Yo, que era muy pequeño a finales de la Segunda Guerra Mundial, he visto las ciudades de Europa arrasadas. Era mucho más apocalíptico -aun si en el horror no se puede medir en grados-, que las torres de Manhattan. Entonces, ese pueblo se percató de que estaba en guerra. Pero no se lo habíamos dicho.

Hace 50 años que los Estados Unidos están en guerra, en guerra contra el mundo entero: en América Latina, Asia, África, Cercano Oriente, es decir, en todas partes. Se trata aquí, por fuera de las guerras abiertas y del terrorismo de Estado, de la actitud de los Estados Unidos en tanto que es una potencia sin competidor, como lo testimonia Brezenski, que es un "especialista". Después del derrumbe del muro de Berlín no hay más que una sola potencia. Todos los demás son satélites. Aun los otros imperialismos son vasallos del imperialismo principal. ¿Y qué hace el imperialismo principal? Estrangula al mundo. Y lo estrangula con las grandes instituciones, como la Organización Mundial del Comercio, el Banco Mundial, etcétera. Más aún, en discusiones internacionales esta gran democracia americana rehúsa ratificar los tratados internacionales, por ejemplo, los que conciernen al recalentamiento del planeta.

Los Estados Unidos nos aturden hoy día con el peligro de las armas bacteriológicas, pero no quisieron firmar el tratado relativo a su prohibición. De igual manera, han rehusado discutir el plan de destrucción antimisilístico. Y hasta entonces, pese a los debates que tuvieron lugar en las instancias internacionales, los Estados Unidos rechazaron estar presentes en la conferencia... ¿sobre qué? ¡Sobre terrorismo! Y he aquí que el pueblo de los Estados Unidos descubre que está en guerra pero, como sucede también con muchos otros pueblos como el caso de Europa, está abroquelado detrás de sus dirigentes y, en consecuencia, admite que en la aventura en la que se lo arroja se comprometerá como un "Estado unido", como lo ha escrito hace poco Fukuyama en Le Monde.

"Americanos", "el pueblo americano", o la otra cosa que se nos ha dicho: "Somos todos americanos". ¡La palabra "americano" es un insulto! ¡Se trata de una palabra del imperialismo! Se trata de los Estados Unidos, no de los "americanos". Porque cuando digo: "Somos todos americanos", eso quiere decir que me considero de los Estados Unidos y al mismo tiempo canadiense, guatemalteco, chileno, mexicano, brasileño, cubano... Pero no es posible. No se puede ser todo eso a la vez. Entonces ¿qué quiere decir "americano"? Vale la pena preguntárselo.

Podría decir algunas cosas sobre el término "solidaridad’. La "solidaridad’ reafirmada por los europeos, por ejemplo, es un discurso casi hipócrita. Ninguno de los dirigentes de Europa o casi -como lo muestran en sus declaraciones-, tiene la intención de servir de infantería a los avances de los Estados Unidos. Cada uno dice: "Somos solidarios", pero también dice: "Nos hacen falta pruebas para intervenir". No están completamente locos.

Quiero pasar rápido sobre la palabra "terrorismo". Sería fácil decir que el "terrorismo", esa palabra infamante, se aplica sólo a gente que está acorralada por la desesperanza y la miseria. Es cierto que los jóvenes palestinos que desfallecen de hambre, de miseria, de desgracias, están listos para hacerse saltar por los aires en las cafeterías de Israel. Es así. Es cierto. ¿Pero quién los ha conducido a eso?

Cuando observamos la manipulación actual de las conciencias, otro elemento me golpea: asistimos a la construcción de un enemigo. Actualmente, nadie tiene pruebas de que este atentado haya sido comandado por Bin Laden o algún otro árabe. Nadie tiene pruebas. Aun si hay convergencias y estas convergencias son sospechosas. Recordemos la primera "prueba": se trataba de un pasaporte y de un manual de piloto, que fueron encontrados entre las ruinas humeantes de las torres de Manhattan, y no se habían calcinado por milagro: ¡parece obra de la voluntad divina!. Hoy se ve en la televisión francesa desfilar permanentemente las imágenes del señor Atta y de los argelinos, que desde París, habrían preparado tal o cual cosa... Es sorprendente la capacidad de los servicios secretos para encontrar culpables a partir del 11 de septiembre. ¿Qué hicieron antes? ¿Qué han hecho en particular los grandes servicios secretos del mundo, la CIA y el Mossad? Hay que preguntárselos.

Como también es necesario indagar por qué es el primer atentado en la historia reciente que no ha sido reivindicado. Imagínense ustedes al fanático, al loco, o a quien quiera que lo haya organizado. No los reivindica y se priva de una gloria semejante, a pesar de que el 85% del planeta lo va a aplaudir diciendo: "¡Es verdaderamente un líder! ¡Ha logrado golpear al imperialismo en su centro!"

Entonces, hay que inventar un enemigo. ¿Cómo? ¿Cuál es esa construcción? Vulgarizando un poco -pero es difícil vulgarizar, cuando se escuchan las declaraciones de Bush, que justamente tiene una ausencia total de sutileza- es decir, vulgarizando un poco, podría argumentarse que esto consiste simplemente en lo siguiente: "El cow-boy tiene necesidad de un indio", y si no encuentra al indio, lo inventa. Naturalmente, ustedes lo saben por haber visto películas western: "Un buen indio es un indio muerto". Por eso se moviliza al planeta entero para buscar a Bin Laden. Pero se trata de un fantasma, de la construcción del enemigo. ¿Dónde está? ¿Dónde enviar los aviones?

Hay que agregar entonces algo pintoresco, que no se encuentra en los western y que no concierne a los indios. El enemigo en cuestión, a quien se busca -demonizando a los árabes y a los musulmanes del mundo entero- es un boomerang, una bomba fabricada por el imperialismo que se les vuelve encima. Nosotros, cuando publicamos textos contra la guerra de Kosovo, habíamos ya señalado que Bin Laden estaba allí, atrás, que era un ex agente de la CIA, utilizado en la lucha contra el comunismo, demonio principal de entonces. Hoy día Bin Laden -ese "luchador por la libertad’ (freedom fighter), como dijo Samir Amin- vuelve como un boomerang. He aquí un extraño enemigo: el hijo pródigo que vuelve al hogar materno.

Para terminar, quisiera remarcar que en la lucha que debemos conducir contra las consecuencias peligrosas de estos acontecimientos, hay algo que no debemos subestimar en los países europeos. Es el dispositivo de psicosis, de inculcación y de manipulación en marcha que trata de habituarnos a la demonización de un enemigo ficticio. Este dispositivo tiene un objetivo esencial: es la despolitización. No se quiere hablar más de política. Es el mismo rechazo de hablar de política cuando se interpreta el conflicto de Irlanda o el palestino en términos religiosos. No se trata de religión, del Islam o de fanatismos... se trata de política. Pero no se quiere que la gente hable de política. En consecuencia, creo que nuestra tarea, para responder a los votos expresados por Rémy Herrera en su introducción, es volver siempre sobre esta cuestión: los problemas son políticos y deben ser tratados políticamente.

Georges Labica es filósofo, ex director del Laboratorio de Filosofía de Paris X, Nanterre. Ha dirigido el Diccionario crítico del marxismo y ha escrito El status marxista de la filosofía.


La trascripción de las intervenciones, que fueron publicadas en la Revista da Sociedade Brasileira de Economia Política, del Brasil, nos llegó gracias a la gentil intervención de Paulo Nakatani. La traducción del francés estuvo a cargo de Marita López y la revisión es de Carlos Cuéllar.
Revista Herramienta

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