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Pensamiento :: 08/09/2006

El dilema del socialismo y la guerra del capital

Eduardo E. Saxe Fernández
Las cuestiones sobre la persona y la comunidad humanas, y en/con la naturaleza son las que ameritan más atención para determinar horizontes en el "socialismo del siglo XXI", porque el capitalismo se caracteriza fundamentalmente por su "cosificación" o más exactamente "mercantilización" -"uso mercantil o para el lucro"- de esas instancias y entidades

Para orientar el sentido de su nueva Constitución política, el pueblo bolivariano de Venezuela está discutiendo qué y cómo será y sería el socialismo en el siglo XXI. Similarmente, en la sesión de discusión de Francois Houtart, Rector de UNIALSUR, durante las actividades inaugurales de esa Universidad (julio 2006), y al suscitarse el tema, yo intervine luego de nuestro Rector, para señalar lo que me parece un núcleo crucial de discusión, planteado en términos de un dilema difícil de resolver.

El dilema se puede formular inicialmente de la siguiente manera: el capitalismo emplea contra el socialismo la guerra, una guerra que "invierte tergiversando" (exclusivismo, dogmatismo y autoritarismo) la vida psicosocial y las instituciones jurídicas y políticas que se construyan en ese socialismo. A la vez, esa guerra no le es tan ajena o dañina al capitalismo, pero resulta fatal para el socialismo. Y, hasta ahora, el capitalismo ha empleado la guerra, muchas veces con éxito, para revertir y tergiversar los proyectos socialistas. Porque, cuando hay que seguir indefinidamente "defendiendo la revolución", el socialismo entra en el juego de la guerra, traicionándose a sí mismo, debilitándose y acabando destruido por el capitalismo. Pues el socialismo necesita la paz para crecer; ya que, en condiciones de guerra, no son posibles:

(1) la participación paritaria social, económica, política y cultural,
(2) la democracia profunda, activa y permanente y
(3) la centralidad de la comunidad (sobre la invidivualidad o la casta excluyentes).

No podemos apoyar planteamientos en los que se diga que los países socialistas no se pelean entre ellos, y que los capitalistas sí se hacen la guerra unos a otros. Es un argumento similar al de quienes en el régimen capitalista sostienen que las democracias (formales) no se pelean entre ellas.

Hay una tendencia a que el socialismo emerja desde las guerras entre facciones del capital, o del capital contra algunos de sus aliados, -un sector feudal. Como ejemplos tenemos a la Comuna de París, que emerge de la derrota francesa frente a los prusianos en 1870; y a la Revolución Rusa, desarrollada desde la derrota rusa frente a Alemania en la Primera Guerra Mundial. Al surgir desde la violencia de la guerra del capital, los nuevos regímenes revolucionarios se ven lanzados a los márgenes de esas guerras y a nuevas formas de confrontación militar, las guerras contrarrevolucionarias.

Históricamente hemos observado cómo, durante la llamada "modernidad’, los procesos revolucionarios han sido enfrentados violentamente por quienes detentaban hasta entonces el poder y la riqueza. Ya aparece este rasgo con la revolución en Francia en 1789 y hasta el final de Napoleón. Las potencias del status quo, los imperios austrohúngaro, ruso y prusiano, como representantes del cristianismo (católico, protestante y ortodoxo), tendieron alrededor de la República y luego el Imperio franceses, un denominado "cordón sanitario" para aislarla y eventualmente ahogarla. La revolución era analogada con la "enfermedad’, hacía falta "curarla", "extirpar el tumor"; etc.

La revolución en Francia se hizo sanguinaria y autoritaria, acabó conquistando europa y luego perdiendo todas esas conquistas, incluyendo gran parte del imperio ultramarino (por ejemplo, entregando Louisianna y Canadá a EE.UU. e Inglaterra; Haití se independizó). La revolución Rusa conoce sus primeros años en el caos de un país devastado por la guerra contra Alemania, y que va a seguir en guerra contra los grupos internos de terratenientes y nobles, así como varias potencias extranjeras interventoras, hasta 1922.

En esta coyuntura, el Partido Comunista de la URSS (PCUS), adopta la estrategia leninista de la "dictadura del proletariado", necesaria para sobrevivir entonces. La dictadura del proletariado está en la base del cambio que va a sufrir la URSS sobre todo después de la muerte de Lenin, cuando las potencias extranjeras y las dinámicas social políticas internas, les impongan, o les fuercen a adoptar el secretismo, la desconfianza, el elitismo, la toma de decisiones vertical, las cadenas autoritarias de mando, y el principio que justificaría tal posición, de ser "el más justo de los asesinos" . Pues desde Heracles hasta los "superhombres" ingleses (Tarzán) alemanes (übermensch) o norteamericanos (Supermán), la dominación patriarcal romana, cristiana y del capitalismo, han operado política e ideológicamente con esa lógica de utilizar el asesinato para evitar el asesinato -y/o defender "la fé" o "la nación".

Para el capitalismo, la guerra es y ha sido un instrumento para buscar, alcanzar, y mantener, el poder y la riqueza. La guerra es negocio para nobles y millonarios. Además, sus hijos no se ven amenazados, hoy los ejércitos imperialistas están integrados cada vez más por "bárbaros" (negros, latinos, asiáticos) (y "blancos" maniáticos asesinos en los cada vez más importantes "ejércitos privados"). Durante la llamada Guerra Fría, las empresas del complejo militar industrial universitario de EE.UU. florecieron. Durante la actual guerra mundial "contra el terrorismo" (contra la humanidad) también "ganan" centenares de millardos de dólares(1), incluyendo las fabulosas ganancias de las empresas de varios de los principales miembros del gabinete de Bush II, como Cheney o Rice.

En 1973 en Chile, por ejemplo, en América Latina aprendimos que el capital, las oligarquías y el imperialismo no respetarán los procesos políticos democráticos, e impondrán una sangrienta dictadura.

La guerra defensiva que se ve obligado a librar el socialismo provoca, interna e internacionalmente, por parte de ese país socialista, la adopción de la lógica de la guerra, transformarse (social, política, económica, culturalmente) en lo opuesto al socialismo. El dogmatismo se instaura como doctrina y lenguaje-pensamiento único. Las jerarquías políticas y administrativas agudizan su verticalidad, la democracia se formaliza. Las elites del partido reúnen el poder político, militar, y económico. Los costos de la guerra y del mantenimiento de la dictadura -incluyendo prebendas para elites del partido-, confluyen con los embargos externos para asfixiar la economía. La lógica económico tecnológica induce relaciones de producción similares a las que encontramos en el capitalismo, por ejemplo, como acaba de señalar aquí el mismo Francois Houtart, condiciones de trabajo fordista en las fábricas de Vietnam, similares a las que cualquier otro país tercermundista "capitalista".

Si la violencia y la guerra han sido las parteras de la historia, ¿podrá el socialismo del siglo XXI resolver este dilema? ¿Cómo lograremos construir y ser personas, humanidades, grupos, comunidades, amables y solidarias con todas las demás gentes y la naturaleza, cuando al mismo tiempo vamos a tener que enfrentar el acoso violento y criminal de "los defensores" del capital y la dominación?

Las soluciones no son fáciles, pero es necesario partir de la siguiente premisa: esas "soluciones" existen y son posibles. Por supuesto, la primera respuesta es la necesidad de fortalecer muchísimo más todas las acciones contra la guerra y por la paz y la justicia social. Mas esto solamente nos ofrece un aspecto, no contestamos al problema de qué hacer frente a las políticas de EE.UU. en Irak y de Israel en Líbano, masacrando la población civil indefensa y no combatiente, y destruyendo la infraestructura y sistemas de vida, así como los ecosistemas.

Sin embargo, contestamos parcialmente la cuestión de la construcción del socialismo, que habría de centrarse en el lema: "la premisa del socialismo es la construcción de la paz", y viceversa, "el logro de la paz es la construcción del socialismo". Y cuando decimos paz significamos entonces base social incluyente en todos los planos.

Subsiste sin embargo el otro problema, de cómo, para "defendernos" y no perecer masacrados, podríamos/tendríamos que hacer la guerra sin traicionar esos principios de la paz y del socialismo.

Una respuesta que se ha presentado es la creación de un "ejército popular", el pueblo armado origen de la soberanía y garantía de la participación política. Entonces se acepta en esta línea la compra de 100.000 kalashnikov por parte del actual gobierno de Venezuela, pero se rechaza en cambio su adquisición de aviones y cohetes también rusos, ya que no podrían corresponder a un ejército popular. Lo cual no me parece tener mucho sentido. En todo caso, el problema no se resolvería del todo (o incluso mucho), pues las armas segurían funcionando como los medios del "poder" político.

La solución trostkista sobre la destrucción total y permanente del capitalismo (o la revolución permanente o "que se extiende") tendría que ser repensada críticamente. También habría que examinar su "opuesto", la alternativa de determinar cuáles formas de capitalismo subsistirían en el socialismo, en la medida en que, análogamente, en el capitalismo subsisten formas de feudalismo y de esclavismo.

En cualquier caso, hace falta distanciarse también de planteamientos dicotómicos como los prevalecientes durante la Guerra Fría, según los cuales las oposiciones entre capitalismo y socialismo serían absolutas, y el segundo no podría emerger del primero como lo hiciera antes el capitalismo, nacido en las entrañas del feudalismo europeo. Mas, ¿qué compartirían el capitalismo y el socialismo, y qué los diferenciaría? Indudablemente aquí hay que escudriñar bien en la historia de los socialismos "reales".

Las cuestiones sobre la persona y la comunidad humanas, y en/con la naturaleza son las que ameritan más atención para determinar horizontes en el "socialismo del siglo XXI", porque el capitalismo se caracteriza fundamentalmente por su "cosificación" o más exactamente "mercantilización" -"uso mercantil o para el lucro"- de esas instancias y entidades.

La cuestión de la guerra que el capital emplea para intentar-subsistir-en-colapso, y que impone al socialismo y a las utopías, sin embargo, permanece en el corazón de la historia próxima.


* Eduardo E. Saxe Fernández es doctor en Relaciones Internacionales por la Universidad de Denver. Catedrático del Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad Nacional. Ha escrito extensamente sobre neoliberalismo en América Latina. Su más reciente libro es "Colapso Mundial y Guerra".

1. Un "millardo" es equivalente a mil millones (1.000.000.000, o nueve ceros). Corresponde con el "billion" empleado en idioma inglés. En nuestra lengua, el "billón" significa un millón de millones: 1.000.000.000.000, o doce ceros.

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