El sentido del marxismo. Ofrecen caridad en lugar de justicia

Hace poco me han espetado: "Parece que usted tiene algo contra los ricos, ¿Qué me dice sobre los filántropos como Warren Buffett?"
Warren Buffett, el segundo hombre más rico del mundo, ha anunciado hace poco que iba a donar 37.000 millones de dólares de sus 44.000 millones, en gran parte a la Fundación de Bill y Melinda Gates (quedándose el pobre sólo con 6.000 millones de dólares).
La prensa ha enfatizado la generosidad de Buffet, pero ni tan siquiera se ha planteado cómo es posible que un hombre tenga semejante riqueza y conserve todavía esa obscena cantidad cuando se desprenda de las cuatro quintas partes de su capital.
Los tres hombres más ricos del mundo (Warren, Bill (Gates) y Carlos Slim Helu de México) tienen efectivos que superan el producto interior bruto de los 47 países más pobres del planeta. Mientras tanto, 2.500 millones de personas viven con menos de 2 dólares diarios.
La caridad no hace desaparecer las circunstancias que han dado lugar a esas diferencias. Por el contrario, las perpetúa.
El socialista irlandés, James Connolly, al comentar la hambruna en la India colonial británica lo señalaba acertadamente: " La caridad...aunque completamente inútil para paliar los estragos del hambre entre una población de 36 millones de personas que mueren por su causa, cumple sin embargo con el propósito de quienes se anuncian a bombo y platillo y ansían ver sus nombres publicados al lado de la elite de la sociedad y de la realeza.
"Por encima de todo, no debe interferir en el flujo incesante del tributo de la India hacia los cofres de sus conquistadores. De ahí que India no deba esperar justicia sino caridad... ésta, la tendrá."
Buffet sigue la tradición de hombres como Andrew Carnegie -el magnate del acero del siglo XIX- que donó 7.200 millones de dólares (en dólares actuales). Carnegie explicaba en un artículo de 1889, The Gospel of Wealth (El Evangelio de la Riqueza) que el rico debería ser "el único agente y administrador de sus hermanos más pobres, poniendo a su servicio su mayor sabiduría, experiencia y habilidad para administrar, haciéndolo en su lugar mucho mejor de lo que ellos podrían o querrían hacer por sí mismos."
Cuando se le preguntó por qué en lugar de hacer caridad no pagaba salarios más altos a sus obreros, Carnegie contestó que necesitaba ser competitivo y que, de todas maneras, los obreros "malgastarían" la subida de sueldos. Este "administrador" se dedicó a gran escala a mantener los salarios bajos, contrató a un ejército de 300 vigilantes privados para atacar a los obreros despedidos en 1892 de sus altos hornos en Homestead, Pennsylvania.
Carnegie es el perfecto ejemplo de cómo el paternalismo y la crueldad de los ricos van inseparablemente unidos. La clase dominante quiere que la clase obrera pida limosnas caritativas en lugar de luchar colectivamente por lo que les pertenece de pleno derecho.
El énfasis en las donaciones privadas tiene un componente ideológico al presentar la ilusión de que las fundaciones privadas, que no asumen responsabilidad alguna (y que sirven para desgravar impuestos), pueden sustituir (y justificar) las reducciones del gasto social del Gobierno. El énfasis que pone Bush en la caridad "basada en la fe" forma parte de un conjunto de medidas que incluye la reducción de impuestos para los ricos y de otras disposiciones que ayudan a la gente como Buffet a ser ricos.
Los elogios a Buffett separan su acción de donar de los medios de los que se ha servido para acumular semejante escandalosa cantidad de riqueza. La realidad, en palabras de Karl Kautsky, es que "la riqueza monstruosa se basa en una pobreza descomunal."
Buffet ha hecho su fortuna mediante una explotación sin descanso; comprando empresas a bajo precio, reduciendo costes y recuperando beneficios, o cerrándolas y trasladándolas de lugar. En su camino ha despedido a miles de obreros.
"Gente de éxito como Buffet no ha acumulado una fortuna 44.000 millones de dólares con métodos caritativos", escribe David Weidner del MarketWatch: "Mucho antes de que la gente se preocupara del tabaco y de la salud, Buffet de forma canallesca explicaba sus inversiones en las empresas tabaqueras: "Cuesta un centavo y se vende por un dólar. Es adictivo y la lealtad a una marca es fantástica."
Frederick Engels hablaba con desprecio de los filántropos burgueses que alardeaban de "rendir un servicio a los proletarios al chuparles en primer término su fuerza vital para después... aparecer ante el mundo como los poderosos benefactores de la humanidad al devolver a sus víctimas la décima parte de lo que les pertenecía."
Una de las mayores obscenidades del capitalismo son los festivales de caridad donde los ricos filántropos se encuentran y se dan golpes en la espalda unos a otros. "Diviértase con traje de etiqueta porque algún pobre desgraciado tiene hambre," escribía Eugene Debs en 1902, " y... en "la buena sociedad’, la mezcla de la necedad y la perversión moral, se define como "caridad’. ¡Desplume a sus colegas! Así son los negocios, y usted es un capitán de la industria. Una vez despellejadas sus víctimas, baile y siéntase contento de haber acabado con su agonía. Eso es la caridad y usted es un filántropo."
Socialistworker, 8 de diciembre de 2006







