En torno a las escuelas "zapatistas" I. Aparatos ideológicos, pero ¿de qué Estado?

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Gravita una incógnita sobre el futuro de los núcleos zapatistas chiapanecos. Es de justicia reconocer que, en los últimos años, la estrategia represora-integradora del Mal Gobierno ha logrado escindir las comunidades y reducir considerablemente la base social del zapatismo. Localidades que hace unos años eran zapatistas en su integridad, y que colocaron el orgulloso panel anunciador de la autonomía ("Está usted en territorio zapatista en rebeldía. Aquí manda el pueblo y el gobierno obedece"), hoy han sido captadas por las administraciones mejicanas, albergando ya sólo un porcentaje minoritario de familias zapatistas. La norma ya no es la unidad, sino la división; y el retroceso de la militancia zapatista lo han lamentado todos nuestros informantes. Salvo la comunidad de "San Marcos", todas las localidades que pudimos visitar reproducían este triste panorama de escisión y reflujo zapatista. "Roberto Barrios", "La Cascada", "Ojo de Agua", "Francisco Villa", "Unión Juárez", "San Rafael",... son poblados donde los zapatistas se baten en retroceso, en los que construyen sus escuelas no muy lejos de las del Mal Gobierno, a menudo mejor dotadas, donde comparten servicios médicos con los no-zapatistas. En la comunidad "San Rafael", y en el contexto de una explicación del "desplazamiento" forzoso, nuestro informante alude a la debacle zapatista:
"Fue tomada esta tierra, como ya nos estamos repitiendo, y nos encarcelaron a cuatro personas en Cerro Hueco. Ãbamos a hacer una marcha, allá en Moyos, por la liberación de los presos, con todas las comunidades, como ocho pueblos. Pero eran fuertes, pues; éramos fuertes esta vez pero ahorita ya estamos muy pocos. Allá en Moyos éramos ochenta familias, casi los cien, que estábamos aquí, pues, cuando tomamos la tierra; ahorita somos diez familias Y como los presos estaban allá, entonces hicimos el acuerdo que vamos a hacer marcha para la liberación de los presos. Pero, ¿qué pasó ahí? Pues, nos esperaban con cañones"
Preguntado por la causa del abandono masivo del zapatismo en la región, su respuesta, extraordinariamente llana, encierra algo inquietante, atentatorio:
"Les gustó más el Gobierno"
No existe, en rigor, un "territorio autónomo zapatista" geográficamente delimitado, algo semejante a los "territorios liberados" de otras áreas y otros tiempos; se da, más bien, un espolvoreo de familias zapatistas en núcleos políticamente heterogéneos, donde el porcentaje de población adicta al Mal Gobierno es muy estimable. Estas "comunidades con presencia zapatista" pueden estar separadas, además, por kilómetros y kilómetros de selva o de altos donde la administración estatal ejerce un control incontestable sobre las poblaciones.
En cada una de estas "comunidades divididas", rodeadas de localidades donde la unanimidad está, hoy por hoy, de parte del Mal Gobierno, las familias zapatistas avanzan en lo que denominan "construcción de la autonomía", levantando escuelas, entre otras cosas. Mantienen su fidelidad a la "organización" (EZLN), se auto-gestionan en lo inmediato y cumplen con sus compromisos de coordinación y servicio a través de los Caracoles (especie de "cabeceras" zapatistas, con cargos electivos y rotativos). Si toda Escuela es, por definición, una "aparato ideológico", como acuñó el estructuralismo marxista de Althusser y Balibar, cabe preguntarse dónde está el Estado en cuyo seno se integran las aulas zapatistas. ¿Podría hablarse de un Estado sin base territorial definida, movedizo, oscilante, apegado a un número fluctuante de familias allí donde éstas se encuentren? O, si la palabra Estado nos parece inapropiada para estas formaciones, o simplemente "ofensiva", ¿cabe hablar de un Poder (o anti-Poder) zapatista que se sirve de la Escuela como aparato ideológico "propio", en una absoluta desvinculación de las administraciones federales y estatal mejicanas?
Por nuestras conversaciones con los responsables y promotores de educación zapatistas, en el verano de 2005, estamos tentados de responder afirmativamente: la ley mejicana no otorga validez a los estudios cursados en las escuelas autónomas, por lo que la enseñanza zapatista sólo resulta útil en el ámbito de las familias y las comunidades insurgentes. Haber cursado la primaria en una escuela zapatista equivale a no tener estudios primarios, a los ojos de la legalidad educativa del Mal Gobierno. Si la Escuela no sirve "para salir", para "vivir fuera", y, antes al contrario, encierra en el gueto rebelde; si estigmatiza y casi condena a la exclusión académica más allá de los lindes vaporosos del reducto zapatista; ha de concluirse que funciona, exacta y estrictamente, como un "aparato ideológico de la autonomía zapatista" o una "institución de la sociedad civil zapatista" (si preferimos los términos de Gramsci). El "promotor de educación" actuaría como un "funcionario del consenso", que diría el italiano, en beneficio de la organización política autónoma, un "agente de la reproducción de la ideología dominante" en el entramado zapatista, por usar la expresión de los franceses. Y, colocadas en una tesitura semejante a la de las escuelas socialistas de los primeros años de la pos-revolución soviética, habrán de afrontar el peligro de la exigencia adoctrinadora, del proselitismo desnudo e intensivo.
Como poder separado, que desea fortificarse en su independencia, con sus propios servicios médicos y escolares, etc., la Autonomía Zapatista entabla con su contexto inmediato, con su entorno hostil, una relación tensa y conflictiva, al modo de las "Guerras Frías": una pelea económica, política, ideológica, cultural,... Y habrá de padecer aquel "Síndrome de la Fortaleza Sitiada", magníficamente descrito por el profesor Juan Contres Figueroa para el caso del socialismo declinante de los países del Este en la antevíspera de la Caída del Muro de Berlín. La propensión adoctrinadora de la Escuela zapatista en tanto Escuela, en tanto institución educativa que tiende motu propio hacia el proselitismo, se verá alimentada, en esta coyuntura, por la lógica de supervivencia de un experimento social que enfrenta graves amenazas socio-económicas, políticas, ideológico-culturales. No será un asunto de "opción", de elección entre una u otra manera educativa: aparecerá como una exigencia para la mera conservación de la autonomía. Así ocurrió con la escuela socialista, que se abrazó al ideario pedagógico "ideologizador" de Makarenko y desestimó las propuestas "libertarias" de Blonskij, así aconteció en la Nicaragua Sandinista,... Y nos parece muy improbable que la Escuela zapatista, contra su propia lógica estructural, contra su contexto histórico, contra el cuasi-deber de la conservación de la autonomía, sortee ese peligro, se sustraiga a la voluptuosidad adoctrinadora.
En tanto "aparato ideológico", la Escuela puede interpretarse como un expediente desesperado para garantizar la reproducción de la Autonomía Zapatista en una coyuntura en que sus soportes materiales, su base social y económica, se ven amenazados. Fluctuando y a la larga decreciendo, en cada "comunidad con presencia", el número de familias zapatistas, padeciendo toda el área la generalización de los mecanismos del mercado, fuertes pulsiones a la privatización, dificultades para insertar la lógica de la subsistencia comunitaria en marcos más amplios (capitalistas) de los depende cada día en mayor medida,... la inteligencia zapatista ha estimado que la escolarización de las bases, mediatizada para la "concienciación" de los jóvenes y la incesante difusión y crítica de los planes contrainsurgentes y neoliberalizadores del Mal Gobierno, puede servir de contrarresto, de freno, ante tales procesos y atenuar también el influjo corruptor de los medios de comunicación oficiales. Una estrategia cultural, una operación intelectual, para combatir la erosión de los fundamentos socio-económicos de la Autonomía. Estrategia y operación "desesperadas", pues el mal ya no admite rebozo; y, al mismo tiempo, "insuficientes", pues nunca una iniciativa superestructural se ha bastado para reproducir un Sistema en ausencia de sus requisitos socio-económicos. La Autonomía se está rompiendo al nivel de la línea de flotación; y de muy poco puede ayudar, ante los destrozos de la cubierta, cambiar la orientación de las velas. Se pospone el fin, se alarga la agonía, se retrasa el naufragio Medida desesperada, y contraproducente, que surge ante la imposibilidad de revertir la dirección del proceso económico y social nacional, imposibilidad de "aislar" y "precintar" la comunidad -la autarquía económica absoluta no es practicable por sistema: exigiría unos niveles de sufrimiento desgarradores- y ponerla así a salvo de las fuerzas externas avasalladoras. Para procurar esta (ineficiente) reproducción de la Autonomía desde el ámbito superestructural, ya que la infraestructura apenas colabora en esa empresa, y se diría que presiona en sentido contrario, las Escuelas cuentan con un repertorio temático de flagrante actualidad, que coincide objetivamente con el desplegado en Latinoamérica por el pensamiento y la investigación social anticapitalistas contemporáneas. Los artículos de la Revista Chiapas pueden servirnos, de algún modo, para aprehender el mencionado currículum crítico: el interés del Capital internacional y de los Estados hegemónicos, EEUU particularmente, en monopolizar y explotar la biodiversidad centroamericana, y la cooperación de la administración mejicana en el saqueo consecuente del medio natural, pisoteando los derechos de los pueblos indios, desplazando comunidades, robando saberes tradicionales, etc.; la avidez suscitada por la riqueza en minerales orgánicos de Estados como Tabasco y Chiapas, importantes cuencas petroleras que generan beneficios millonarios a las empresas capitalistas mientras las poblaciones autóctonas se hunden en la miseria; el traslado de la "frontera maquiladora" desde el sur de EEUU hasta Centroamérica, con su correlato de explotación obrera y generación de conflictos en la región; las presiones ejercidas por fuerzas económica y políticas nacionales e internacionales para la construcción de un canal de paso por el Istmo de Tehuantepec, en la indiferencia ante la descomunal agresión a la naturaleza que ello supondría y el descalabro de la dinámica económica de subsistencia de muchas comunidades; la infamia de un "conservacionismo" occidental que impone sus criterios sin escuchar a los pobladores tradicionales de las zonas afectadas, procurando a menudo su expulsión o desplazamiento, y siempre con el propósito oculto de usufructuar la biodiversidad; las estrategias económicas y político-militares diseñadas por los EEUU para asegurarse el control del la zona estratégica Puebla-Panamá-Colombia; los ataques directos o camuflados a los Usos y Costumbres de las comunidades que todavía se rigen por el derecho consuetudinario, con el objeto de que este pierda terreno en la gestión local ante la ley positiva mejicana y las autoridades constitucionales; las añagazas del Mal Gobierno para disolver los ejidos y los bienes comunales, para acabar con la "condición comunera" y privatizar el medio rural; las violaciones sistemáticas de los derechos humanos por las fuerzas policiales, militares y paramilitares que se enfrentan a las organizaciones indígenas y acosan a las comunidades insurgentes; etc. Impecable verdad que circula por las aulas zapatistas, que desde ahí salta a las familias, salpica a la comunidad entera; verdad que, sin embargo, por usar la docencia como "andadera", corona el sordo y destructivo trabajo anti-indígena y anti-igualitario de la "pedagogía implícita escolar", como ya hemos argumentado.
No debemos descartar, sin embargo, la eventualidad de que cambien los datos del problema. Pudiera ocurrir que, ante el retroceso de la militancia y la debilidad creciente de las bases, y para responder al comprensible deseo individual de acceder a la sociedad mayor, a la sociedad externa, al México de todos, en muchos casos obedeciendo a móviles de mejora económica o ascenso social, en otros alentando propósitos de rearme cultural y reposicionamiento combativo en los empleos influyentes o en las instituciones de la sociedad civil, la Escuela zapatista buscase su integración en el aparato educativo nacional mejicano. O aceptase la invitación "oficial" a dicha integración. Subsistirían entonces como "escuelas particulares zapatistas", con sus rasgos propios, sus metodologías y procedimientos distintivos, quizá ligeramente corregidos, y alcanzarían el reconocimiento "legal", permitiendo a sus alumnos el salto, sin discriminación añadida, a los estudios medios y superiores en las ciudades. Ya hay quien sostiene que un joven "zapatista" puede estudiar magisterio, valga el ejemplo, en los centros del Mal Gobierno, y convertirse en un docente rebelde, en un intelectual crítico, sin ofender por ello al movimiento indígena, sin renunciar a la lucha, cambiando en todo caso los escenarios y los modos de su contestación. Hay quien celebraría la multiplicación de los enfermeros y médicos zapatistas, licenciados y profesores zapatistas, abogados y juristas zapatistas, peritos e ingenieros zapatistas,... Estas consideraciones podrían alentar un proceso de asimilación de las escuelas zapatistas por el sistema educativo estatal y federal mejicano, signo quizás del declive del movimiento o de su integración definitiva. Las escuelas zapatistas actuarían entonces como "aparatos ideológicos" de los Estados Unidos de México y, probablemente, embotarían sus filos proselitistas para acentuar la determinación del otro polo, hoy subsidiario, que asume como tarea la salvaguarda de la autonomía moral y de la independencia de criterio de los alumnos, la preservación y estimulación de su capacidad crítica, el rescate del librepensamiento contra la propaganda política... Ahí radicaría su nueva especificidad, plegada sobre la bandera "libertaria". Reforzaría su talante anti-autoritario; y, poco a poco, degradaría las consignas zapatistas en meras "declaraciones de principios", con poca o nula trascendencia práctica. Su caso se asemejaría, entonces, al de algunas escuelas libertarias de Europa, centros anti-capitalistas integrados en el sistema educativo "capitalista" de sus respectivos países. Como estas escuelas "libres" del viejo e hipócrita continente, se erigirían en una nueva especie de aparato ideológico del Estado, sirviendo a los intereses de las clases hegemónicas y satisfaciendo los requerimientos de los subsistemas económicos y políticos por vías menos explícitas, no tan francas, pero, si cabe, más efectivas, como hemos analizado en páginas anteriores, vías reformadas para la secular operación policial de siempre.
Este horizonte de "asimilación", penosamente realista, sancionaría que el zapatismo, temible y temido como factor de movilización, como aglutinante de la revuelta, intratable en la hora de la insurgencia y de la guerra, preocupa mucho menos en el trance de la "conservación", de la organización para una nueva cotidianidad, de la administración de lo ganado, hora de la engañosa paz. De hecho, el Mal Gobierno se ha preparado para "convivir" con las familias zapatistas, procurando embaucarlas de todos modos con sus programas culturales y económicos, sanitarios y educativos. Convive con las comunidades disidentes y con sus escuelas porque no percibe en su humilde subsistencia cotidiana ningún peligro considerable para el orden social general: siguen funcionando como un "vivero" de mano de obra para las empresas externas capitalistas, garantizando por su autosuficiencia relativa bajos salarios en los empleos correspondientes, sirviendo, a pesar de su beligerancia residual, de colchón o amortiguador para el conflicto social. El Mal Gobierno ha comprendido que le interesa mejorar las condiciones de vida de esas gentes, mullir el colchón, alejándolas así de la tentación del levantamiento. De ahí sus inversiones en infraestructuras, su abultado gasto social. Y, si poco teme de esas familias en rebeldía, aún menos pavor le inspiran sus escuelas "traviesas", que mañana podría reconocer y legalizar en señal de "tolerancia", "voluntad de paz", "pluralismo", "construcción de un México donde caben todos", etc.
Una topografía de los "puntos calientes" del conflicto chiapaneco en estos albores del siglo XXI revela que el Mal Gobierno recurre a las técnicas de la guerra de baja intensidad, abunda en la intimidación, el crimen, la violencia sobre todo en las comarcas donde se ha concitado un interés económico o geoestratégico de primer orden, en las comunidades donde el zapatismo obstruye un negocio, una estrategia política transnacional, una ganancia considerable para las clases dominantes, un requisito puntual de la logística neoliberal, Fuera de estos casos localizados (Roberto Barrios y sus cascadas explotables desde los parámetros del ecoturismo conservacionista; comunidades de la Selva Lacandona que obstaculizan las devastaciones requeridas para el trazado de los grandes corredores de paso continentales; pueblos cuya desaparición exige el Plan Puebla-Panamá;), poco molestan unas cuantas familias en gran medida autosuficientes, adscritas a un pedazo de tierra a menudo marginal, que quieren cubrir por su cuenta sus necesidades médicas y educativas, y a las que estacionalmente se recluta para incrementar la tasa de ganancia de los sectores modernos de la economía mejicana Poco preocupan unas Escuelas más abiertas, más libres, más participativas, más democráticas, etc., como gustan los nuevos aires educativos del capitalismo tardío, y que, además, salen gratis.
Ante esta encrucijada se hallan hoy las escuelas zapatistas: el gueto o la asimilación. Lo terrible es que, elijan el camino que elijan, sus pasos las llevarán abismo; sirvan al Estado que sirvan, como si no sirven a ningún Estado, su condena es inexorable. En los territorios autónomos, por causas complejas, se ha confiado en una fórmula educativa, la Escuela, que se halla incapacitada estructuralmente para tolerar la alteridad, para soportar la diferencia, y que ha demostrado históricamente una destreza demencial en la labor de pasar a cuchillo el retallecer de toda experiencia social igualitaria, de todo proyecto genuinamente democrático. Diferencia, Igualdad y Democracia son las tres liebres tras las que salta, explosivo, el galgo de la Escuela. Y no por el placer de correr, sino por la afición de matar...
Pedro García Olivo
www.pedrogarciaolivoliteratura.com







