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Pensamiento :: 27/08/2006

Éxodo encadenado

Mage
Viene una muchedumbre negra. Acude detrás de los barcos. ¿Qué barcos, qué muchedumbre? Dieciochomil, en pateras y en cayucos. A Canarias y a la costa de Cádiz... Al ancho océano que tragó sus sueños.

¿Qué sueños? ¡Qué sueños van a ser! Los mismos que yo tengo, y tú, y el otro, en nuestro caso ajenos a la pesadilla de abuelos propios encadenados. Sueños ajenos, también, a la tierra esquilmada por otra muchedumbre que se envolvía en telas salvajemente encubridoras de los mismos cuerpos con más o menos melanina en las células epiteliales que fabricó el Sol que nos mueve.

"Viene una muchedumbre, ¿usted tiene miedo?" , le pregunta un periodista a una niña en la playa. Y la niña no contesta: va a buscar a su mamá. Pero ella está tendida en la arena, hermosa, deshidratada como el azabache, y no puede contestar todavía: Lo hará en otro lugar, Barcelona por ejemplo, nuevamente encadenada.

Muchedumbres, arena, mar, el océano. "La culpa de las mujeres... el océano entero", dijo Marcela Serrano en la voz de un personaje. Eso nos lleva vendiendo secularmente este patriarcado violento. Y, a causa de él , esta primera ola del milenio por la libertad, esta muchedumbre imprescindible a la que nos empecinamos en regalar tan mal viaje.

Liberté, Égalité, Fraternité, gritamos en honor a una Revolución que arañó futuro, mas lo hacemos con la boca llena de café, o de caucho, o de medicinas robadas. Digo, gritamos, si acaso lo hacemos, todavía. En este lado de ese ancho mar que nos acuna. Que los ahoga. ¿A quiénes? Ah, ¿no te has enterado... de que viene una muchedumbre negra? Y mestiza. Y habla francés, ¿pourquoi? Je ne sais pas... No, ¿tú no sabés, che? ( Ye que ahora nun quiero falar nin quechua ni italiano ni mapuche, me ciño al francés de aquel Siglo de Oro).

Viene detrás de los diamantes que les hemos robado, ¿o no los recuerdas?: Eran ellos, los mejores hombres y mujeres, los que supieron transformar su dolor en música...Que esta muchedumbre viene porque los animales, hemos sido nosotros, los de esta orilla. Porque seguimos siéndolo. Viene, además, porque la mayoría habla en francés --¿pourquoi? Est-ce que tu-moi, je ne sais pas?- y también en español. Porque tenemos una Deuda Externa, con demasiados intereses acumulados sin pagar, que no deberían ignorar los paraísos fiscales ni de El Vaticano, ni de Lietchenstein, ni de Suiza. Ni la misma Constitución Europea diseñada para otorgar libertad al capital, pero no a los humanos.

Esa Constitución a la que en francés se le contestó "no", mal que le pese a la diminuta Bélgica y a su estado de sucesión colonialista en Senegal. O a la ex imperial España, que dijo "sí" , hoy como hace quinientos años, a la avaricia más estúpida, la misma que provocó nuestro particular éxodo, algunos siglos después y poco antes de éste sí vergonzoso, tras los recursos usurpados de ideas, de razón...

Que sí, que viene una muchedumbre negra. Con ojos grandes y manos hermosas desarmadas. Y nosotros nos empeñamos en estrujarla, en volcar nuestra esclavitud en ella, en encadenarla, otra vez... Seguramente porque su culpa es... la del océano entero.

 

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