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Pensamiento :: 12/03/2010

Federica o la contradicción

Irene Lozano
Federica Montseny es el referente histórico remoto de las mujeres que ahora la suceden.
Si Federica Montseny, contradictoria y enérgica como fue, pudiera dirigirse a las mujeres que actualmente ocupan puestos de poder en España, probablemente lo haría con palabras similares a las que dedicó al asunto en uno de sus artículos: "i>¡Gobernar! He aquí toda la idealidad, toda la ética, todo el valor humano del feminismo, palabra sólo aplicable a las mujeres ricas, porque las pobres nunca han sido ni serán feministas, ¡ni las dejarían serlo!

", escribía en La Revista Blanca en 1924. "El feminismo está fosilizado por los prejuicios y la moral reinante y jamás comprenderá lo que es un ideal de armonía absoluta, de paz completa, de universalismo amplísimo... y de libertad sin límites".

Como todos los anarquistas, era contraria a la política e, incluso, en los años 20 había dejado patente su desconfianza hacia el movimiento feminista más en boga en la época, el sufragismo y, en general, hacia cualquier reivindicación de derechos políticos para las mujeres. La abolición de todo poder era el pilar sobre el que se asentaba su filosofía anarquista y, para llevar a cabo ese cambio liberador, Montseny confiaba en las organizaciones obreras, particularmente en la CNT, cuyo centenario se celebra este año. Cuando ella escribía aquellas palabras contrarias a la política y al feminismo, sin embargo, nadie apostaba por una organización que, en los años de clandestinidad y censura en la dictadura de Primo de Rivera, se replegó hasta casi desintegrarse. Surgiría con fuerza poco después, co el advenimiento de la República, durante la cual Federica pudo representar un destacado papel como transmisora de los discursos revolucionarios de la organización.

Al estallar la guerra y requerirse la participación de la CNT en el gobierno de Largo Caballero, su secretario general, Horacio M. Prieto se dirigió a Federica Montseny para que fuera una de los cuatro ministros de la Confederación. Ella lo rechazó: "Yo me siento totalmente identificada con la FAI y los postulados antigubernamentales del anarquismo", le dijo, "sería una contradicción ser ministra". Sin embargo, Horacio M. Prieto, tenía mucho interés en nombrar una mujer, pues sabía del impacto que eso provocaría: "Los ojos de los obreros de medio mundo están puestos en nosotros", argumentó, "será un tremendo golpe de efecto no sólo aquí, sino también en el extranjero, el nombramiento de una mujer como ministra".

Sería, en efecto, una contradicción. No sólo se le ofrecía un cargo de carácter político, sino que se hacía en nombre de las mujeres, cuyos derechos políticos ella había visto innecesario reivindicar. Pero aceptó. Y se convirtió así en la primera mujer ministra de España. Hasta ese momento sus colegas europeas sólo lo habían consegudo en Gran Bretaña, Finlandia y la Rusia revolucionaria de Lenin. Federica Montseny es, por tanto, el referente histórico remoto de las mujeres que ahora la suceden, aunque quizá algunas de ellas ignoren su existencia tanto como quienes han asegurado que Bibiana Aído era la ministra más joven de la democracia española. No es cierto, lo fue Federica, que accedió al cargo asimismo con 31 años, más contradictorios, pero también más lustrosos y aprovechados.

Periódico cnt

 

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