Fiestas neoliberales, ¡al abordaje!

Con ese triunfalismo tan acomplejadamente provinciano que les caracteriza, hoy, Odón Elorza y su «moderno» equipo dan inicio a «su» Semana Grande donostiarra, a unas fiestas que nos presentan como neutras (¡fuera la política!) y pensadas para todo tipo de «clientela y de demanda» (tan democráticas como el libre mercado), pero que en realidad son sesgadas y marginadoras, en cuanto que han sido confeccionadas desde arriba y sin participación colectiva alguna, y planificadas a la medida exacta de un sector y de unos intereses ideológicos y económicos muy concretos (y nada populares), defensores de un modelo de ciudad elitista, jerárquica, no participativa (autoritaria), y disfrazada de cosmopolita, es decir, sin identidad (que no sea la española claro); así, mientras los disc jockeys ocuparán las «emblemáticas» terrazas del Kursaal, el «folklore autóctono» quedará «reservado» (marginado física y simbólicamente) a la plaza de la Constitución. ¡Que vivan el bilingüismo y la multiculturalidad!
Los diversos equipos que han gobernado Donostia desde la transición han constituido la avanzadilla (hay que reconocerles el demérito) de esta estratégicamente planificada oleada institucional actual de intento de acoso y derribo de todo espacio festivo popular, participativo, autogestionado y reivindicativo, es decir, de toda forma genuina de fiesta que, para serlo, tiene que tener un componente subversivo. La Semana Grande donostiarra, que enseguida se quitó de encima las «sucias» txoznas y que siempre negó el más mínimo protagonismo a los diferentes colectivos ciudadanos (radicales, ya se sabe), ha sido y sigue siendo el paradigma de los festejos que interesan a la élite económica y política española (PNV incluido) y al capitalismo neoliberal actual que, como sabemos, necesita dominar también el ocio y la diversión. Y ello por dos motivos estrechamente interrelacionados.
El primer motivo sería el más directamente mercantilista: lo lúdico da dinero, además de imagen, por lo que es necesario mercantilizar las fiestas, estructurarlas como el propio mercado neoliberal introduciendo sus valores, y someterlas a la razón económica, según la cual el disfrute consiste en ser consumista pasivo (espectador) en lugar de en ser sujeto participante (actor). Desde esa «lógica», las fiestas son un lugar excepcional para seguirnos sometiendo a los adultos y a los niños a la invasión publicitaria, a la penetración de las marcas (ésas que «generosamente» nos patrocinan las fiestas), y a la fetichización de lo «nuevo», que curiosamente es siempre lo que hay que comprar.
El segundo motivo sería la necesidad del capitalismo global neoliberal, íy de los grupos e instituciones políticas y económicas locales, autonómicas y estatales que les representan y de los que el PSOE de Odón Elorza es fiel servidorí, de debilitar todo lo que, como unas fiestas liberadoras e integradoras, pueda hacer contrapeso a la expansión social de su ideología totalizadora, basada en la individualización, en la relación meramente mercantil (dar algo únicamente a cambio de algo), en el aislamiento (aun en la vorágine de la fiesta), y en la desvinculación mental, afectiva y cultural del grupo y la desacreditación de la solidaridad y de todo lo que suene a historia colectiva y a utopía de liberación o simplemente a cuestionamiento puntual del sistema y de la autoridad. Las élites en el poder (y quienes les representan) necesitan eliminar la imagen de las fiestas como lugar de representación de la permanente confrontación de clases, como escenario de transmisión de la cultura popular, de reproduc- ción de las referencias sociales y simbólicas de los grupos en lucha. De igual modo que necesitan imperiosamente borrar (y borran) cualquier pintada alusiva al malestar o a la necesidad de resistir, están obligados a imponernos (y nos imponen) «sus fiestas», unas fiestas teledirigidas, homogeneizadas (a pesar de la aparente «oferta diferenciada»), y, a la postre, frustrantes, aburridas y, desde luego, alienantes.
Este alcalde donostiarra nuestro tan «moderno» está siendo curiosamente el modelo a imitar por la ultrarretrógrada alcaldesa de Iruñea, su compañero de filas de Gasteiz y su homólogo bilbaino. Una vez totalmente controlada la fiesta principal, la Semana Grande, Odón Elorza pretende cargarse todas las fiestas de barrio que mantienen su carácter popular. Pero en Donostia, como en las demás capitales de Hego Euskal Herria (cada una con su desarrollo particular) son cada vez mayores los sectores conscientes de la necesidad de impedir este ataque institucional y neoliberal a la función cultural y emancipadora de las fiestas, con toda su capacidad simbólica, iniciática y de transmisión intergeneracional.
Frente a estas fiestas neoliberales, por tanto... lancemos desde todos los puntos de Euskal Herria ese mismo ¡al abordaje! emitido por esas cuadrillas piratas donostiarras que, desde la más absoluta marginación institucional, van a intentar demostrar, una vez más, que es infinitamente más creativo, divertido y liberador participar que mirar.







