García Lorca. Conspiración y asesinato
Resulta equívoco referirse al crimen como "fusilamiento". En sentido estricto no fue una "ejecución extrajudicial", como suele escribirse. Se trató de un homicidio, premeditado y alevoso además
Las circunstancias que rodearon el asesinato de Lorca son objeto de indagaciones hasta nuestros días. El crimen fue atroz. El camino de memoria, verdad, justicia y reparación sigue su recorrido, quizás más cerca del punto de llegada.
Parecería todo dicho sobre el crimen. Fue el 18 de agosto de 1936. Son sin embargo muchos de los aspectos que lo rodean requieren aún mayor esclarecimiento.
Puede decirse que se le quitó la vida como producto de una trama criminal localizada en Granada, el lugar del crimen. Trama que a su vez se hallaba articulada con la ola de sanguinaria "limpieza" de trabajadores, campesinos e izquierdistas que se abatió sobre España a partir de julio de 1936.
Nadie imagine un pelotón formado que disparó sobre él. Por eso puede resultar equívoco referirse al crimen como "fusilamiento". Menos todavía se piense en algún tipo de juicio, aunque fuese sumarísimo. En sentido estricto no fue una "ejecución extrajudicial", como suele escribirse. Se trató de un homicidio, premeditado y alevoso además.
Lo único de apariencia "legal" fue su detención, en la que tomaron parte policías y militares uniformados. Lo sacaron de la casa de unos amigos suyos de filiación falangista, los hermanos Rosales.
Allí le habían dado refugio luego de sucesivos allanamientos en la Quinta de San Vicente, propiedad familiar a la que el poeta se había dirigido unos días antes del golpe militar y civil que se inició el 17 de julio. Lo condujeron al gobierno civil de la ciudad de Granada. Los gobiernos civiles, pese a su denominación, eran en ese momento comandancias de carácter militar.
El grupo de uniformados que lo detuvo iba encabezado por un civil, Ramón Ruiz Alonso, un dirigente político y sindicalista de derecha que fue asimismo el encargado de levantar una denuncia contra él.
¿Quién era Ruiz Alonso?
Tras la proclamación de la Segunda República, Ruiz Alonso se afilió a las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista (JONS) de corte fascista. A finales de junio de 1933, el líder de las JONS, Ramiro Ledesma Ramos, encargó a Ruiz Alonso la selección de un centenar de militantes de las JONS para que llevase a cabo la batalla de las calles contra la «revolución».
Quedaron organizados desde entonces en «patrullas» armadas que llevaron a cabo diversas acciones violentas contra organizaciones de izquierda. Sin embargo, Gil-Robles logró atraer a Ruiz Alonso a sus filas y éste pasó a ser miembro del partido conservador católico Acción Popular, integrado en la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA).
En el otoño de 1933 fue enviado a Granada para trabajar como obrero tipógrafo en el diario Ideal, de la Editorial Católica. Fue por recomendación de Ángel Herrera Oria, esponsable del diario El Debate, que oficiaba como órgano de prensa de la CEDA. En la capital granadina fue alumno de la Universidad de Granada y se matriculó en Ciencias Sociales.
Su puesto formal en el órgano de prensa era de obrero gráfico. Existen en cambio testimonios de que actuaba allí como alguien con poder de decisión.
Durante su estancia en la ciudad se ganó la enemistad de una buena parte de los obreros granadinos, hasta el punto de llegar a recibir numerosas amenazas. En una ocasión llegó a decir que los sindicatos «sólo servían para corromper el corazón de los obreros».
A consecuencia de sus opiniones políticas, llegó a ser conocido entre las izquierdas como el «obrero amaestrado de la CEDA». Un modelo de sindicalista católico, orador callejero, articulista y hombre de choque contra el verdadero sindicalismo.
Fue diputado entre 1933 y 1936 por la circunscripción de Granada, por el partido «Acción Obrerista» de la CEDA. Acudía a los actos de la campaña electoral disfrazado de trabajador con un mono azul y boina.
Si bien no se destacó por sus proyectos parlamentarios, si llamó la atención por su oratoria ruidos y sus peleas. Se lo consideraba el más renombrado entre los diputados de derechas de la provincia.
En Granada, según Ian Gibson, también se le conocía como el "ayudante del verdugo" pues gustaba de asistir a las ejecuciones de los condenados a muerte.
Su mandato como diputado coincidió con la época de gobiernos republicanos conservadores. Un día, en el pasillo del Congreso de Diputados, Ruiz Alonso agredió de un puñetazo al parlamentario republicano Félix Gordón Ordás.
En la primavera de 1934 Ruiz Alonso también destacó por sus intervenciones durante la ofensiva parlamentaria de las fuerzas derechistas que acabó llevando a la derogación de la Ley de Términos Municipales.
En las elecciones de febrero de 1936 volvió a revalidar su escaño pero, tras una sospecha de fraude, los comicios tuvieron que ser repetidos en las provincias de Granada y Cuenca. En esta ocasión Ruiz Alonso no obtuvo acta de diputado; con ello, aumentó su ya de por sí gran odio a las izquierdas, la democracia y los métodos parlamentarios.
Durante la campaña electoral, en un mitín de Fuente Vaqueros, criticó a "Fernando de los Líos" y a García Lorca al que apoda "el poeta de la cabeza gorda."
Tras perder su escaño intentó ingresar en Falange pidiendo a José Rosales --jefe provincial de la Falange de Granada en 1936 y hermano del poeta Luis Rosales-- que mediara ante José Antonio Primo de Rivera. Como reclamaba cobrar en Falange las 1000 pesetas mensuales que había tenido como diputado, este se negó.
Es probable que este rechazo aumentara también su resentimiento contra los falangistas que más tarde cobijaron a Federico García Lorca.
Luego del golpe de julio de 1936, Ruiz Alonso se unió a los sublevados y tomó parte activa en la represión de las izquierdas y los republicanos. Desde la primera hora estuvo a las órdenes del nuevo gobernador civil, José Valdés Guzmán. Al comenzar la guerra Ruiz Alonso se habría afiliado a Falange, a pesar de sus anteriores roces con falangistas. Tuvo un papel activo en la represión.
El "obrero amaestrado" no llegó a ocupar un lugar en el sistema de poder del franquismo luego de la muerte de Lorca.
En 1937 publicó un libro, un manual doctrinario llamado Corporativismo, con un prólogo de José María Gil Robles. No parecía ésta una decisión auspiciosa, ya que el ex líder de la CEDA no contaba con las simpatías del "caudillo" ni del régimen en general.
Ese mismo año, según testimonios convergentes, Dionisio Ridruejo, con alto puesto en la propaganda franquista, expulsó al ex cedista. Éste ya no accedió a ningún cargo. El escándalo por el crimen había recorrido el mundo y Ruiz Alonso era entonces el único conocido por su nombre entre los implicados directos en su perpetración.
La ciudad de la Alhambra estaba desde los últimos días de julio por completo en manos de los militares alzados contra el gobierno constitucional de la segunda república.
Además de la actuación en el momento de la detención, Ruiz Alonso parece haber delatado al poeta y dramaturgo mediante una denuncia cuyo contenido no se conoce. Ese texto sería la pieza que dio origen a su apresamiento. Y condujo después a su ejecución.
El autor o coautor material de la muerte de Lorca puede haber sido José Luis Trescastro. El mismo que se jactó de haberle dado "dos tiros en el culo por maricón". Habría pronunciado esas palabras en un bar, apenas horas después de consumada la acción. De ser eso cierta esa exclamación, aún queda la duda de si denotaba la verdad o respondía sólo a altanería y afán de protagonismo.
Como Ruiz Alonso y los otros participantes principales, Trescastro pertenecía a Acción Popular, el partido más influyente de la CEDA.
Se afilió a Acción Popular no mucho después de la proclamación de la Segunda República y se convirtió en un activo perseguidor de elementos sospechosos de simpatizar con la izquierda. Su relación con Ramón Ruiz Alonso fue estrecha, y apadrinó a una de sus hijas, Elisa Montes.
Era abogado y miembro de una familia de propietarios rurales granadinos, de la zona de Santa Fe. Había sido diputado provincial y detentado altos cargos administrativos antes del asesinato.
Algunos investigadores sugieren que la verdadera razón del asesinato de Lorca provino de rencillas personales y familiares entre la familia García Lorca y los Roldán, una familia rival en los negocios y en la sociedad granadina en general. La familia Roldán era de Valderrubios, donde también habían vivido los García Lorca durante algunos años.
Es probable que ese antagonismo haya jugado un papel. Lo que no equivale a dejar de lado motivaciones políticas más generales. Los Roldán eran católicos y de derechas.
Eran burgueses granadinos que habían sido caratulados por Federico como "la peor burguesía de España. Mientras deploraba que los reyes católicos hubieran expulsado a la para él excelsa cultura árabe de la ciudad andaluza.
Tal mirada desfavorable sobre la sacrosanta "Reconquista" era una herejía irredimible para las mentalidades conservadoras y católicas que predominaban en el ambiente provinciano.
Tenían razones políticas, ideológicas y religiosas para detestar a Lorca similares a las del conjunto de la burguesía y las clases dominantes españolas. Los que se agudizaban por la proximidad y la común pertenencia a la capital del último reino "moro".
Un tema de disputa era el cultivo e industrialización de la remolacha azucarera. Este ramo se había tornado un gran negocio como reemplazo del azúcar de caña que ya no venía de Cuba, por la pérdida de los restos del imperio colonial en 1898.
Al parecer Federico García Rodríguez, el padre del dramaturgo, habría hostigado la expansión de la fábrica de azúcar de la cual las familias Alba y Roldán eran accionistas. García Rodríguez era accionista de una competidora. Compró campos en su contorno para impedir que la fábrica se extendiera en esas direcciones.
Había también una contraposición ideológica. A diferencia de don Federico, sus rivales eran de ideas conservadoras y afines con el integrismo católico. Al contrario de García Rodríguez, considerado "agnóstico".
La familia Alba y otros "señoritos" de la ciudad del Genil estaban ofendidos por las alusiones transparentes de La Casa de Bernarda Alba, obra de Lorca aún no estrenada. Pero cuyo texto se había difundido por múltiples lecturas de la pieza hechas por el autor a amigos y allegados.
Los Roldán y los Alba estaban vinculados por Francisca Alba Sierra, la mujer que fue inspiración directa del personaje de Bernarda.
La tía del autor de Mariana Pineda, Isabel García Rodríguez, estaba casada con un familiar cercano de Horacio y Luis Roldán. Ambos partícipes de una violenta incursión en la Huerta de San Vicente, casa de descanso de la familia. Fue el 9 de agosto de 1936. Acontecimiento que llevó a Lorca a esconderse en la casa de los Rosales.
Al menos uno de los Roldán, Horacio, estuvo luego en la incursión sobre la casa familiar de los Rosales en la que se capturó al poeta.
Otro propietario granadino y miembro de Acción Popular habría tomado parte en la captura de Lorca. Nos referimos a José Benavídes. Hay coincidencias en que el dramaturgo lo convirtió en personaje invisible pero decisivo de La Casa... bajo el nombre de "Pepe el Romano", lo que provenía de su origen en la localidad de Romilla.
Los testimonios lo ubican también como partícipe de la violenta incursión del 9 de agosto en la huerta de San Vicente.
Benavides se había casado en la realidad con una de las hijas de Francisca Alba. Luego de la muerte de ella contrajo matrimonio con otra de las hermanas.
Lorca no era "apolítico"
Hasta nuestros días no faltan quienes lo presentan como desinteresado en la política, ajeno a cualquier alineamiento en ese campo. En su momento hasta hubo una línea dentro del falangismo que lo presentaba en un proceso de aproximación a las ideas de Falange, poco antes de su asesinato. Se alegó cierta amistad suya con José Antonio Primo de Rivera.
En cambio el asesinado firmó manifiestos de apoyo al Frente Popular. Habría dado contribuciones al Socorro Rojo Internacional. Y participado en algunas actividades de "los amigos de la Unión Soviética".
Estaba muy lejano del apoliticismo, aunque no fuera un militante partidario. No tenía nada en común con el nacionalismo chovinista, el catolicismo integrista y la mirada reverente hacia el injusto orden social y el dominio de la propiedad privada.
Su mirada sobre la sociedad española lo colocaba del lado de los pobres y los postergados. No había duda de qué lado se encontraba en la contraposición entre la derecha y la izquierda.
Lo anterior iba acompañado por el contenido social y cuestionador que transparentaban sus obras. Su teatro era opuesto al tradicionalismo y a la moral pacata.
En cuanto a la poesía, había atacado desde allí a la guardia civil, en el "Romance de la Guardia Civil Española", incluido en Romancero gitano. La llamada "benemérita", clave de bóveda del aparato represivo hispánico y azote en especial de los campesinos y sus acciones de protesta.
El poema sobre la "benemérita" era a la vez un alegato contra los terratenientes andaluces, explotadores despiadados e instigadores de los atropellos policiales. Hasta se menciona por el nombre a uno de los principales, Pedro Domecq.
Lorca remitía en ese poema a sucesos reales: La represión de la huelga agrícola de jornaleros en la campiña de Jerez de la Frontera en julio de 1923. Domecq era un principalísimo terrateniente y bodeguero de esa zona.
En los versos de Poeta en Nueva York rezumaban las críticas al poder del capitalismo y a la postergación social y cultural por motivos raciales.
A la hora de las declaraciones públicas, no ahorraba las muestras de identificación con las clases populares y los fuertes reparos hacia los poderosos. Lorca estaba en las antípodas de la idea de "hispanidad" cultivada en los medios conservadores y reaccionarios.
En cuanto a sus opiniones a propósito del arte y del teatro en particular, fueron abundantes y de claridad meridiana. Les daba un contenido de clase, al fustigar la apropiación del teatro por parte de la burguesía.
Como contraparte auspiciaba la renovación del público en favor de proletarios y campesinos. A ello apuntó con La Barraca, el teatro universitario que llevaba los clásicos del Siglo de Oro a pueblos y aldeas corroídos por la miseria y el analfabetismo.
Campesinos de aldeas recónditas asistían con asombro a las obras de Pedro Calderón de la Barca, Lope de Vega, Miguel de Cervantes y Tirso de Molina.
Una semana antes del golpe, en declaraciones al diario El Sol, va en esa dirección. "Ningún hombre verdadero cree ya en esta zarandaja del arte por el arte mismo. En este momento dramático del mundo el artista debe llorar y reír con su pueblo. (...)
"Soy español integral; pero odio al que es español por ser español y nada más. Yo soy hermano de todos y execro del hombre que se sacrifica por una idea nacionalista abstracta por el solo hecho de que ama a su patria con una venda en los ojos"
La identificación del artista con los de abajo y la abdicación de las ideas nacionalistas eran terminantes. Graves atentados a la luz del pensamiento de derechas en España.
La "gente de orden" se convulsionaba frente a sus obras. Como en el comentario que vertió un periódico de derechas, Gracia y Justicia, a propósito de su obra Yerma: "Repugnante. Ninguna mujer decente puede presenciar la obra, que cae dentro del código penal, porque con ella se comete un delito de escándalo público".
Las amenazas, la prisión, el crimen
En la incursión del 9 de agosto en la Huerta de San Vicente, una mucama de la casa, Angelina Cordobilla recordaba: "al señorito Federico le dijeron maricón, le dijeron de todo. (...) Lo tiraron por la escalera y le pegaron".
El pretexto de la irrupción era la búsqueda de los hermanos del casero de la finca, al parecer sospechosos de un asesinato. Encabezaba el grupo de hombres armados que irrumpió en la huerta alguien apodado "El Marranero" alcalde de la cercana localidad de Pinos Puente, muy vinculado a la familia Roldán.
Ese atropello fue precedido, el 6 de agosto, por una revisión policial, en la que los uniformados buscaban un aparato de radio con el que el autor de La zapatera prodigiosa se comunicaba con Rusia. Desmontaron el piano de la casa en su búsqueda.
El aparente disparate conectaba con las imputaciones que se le harían a Lorca. La presunción de que era un enlace con "Moscú" fue algo que estuvo en boca de Ruiz Alonso. Y tal vez haya aparecido en la denuncia cuyo texto exacto se desconoce.
Se le atribuye al exdiputado de la CEDA la frase "...ha hecho más daño con su pluma que otros con sus pistolas". A despecho de que haya pronunciado o no esas palabras, resultan muy verosímiles.
Las derechas españolas, sumadas al "movimiento salvador de España", libraban a conciencia una guerra cultural contra el pensamiento y el arte de las izquierdas.
Veían allí un frente de batalla contra quienes "envenenaban" a la sociedad española. Después de la guerra el también poeta Miguel Hernández recibió una sentencia de muerte, después conmutada. Se sostenía en esa acusación de producción de "veneno" cultural y de perturbación de las "personas de orden".
El propio Ruiz Alonso era un cruzado en esa lucha. Un orador y escritor siempre enfilado contra las ideas de izquierda. Portador de una prédica específica dedicada a los obreros para que no se dejaran "engañar" por los propiciadores abiertos o encubiertos del socialismo. A quienes consideraba falsarios. No merecedores de ningún respeto. Y dignos de ser extirpados de la escena política y sindical.
Lorca tenía una prolongada y estrecha relación con el dirigente socialista y ministro de la república Fernando de los Ríos. Él había sido su profesor en la universidad de Granada, de donde era oriundo como Federico.
Los burgueses y derechistas granadinos profesaban el mayor de los odios a de los Ríos. Quien había sido ministro de Instrucción Pública y desde ese cargo luchó por la implantación de la educación laica. Ser hechura de ese dirigente era una de las acusaciones que circulaban sobre Lorca.
El gobernador civil, comandante José Valdés Guzmán, "camisa vieja" y jefe de las milicias de Falange, jugó un papel destacado en la detención y muerte de Federico García Lorca y de miles de simpatizantes de izquierda.
Las investigaciones apuntan a que, como gobernador civil de Granada fue quien dio la orden de asesinar al poeta. Él era el responsable de la jurisdicción donde fue conducido Lorca luego de su irregular arresto.
La de Lorca fue la más notoria, pero las ejecuciones en la ciudad de Granada y sus alrededores se contaron por centenares en el mes transcurrido a posteriori del acto sedicioso del mes de julio. La desaparición de esos cuerpos era asimismo moneda corriente.
De cualquier modo en la muerte de Lorca no tuvieron protagonismo las milicias falangistas. Ruiz Alonso, Trescastro y los Roldán orbitaban más bien en torno a Acción Popular y la CEDA. Cercanos al fascismo, con una impronta católica y conservadora muy fuerte.
Por el contrario, lo fueron a buscar a una casa de falangistas, de entre los que había un par con predicamento en el plano local de esa organización. En especial José Rosales, quien se apersonó al gobierno civil luego de la detención con el objetivo de liberarlo o al menos de preservar su vida. Volvió al día siguiente. Y mantuvo una fuerte discusión con Valdés en procura de la liberación.
Hasta consiguieron una orden de libertad de parte de la gobernación militar, que fue ignorada por la civil, que no le reconocía jurisdicción en el caso.
Lo que se conoce hasta ahora sobre las circunstancias de la muerte del dramaturgo de La zapatera prodigiosa, es que fue ejecutado en la carretera que va de los pueblos de Viznar y Alfacar. Fue en horas de la noche. Hay indicios de que tomaron parte en el crimen algunos policías y militares y también "voluntarios" civiles.
La ya mencionada jactancia de Trescastro de que fue él quien lo ultimó no tiene comprobación fehaciente.
El de Lorca fue un arresto irregular y luego lo mataron en la total clandestinidad, sin nada que acreditara ese acto. Se ha escrito acerca de un visto bueno telefónico del general Gonzalo Queipo de Llano, el "virrey de Andalucía", ante una consulta del gobernador civil Valdés. Pero tampoco hay comprobación indubitable.
Junto con Lorca se les quitó la vida a otras tres personas. Entre ellos un maestro, Dióscoro Galindo, culpado por un cura de trasmitir enseñanzas dañinas a los niños a quienes enseñaba.
También dos banderilleros (integrantes de la partida del torero en las corridas) de tendencia anarquista, Francisco Galadí y Joaquín Arcollas.
El cuerpo del nacido en Fuentevaqueros no ha sido encontrado hasta el presente. Las búsquedas realizadas han resultado infructuosas. Permanece desaparecido. Junto con decenas de miles de republicanos que perecieron a manos de los sediciosos.
La "causa Lorca" en Argentina
Ante el poder judicial argentino se investiga el asesinato de Lorca, por aplicación del principio de jurisdicción universal. La Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica de España dio inicio a una causa. Fue aceptada por la jueza María Servini de Cubría en 2016. Está enmarcada en la llamada "querella argentina".
Dicho procedimiento tiene parte de su sustentación en un informe policial de 1965 que la "transición democrática" española mantuvo en secreto durante muchos años. Salió a la luz recién en 2015. Allí se da cuenta de las circunstancias de la detención y asesinato. Se mencionan sus "prácticas de homosexualismo", aunque reconoce que no hay "casos concretos".
En el informe policial se expone que García Lorca era conceptuado como socialista por su vínculo con Fernando de los Ríos y otros "jerifaltes de igual signo político". Figura también como masón, perteneciente a la logia Alhambra, con el nombre simbólico de Homero.
Así es que al autor de Diván del Tamarit se le atribuyen tres de los "delitos" más perseguidos por la derecha hispánica. Luego incorporados al repertorio político, jurídico y moral de la tiranía franquista: Masonería, ideas de izquierda y la "aberración" de los hombres que amaban a los varones.
Dos de las tres atribuciones se desdibujan en la vaguedad, sin precisiones que permitan su comprobación. Sólo la referencia masónica se muestra algo más concreta.
El origen del informe radica en el propósito de la influyente escritora francesa Marcelle Auclair de investigar y escribir sobre la muerte del poeta. En 1964 pidió a las autoridades franquistas información sobre las circunstancias de la muerte. Las autoridades, tras algunas vacilaciones, produjeron un informe oficial.
En mayo de 1965, el ministro de Asuntos Exteriores, Fernando María Castiella, escribe a su homólogo de Gobernación, Camilo Alonso Vega, sobre el proyecto de Auclair para escribir una biografía de García Lorca. "No creo que debamos dejar de contestar al ruego que la referida escritora francesa ha elevado a nuestro embajador en París".
El tratamiento del caso ante autoridades judiciales tiene el loable propósito de terminar con la impunidad de un crimen mayúsculo. De todas formas la gloria de Lorca, de alcance mundial y que continúa hasta nuestros días, constituye una suerte de reparación de su memoria.
Argentina es epicentro de un verdadero culto al poeta. Siempre hay obras suyas en la cartelera teatral. Sus libros pueden encontrarse sin esfuerzo en las librerías. A sus asesinos los cubre el baldón y el olvido. A él la memoria imperecedera de una obra ante la que nadie permanece indiferente.
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