Gobierno, anarquía y Fernán-Gómez

En su memoria, junto a la reposición de títulos emblemáticos de su dilatada obra cinematográfica, se emitieron diversos reportajes y entrevistas testimoniales de tan fecunda personalidad creativa. En uno de ellos, Fernán-Gómez reflexionaba en torno a los asuntos de gobierno, postulando la anarquía como el sistema más conveniente -en pura idealidad- para regir los negocios humanos, aunque su consecución parezca utópica. Aun llegó a afirmar taxativamente « todo el tiempo que no esté dedicado a la revolución es un tiempo perdido», reconociendo a la vez, que tal decisión implicaba un grado de compromiso, de renuncia y de hormonas, casi imposible de obtener entre los actuales individuos homo sapiens.
Amainado el vendaval electoral, recuperamos la normalidad cotidiana y cada mochuelo a su olivo. Los triunfadores en la rueda de la fortuna se aprestan a la sabrosa manduca, con la función prioritaria de actuar como correa de transmisión, aplaudiendo consignas propias y pateando las ajenas; mientras los desheredados buscan acomodo pasable. Para entrar en faena, asistimos a la escenificación de la enésima muestra de cohesión territorial y solidaridad armónica a cargo de la España plural y diversa, con el trasfondo del agua. Quizá debamos aceptar que la concreción práctica del vigente modelo democrático se reduzca a una suerte de intereses partido-personalistas encontrados y, a menudo, alejados del manido interés general, corrector de injusticias y supresor de las desigualdades personales o geográficas. Incluso el lenguaje nos traiciona, en apariencia las elecciones además de los partidos ¿También ganamos los ciudadanos? Es difícil saberlo porque uno de los defectos del sistema reside en su incapacidad para detectar yerros, corruptelas y nepotismos varios que sólo saltan a la luz cuando alcanzan forma de escándalos bochornosos.
Pero volvamos al pensamiento de Fernán-Gómez como saludable ejercicio crítico, en medio de la atonía que nos acogota. En su acepción coloquial, el término anarquía tiene fuertes connotaciones negativas; así el diccionario habla de «Falta de gobierno en un estado y por extensión desorden y confusión». Sin embargo, el significado de anarquismo es confortador en su primera parte « doctrina que preconiza la libertad suprema del individuo », y más discutible la segunda: « con supresión del estado y la propiedad privada en la producción». A veces acudo a este pensamiento íntimo, dada la orfandad de auténticas ideologías trascendentes en el acontecer del solar patrio, y siendo consciente de las imperfecciones que jalonan cualquier obra humana; más como decía un antiguo graffiti pintado en el colegio de mi hija «Los ideales son como las estrellas, nunca los alcanzamos pero guían nuestro camino».
Cambiando de tercio, permítanme que aproveche el poco espacio que falta para rendir un sincero reconocimiento a la figura de Fernán-Gómez, personificación del talento concienzudo y brillante, manifestado en sus facetas de actor, director de cine, escritor, pensador y conversador ameno. Recuerdo que vi en el desaparecido cine Gran Vía, de butacas y moqueta ajadas que olía a rancio El viaje a ninguna parte, sobre las tristes vicisitudes padecidas por una compañía ambulante de cómicos de mala muerte. En una escena memorable, Fernán-Gómez consigue un papelillo ínfimo en una película, pero actúa tan rematadamente mal, que el director lo echa con cajas destempladas. Su interpretación magistral -como todas- sirvió para redimir ante mis ojos la imagen negativa grabada en mi alma adolescente, a raíz de su actuación -también condenadamente bordada- como estraperlista degenerado y canalla en la extraordinaria y quizá minusvalorada Pim, pam, pum, fuego. Queda pendiente para otro artículo, que seguramente nunca escribiré, la incógnita a despejar de si, estrictamente hablando, a la revolución, como a la democracia o la anarquía, no les ocurre lo mismo que a la caridad; es decir, que para ser bien entendidas deben empezar por uno mismo.
Extraído del diario la Verdad 24 de abril de 2008







