Guerrilla contra la invasión

El despreciativo desconocimiento del régimen de Bush de la historia de su larga lucha anticolonial y del sentimiento nacionalista forjado durante la misma es otro de los factores que explican la incapacidad de Washington de comprender la fortaleza de la guerrilla y el mayoritario sentimiento unitario del pueblo iraquí frente al invasor, que está consiguiendo minimizar otras divergencias, como las religiosas, que eran las que EEUU quería aprovechar para destruir a Irak como estado y conseguir así para Israel, y para sí a través de los sionistas, la supremacía absoluta en Oriente Medio.
Como recuerda Richard Becker, la política intervencionista de EEUU en Irak se inició tras la I Guerra Mundial, cuando Gran Bretaña y Francia, tras traicionar a los árabes y repartirse el botín turco de Oriente Medio, iniciaron una lucha por el control de los campos petrolíferos de Mosul, lo que EEUU aprovechó para exigir su parte. Así, todo el petróleo se lo repartieron entre Gran Bretaña, Francia, Países Bajos y Estados Unidos, quedando el pueblo iraquí desposeído de su disfrute... Hasta 1958, en que una revolución nacional, apoyada por China y la URSS, lo nacionalizó y devolvió a manos iraquíes. Para gran preocupación de Washington, que para entonces era ya la gran primera potencia imperialista, había establecido una neocolonia en Arabia Saudí, controlaba Irán tras un golpe de Estado de la CIA y estaba decidida a utilizar todo tipo de tácticas para debilitar a Irak e impedir que su ejemplo cundiera en zona tan vital: envío de fuerzas a Libia y Jordania, apoyo a los derechistas contra los nacionalistas de izquierdas, prohibición del PC iraquí, financiación de la guerra entre Irak e Irán para conseguir, en palabras de Kissinger, «que se destruyan mutuamente»... Después, tras la I Guerra del Golfo, vendrían diez años de bloqueo y bombardeos que causaron más de un millón de muertos, pero que el pueblo resistió desde un sentimiento nacional y antiimperialista en aumento.
Y EEUU pretende ignorar esa historia de lucha, que es la que forja el temple de los pueblos, y, dando marcha atrás en la máquina del tiempo, plantea un modelo de colonización al más puro y mafioso «estilo 1920» en un país como Irak que ya ha conocido la diferencia entre funcionar como nación independiente o padecer el yugo imperialista, del que además les da prueba constante el ejército ocupante: miseria, humillación, racismo...
Los datos parecen apuntar a que Aznar no ha sabido jugar a caballo ganador.
Gara
13/10/03







