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22/08/2020 :: Pensamiento

¿Desde cuándo estamos confinados?

x Juan Luís Corbacho
Frente a todo esto, ¿qué nos queda? Nos queda la conciencia de clase

A la vista de la COVID-19 se pueden hacer muchas reflexiones. No soy médico ni virólogo por lo que no soy quien para poner en duda la existencia ni su sintomatología ni su gravedad. Lo que sí sabemos es cómo el capital está aprovechando esta enfermedad: mayor represión en todos los ámbitos.

Pero hay más. El presidente Lukashenko, ese que ha ganado las elecciones en Bielorusia “haciendo trampas”, no como Bush en la Florida, no, sino obteniendo más del 80% de los votos, ha dicho que tomar la medida de confinar a la población es un plan del FMI para desactivar todos los países y endeudarlos, obligándolos a tomar las medidas que ellos quieran para acceder a los préstamos. Desde aquí nuestro apoyo a Lukashenko y a la victoria en las elecciones con el apoyo del partido comunista de Bielorusia.

Mientras tanto en España, las veleidades del gobierno socialdemócrata vienen a mostrar cómo la influencia del poder económico marca las agendas gubernamentales. Hoy te confino, mañana te permito abrir bares y discotecas, hoy prohíbo los viajes, mañana permito a los turistas entrar…TODO POR LA PASTA (¿o era por la patria?).

Pero perderse en esas medidas es caer en el juego del capital y sus lacayos, socialdemócratas, derechistas casposos y fascisto populistas.

El confinamiento, el pasado y el que está por venir, nos afecta a casi todos y todas (ya sabemos que el yeso de la construcción evita el contagio, o eso debía ser, porque a la construcción no le dieron ERTES), pero había población confinada desde mucho antes. Un confinamiento más sutil, pero igualmente opresor:

Niños y niñas están confinadas desde los años 90, ya no pueden jugar en las calles, no tienen amistades en el barrio, van del cole a las extraescolares y los días libres a jugar a la play, la Xbox, el móvil o lo que sea. Si hasta los cumpleaños se celebran en recintos cerrados con una componenda social y clasista importante

Las personas ancianas están confinadas en las residencias (¡vaya negocio!). Toda la vida trabajando, para no tener nada, para acabar arrumbadas como un juguete roto, rodeadas de extraños y cuidadas por empresas que sólo buscan el lucro.

La juventud confinada en sus aparatos electrónicos, un poco más de desarrollo que la infancia, pero apartada de todo. Sólo pueden ir a los lugares de ocio autorizados (los negocios), los botellones prohibidos porque ensucian y hacen ruido, no como las discos y los bares, que mantienen las calles limpias y en silencio (modo sarcasmo on), quienes tienen la montaña cerca, tampoco pueden porque estropean la naturaleza (queda reservada para turistas de Alemania que puedan disfrutar del entorno) y quienes tienen cerca la playa, que se preparen, sólo está permitido tomar el sol y bañarse, nada de juegos de pelota, tenis, carreras, etc… (eso sí, pueden alquilar una moto acuática y reventar el mar a planchazos, que eso ni hace ruido ni molesta).

¿Y los adultos? Parece que los adultos son los únicos que nunca han estado confinados, los ricos, debe ser, porque los pobres pasan de jornadas extenuantes a llegar a casa, buscar aparcamiento (el transporte público no da para más) y ver televisión. Y si protestas o se te ocurre siquiera, ahí tienes la ley mordaza (esa que aún no ha derogado el gobierno pijo progre) o la reforma laboral que ha sido modificada sólo en lo más escandaloso, pero que en el resto sigue viva, y ahí están los trabajadores y trabajadoras de la hostelería, cotizando por 4 horas y trabajando 14, que ahora con la crisis la cosa está muy mal, o los que se incorporan al mercado laboral en formas sutiles como emprendedores repartidores de pizzas.

En fin, que parece que los únicos no confinados eran los fumadores y bebedores de bares, para quienes se habilitaron aceras y plazas de aparcamiento….business es business. Y a estos y a todos nos fastidia llevar mascarillas.

Frente a todo esto, ¿qué nos queda? Nos queda la conciencia de clase, hasta la puñetera COVID-19 afecta más a personas pobres que a las ricas, como no podía ser de otra manera, entre otras cosas porque somos más. Sólo si nos organizamos saldremos adelante acabando con toda esta farsa. Sólo el pueblo organizado salva al pueblo.

Mientras tanto, en el mundo de fantasía, el monarca se pasea por las Baleares como el rey desnudo, le ocultan las manifestaciones anti monárquicas y dejan que se le acerquen los lameculos de siempre. A ese también le ha afectado el COVID-19, por lo menos, debe tener el susto en el cuerpo, después de que el emérito saliera por patas ante el acoso de la fiscalía SUIZA, que la española está muy ocupada en encerrar a raperos que llaman ladrones a los ladrones ¿a quién se le ocurre?

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