Ikea pone la primera piedra en Jerez, el monstruo empieza a desarrollar sus tentaculos

Inter Ikea, en una época de supuesta crisis económica en el mundo, invertirá 200 millones de euros, lo que supone la mayor inversión privada en Jerez. El macro-complejo justifica su cronstrucción en la creación de empleo. Este nuevo centrocomercial destruirá las posibilidades de desarrollar una economía local sostenible, además de enterrar cualquier posibilidad de independencia en los recursos y potenciales de la localidad jerezana. Se espera que la tienda de Ikea esté lista en el primer semestre de 2010, y el proyecto global, un año después. No hay misterio, los precios que ofrece la multinacional sueca obedecen a una mano de obra muy barata en los países empobrecidos.
El desembarco de Inter Ikea Centre España y su 'megaproyecto' para la ciudad, el mayor complejo comercial de Andalucía y el más grande de cuántos promueve en Europa la subdivisión del gigante sueco, supondrá la construcción de 1.500 plazas de aparcamientos sobre una superficie total de 6.000 plazas.
Se prevén tres fases de construcción, durante la primera se procederá a la urbanización de los terrenos, con un plazo de 6 a 10 meses. La tienda se abrirá en el primer semestre de 2010, y en 2011 está previsto que se ponga en marcha el resto del complejo comercial, otro más para una Bahía de Cádiz saturada de grandes superficies.
La alcaldesa jerezana, Pilar Sánchez, ha presidido el inicio de las obras de este complejo comercial. En el moneto estético han estado presentes además el director general de Inter Ikea, Michael B. Hansen; la responsable del proyecto, Sonia Corvera, y el director inmobiliario de Ikea Ibérica, Sylvain Laval. La edil socialista ha calificado esta jornada como histórica para Jerez y los jerezanos, “porque esta primera piedra supone la principal manifestación de que nos hemos consolidado como un destino preferente para las inversiones empresariales, la actividad económica y la generación de empleo, en un momento en el que se está viviendo una desaceleración económica”. “Y es en este contexto de trabajo, esfuerzo y liderazgo compartidos, en el que hoy asistimos al reforzamiento de la centralidad económica de Jerez, con el inicio del gran balcón comercial, de ocio y empresarial a través del cual Jerez se asoma a la Bahía y la provincia, y al futuro”.
Con un argumento corporativo similar, el director inmobiliario de Ikea Ibérica, Sylvain Laval, reconoció que 'no es casualidad' que Andalucía sea la comunidad autónoma que cuente con más tiendas de la multinacional nórdica, pues 'desde la llegada a España de la compañía, esta región ha sido un mercado estratégico para Ikea'. Y eso, argumentó acto seguido, 'también se debe a la gran acogida que nuestros productos han tenido desde el principio y al apoyo de todas las Administraciones locales y regionales'.
Corvera señaló que el parque comercial, para el que se barajan varios nombres e incluso la posibilidad de que la denominación se elija mediante un concurso, estará especialmente pensado para las familias, 'un sitio en el que todos puedan encontrar un lugar donde sentirse a gusto; y en el que cuidemos especialmente la integración en el entorno, con el medioambiente, para que todos puedan considerarlo el más importante y el mejor destino de compras del que pueden disponer en la zona'.
No deja de ser cuanto menos curioso que la mayor inversión que ha conocido Jerez en su historia moderna, un montante total que superará ampliamente los 200 millones de euros, llegue justo en el actual momento que atraviesa la economía mundial. El hipermercado, esa gran superficie de aspecto anodino que salpica nuestra periferia conurbana, es la mejor representación de esa 'inmensa acumulación de mercancías'.
Tanto en los países productores del Tercer Mundo como en los trabajadores del Primero. Después de que varios reportajes televisivos mostraran a niños trabajando para subcontratistas de Ikea en India, Vietnam, Filipinas o Pakistán (donde incluso se les encadenaba a las máquinas), la empresa de la familia Kamprad creó un código de conducta que en la práctica no es más que papel mojado, pues los trabajadores de los 1.300 subcontratistas que proporcionan sus productos a Ikea tienen prohibido el derecho a la sindicación (algunos incluso nunca han oído hablar de ello) y trabajan una media de quince horas al día (de las ocho de la mañana a las once de la noche) sin contar las horas extra y el horario nocturno, frecuente cuando se acelera el plazo de entrega de los pedidos.
Ikea ha destacado fomentando el trabajo precario entre jóvenes y estudiantes, o rompiendo huelgas (en Bélgica ofreció a los un bono de compra en una tienda de electrodomésticos a los trabajadores que permanecieran en su puesto de trabajo el día de la huelga), pero tiene su peor antecedente en una circular interna de la compañía en Francia firmada por el director de marketing, que aconsejaba no contratar a trabajadores de color porque 'tienen menos posibilidades, y aquí de lo que se trata es de avanzar rápido.'.
Después de los escándalos que estallaron en Dinamarca y Alemania en los 80 por la presencia de formaldehído y otras sustancias tóxicas en sus productos, el origen de la madera de los muebles expuestos en Ikea sigue siendo, en su mayor parte, de procedencia dudosa y, con toda probabilidad, talada sin ningún control en los bosques de Rusia o China. Sólo en el 2005 se calcula que esta madera de naturaleza incierta alcanzaba los 640.000 metros cúbicos.
La voracidad maderera del coloso sueco se retroalimenta con su estrategia empresarial de obsolescencia planificada, pues ninguno de sus productos está diseñado para durar más de dos temporadas y, aún haciéndolo, su poderosa maquinaria publicitaria tratará de convencer a sus fieles compradores de lo contrario, pues uno de sus mayores logros estriba precisamente en haber sustraído el valor patrimonial del mueble para convertirlo en un producto de consumo.
La extensión y creciente hegemonía del diseño Ikea, del mueble de líneas y madera clara, uniformiza los interiores de los hogares, narcotiza la creatividad de los diseñadores y elimina progresivamente las particularidades culturales de cada localidad. Lo peor es que Ikea ni siquiera representa el diseño sueco, sino su propio diseño, el diseño Ikea, y con él pretende crear un mundo a su imagen y semejanza.







