Inmigración: el despertar de los nadie

El otro día leí un artículo en el que decía: “Veinticinco inmigrantes, dos de ellos bebés, caen al mar frente a Almería. En la patera, procedente de Marruecos, viajaban 55 personas. Solo una treintena pudo ser rescatada”*.
Por desgracia son ya unos cuantos los artículos que he tenido que leer similares. Y por más que los veo, me siguen impactando igual que el primero. Aunque más me impacta el pasotismo de la gente, el que estos hechos se vean como algo normal y más todavía que encima haya gente que incluso se alegre de que no lleguen a “nuestras” costas.
Os dejo unas breves reflexiones cansado de ver este tipo de noticias. Es más de lo mismo, no diré nada que no se haya dicho ya, pero hay que seguir insistiendo:
Es el pan nuestro de cada día. Sueños hundidos en océanos de lágrimas. Personas buscando un porvenir, un futuro mejor que no pueden encontrar en sus países, quizás por el expolio de grandes empresas multinacionales extranjeras, quizás por la corrupción que hay en altos cargos y en las administraciones. Lo que está claro es que la solución ante la inmigración pasa por el cambio radical de modelo social a nivel mundial. Un mundo en el que existen personas que no tienen nada y otros que lo tienen todo, un mundo que obliga a las personas a huir de la miseria para sobrevivir. Nos pueden bombardear cuantas veces quieran con el sueño de que bajo el capitalismo vivimos en el mejor de los mundos posibles, pero digan lo que digan, este mundo, es un mundo injusto.
No es nada nuevo ¿Verdad? Es algo que todo el mundo sabe, que en teoría a nadie le gusta, pero aquí nadie hace nada. Solo oigo lamentaciones y discursos victimistas. No veo movilización por nuestra parte, ni veo soluciones reales de los que mueven los hilos, aunque tampoco espero nada de ellos.
Pues bien, como en cada injusticia, el análisis radical (ir a la raíz del problema) de la situación, es necesario cuestionarse de donde vienen esos problemas, quien los fomenta y por qué no se arreglan. Pero... ¿Acaso no lo sabemos todo el mundo ya? Los análisis son imprescindibles, pero hay cientos y están a nuestro alcance.
Entonces mi pregunta es la siguiente: ¿Qué falla si todos tenemos todo tan claro? ¿Qué es lo que falta si sabemos quienes son los culpables y de donde vienen los problemas y las desigualdades sociales?
Yo propongo estudiar esos análisis y después alejarnos de las lamentaciones y el victimismo que no resuelve nada. Propongo actuar "aquí y ahora" en la medida de nuestras posibilidades. Los objetivos de cambio social son nuestra meta, y quizás en un tiempo, si empezamos a organizarnos en serio y al margen de los aparatos que nos propone su sistema, podamos cambiar el sistema y las desigualdades que provoca. Pero mientras tanto vamos a ir actuando en los problemas más cercanos, sin dejar de lado esa meta, claro está.
¿Quien no está cansado de oir comentarios xenófobos o racistas en nuestro entorno? Dejemos de callarnos cada vez que se abran las bocazas para faltar el respeto a los inmigrantes. No tengamos miedo a contestar, a decir lo que pensamos ante sus prejuicios: La única escoria que nos quita el trabajo es el empresariado que busca el beneficio propio en vez del colectivo y que por ello contrata personal cuyo salario a pagar es inferior. El único que roba es el sistema que provoca que haya las desigualdades sociales que existen, y que precisamente obligan a robar al de al lado para sobrevivir. No es su cultura la que fomenta el odio, no hay mayor odio que el egoísmo que provoca el individualismo en contra de los intereses colectivos, fruto, claro está, del sistema en el que vivimos.
¿Quien no ha oído que tal abogado ha estafado a algún inmigrante que busca obtener su documentación en regla? Basura que busca enriquecerse con problemas ajenos, a base de estafar a personas que no tienen nada. Que por no tener no tienen permiso para residir en un país donde por casualidades de la vida, no es donde les tocó nacer. El hecho de que haya gente que se aproveche de esas situaciones para llenarse el bolsillo, merece una consecuencia a pagar. Habría que enseñarles que ningún acto en contra de los “desposeídos” sale gratis. Quizás sea la hora en que sus lujos conseguidos a base de estafar personas o sus despachos ardan al igual que su fijación de aprovecharse del que no tiene nada.
¿Quien no ve cada día propaganda en las calles en forma de carteles, pegatinas o pintadas rechazando la inmigración? ¿Debemos soportar sus provocaciones? Alguien debería recordar a esa gente que un día nosotros fuimos los inmigrantes, que hubo españoles que tuvieron que buscarse la vida con el sudor de su frente en otros países. Esa gente que tanto dice reivindicar la memoria española (la que les interesa claro) y se olvida, que por un tiempo, los españoles que no tenían nada, emigraron para buscar tener algo. Esa gente que se cree mejor que otros por el mero hecho de vivir en un país que creen muy diferente y superior. Esa gente que con sus actos xenófobos y racistas a parte de demostrar ignorancia, demuestran un egoísmo irracional y desprecio hacia lo ajeno, lo diferente. Esa gente, merece un escarmiento.
Las cosas no cambian por sí solas, y no podemos esperar a que lean libros y se informen y se conciencien de por qué existe inmigración. Desde los medios oficiales, de comunicación, enseñanza, etc... no se habla de sociedades multiculturales, de respeto y de tolerancia, como el único modelo a seguir. No solo no se potencia ese modelo, si no que en muchas ocasiones se intenta prevenir porque hay otros intereses. Ese cambio por lo tanto, es tarea de todos. De todos los que escribimos el día a día de una historia que no es la que nos pretenden inculcar. No dejemos ni un ápice de su propaganda en las calles, arrasemos, boicoteemos su parafernalia intolerante y a ellos démosles lo que les pertenece: No dejarles espacio en nuestras calles, en nuestros barrios, en nuestras ciudades. En ese tipo de sociedad que buscamos, no puede haber espacio para ellos. No se puede convivir con quien no quiere convivir. ¿Seremos entonces intolerantes con los intolerantes? Pues sí, cuando se hayan agotado las otras alternativas, no quedará más remedio.
A la conclusión que quiero llegar con estas pequeñas propuestas ante hechos tan concretos es que debemos de fomentar la solidaridad y el respeto con quienes manejan los remos de un barco cuyo timón es guiado por una minoría miserable. Y que a esa minoría y a sus peones (desgraciadamente no tan minoritaria) no les vamos a consentir espacio entre nosotros.
Nadie regala nada, y las buenas intenciones de cambio caídas del cielo, son una ilusión, algo bonito, pero irreal. El cambio está en nosotros y en nuestras acciones. Si queremos que haya cambio, hagamos por cambiar lo que nos rodea, y lo escrito en el artículo son pequeñas cosas que podemos hacer.
Los métodos a emplear son discutibles, desde luego, pero me gustaría saber que otros medios reales se pueden utilizar en situaciones reales para solucionar los ejemplos mencionados.
Desde los que crean la desigualdad que provoca inmigración, pasando por las mafias que juegan con las vidas de personas en viajes sin retorno, mafias que se enriquecen con la obtención de permisos que acreditan la posibilidad de vivir sobre un pedazo de tierra determinado, hasta el último racista o xenófobo, serán objeto de nuestra respuesta. Una respuesta que no se hará esperar y a la que invito a todas las personas a que sean partícipes de ella.
Con respecto a los culpables, causantes de estas incómodas situaciones solo recordaros que “Quien siembra vientos, recoge tempestades”. Alguien decía hace tiempo. “Cuando los mudos griten, los sordos sentirán el miedo”. No le faltaba razón, hoy comienza el griterío.
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