¡Por mis muertos!

Jorge Arnaldo Hernández, de 26 años, era peruano. Trabajaba de soldado español en la Brigada Paracaidista desde hace tres años. Murió en Afganistán, "al servicio de la patria". No faltó nadie a su funeral. Zapatero, Alonso, Rajoy, Esperanza Aguirre, los jefes del Estado Mayor de la Defensa y de los tres ejércitos Era "muy capaz, callado y sacrificado", contó en una sentida homilía el arzobispo general castrense. Finalizada la ceremonia religiosa, el presidente del Gobierno impuso sobre su féretro la Cruz al Mérito Militar concedida a título póstumo. "Te matan y después piden perdón al cadáver", solía decir la poeta Gloria Fuertes.
Freddy Arenas, de 43 años, era colombiano. Mecánico de mantenimiento. Falleció el martes en Zaragoza, en acto de servicio. Estaba destinado en las faraónicas obras de la Expo2008. Un accidente mortal se lo llevó mientras realizaba tareas de mantenimiento en la planta de hormigón. A su entierro acudieron la familia, los amigos y los compañeros de trabajo. No recibió ninguna medalla.
Anoche tuve un sueño. Eramos libres. La libertad absoluta. Todo estaba permitido. Sin límites. Una orgía de posibilidades. Las cárceles estaban llenas, eso sí, pero eran otros quienes ocupaban las celdas, quienes cumplían nuestra pena. Justos por pecadores.
En 2005 las prisiones españolas daban cobijo a 52.747 reclusos. El 30% son extranjeros. Los colombianos, con 1.810 presos, y los argelinos, con 1.094, encabezan la lista. La cárcel también ha caído en desgracia. Nadie quiere ser preso. Vivir condenado. Por suerte, como sucede con los oficios más ingratos, con las tareas más sufridas, también aquí hemos encontrado un recambio. Según las últimas cifras del padrón municipal, a uno de enero de 2005 los inmigrantes residentes en el Estado eran ya 3,5 millones, el 8% de la población. No todos son malhechores. Da igual. Aprenden rápido. Muchos terminarán entre rejas. Encerrados por no tener un trabajo.
Todo son virtudes. Aún así, hay quien sigue sin verlo claro. Acaban de conocerse los resultados del último estudio del Centro de Migraciones y Racismo, un organismo dependiente de la Universidad Complutense de Madrid. Un 40% de los escolares españoles expulsaría a los marroquíes y un 36% a los gitanos. El 47,2% cree que los inmigrantes nos quitan el trabajo. Un 44,5% los vincula al terrorismo y el 62,7% afirma que traen la droga y provocan un aumento de la delincuencia. En la encuesta han participado 10.000 estudiantes, jóvenes de entre 14 y 19 años. Para un 57% la inmigración acarrea más inconvenientes que ventajas. Sólo un 25% afirma lo contrario.
El futuro, si es que algún día es, será negro. Rancio. Mohoso. Putrefacto. Inmundo. "Hoy, los jóvenes maduran antes, pero también se pudren antes", avisa el escritor esloveno Zarko Petan. El futuro ya no es lo que era. Juventud, divino inodoro.
Anoche tuvo un sueño. O fue una pesadilla. Estaba rodeado de cadáveres. Por todos lados. Una dulce voz, susurrante, me tranquilizaba: "No te preocupes. Descansa. Son extranjeros. Nadie que conozcas". Debo estar haciéndome mayor. Veo muertos. Inmigrantes muertos. Y me preocupa.







