José Couso asesinado: Continúa el PSOE de la infamia

Nunca se debe olvidar qué clase de engendro monstruoso es el Partido Socialista Obrero Español (PSOE). La maquinaria electoral y mediática de esa izquierda oficial española se alimenta de los fluidos vitales de la izquierda. En sus calderas, quema todos los esfuerzos, todas las luchas. Luego, gana las elecciones y prácticamente en nada se diferencia de la derecha oficial. Y, así, se dedica con tesón a recuperar cuanto antes en el mandato la infamia y la injusticia como ejes rectores de su política.
Avergüenza pensar en la sarta de politicuchos del PSOE que se manifestaron en apoyo de la familia Couso. Uno piensa ahora en las promesas de justicia y la aparente posición contraria a los crímenes de EEUU en Iraq que exhibían y no puede olvidar el PSOE de González y la OTAN y toda la mierda que tuvimos que tragarnos a su cuenta.
Los hermanos, amigos y compañeros de José Couso, y la madre gigantesca, son un ejemplo para el mundo y su triunfo es precisamente ser un ejemplo y cocer una esperanza. Su lucha condensa las principales urgencias de la Humanidad.
En primer lugar, es una pugna por el Derecho. Ante la impunidad de los poderosos y la instrumentalización de los residuos de lo que quiso ser Derecho Internacional y de Guerra, exigen la resurrección de lo imprescindible.
En segundo lugar, no han desperdiciado ninguna ocasión de recordar TODAS las víctimas civiles de los criminales primermundistas que destruyen Iraq. Renunciando con la razón a las exigencias del corazón y el lógico egoísmo familiar, han sido capaces de convertir a José Couso en un símbolo de todas las víctimas, aun a riesgo de no superar nunca el duelo.
En tercer lugar, luchan por restaurar las condiciones mínimas para que pueda existir el Periodismo, no esa caricatura demencial que fabrican los prostitutos de la palabra encastrados en el esfuerzo criminal estadounidense. Es impresionante el esfuerzo de contextualización histórica de la labor de José Couso que han hecho los Hermanos, Amigos y Compañeros (HAC) del periodista asesinado; para comprender qué le sucedió a su ser querido y por qué, lanzan, en cada acto público, en cada artículo, una reflexión ineludible acerca de la nueva vuelta de tuerca que los agresores dan a la información, hasta convertirla en una propaganda única y obligatoria. Así se cierra el círculo de la destrucción del Derecho que protegía las vidas de los civiles (o sea, de los enemigos, que son los pobres, siempre presuntos terroristas) con el candado de la sordera por exceso de un ruido industrial y monotemático.
Trabajo sucio
Ahora, como no podía ser de otra forma, los que, interesadamente, parecieron apoyar el esfuerzo utópico e iluminador de los Couso tienen que hacerle el trabajo sucio a los jefes imperiales. Masticando con molares de sangre las palabras "Estado de Derecho", "Justicia" o "Información", buscan el procedimiento casi silencioso con el que desactivar cuanto antes un proceso que es peligroso porque sus protagonistas quieren, a toda costa, recuperar la fe en la Justicia, el Estado de Derecho y la Información, e invocan cada fibra sensible, cada procedimiento todavía posible para que las estructuras no se rindan ante las presiones e intereses que permanentemente las desnaturalizan.
Observando de cerca el caso, sonroja el descaro de los argumentos del fiscal Alonso en su recurso, que llama la atención por el cúmulo de errores e imprecisiones que atesora (1). Repite sin escrúpulos las obvias mentiras con las que el ejército estadounidense justifica el crimen, tales como pretender que un tanque de alta tecnología detenido durante un buen rato en ese puente frente al hotel Palestina de Bagdad confunde los teleobjetivos de la prensa con las armas del enemigo. "Autodefensa" es como llama el fiscal, alentado por el Gobierno, al asesinato consciente de periodistas que se salen del redil imperial. El razonamiento del fiscal es exactamente lo contrario de un razonamiento, ya que afirma que si la intención de los acusados era aterrorizar a los periodistas, no se habrían limitado a un solo disparo, habrían destruido el edificio entero... Y que los estadounidenses creían que el Hotel Palestina era un puesto de observación y tiro de los iraquíes, lo cual parece ser la razón que justifica... ¡que sólo dispararan una vez! (2) O sea, si hay que acojonar a los periodistas, hay que hacer una masacre y demolerlo todo, mientras que si se trata de un foco de fuego enemigo, basta con un cañonazo y santas pascuas. Por supuesto, en el recurso no hay ninguna explicación para el hecho casual de que, el mismo día, los usamericanos atacaran las sedes de las televisiones de Abu Dhabi y Al Jazira, las otras dos sedes de medios de prensa no controlados por las tropas invasoras.
Todavía hay muchos que juegan a eso de la izquierda e incluyen al PSOE impresentable, ese del que en aquella memorable canción Javier Krahe se preguntaba:
"Tú mucho partido, pero
¿es socialista, es obrero,
o es español solamente?
Pues tampoco cien por cien
si americano también,
gringo ser muy absorbente."
Notas:
(1) http://www.josecouso.info/article.php3?id_article=286
(2) http://www.lukor.com/not-esp/nacional/portada/07051807.htm
Testigos del "caso Couso" Olga Rodríguez, Carlos Hernández y Jon Sistiaga
No entendemos al fiscal de la Audiencia Jesús Alonso cuando dice en su recurso contra el caso Couso que sólo hay "unas vagas declaraciones de testigos que, por su propia ubicación, nada han visto o podido ver". Quizá a estas alturas el fiscal aún no sabe que dada nuestra ubicación, sí veíamos. Le sugerimos que lea las declaraciones que hicimos en la Audiencia Nacional en 2003 como testigos del ataque contra el hotel Palestine. Así se enteraría el fiscal de que el puente desde donde se lanzó el ataque se llama Al Jumiriya y no Jamurohara; o de que Couso y Taras Protsyuk (el otro periodista fallecido) no estaban en la misma planta, como él dice en su recurso, sino en plantas diferentes; o de que la tesis de la existencia de un francotirador en el hotel fue desmentida por los casi 200 periodistas que allí vivíamos, e incluso descartada por el propio Pentágono, que optó finalmente por la tesis del "ojeador", tesis por cierto que tampoco justifica el ataque contra un hotel habitado por civiles.
Estamos seguros de que el fiscal no quería sugerir que matar civiles en una guerra no es delito; pero así lo parece, debido a sus imprecisiones, errores y ambigüedad. Le suplicamos por tanto un mayor rigor en sus escritos y le comunicamos que estamos a su disposición si le interesa saber qué vimos el 8 de abril de 2003 y por qué pensamos que la justicia española no debe abandonar el caso Couso.
Olga Rodríguez, Carlos Hernández y Jon Sistiaga, periodistas







