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24/05/2006 :: Pensamiento

Ken Loach en Cannes: viaje a las raíces de la revolución

x Cristina Piccino
La violencia es necesaria, si se persiguen ideas de justicia y de libertad, la resistencia a la opresión trae consigo la violencia. Lo mismo ocurrió en la Francia ocupada por los nazis, la gente se echó al monte...

El director inglés y el escenógrafo Paul Laverty presentan en el Festival de Cannes «The Wind that Shaker the Barley» [El viento que sacude la cebada]. La historia de una guerra por la libertad que del pasado se refleja en el presente. Cristina Piccino les entrevistó en Cannes para Il Manifesto.

Ken Loach y Paul Laverty contestan a una, en asociación simbiótica. Uno inicia la frase, y el otro completa el sentido. Y viceversa. Un entendimiento que funciona a la perfección, porque, como ellos mismos dicen, para trabajar bien en equipo es muy importante tener un sentimiento común sobre las cosas del mundo. Ellos lo tienen, y fuerte; comparten la crítica política del presente globalizado de guerra, comenzando por la Inglaterra de Tony Blair, y una lectura alternativa del pasado, el colonialismo con sus violencias, narrado de una manera completamente distinta de la que se estudia en los libros de texto (palabras de Laverty).

The Wind that Shaker the Barley nace de ahí, de esa necesidad de memoria y de contemporaneidad, porque la ocupación inglesa de Irlanda refleja en cierto modo las agresiones y humillaciones infligidas en la ocupación de Irak. Pero también nace de la voluntad de enfrentarse a un trozo de historia importante para toda la Gran Bretaña, tratando de comprender sus raíces y los conflictos que, dentro mismo de esa revolución -como ya se hiciera en Tierra y Libertad con la guerra civil española-, crearon una nueva guerra, esta vez entre irlandeses que, por motivos de oportunidad política (frente a la amenaza de una nueva invasión inglesa), aceptaron el tratado con el gobierno de Churchill, e irlandeses que querían continuar la lucha por una independencia sin limitaciones, y sobre todo, por una nueva sociedad fundada en la igualdad y en los derechos de los más débiles: obreros, campesinos, proletarios.

Una perspectiva, ésta, que planeaba entonces sobre Europa entera, y que, por eso mismo, daba aún más miedo: la Iglesia Católica excomulgó a esos peligrosos comunistas subversivos, que luego fueron exterminados.

Loach (director) y Laverty (escenógrafo) han ido a Cannes junto a los actores de su película, todos irlandeses, todos jóvenes, y muy bravos. Tal vez porque la historia que narra The Wind that Shaker the Barley les pertenece, todos ellos cuentan en sus familias con uno o varios implicados en la guerra, torturados y asesinados por los ingleses. «Son heridas profundas todavía abiertas. En Irlanda, todo está aún marcado con las huellas de esa guerra», dicen.

¿Por qué precisamente ahora habéis decidido contar la independencia de Irlanda?

Es un tema siempre actual, visto que aquí y allá los ejércitos occidentales no han dejado nunca de ocupar países. No es necesario recordar dónde se halla ahora el ejército británico y con qué violencia ocupa de manera ilegal el Irak. Por otra parte, la historia de Irlanda ha coincidido con la más reciente, la ocupación de Belfast, etc. Pero ese conflicto tiene raíces lejanas, podríamos decir que Irlanda ha sido la primera colonia inglesa. El tratado de independencia firmado con la Gran Bretaña en 1920/21 se basaba en una decisión democrática expresada con el voto de todos los irlandeses.

Pero el hecho era que la guerra, para muchos, no había sido sólo por la independencia, sino también para crear otro tipo de sociedad. Gran Bretaña lo que trataba era de mantener sus intereses coloniales, huelga decirlo. Fue un conflicto trágico que, en la narración de la película, se amalgama con la amistad y con las relaciones entre dos hermanos.

La ocupación inglesa es muy violenta, y ante las imágenes de violencia ejercida contra las gentes, a uno le vienen enseguida a la cabeza las imágenes del Irak de hoy y de otros sitios, y sobre todo el hecho de que esos «métodos» son comunes a todos los ejércitos ocupantes.

Es muy fascinante el modo en que se rescribe la historia. Lo que se dice de Cristóbal Colón y los conquistadores españoles, que han descubierto mundos, ayudado al progreso, omitiendo que, para eso, han tenido que masacrar a otras poblaciones, que han mutilado y asesinado a los nativos americanos tratándolos como a bestias. Pero en la escuela no te enseñan eso. Lo mismo ha ocurrido con Bangalore en el 43, en Kenya en los años 50, en donde las personas fueron torturadas y asesinadas, o recluidas en campos de detención peores que Guantánamo. Todo a mayor gloria de una civilización para la que la idea de imperio es central, pero que ignora las masacres y la esclavitud que fueron sus bases.

Lo mismo ocurre hoy en Irak, en donde una guerra que ha sido desde el comienzo mismo ilícita, practicada en abierta violación de la Convención de Ginebra, basada en la mentira, ha creado una situación insostenible que golpea por encima de todo a los civiles. Pero de eso se habla cada vez menos. Sobre la cotidianidad que viven las personas en los países ocupados ha caído el silencio. También la información pasa de puntillas por encima de lo que ocurre: de los muertos de Falluja, por ejemplo, hemos sabido poco y muy tarde. Es preciso oponerse a todo eso ferozmente, es necesario un trabajo de contrainformación como el que están realizando los medios independientes, que han permitido descubrir realidades como los centenares de miles de muertos civiles desde el comienzo de la guerra, de los cuales la información oficial ni siquiera dio noticia.

La fractura entre los revolucionarios irlandeses se produce de hecho por la aceptación, por parte de unos, del tratado con el gobierno británico, y por la necesidad, sentida por los otros, de otro tipo de independencia que pasaba por la continuación de la lucha armada. ¿Cómo lo veis?

Era un dilema terrible. Irlanda había vivido por siglos bajo el terror, ¿qué hacer ante la perspectiva de un acuerdo que, aun sin resultar convincente, podía llevar a la paz, siendo la alternativa el ulterior derramamiento de sangre? Los ingleses amenazaban con regresar de un momento a otro...Los dirigentes irlandeses eran también muy jóvenes, ¿qué habríamos hecho nosotros en su lugar? Para algunos, como el personaje encarnado por Ted, el tratado era en aquel momento la mejor solución. Para otros, no. Es una cuestión de opción, como decidir entrar en una lucha o quedar al margen de ella.

Hay en todo eso una gran contradicción, que lleva a asesinar al propio hermano, a destruir vidas... Esta historia representa para nosotros algo enorme, es un nudo central en la historia inglesa, con figuras trágicas, y a veces, también un tanto cómicas.

Los irlandeses tomaron las armas para liberarse de los ingleses. Pero, hoy, quien resiste a la ocupación es acusado incluso de terrorismo.

La violencia es necesaria, si se persiguen ideas de justicia y de libertad, la resistencia a la opresión trae consigo la violencia. Lo mismo ocurrió en la Francia ocupada por los nazis, la gente se echó al monte... Siempre habrá resistencia, mientras haya opresión; el ser humano no puede tolerar la humillación. Pero no queríamos darle a la violencia un aspecto romántico; por eso prescindimos de la música en todas las escenas de guerra.

Para llegar a un estado de justicia, la violencia era necesaria en aquel caso. Había habido elecciones, el Sinn Fein había triunfado, pero los ingleses le colgaron la etiqueta de organización criminal, iniciando una represión sistemática. Pero querría decir que nuestra película no va contra los ingleses, sino contra la política del gobierno, que nunca debe confundirse con el pueblo. Cuando se trataba de preservar los grandes intereses, los ingleses padecían la misma política.

Traducción para www.sinpermiso.info: Leonor Marc

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